Al encontrarse aquella noche en la Torre de Astronomía, Theodore pudo notar que Vasiliki traía ceñido un suéter encima de la túnica del Colegio, a pesar de que apenas hacía fresco. Se la quedó mirando con el ceño fruncido y por una vez no le ofreció un cigarrillo.
Pudo haberle preguntado directamente sobre lo que vio en la enfermería, pero ese no era su estilo. En su lugar, se quedó mirando el firmamento mientras ella se acomodaba a su lado, sentada en un banquillo.
- Sé que estuviste allí- dijo ella de pronto, cruzándose de brazos- Tu voz me despertó.
- ¿Ah sí? ¿Y sabes por qué?
- Lo siento. No acudí en la mañana a curarte.
La mano de él ascendió y descendió con desdén.
- No importa. Estabas ocupada.
- Y también lo estaba en la Enfermería. ¿Vas a preguntarme por qué?
- ¿Quieres que te lo pregunte?
Vasiliki taconeó con impaciencia.
- A veces- le espetó- Me gustaría poder ser tan poco curiosa como tú.
Él sonrió.
- No es necesario- repuso- Siempre me dices lo que necesito saber. ¿Para qué presionarte?
La muchacha suspiró.
- Para que al menos sepa que te importa- se apoyó en la barandilla con desaliento- Para que al menos no sienta que te debo algo por quedarme callada.
Theodore la observó varios instantes en silencio y luego posó, apenas, su mano sobre el hombro de la chica.
- Muy bien- dijo- Cuéntame.
Y así, la Slytherin se vio contándole toda la verdad a Nott. El por qué estaba limitada, lo que había pasado aquella tarde con la saeta de fuego y también lo que le había pedido su abuelo que hiciera. Cuando acabó, pese a que no habló en exceso, estaba tan cansada que tuvo que tomar aliento.
En cuanto a Theo, empezó a analizar las noticias con su habitual aire analítico.
- En buena te has metido- comentó- ¿Has pensado en que nos ibas a decir? ¿A tus amigos y a los prefectos, por estar hablando con Harry Potter? ¿O sólo pensabas quedarte callada acerca del asunto?
- No lo sé- se sinceró Vasiliki- El silencio funcionaba bien… hasta ahora.
- Sí- asintió Theo- Jamás te hubiera imaginado hablando con él hasta que te vi en la Biblioteca, bastante cómoda, por cierto.
- Tú… ¿Lo sabías? ¿Por qué no me dijiste?
Theo se encogió de hombros.
- No vi razón. Eran tus motivos y tus cosas, no tenía por qué meterme.
- De todas maneras, ¿Por qué tanto revuelo? ¿Por qué siempre tenemos que estar peleados, la casa verde y la roja? Parecemos como las familias de ese libro muggle… Romeo y Julieta.
Divertido, el Slytherin le dirigió una mirada.
- Al menos no hemos llegado a los asesinatos o a los duelos en los pasillos- comentó.
- Pues casi. Estoy harta de esconderme y pretender que detesto a todos los hijos de muggles y a todos los "traidores a la sangre". Yo pensaba, ¿Sabes? Como los demás, creía que Harry Potter era un niño ávido de gloria que rompía las reglas y se metía en todos los problemas que podía para llamar la atención. Pero hablé con él y ya no tengo, en lo absoluto, esa impresión. Es bastante agradable ¿Por qué no hablarle? Y todavía no tengo razones para no hacerlo.
- Podrías encarar nuestra pequeña revolución y comprar insignias. "Defensa en pro de Potter y sus amigos" o algo así.
- Tú te lo tomas a broma, pero hablo en serio. ¿Por qué tenemos que estar enemistados con todos?
Mirando otra vez al firmamento, Theo suspiró, como si el tema lo intrigara tanto como lo agotaba.
- Pensamos muchas cosas, Blackmoon pero, a veces, las apariencias lo son todo. Aquí, arriba, ambos sabemos quienes somos, qué nos gusta y qué no. Pero allá, en Hogwarts, todo depende de la apariencia que tenemos, de lo que damos a entender a los demás. Aquí, yo sólo soy Theo y tú eres Victoria y poco importa de qué casa somos, qué familia tenemos o de quiénes nos rodeamos. Pero, encarando lo que hay allá abajo, tú eres una chica misteriosa de una casa marcada de la que se teme todo lo que puede o podrá hacer y yo soy un antisocial arrogante que se desinteresa por todo. ¿Qué quieres hacer? Es la palabra del público contra la tuya. ¿Tanto te importa lo que puedan pensar?
- Sabes que no. Pero pensé que tendría más libertad de decidir lo que quiero y lo que no, más expresión de la que tengo.
- ¿Y qué tanto más quieres? En realidad eres libre de hacer lo que quieras. Sólo cambia el cómo te vean. Yo no veo que pierdas demasiado.
Vasiliki exhaló. Estaba enojada, aunque sabía que Nott no tenía la culpa de lo que les sucedía.
- Sería divertido de no ser tan exasperante. ¿Qué estás diciendo? ¿Qué si mañana decido vestirme de rojo me crucificarán?
- No. Lo que te estoy diciendo es que si te rodeas de Gryffindor, te preguntarán por qué y se harán juicios de tus razonamientos. Nuestro grupo no entenderá por qué lo haces y si no les gusta, se alejarán.
- ¿A eso le llamas libertad?
Theo le lanzó una mirada sardónica.
- En teoría, no te pueden prohibir nada. En la práctica… tú decides qué perder.
