Lamento la súper tardanza pero las clases de la universidad empezaron. Simplemente vi a mi tiempo libre desvanecerse frente a mis ojos y no puede hacer nada para detenerlo. No me quedó otra opción más que adaptarme. En serio, lamento la tardanza.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.

Capítulo 7: Aceptación

De alguna manera, el ambiente se sentía tenso. El silencio que se había provocado era aplastante para Ymir. Intentó ocultar su nerviosismo. Tomó unas cuantas respiraciones mientras pensaba delicadamente sus palabras.

¡¿Por qué no puedes aceptar tus sentimientos?! –le dijo en un tono más alto de lo que pretendía. Notándose el enojo en sus palabras. Sus miradas se encontraron mientras ambas se veían sorprendidas.

Porque estoy asustada.

¡¿Asustada de qué?! ¡Sólo acéptalo y serás más feliz!– miró el suelo por un instante mientras se pasaba una mano por el cabello.

¿Por qué estoy gritando? Esto es malo.

Vio a Christa abrir la boca, pero nunca salieron las palabras. El tiempo estaba corriendo y a cada segundo que pasaba, Ymir sentía fracciones de ella desmoronarse.

¡ACÉPTALO! se tapó la boca mientras daba un paso adelante. Ella no debería estar gritando. No debería estar haciendo un puño con la otra mano mientras se clavaba las uñas en la palma. No debería sentirse tan nerviosa. –Acéptalo– dijo más tranquila acercándose a Christa para finalmente agarrarla por los hombros. Espero, y siguió esperando para que le respondiera. Sin embargo el silencio parecía decir más que ella. Los ojos azules miraron fijamente los suyos, demasiado sorprendidos. Mientras el azul y el café se combinaban, por un instante todo lo que estaba alrededor de Ymir pareció desaparecer. O al menos hasta que escuchó su nombre.

–¿Ymir? –miró en la dirección de la voz, y vio a un sorprendido Reiner. Siguió analizando su alrededor y se dio cuenta que no era el único. Todos los demás la veían fijamente en silencio. Se alejó de Christa unos pasos mientras pensaba en lo que había hecho.

–¿Qué fue eso? –preguntó Armin confundido. –Así no era cómo tenías que hacerlo.

–Bueno… yo… –trató de inventar una excusa, pero su cerebro no parecía estar trabajando lo suficientemente rápido.

–Creo que es perfecto.

–¿Qué? –preguntó con incredulidad.

–Yo también pienso lo mismo–añadió la profesora.

–¿A quién se lo decías? –le cuestionó Sasha.

Miró a Christa, la cual tenía una mano en la cabeza y miraba el suelo– A la protagonista –respondió sin convicción.

–¿Estás segura? Porque se sintió tan real, como si se lo estuvieras diciendo a alguien en específico –añadió rápidamente Sasha.

–Tengo la piel de gallina–dijo Ruth mientras se abrazaba a sí misma.

–Yo… olvidé completamente lo que tenía que decir–dijo Christa aún con la mano en la cabeza.

–Esa es la clase de mejoría que quiero ver en todos ustedes–dijo animadamente la profesora–Que pongan toda la pasión. Ha pasado un mes desde que empezamos, y ella sólo ha actuado por dos semanas. ¡Y miren el progreso que ha hecho!

–¡Muy bien! –gritó un chico al que no conocía. Luego se puso a aplaudir y los demás lo siguieron.

Toda esa escena la estaba poniendo incómoda–Gracias… Supongo–dijo con voz apagada.

–Empezaremos desde el principio del acto. Ymir puedes sentarte.

Bajó del escenario y se fue a sentar, apoyó los codos en las piernas y se tapó el rostro con las manos.

¿Me lo decía a mí misma?

Bajó las manos y soltó un suspiro que no sabía que había estado reteniendo.

Tal vez me gusta.

–No –dijo en voz alta. E instantáneamente se tapó la boca. Para disimular, agarró el libreto e hizo como si lo estuviera leyendo nuevamente.

Trató de negarse una vez más a sí misma aquel hecho. Que todo era simplemente porque eran amigas. Sin embargo ella sabía que no podía creer por mucho en sus propias mentiras.

Cada vez que le tocaba hacer una escena con Christa se ponía un poco nerviosa, pero nada que no pudiera mantener bajo control. Un día Ymir se encontraba bastante desconcentrada y ello ocasionó que se pusiera aún más nerviosa.

Así que cuando le había tocado hacer la escena con Christa fue como un momento revelador. Momento que hasta ahora seguía negando.

Había resaltado todas sus líneas para que le fuera más fácil ubicarlas en el libreto y a pesar de qué se las había memorizado al verla simplemente se le olvidó todo. Miró por unos cuantos segundos los ojos de Christa pero nada se le venía a la mente.

Ymir–la escuchó llamar dulcemente su nombre– ¿Por qué no puedes aceptar tus sentimientos?

