Afortunadamente ya estoy dando los últimos exámenes y si todo va bien en una semana estaré de vacaciones. Pero hasta eso me temo que no pode escribir. Lo siento.
Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.
Capítulo 5: Audiciones
–¿Por qué estás tan tranquila?
–Porque hoy descansaré y dormiré bien–les respondió con una sonrisa en la cara– A diferencia de ustedes yo hice el trabajo práctico con anticipación, y no lo deje para el último minuto.
–¿Y por qué no nos lo prestas? Por favor, haré lo que sea–dijo suplicante agarrándola de los hombros y mirando al suelo, desesperado de salir del apuro en el que se había metido.
–¿Harás lo que sea?– le preguntó Ymir a Reiner. Por un momento sus miradas se cruzaron y parecía haber un mensaje implícito transmitiéndose en ese momento. Reiner entendía el mensaje y al notar como bajaba los brazos, la sonrisa de Ymir se hizo más grande.
–Mejor no, retiro lo dicho. Sólo nos faltan los últimos 50 ejercicios. Lo haremos por nosotros mismos. Conociéndote, no quiero imaginar que nos pedirás que hagamos–le respondió alejándose un poco de ella.
–Reiner tiene razón, tendremos que hacerlo nosotros mismos–suspiró Bertholdt–Después de todo es nuestra culpa. De todos modos gracias.
Se despidieron para luego irse, dejando a Ymir en la puerta del colegio. ¿Cuánto tiempo se habían quedado ahí? Tal vez más del necesario. Ella miró el cielo que aún estaba claro, pero sabía que hasta que llegará a su casa el día oscurecería.
Fue caminando lentamente, feliz de que no tuviera que preocuparse por la tarea. Su profesor de matemáticas les había dado un trabajo en el que tenían que resolver 150 ejercicios. Como plazo les había dado dos meses para resolverlo, y el plazo vencía mañana. Ella probablemente habría estado en la misma situación que Reiner y Bertholdt. Ellos tenían un sistema en el cual se dividían el trabajo en partes equitativas. Así como en este trabajo a cada uno le tocaría a 50 ejercicios. Cada uno hacía su parte y luego copiaba la parte que les había tocado a los demás. Annie no estaba metida en este sistema ya que le gustaba trabajar sola, y de alguna manera ella siempre acaba más antes que ellos, mucho más antes. Sin embargo siempre se confiaban y dejaban todo para último momento. Ese momento en el que sientes que cada segundo cuenta y aunque quisieras desperdiciarlo de una forma más entretenida, no lo haces porque sabes que en tu conciencia estará gritando la responsabilidad.
Una tarde Ymir estaba echada en su cama en completo aburrimiento, sin saber qué hacer. Viendo el reloj mientras pasaban los minutos. Así que cuando miró a un costado pudo ver su escritorio. Se quedó viéndolo por unos minutos hasta que se paró y sacó sus cuadernos. ¿Realmente estaba tan aburrida cómo para hacer su parte del trabajo? La respuesta era sí. Ese día fue muy tranquilo para ella, había estado hablando por mensajes con Christa pero cuando ya no respondió supuso que se durmió. Y sus amigos justamente querían descansar ese día. Ymir sabiendo eso intentó dormir sin éxito alguno. Todos esos acontecimientos la habían llevado a que empezará adelantar su tarea.
Cuando empezó su trabajo el hecho que los resultados del ejercicio le salieran le alentaban a hacer el siguiente. Y de esa manera fue haciendo uno por uno los ejercicios hasta que llegó el momento en que ya había acabado su parte. Cuando miró su reloj se dio cuenta que ya era medianoche. Pero no le importó, al contrario se sintió feliz. Agarró su celular y le envió un mensaje a Reiner diciéndole que se saldría del grupo. Reiner aceptó con tal de que les diera 20 ejercicios. Ella aceptó así que cuando volvió a clases les dio las fotocopias de sus hojas de los correspondientes ejercicios.
