Otra vez siento la tardanza, estás clases no me dejaban escribir. Pero ya está finalmente pude acabar y traerles la actualización. Espero que les guste.
Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.
Capítulo 3: Convivencia
¡¿Qué es lo que estaba pensando?! Oh, claro. ¡No estaba pensando!
Recordó cómo se preparó para decirle que no. Que ya era tarde. Que estaba lloviendo. Que apenas se conocían. Un montón de excusas podían salir de su cabeza. Sin embargo vio sus ojos y asintió, cómo si hubiera sido hipnotizada para hacerlo.
Y ahora estaba parada al lado de la puerta, sola, en completo silencio. Christa la había invitado a sentarse en el sofá pero se negó. Le ofreció una silla y también se negó. Al final un poco enojada y confundida Christa le ofreció el suelo, pero también se negó. La razón era simple cuando había entrado a su casa miró por un instante el suelo, era de cerámica y tenía un aspecto de madera, pero además de ver eso también vio que al instante que entró se había formado un pequeño charco a su alrededor. ¡Soy un charco andante! Eso fue lo que pensó. Así que cuando Christa la invitó a sentarse en el sofá a pesar de estar a unos diez pasos se negó, ya que había visto los pasos de Christa marcados por el agua. Para Christa era diferente, era su casa. En cambio para Ymir eso equivalía a ensuciar. Y no quería dejar sus huellas por todos lados como diciendo "Ymir estuvo aquí".
Por eso se había negado. Christa la había mirado confundida por unos segundos y luego le dijo que iría a buscar unas toallas.
Dejó su mochila en el suelo, y vio que también dejaba un pequeño rastro de agua.
Entrar aquí fue una terrible idea.
Ahora que Christa no estaba, ella se daba el lujo de encogerse un poco, abrazarse a sí misma, temblar todo lo que podía y tratar de evitar cualquier estornudo involuntario. No podía dejarle ver que estaba muriendo de frio.
Cuando escuchó que ella bajaba, inmediatamente se enderezó y la observo bajar las gradas. Se había cambiado de ropa y tenía una toalla alrededor de los hombros y otra en la mano.
Se la ofreció a Ymir, la cual aceptó con gusto, aunque eso no cambiaría el hecho de que estaba completamente mojada. Y no era una opción pedirle que le preste ropa.
El silencio se hizo presente y era demasiado incómodo. Ymir pensaba de qué podía hablarle pero no se le ocurría nada.
–No creo que pase la lluvia–dijo finalmente.
–Yo tampoco lo creo.
Eso fue todo, no se adentraron en una conversación simplemente crearon un silencio peor. Ambas mirándose sin que decir
Lo mejor será irme.
–No eres tan mala después de todo–Christa le dijo sonriente.
–¿Qué? –preguntó sorprendida– ¿Por qué mala? ¿Qué hice?
–¿Qué hiciste? –se rio por un momento– Bueno, me diste un pelotazo y me echaste soda. No sólo una, sino dos veces– se rio nuevamente pero para Ymir aquello era lamentable.
–Fue un accidente, en serio lo siento –dijo avergonzada.
–No creo que lo hayas sentido la última vez–otra punzada de vergüenza para Ymir.
–Bueno, lo siento ¿sí? –respondió apenada.
–De acuerdo–dijo y otra vez el impertinente silencio.
¿Qué estoy haciendo aquí?
Trato de recordar, cómo es que había llegado a esta situación. Ahora lo recordaba, le debía una disculpa. Y ya se había disculpado, pero por la razón equivocada. Y con ese pensamiento en mente, ella empezaba a escoger las palabras para disculparse para lo que realmente había estado buscándola en primer lugar.
–Lo siento Ymir–habló la rubia viendo a un costado–Del beso. Era una apuesta y…
Se quedó callada por un instante, desviando la mirada y sonrojándose levemente.
–Sé que yo lo hice, pero no… Yo no… Tú… Como no lo impediste, pensé….
¿Esta es tu forma de decir qué no quieres nada conmigo? Yo ni lo quiero.
Era cierto, nunca había visto de esa forma a Christa. Pero por alguna extraña razón no quería escucharlo. ¿Cuántas veces ya había escuchado esa frase? Más de las que puede contar, pero no quería empezar eso de nuevo.
–Podías haberte negado ¿sabes? –la interrumpió de repente sintiéndose un poco molesta.
–Sólo quería ayudar. Además pensé que lo impedirías.
Maldito Reiner, tenías razón.