- Que humor tan sombrío el de esta noche. ¡Somos cerrados, Theo! Se supone que la magia nos iba a dar miras amplias, una mayor capacidad de comprensión y aceptación… pero incluso calladamente, los magos son los que deciden qué está bien y qué está mal…
- No te asombres. Eso, históricamente, siempre ha sucedido. Y los muggles son iguales, no lo dudes.
- ¿Así que nos encasillamos y luego sacamos a todo aquel que dice ser diferente?
- No tiene que decirlo. Sólo serlo- Theo sonrió tristemente.
Poniéndose en pie, Victoria se frotó ambos brazos con fuerza.
- ¿Y tú?- arremetió a su compañero con toda la fuerza de sus argumentos- ¿Qué es lo que piensas al respecto?
- ¿Acerca de qué? ¿En general, la magia, los muggles o qué?
- Tú sabes qué. La diferencia entre las casas, los muggles. Te rodeas y te proteges con tu silencio, pero nunca he visto que pongas de manifiesto lo que de verdad piensas.
- Eso es porque no me interesa pregonarlo. Yo simplemente observo y analizo, con eso me basta.
- A mí no. Yo quiero saber lo que pasa por esa mente tuya.
Theodore sonrió.
- Eres la primera a la que le importa, según parece- observó- Esa no es una pregunta recurrente entre mis amigos.
- Eso es porque los demás se han acostumbrado a tu mudez. Pero yo, no. Habla, Theodore Nott.
- Como desees. ¿Con qué empiezo?
- Slytherin. Muggles. Con lo que quieras.
- Lo que más me interesa es nuestra propia casa. Desde siempre, nos hemos encargado de establecer los estándares en los que nuestra sociedad se desenvuelve. Sofisticados y bien relacionados, con muchas ambiciones, los Slytherin siempre han dicho qué esta bien y qué no, que se puede hacer y qué no, aunque no siempre abiertamente. Es por eso que tenemos los mismos requerimientos de seguir aquello que predicamos y por lo que te sientes aprisionada en un molde hecho expresamente para ti desde que entraste a Hogwarts. Algunos podrían negarlo… pero así es. Y te preguntas por qué nos llevamos tan mal con los de Gryffindor… no es difícil adivinarlo. Ellos siempre han sido los rebeldes, los que van en contra de lo establecido y se atreven a alzar la voz. ¿Te resulta tan difícil comprenderlo? Lo que pasa es que, en realidad, son de ese tipo de reglas no escritas de las que nos hablaba Gemma en primer año. No es oficial que todos tengamos que tener prejuicios de sangre pero la mayoría somos de sangre limpia, ¿Entiendes? O por lo menos creemos en eso.
- ¿Tú lo crees? ¿Estás de acuerdo en la diferencia que hacemos entre los hijos de muggles… y nosotros?
- No lo creo. Si acabé en Slytherin, debió de ser por razones muy diferentes a mis creencias. Los he investigado, aunque no debería, ¿Sabes? A los muggles. Y, a pesar de su carencia de la magia, han inventado cosas maravillosas para suplir lo que les falta. No pueden volar a través de la magia, pero han inventado los aviones.¿Y sabes qué el Expreso de Hogwarts, en sus inicios, fue un invento muggle? Hay mucho que, exceptuando Estudios Muggle, nos esconden a la mayoría de nosotros.
Vasiliki normalizó su respiración y, más tranquila, volvió a sentarse.
- Sabía que eras así- expresó- Aunque todo mundo piensa que eres como Malfoy porque hablas con él, yo nunca te he visto tiranizando a la gente en los pasillos, ni tampoco alardeando de tus capacidades y mucho menos fraguando cosas poco ortodoxas en contra de otras casas.
- Tampoco exageres mis cualidades, Blackmoon. Tengo mis defectos, lo sabes muy bien. Pero es verdad… que pienso algunas cosas de manera diferente.
- Y lo más frustrante es que no puedes decir nada… ¡O piensas como la mayoría o no piensas!
- Cálmate. Estos exabruptos no te hacen bien. Pero tienes razón, igualmente.
Vasiliki tosió un poco y luego se serenó.
- ¿Te imaginas?- inquirió, soñadora- ¿Qué llegáramos a la lucha sólo por nuestros ideales?
- Pero ya ha pasado- le hizo notar Theo- ¿Acaso has olvidado al Señor Tenebroso?
- Ah sí- recordó Victoria- El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. La sombra de nuestros terrores. – Miró a su compañero- Theo… si te puedo preguntar, ¿Por qué se unió tu padre a los mortífagos?
- Ya te lo dije. Mi padre veneraba las creencias de los seguidores del señor Tenebroso y vio en aquel hábil mago la consecución de todos sus anhelos.
- ¿Y tu madre? ¿Estaba de acuerdo con él?
- No lo sé. Murió cuando era muy pequeño. Por culpa… de mi padre.
La chica deseó preguntar pero intuyó que no era buena idea. Se llevó la mano al pecho y guardó silencio.
- Es tarde- dijo Theodore, sin mirar al reloj, pero también sin mirarla a ella- Deberíamos bajar.
- Sí…
Comenzaron el largo descenso, ayudándose mutuamente cuando las escaleras estaban demasiado oscuras. Corrieron para llegar a la Sala Común y se separaron al llegar a las puertas de los dormitorios.
- ¿Theo?
- ¿Sí?
- Gracias por guardar mis secretos. Buenas noches.
- Gracias por callar los míos. Buenas noches a ti también.