Después de eso cada día hacía varios ejercicios y al cabo de una semana terminó el trabajo. Realmente se sorprendió cuando se dio cuenta de que recién había pasado un mes del plazo que les habían dado para la presentación. Ese sentimiento de quitarse un peso de encima era impresionante. Es por eso que cuando recordó que el plazo vencía mañana, una sonrisa salió de su rostro.
Siguió caminando hasta que a la distancia vio a una chica de cabello rubio. Aceleró su caminata, sigilosamente, acercándose a la persona. Y a un par de metros de distancia pudo distinguir que era Christa. Se acercó lentamente y luego le tapo los ojos con las manos.
–¿Quién soy?
–Ymir–respondió segura, así que le quitó las manos de encima devolviéndole la visión.
–¿Qué se siente? –le preguntó reanudando la caminata.
–¿Qué?
–Tú sabes, tener un trabajo para mañana ya listo.
–No tiene precio–ambas rieron.
En tan sólo dos meses se habían convertido en buenas amigas. Y no era de extrañarse, ellas siempre hablaban en los recreos, además que cada tarde Ymir acompañaba a Christa a su casa. A veces incluso entraba a su casa o Christa entraba a la de ella. En esos periodos de tiempo siempre tenían de que hablar, no como aún principio que con sólo decir "hola" la conversación parecía terminar.
–¿No crees que está empezando a hacer frío? –le preguntó Christa cruzándose de brazos.
–Habla por ti misma, para mí el clima está templado–le respondió sonriente–Tú sabes…
–¡No me digas que eres candente! –le indicó en forma de regaño–Podrías usar otra palabra.
–Oh, vamos. Sabes que es cierto soy…–miró a Christa quién parecía enojada y simplemente rio–Soy una persona con una temperatura corporal ligeramente elevada. ¿Mejor?
–El hecho de que lo digas así es peor ¿sabes? –Ymir nuevamente rio y se detuvo
–Dame tu mano
–¿Qué?
–Dame tu mano, por favor–le dijo extendiéndole la suya. Christa pareció dudarlo mirando a la mano de Ymir y luego viéndola a los ojos. Después de unos segundos ella tomó su mano.
El contacto frío de la mano de la rubia hizo que Ymir se estremeciera un poco, pero aun así no soltó el agarre.
–Ahora dime, ¿quién está más caliente?
Christa miró a un costado y pareció balbucear algunas palabras.
–Perdón, no pude escucharlo. ¿Qué dijiste?
–Eres tú.
–Eso pensé–dijo sonriendo satisfecha.
–Bueno, no te hagas la importante por ello–Ymir soltó su mano y luego siguieron caminando hasta que llegaron a la casa de Christa.
–Ya llegamos, deberías abrigarte.
–Sí, lo haré. Lo que me recuerda que debo devolverte tu sudadera–le dijo mientras buscaba sus llaves– ¿Quiere entrar?
Ymir respondió positivamente mientras entraban. Las primeras veces que Christa le había hecho la misma pregunta se había puesto nerviosa. Como si hubiera un campo de fuerza que le impedía entrar. Y cada vez que entraba era como si su energía se quedaba detrás de la puerta, quedándose cerca de la puerta como la primera vez que había entrado. Con el paso de los días la pregunta ya era más normal y ella sentía que podía moverse un poco más. Y para este momento Ymir ya conocía muy bien el primer piso de la casa de Christa.
Así que cuando Ymir estaba a punto de sentarse en uno de los sofás que se encontraban en la sala escuchó una voz.
–¿Qué estás haciendo? –la preguntó la dejó confundida.
–Sentarme–le respondió lentamente sin estar segura de si esa era la respuesta–Puedo hacerlo ¿verdad?
–Pero tú sudadera está arriba, ¿no quieres subir? –le cuestionó señalando las gradas que subían al segundo piso.
–Sí, claro–replicó caminando hacia las gradas y una vez que estuvo ahí no fue capaz de moverse.