–Sí bueno, lo siento–su molestia creciendo sin razón alguna–Fui al gimnasio todo el día y tenía adolorido el cuerpo.
–¿Qué? –le preguntó sorprendida
–Sí, tal como lo oyes. ¡No podía moverme!–le respondió más enojada de lo que quería.
–Pero pensé…
–¿Qué? ¡¿Qué pensaste?! ¿Qué me gustabas? ¡¿Qué por eso no te detuve?! ¡Pues déjame decirte que estaba tan sorprendida de lo que hacías que no tuve tiempo ni para pensar!
Respiró lentamente mientras trataba de tranquilizarse. El silencio se hacía presente otra vez y toda la tranquilidad que había estado formando desapareció.
–La única razón por la que te estaba buscando…
–¿Me estabas buscando?
–Sí, lo estaba haciendo.
–¿Por qué?
–¿Por qué? –soltó una risa entristecida– Porque no quería que pensarás lo que en este momento estás haciendo. Fue un error haber venido. Lo siento.
Habiendo dicho eso, salió y se dispuso a correr hacia su casa. La lluvia mojándola nuevamente mientras el viento enfriaba su cuerpo.
Llegó a la puerta principal de su casa y se detuvo a buscar su llave. Maldijo al viento mientras recordaba que su llave estaba en la mochila. La cual estaba en la casa de Christa.
¿Ahora qué?
¿Tendría que volver como perro arrepentido? Después de todo se había exaltado sin razón aparente. Había empezado a elevar la voz y se había ido sin previo aviso. ¿Qué se supone que le diría?
Todo salió mal.
Tal vez, después de todo, nunca se llevaría bien con ella ni aunque lo quisiera. Como aquella vez en la que sus amigos estaban practicando para un partido de fútbol. En un momento de aburrimiento, Ymir tomó el balón y le dijo a Reiner que pensara rápido. Lo pateó lo más fuerte posible en su dirección, pero como le había advertido, éste simplemente lo esquivo. Ojalá todo hubiera acabado ahí. Sin embargo la pelota fue a dar a otra persona, el sonido del choque del balón con el cuerpo fue audible.
–¡Ymir! ¡Esa es Christa!
Hasta ese momento no la había visto pero ahora entendía porque le gustaba a Reiner. De hecho tenía todos los rasgos para gustarle a quién sea, incluso a ella. Se acercó rápidamente ofreciéndole disculpas mientras ella le contestaba que estaba bien. Aunque su expresión de dolor decía todo lo contrario
–¡Ymir! –exclamaba Reiner nuevamente.
–Lo siento…–se había quedado pensando si de decir su nombre o no– ¿Cuál es tu nombre? –dijo finalmente, no quería que pensará que la estaba acosando o algo así.
–Soy Christa. Y tu Ymir ¿cierto? Estoy bien. Sólo necesito irme –y luego se fue con un leve cojeo.
Vaya forma de conocerse.
O tal vez como cuando le había quitado el vaso de soda a Bertholdt después de una clase de educación física.
–¡Eso es mío! ¡Cómprate el tuyo!–gritó Bertholdt incapaz de seguirla.
De todos modos la persecución no duró mucho. Ella se había volteado para ver la distancia que los separaba. Segundos después se había chocado con alguien derramando el contenido del vaso sobre la persona.
–Lo siento…–se sintió mal al ver a quién le había echado el líquido– En serio, lo siento Christa–le dijo mientras trataba de hacer algo.
–Estoy bien–respondió aunque claramente no lo estaba. Se fue sin decir nada más.
Y luego por última vez, cuando había querido molestar a Annie, al tomar su vaso de refresco. No había sido tan divertido como esperaba. Annie la miró seriamente y luego la persiguió. En un momento de adrenalina supo que no molestar a Annie era la mejor opción, siempre. Ella corrió viendo más atrás que adelante. Una vez más impactó contra Christa, echándole nuevamente el refresco. Se preparaba para disculpase pero Christa la interrumpió rápidamente.
–¡¿Por qué no te fijas por dónde vas?! –exclamó claramente enojada.
–Lo siento–dijo viéndola así por primera vez desde que se habían conocido.
–¡No! ¡No es cierto! ¡Tú no lo sientes! –le gritó a Ymir. Eso le molestó a Ymir, claro que lo sentía. ¿Qué sabía ella? Y en un momento de ira respondió:
–Bueno, lo siento. ¡No estoy acostumbrada a mirar al suelo!
