Cuando Vasiliki cayó sobre el pasto, Harry quedó como petrificado, horrorizado y confuso. Vagamente recordó que ella le había dicho que no podía volar… ¡Y ahora sabía por qué!

Presa de sus emociones, el muchacho miró a su alrededor en busca de ayuda, pero el despejado campo no mostraba señales de civilización. Él respiró profundamente y se dijo a sí mismo que tenía que pensar en qué hacer.

Finalmente, pronunció Mobilicorpus con expresión dubitativa y, para su sorpresa, advirtió como Vasiliki flotaba plácidamente enfrente suyo.

No sabía cómo moverla, tan sólo sabía que estaba en problemas y debía llevarla inmediatamente a la Enfermería. Pero, en cuanto se puso en movimiento, la chica inconsciente lo hizo también, de tal modo que, con apuntarla con la varita, pudieron moverse, él renovando el hechizo cada cierto tiempo, con miedo de agravar la ya delicada situación.

Para su fortuna, no se encontró con nadie en los pasillos, ya que a esa hora, todo mundo estaba comiendo, tal como él había esperado en un principio al salir a volar. Sólo Victoria Dumbledore y él mismo se habrían saltado una comida…

Esperaba que Madame Pomfrey comiera en la enfermería, cosa que sucedió, porque en cuanto llegaron ella les abrió la puerta con expresión intrigada que se volvía de una sorprendente preocupación en cuanto advirtió el motivo de su llegada.

- ¡Oh, Merlín! Entre, Potter, rápido. Pónganla en la cama, despacio.

- Madame, es que yo no sé cómo… apenas he podido traerla hasta aquí.

La mujer hizo un impaciente gesto con su propia varita y la muchacha flotó hacía la cama, donde se encontró tendida un momento más tarde. Ella no se entretuvo al principio con Harry, dejándolo para más tarde, mientras examinaba a su paciente. Ésta estaba cada vez más pálida, se dio cuenta Harry con miedo y no supo qué decir o qué hacer.

- Voy por una poción vigorizante. Espéreme aquí, Potter, para que pueda explicarme qué ha sucedido- le dijo la enfermera con una mirada severa y salió raudamente de la sala, dejándolo solo.

Excepto por el hecho de que no lo estaba. De una puerta aledaña salió un chico de ojos y cabellos oscuros, lleno de vendajes y su mirada afilada se clavó, primero en Vasiliki y luego, muy despacio, en el propio Gryffindor.

- ¿Qué le has hecho?- preguntó con una voz fría y serena, sin moverse de su sitio ni preocuparle lo que su interlocutor pudiera pensar.

Harry, por su parte, alzó las manos en un gesto entre defensa y súplica, apenas advertido.

- Nada- dijo- Solamente estábamos volando un poco y ella…

No creyó que Nott – pues de él se trataba- le confiara credibilidad alguna a sus palabras y se preparó para un duelo pero el chico asintió tras un instante.

- Vasiliki no puede volar- dijo sencillamente y nada más, ya que en ese momento entró de nuevo Madame Pomfrey.

- ¡Señor Nott!- protestó- Ya le he atendido. Ahora, por favor, márchese. Estoy muy ocupada y usted debería estar en el Gran Comedor.

- Sí señora- dijo el chico lentamente, tras echarle una mirada deliberada al Gryffindor. Luego se marchó y Harry contuvo un suspiro de alivio. No supo por qué, pero había algo en el ausente que le había despertado un extraño instinto primario, una especie de temor, aunque no sabría decir la razón.

- Muy bien, Potter- dijo la enfermera tras reanimar a Victoria y dándole de beber la poción a tragos. La niña estaba muy confusa y no miró a ninguna parte mientras bebía.- ¿Qué ha pasado?

- No sé- se sinceró Harry tras un instante de duda- Estábamos en los Terrenos del Colegio y le propuse volar un poco. Se subió conmigo a la escoba y parecía estar bien… pero al aterrizar ella se desvaneció, únicamente…

- ¡Eso fue una total imprudencia! ¿Ella no le dijo que no podía hacer ese tipo de actividades?

- Pensé…

- ¿Qué sólo era una ridícula norma? Pues déjeme decirle, señor Potter, que ha puesto en un terrible peligro a esta niña por el simple hecho de haber dejado que se subiera a una escoba. Un poco más de tiempo y no lo habría contado.