–¿Pasa algo? –cuestionó su actitud sin embargo no hubo respuesta, sólo la mirada sorprendida de Ymir –¿Qué pasa?
–Es sólo que–empezó a decir apoyando una mano en la pared–Nunca he subido arriba y el ir a tu cuarto, lo siento como un nuevo nivel.
–¡¿De qué nivel estás hablando?! –le respondió algo molesta–Apúrate y sube–agregó mientras bajaba para tirar de Ymir por la mano, como si se tratase de un niño.
–Sólo estaba jugando–rio la castaña mientras veía el ceño fruncido de Christa.
–Ya lo suponía–le soltó la mano mientras se paraba frente a una puerta–Este es mi cuarto–abrió la puerta dándole paso para que Ymir pasara.
En el momento en que entró, se quedó sorprendida. Su cuarto era mucho más grande que el de ella. Y el olor a vainilla era bastante agradable. Justo en frente de ellas había una gran ventana que daba hacia la calle. A la izquierda se encontraba su escritorio y a la derecha un ropero. En parte central de la pared izquierda una cama doble con un velador a cada lado. En la pared derecha estaba un televisor sobre una cómoda.
–¿Qué te parece? –le preguntó mientras encendía la luz haciendo más visible el cuarto.
–Huele bien–le respondió inhalando el aire otra vez causando la risa de Christa.
–Estoy cansada–dejó su mochila en la silla del escritorio para luego tumbarse en su cama. –¿Tú no?
–Claro que sí pero hoy descansaré bien–le respondió sonriente– ¿Te puedo hacer una pregunta?
–¿Qué?
–De casualidad tenías planeado invitarme a subir y es por eso que todo está súper ordenado.
–Claro que no. Yo siempre mantengo mi cuarto así–le contestó molesta por la pregunta.
–¿Estás segura?
–Muy segura
–¿En serio?
–¡Ymir! –le lanzó una almohada para que dejara de molestarla.
–Di no a la violencia–dijo entre risas– Te estoy molestando nada más–le dijo mientras la veía sonreír con el ceño fruncido.
–¿Te vas a quedar ahí parada?
–¿A qué te refieres? –preguntó confundida.
–No vas a sentarte en la cama.
–Christa deberías saber que tengo ciertas políticas cuando me voy a sentar en la cama con una chica porque-
–¡Ymir! –le interrumpió lanzándole otra almohada.
–Estoy bromeando–le dijo frotándose el brazo–¿Sabes? Haces que las almohadas duelan. Creo que me vengaré.
–No lo creo–pero pronto su seguridad se volvió nerviosismo cuando miró atrás sólo para darse cuenta que ya no había más almohadas en la cama. Miró otra vez a Ymir quién había recogido las almohadas sonriendo maliciosamente.
–Y lo haría–le dijo acercándose lentamente–Pero no hoy, acabo de entrar a tu cuarto por primera vez y no me siento con la confianza de estar desordenándolo–le respondió dejando las almohadas en su lugar– Tal vez mañana.
–Hasta eso supongo que puedo seguirte lanzando almohadas–le respondió entretenida y ambas rieron.
–Aquí está tu sudadera–cogió la prende vestir pero cuando la levantó un fajo de hojas se cayó. Cuando lo alzó su expresión se volvió seria.
–¿Qué pasa? –le preguntó viendo aquel cambio de expresión.
–Es el guion que hizo Armin para la obra de teatro–le respondió devolviéndole su ropa.
–¿Puedo verlo? –guardó la sudadera y luego agarró el libreto. Al pasar las páginas rápidamente se dio cuenta que todas las líneas de la protagonista estaban marcadas.
–Creo que no actuaré en la obra–dijo después de unos segundos.
–¿Qué? ¿Por qué no? –le cuestionó confundida–Pensé que lo harías.
–Sólo quedan tres meses para practicar. Además que los otros cursos ya han empezado a practicar desde hace dos meses. No sé si yo lo lograría.