Eso fue todo. Christa se alejó rápidamente, mientras Ymir se golpeaba internamente por esas palabras.
Tal parecía que todos sus encuentros estaban marcados por un "lo siento". Incluso ahora, tal vez sería así siempre. No la culpaba que pensara que ella podía ser mala después de lo que le había respondido.
Nunca seremos nada. Ni ahora ni nunca.
Se dio la vuelta para ir a casa de Christa para disculparse nuevamente. Como si fuera un ritual hecho sólo para ellas. Para su sorpresa, Christa estaba parada frente a ella, protegida bajo un paraguas y con la mochila de Ymir en mano.
Ymir suspiró.
–Lo siento– le dijo viendo a otro lado.
Lo único que llenaba el silencio era el resonar de la lluvia contra el suelo. Al cabo de unos segundos Christa dijo:
–De hecho no eres mala en absoluto.
–¿Qué? –la miró confundida.
–Tal vez si no tuvieras esa mirada que parece que vas a matar a alguien te llevarías mejor con las personas–le respondió sonriente.
–¡Oye!–replicó acercándose a ella–Bueno pues tú tienes una mirada que parece que… Parece que…–se quedó mirando sus ojos tratando de buscar algo malo. Pero no encontró nada. Esa mirada era cálida y amigable para cualquiera.
–¿Qué parece?
–No lo sé–Christa le miró sonriente.
–Supongo que eso es bueno.
–Ya es tarde, lo mejor será que vayas a tu casa. Gracias por traer mi mochila– le respondió evitando que el silencio se formara nuevamente.
Christa le alcanzo su mochila e iba a decir algo pero Ymir la interrumpió.
–¿Sabes? Me gustaría que nos lleváramos bien–Ymir se sorprendió a sí misma por aquellas palabras, pero decidió continuar– Que las palabras que compartimos no sean un lo siento. No estoy diciendo que olvidemos todo lo que pasó hasta ahora. Tampoco que quiero que seamos amigas. Sólo, no sé.
¡¿Qué demonios estoy diciendo?!
–Claro. Presiento que me hablarás más pronto de lo que crees–le respondió y se fue corriendo.
Ymir se quedó sorprendida.
¿Qué yo le hablaré? ¿Qué está pensando? ¡¿Qué estaba pensando yo?!
Entró a su casa, una vez más maldiciendo al viento. Fue directamente a su cuarto para sacarse la ropa y secarla dentro de la casa. Luego se rio fuertemente. Ahora sabía a qué se refería Christa. Ella estaba agarrando la toalla de color beis que le había prestado. Secó todo lo que había sido mojado por la lluvia y se fue a dar una ducha.
Fue una suerte que no hubiera terminado con un resfriado. Todo parecía estar yendo bien. Aunque su fin de semana pasó desapercibido. Lavando ropa, ordenando su casa y haciendo tareas. Aunque tenía que admitir que eventualmente miraba a la toalla y se imaginaba el mejor escenario posible.
El lunes llegó como si nada. Y ella parecía estar inmensamente feliz. Cuando entró a su aula, todavía faltaba diez minutos para que empezaran las clases. Vio a Annie sentada, leyendo un libro. Así que se sentó a su lado y empezó a verla fijamente.
Ymir estaba mirando directamente a sus ojos, tratando de encontrar algo que la hipnotice como habían hecho los de Christa. Igualmente eran azules, pero tal vez de Christa daban una mirada más profunda.
¿En serio estoy haciendo esto? ¿Comparando los ojos de mí amiga?
Se rio internamente, debió seguir mirándola a los ojos porque Annie dijo:
–¿Por qué me estás mirando?
–¿Te pongo nerviosa? –Annie cerró el libro para verla directamente. Tal vez después de todo seguía molestando a veces a Annie.
–No me pones nerviosa–se acercó más a ella–Me incomoda el hecho de que te me quedes mirando sin razón alguna.
–Oh, pero sí hay una razón. Estaba viendo tus hermosos ojos–por cómo Annie la retaba con la mirada probablemente ya había ido muy lejos. Pero ya había empezado a molestarla, así que siguió mirándola.
Se miraron por bastante tiempo, Annie completamente seria mientras que Ymir tenía una sonrisa en el rostro. Quizás porque la consideraba una amiga es que podía ver sus ojos con tanta naturalidad al contrario de Christa que con solo mirarlos se había quedado en silencio.
–¿Qué están haciendo? –preguntó Bertholdt asombrado. Mientras Reiner las miraba extrañado.