- Pero… ¿Puedo preguntar por qué? Yo… no era mi intención que esto sucediera.

- Eso es evidente. Necesito ir por más poción pero avíseme si pasa algo. Me temo que usted se perderá la comida, necesito que alguien supervise.

Madame Pomfrey le entregó una especie de silbato a Harry para que la llamara por si había novedades y volvió a ausentarse.

Harry miró, como aletargado, el lugar por donde había desaparecido la dama hasta que una tos ahogada llamó su atención. Sin pensarlo él se acercó a la cama de Vasiliki quien se tapaba la boca con un pañuelo. Al apartarlo ella para sonreírle débilmente, él notó que estaba teñido de sangre.

- ¿Victoria?- susurró- ¿Qué te ha pasado?

Victoria tosió de nuevo y, tras unos instantes, Harry se dio cuenta que ella se reía. Se pasmó.

- No es nada- dijo- Sólo tengo un problema, es todo. No debí haberte dejado que me llevaras en esa escoba, pero no pude evitar la emoción. Es tan hermoso estar en el aire… Pero dime, ¿Te regañaron mucho por traerme?

El chico la observó por un largo instante. Parecía tan tranquila y dueña de sí misma como siempre, como si nada pareciera importarle lo suficiente para alterarla. A excepción del pañuelo manchado y sus níveas mejillas, nada delataba que se encontrara mal.

- Debiste haberme avisado- le dijo, entre enojado e inquieto- No sabía lo que iba a pasar.

- Yo tampoco- dijo Victoria con un asomo de sorpresa en los ojos verdes, tan parecidos a los de Harry- Pero valió la pena, ¿No es cierto?

Volvió a reírse y él no supo qué pensar. ¿Estaba loca? ¿Por qué ponerse en peligro de esa manera? Suspiró.

- Madame Pomfrey dijo que arriesgabas tu vida sólo por volar… ¿Por qué?

- No quiero hablar de eso- dijo Vasiliki con una voz nueva y ligeramente más fría- Por favor- agregó al ver lo demoledora que era la mirada de su compañero y siguió observándolo hasta que éste aceptó.

- ¿Continuamos la conversación donde la dejamos? – repuso ella ofreciendo otra de sus sonrisas y, tras un esfuerzo, Harry asintió.

- Entonces- siguió Vasiliki, recorriendo con la mirada la habitación- Estuviste aquí cuando perdiste tu Nimbus, ¿No? Espero que no la extrañes, teniendo una Saeta de Fuego… Draco estaba muy celoso cuando se enteró. Intentó hacer que su padre le comprara algo mejor, pero no hay nada como esa escoba en el mercado…

La chica volvió a toser, esta vez más violentamente y cuando se hizo evidente que necesitaba un vaso de agua, Harry se lo procuró de inmediato, con la mente en blanco. Interiormente, no dejaba de pensar en qué habría ocurrido si Vasiliki hubiera muerto en el campo…

- Suerte que aprendí a defenderme de los dementores- replicó tras unos instantes, taciturno. Le había caído muy bien aquella chica cuando la conoció pero en aquel momento sólo podía pensar que estaba ante alguien imprudente y que le gustaba saltarse las reglas porque sí sin pensar en las consecuencias, algo que no le gustaba para nada.

Pero si él se hubiera dado cuenta o querido hacerlo, habría notado que esa misma perspectiva de las cosas era la que otros tenían de él. No tardó en hacer que ella lo notara y sus intentos de conversación finalizaron, quedándose en silencio hasta que la enfermera regresó y le pidió a Harry que se marchara.

Los dos chicos se miraron y, justo cuando él se disponía a salir, Vasiliki lo llamó.

- Lo siento Harry- le dijo con tanto candor que éste, interiormente, la perdonó- No quería provocarte problemas. Espero que vengas a verme alguna otra vez.

Se despidieron con tristeza y Harry concluyó que, si no otra cosa, conocer a Slytherin era tumultuoso.

"Es bueno saber"se dijo "Que estoy en Gryffindor"

Más tranquilo, volvió a su Sala Común para hablar con Ron, quien quería hacer más planes para salir aquel fin de semana a Hogsmeade.