–Claro que sí–le dijo tomándola por los hombros– Ellos empezaron desde antes porque de ellos no es una obra original. Empezaremos más tarde porque Armin estaba haciendo el libreto. Vamos, no te rindas desde ahora. Ni siquiera eres protagonista y ya te estás rindiendo. Te recuerdo que las audiciones son este sábado.
–Lo sé pero…
–¿Vas a seguir poniendo excusas? Un montón de gente irá a intentar ganarse el papel que quiere. Al menos inténtalo y di que no pudiste actuar de protagonista porque alguien lo hizo mejor que tú pero no porque tenías miedo–se rio soltándole de los hombros–Ni siquiera tienes que memorizártelo todo ya que será de la parte que tú escojas, unas cuantas líneas.
–¿Crees que podría hacerlo?
–No me lo preguntes a mí–le sonrió devolviéndole el libreto–Pregúntate a ti misma. ¿No te gustaría hacer la obra?
Ymir pudo ver que Christa tenía una lucha interna para descubrir cuál era la respuesta.
–¿No te gusta la historia?
–Claro que me gusta–respondió rápidamente–La forma en la que los protagonistas se enamoran. En un principio ajenos a sus sentimientos siendo buenos amigos, dirigiendo poderosas compañías. Sin embargo por azares del destino el protagonista se va por un tiempo. A medida que el tiempo pasa un sentimiento de melancolía los invade pero hacen caso omiso y continúan con sus vidas. Y entonces él vuelve y se reencuentran, es ahí donde se dan cuenta de sus verdaderos sentimientos. Entonces tratan de hacer funcionar su relación pero parece que tienen muchos obstáculos de por medio. Hasta tiene un final feliz.
–Parece la típica historia de amor.
–Lo sé, pero lo que lo hace diferente es cómo Armin desarrolló a los personajes. En unas cuantas líneas demuestra cómo es la personalidad de cada integrante en esta obra.
–A mí me gustaba más la idea que tuvo en la cual os protagonistas estaban en plena guerra y también había algo así como fantasmas–ambas rieron–Pero no puedo negar el buen trabajo que hizo Armin con el libreto.
Ymir pudo observar una vez más cómo la rubia estaba en pleno debate consigo misma. El debate entre hacer la audición o no. La deja pensar en silencio, ni siquiera le dice algo. Simplemente observa sus expresiones que se mantienen serias hasta que por fin la ve esbozar una sonrisa.
–Ya me decidí. Haré la audición y daré lo mejor de mí, pero con una condición.
–¿Qué condición? –le pregunta sorprendida ya que no esperaba esa respuesta.
–Qué tú también actúes en la obra–Ymir parpadea un par de veces y finalmente se echa a reír.
–¿Yo? ¿En serio?
–Sí, tú.
–Yo no podría hacerlo.
–¿Vas a poner excusas? Da lo mejor de ti y si no te ganas el papel que sea porque alguien lo hizo mejor que tú.
–No trates de usar mis palabras–se cruza de brazos frunciendo el ceño.
–Oh, vamos. Tú podrías ser la tía de la protagonista–le dice dejando el libreto a un lado y ser ahora ella la que trata de animarla a participar en la obra–Tú sabes, la que siempre apoya a la protagonista y se gana el corazón del público por ser tan buena.
–Estás bromeado ¿cierto?
–Claro que no. No puedes darme un discurso tan motivador como ese y luego retractarte de tus palabras.
¿Por qué lo dije en primer lugar? Ahora era ella la que tenía un debate interno. Inicialmente se había negado participar en la obra pero les dijo que les ayudaría en todo lo demás. Y ahora estaba Christa quién prácticamente le rogaba con la mirada que acepte la condición.
Vio sus ojos y la cercanía en la que se encontraba Christa. Y sintió sonrojarse por un momento. Una vez más sintió ser hipnotizada por esos ojos y esa sonrisa.
Podría besarte…
–¿Qué dices? –le preguntó sacándola de sus pensamientos.