El timbre para comenzar las clases sonó y todos se sentaron a la espera de la profesora.
–¿Estás enojada? Sólo estaba comprobando algo. No tengo segundas intenciones–le dijo a Annie.
–¿Estabas comprobando tú estupidez? –claramente estaba molesta.
–No mentía cuando dije que tienes hermosos ojos. Sólo quería saber si al verlos sentía algo. No me malinterpretes–añadió rápidamente cuando la vio fruncir el ceño– Sólo tenía curiosidad.
Annie pareció dudar de su explicación, pero después de unos segundos asintió.
La profesora entró feliz como de costumbre, lo único diferente es que la acompañaba el director.
–Este será un anuncio rápido–habló con autoridad–Cómo usted sabrán, este año es un año importante para nuestro colegio. Este año cumplimos 125 años desde la creación. Es por ello que para tan importante fecha hemos preparado múltiples actividades. Entre ellas está una obra teatral y un viaje para cada curso de tres semanas. La obra será antes que el viaje, el cual se realizará a mediados de este año.
Todos empezaron a aplaudir y hablar entre ellos, haciendo que el silencio de hace un momento se haya desvanecido. Eran grandes noticias. Viajar otro lado con tus amigos podía ser motivador.
Vieron que el director quería seguir hablando así que todos se callaron.
–Pero también quisimos motivar la convivencia entre los cursos es por eso que absolutamente todas las actividades las realizaran con un curso inferior.
–¿Eso significa que estaremos con los de último año? –preguntó un chico.
A la pregunta el director simplemente agregó:
–Al ser el último año de esos alumnos, ellos tendrán el privilegio de hacer estas actividades, solos. Es decir que ellos sólo compartirán con los de su curso. Sin embargo como ustedes no están en su último año, harán estas actividades con los de un curso inferior. Y los inferior de ese curso con los de su inferior, y así sucesivamente.
Los murmullos y quejas empezaron a llenar el ambiente.
–Eso fue todo. Tengan un buen día–se despidió y salió a hablar un momento con la profesora.
La idea de tener un viaje con tus amigos era emocionante. Pero compartirlo con gente que no conoces, tal vez ya no tanto.
–¿Lo puedes creer? –preguntó Reiner tocándole la espalda a Ymir.
–Bueno, sí. En parte. ¿Ya no estas molesto? Que bien–dijo mientras lo veía inquisitivamente.
–Supongo que te disculpaste ¿no?
–No lo hice. La miré y me pasé de largo.
–¿Que? –preguntó sorprendido
–Estoy bromeando.
–Lo sé, gracias. Significa mucho para mí.
Después de todo siempre habían sido amigos. Podía y no podía entender el enojo. De todas formas, todo ya estaba arreglado. Bueno, casi todo.
–Sí, sí claro. Hablando del tema. ¡¿Cuándo hablarás con ella?! –Ymir empezó a reír.
–No te hagas la burla. Es difícil para mí–dijo empezando a sonrojarse.
–Sabes que no es un monstruo, ¿verdad? Es más, ella parece un ángel–por la mirada que le daba Reiner sabía que había escogido mal las palabras.
¿Qué estoy diciendo?
–¿Vamos a ir cierto? –se sintió feliz de la oportuna aparición de Bertholdt.
Todos respondieron positivamente, menos Annie.
–¿No irás Annie? –le preguntó Reiner.
–No lo sé.
–Oh, vamos. Tienes que ir, tal vez no lo hagas por estos personas a las que obviamente les falta cerebro, pero ¿tal vez por mi? ¿Me dejarás con estos dos cabezas huecas?
–¡Oye! –gritaron al unísono.
Ymir muy en el fondo sabía que Annie quería sonreír. Se notaba en su mirada. Aun así mantuvo el semblante serio.
–Puedo pensarlo–dijo finalmente.
–Y de la obra de teatro. ¿Qué creen que hagamos? –preguntó Bertholdt al grupo.
–Supongo que nos lo dirán pronto–habló Annie.
–¿Cómo es Ymir? –empezó Reiner– De seguro que harás un papel de hombre.
–¿Ah sí? ¿No te sientes capaz de interpretar uno? Ya sabía yo que estabas hecho para las faldas y vestidos–Ymir respondió sonriente. Bertholdt no pudo disimular su risa.
–Que gracioso–Reiner respondió con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
–Obvio que no haré un papel de chico. Entre los dos cursos habrá suficientes chicos para los papeles de hombre. Así como los de las chicas. Lamento que decírtelo Reiner. Seguro que ya te imaginabas haciendo el papel de mujer. Que lastima.
–¡Deja de decir eso! –dijo más enojado. Cómo había extrañado molestar a su amigo.
–Tú empezaste– se excusó para sus comentarios. Por cómo había mantenido el silencio supo que había ganado.
–Como sea. Sólo espero ser el protagonista y que Christa también lo sea.
–¿Ya le hablas? –preguntó Bertholdt
–Claro que no lo hace–respondió Annie por él
–¡Annie!
La profesora entró y empezaron a avanzar la materia. Ymir no podía sentirse más feliz. Todo estaba yendo bien.
Cuando llegó el descanso, empezaron a caminar hasta encontrar un lugar en el cual pudieran hablar tranquilamente. Escogieron uno de los asientos que se encontraban cerca del patio. A la distancia pudo divisar a Christa, y no pudo evitar sonreír. Lo cual fue algo extraño para sus amigos. Sasha y Conny la venían acompañando, y se estaban acercando a ellos. Cuando Christa estuvo más cerca le devolvió la sonrisa a Ymir. La saludo así como también a Sasha y a Conny.
–Aquí esta tú toalla gracias–le dijo entregándosela en una pequeña bolsa.
–Gracias, eso es justamente lo que te vine a pedir– se miraron sonrientes. Y ahí estaba otra vez su cálida mirada. Nadie decía nada, todos estaban en silencio. Lo cual le pareció raro. Así que cuando desvió por un momento la mirada se dio cuenta de que todas las miradas estaban puestas en ella.
¿Cómo siempre la estoy mirando?
Miró por un instante a su amigo Reiner, que parecía petrificado. No lo culpaba, alguna vez se había quedado igual con la persona que le gustaba. Pero estando así cada vez no lo iba a llevar a ningún lado.
–¿Escucharon lo del año de la convivencia? –preguntó Ymir en general.
–Sí, yo creo que estará emocionante–respondió Conny.
–Sí yo también. ¿No Reiner? –le preguntó para que se adentrara en la conversación pero sólo asintió.
¿Por qué no hablas?
Se le quedó viendo unos segundos pensando en una mejor idea para que él pudiera hablarle. Finalmente se le ocurrió una idea.
–Así que estaba pensando. No mentira. Reiner estaba pensando…–el nombrado miró a Ymir confundido– …que tal vez al ser el año de la convivencia, podríamos salir en grupo. Ya saben, para que nos conozcamos mejor.
Todos respondieron afirmativamente, pero Reiner seguía abstraído. Demasiado nervioso como para siquiera decir algo.
–¿Así que Christa conoces a Reiner? ¿No? En todo caso, Christa, él es Reiner– y así sucesivamente fue presentando a todas las personas que estaban ahí.
Hablando y riendo, quedaron para salir el fin de semana que venía. Como también habían quedado para encontrarse en el mismo lugar los días siguientes.
El descanso se había acabado y cada cual tenía que ir a su respectiva aula. Así que antes de que Sasha se hubiera ido le susurró:
–Tú también tienes que hablarle más a Mikasa–sólo miró a Ymir sorprendida y luego le sonrió en forma de agradecimiento.
Cuando llegaron a su aula, Reiner finalmente habló;
–¿Mi idea? ¿Qué estabas pensando?
–Gracias Ymir, por lo menos ahora conozco a Christa. Gracias por habérmela presentado–le respondió sarcásticamente.
–¿Por qué lo hiciste?
–Porque te quedaste ahí como estatua esperando ser revivido.
–Estaba nervioso
–¿No me digas? –le respondió sarcásticamente–Se notaba. Bueno de todas formas espero que le hables más.
–Gracias. Pero… ¿cómo obtuviste su toalla? ¿Cómo es que le hablas?–le preguntó a Ymir– Parecías llevarte mejor con ella–le dijo sonriente
Ymir no tuvo más opción que contarle que se había encontrado en la puerta del colegio, la había acompañado a su casa y que le había prestado una toalla, se había disculpado y se había ido. Sólo le dijo eso obviando las partes en las que estaban corriendo debajo de la lluvia, como había entrado a su casa, y omitiendo especialmente las partes en que se había perdido en esos ojos.
Tal vez ahora podía comprender a todas esas personas que hacían algo desinteresadamente. Se sentía bien ayudar a alguien, especialmente si ese alguien es tu amigo. De cualquier forma este año prometía mucho.
Una vez más recordó esos ojos y no pudo evitar sonreír.