Ymir se alejó rápidamente de ella golpeándose internamente por pensar eso. Ella ni siquiera le gustaba ¿cierto?
–¿Qué pasa? –le dice ahora más preocupada.
–Nada, sólo estaba pensando– ¿Qué estaba pensando?
–¿Y cuál es tu decisión?
–Claro, ¿por qué no?
–¿Estás hablando en serio? –le dijo dando pequeños saltos, para luego correr a abrazarla– Eso es estupendo.
–¿Lo es?
–Claro que lo es–tomó el rostro de Ymir y depositó un beso en su mejilla dejándola atónita. Se debió quedar quieta por mucho tiempo porque luego Christa dijo:
–¿Estás bien?
–No te preocupes, no pasa nada–le dijo tratando de ocultar su nerviosismo– Creo que ya se está haciendo tarde, ¿no lo crees?
–Sí, pero…
–Recuerda que tengo que tener un sueño reparador–se ríe pero Christa aún parece preocupada– No es nada, en serio. En estos días prepárate para la audición tienes cinco días y yo también. Nos vemos mañana–se despide apresuradamente mientras prácticamente huye de la casa.
Va rápidamente a su domicilio, entra directo a su cuarto y deja la mochila en el suelo. Se cambia a su habitual pijama y entra a su cama tratando de no pensar en lo sucedido. Pero es inevitable hacerlo una vez que apaga la luz. Trata de no pensar pero los pensamientos le llegan sin ser llamados.
¿Podría besarte? ¿En qué demonios pensaba? Ella no me gusta, ¿o sí? Y aunque no quiere oír sus propias repuestas, éstas eventualmente llegan.
¿Podría besarla? Claro que sí.
¿En qué pensaba? En lo linda que se ve.
¿Ella me gusta? Decide no darle la respuesta a la pregunta por ahora. Esa noche Ymir no tuvo un sueño reparador como lo había planeado.
–¿Qué estás haciendo aquí? –le pregunta sorprendido.
–¿No es obvio? Vengo por las audiciones.
–Sí, pero pensé que dijiste que no querías actuar.
–Cambié de opinión–le responde nerviosa viendo a gente de ambos cursos en el patio esperando a ser llamados para la audición.
–¿Quién te hizo cambiar de opinión? –esta vez es Bertholdt quién pregunta confundido– Es difícil hacerte cambiar de opinión.
–Ah, bueno fue…
–Ymir, así que sí estás aquí–dice Christa agitando la mano en forma de saludo hacia el grupo.
–Christa, ¿fuiste tú la que hizo cambiar de opinión a Ymir? –pregunta Reiner con una sonrisa en el rostro.
–Ah, creo que sí.
–¿Qué tipo de brujería usaste?
–No seas idiota Reiner, ella no usó ninguna clase de brujería… ¿o sí? –ahora es ella la que cuestiona impaciente de saber la respuesta, a pesar de que ya sabe cuál es.
–Claro que no–ríe mientras responde– Fue más como un trato. Yo venía a la audición si ella también lo hacía.
–Oh ya veo. Recurriré a ti si necesito algo de Ymir. Específicamente alguna otra tarea–le dice en tono de broma.
–Muy gracioso Reiner, casi muero de la risa–le responde en un tono sarcástico.
–A todo esto, ¿cómo les fue en el trabajo ese día?
–Era que los veas Christa, parecía mapaches y se estaban durmiendo en clases.
–Eso no cierto–respondió rápidamente Bertholdt tratando de ocultar aquel hecho.
–¿Se encuentra Christa Renz? –pregunta la profesora de biología mientras ambas se adentran al teatro.
Ymir de pronto se sintió más nerviosa aún. Había un montón de gente pero sólo unos cuanto tendrían los papeles. ¿Ella obtendrá uno? ¿Le irá bien a Christa?
De nada le sirve hacerse esas preguntas que por el momento le ponían más nerviosa. Tal vez debería dejar que las cosas transcurran su curso. ¿Cierto?