Eso fue todo. Sintió como una daga invisible se le clavaba en el pecho. La respiración se le cortó temiendo que Christa con tan sólo una mirada hubiera sido capaz de ver a través de sus pensamientos y ver qué es lo que sentía en ese momento. Se obligó a si misma a recordar como respirar.

¿Qué?

Es la línea que tienes que decir.

La miró confundida por unos segundos. –T-tienes razón–leyó el libreto que tenía en la mano para recordar las siguientes palabras que tenía que decir– ¿Por qué no puedes aceptar tus sentimientos?

Porque estoy asustada.

¿Asustada de qué? Sólo acéptalo y serás más feliz.

Miedo de salir lastimada otra vez.

Acéptalo. Yo sé que lo amas –dicho esto dirigió su mirada a Reiner, éste le daba usa sonrisa amigable y tenía el pulgar levantado.

Como mi confidente, tú sabes lo que hizo–empezó a decir con un tono entristecido. –Tú sabes por todo lo que hemos pasado. Y después de todo él simplemente se-

Ya lo sé, pero si no se lo preguntas nunca sabrás las razones.

¡No quiero hacerlo!

Entonces espero no tengas arrepentimientos–empezó a decirPorque tal parece que para la mente humana es más fácil imaginarse las cosas que pudimos haber hecho pero no las hicimos, ¿no lo crees?

Se quedó pensativa y luego agregó:–Tienes razón. Debo irme

Eso era lo que tenía que hacer y ahora lo había cambiado todo. Antes de entrar a practicar había escuchado a unos chicos decir lo suertudo que era Reiner por estar con Christa. Oír eso de algún modo, la molesto. Quiso ir a decirles que ellos no tenían nada, pero ni ella misma estaba segura de ello. Así que cuando entró a actuar todo el enojo mezclado con incertidumbre se vio reflejado en su voz.

–¿Qué pasó allá? –se sobresaltó con la pregunta. –¿Estás bien?

–¿Por qué habría de estar mal? –le preguntó mirando a los ojos negros de Ruth.

–No lo sé… Sólo, ¿estás bien? –le volvió a preguntar sentándose a su lado.

Bueno, creo sentir algo por la que podría ser mi mejor amiga. Pero creo que será la novia de mi mejor amigo. Debo estar rebosante de alegría. ¿Cierto?

–Estoy bien–mintió no queriendo hablar con ella de este tema. A lo largo de este mes se había dado cuenta que ella, en realidad, era una buena persona. Aun así, no sentía la confianza suficiente como para hablarle de ello.

–No sé si creerte.

–Bien. No me creas si no quieres–le respondió duramente.

–Tranquila. Te creo. –la miró y supo que su respuesta tampoco era sincera.

Se quedaron en silencio. Ymir levantó la vista hacia el escenario y trató, sin éxito, de mirar a cualquier persona que no fuera Christa. Sin embargo para sus ojos ella parecía más brillante, llamándole la atención. Eventualmente fijó su mirada en ella y se relajó. La vio más segura que las anteriores veces. De hecho todos, incluso ella, sentían su propia mejoría. Aunque ella ya no podría decir lo mismo después de lo de hoy. Subió al escenario una vez que se dio cuenta que su escena estaba cerca. Trató de tranquilizarse pero a cada segundo se ponía más nerviosa.

Era su turno. Dio un profundo respiro y entró. Dijo sus líneas de la misma forma que lo había hecho a un principio. Y luego el silencio. Se contuvo de desviar la mirada o hacer algún gesto que demostrara su nerviosismo. Pasaron unos segundos y luego la escuchó hablar.

–Ymir–dijo en un hilo de voz. La nombrada la miró confundida.

–¿Christa qué pasa? –escuchó algo de enojo en la voz de la maestra– Esta escena ya la habíamos hecho antes.

–Perdón, olvidé que tenía que decir.

–¿Qué pasa?

–Creo que es por cómo se hace la escena ahora–le dijo viendo al piso. La profesora pareció inspeccionarla con la mirada.

–Sí, tal vez tienes razón. También creo que es suficiente por hoy. –Se acercó al centro del escenario. –Ustedes saben que falta sólo dos meses. Y creo que ya estamos llegando a un punto. En un par de semanas…

Ymir dejó de escuchar lo que la profesora decía mientras pensaba porque Christa había dicho su nombre. ¿Por qué tenía que significar algo? Simplemente podría haber dicho su nombre. O tal vez no.

¡Basta!

Se dijo a sí misma. De nada le servía saltar a conclusiones.

Sólo dijo tu nombre y ya. Sólo lo dijo. No significa nada. Absolutamente nada. ¿Verdad?

–…y es por eso que llevarás un vestido–la mirada de la profesora enfocada en ella. Miro atrás sólo para asegurarse que era ella a quién le hablaba.

–¿Me escuchaste? – a pesar de que no quería hacerlo, Ymir tuvo que negar con la cabeza. La maestra suspiró.

–Estaba diciéndoles a tus compañeros qué deberían vestir el día que tengamos que actuar. Y tú al interpretar a la tía de la protagonista deberías usar un vestido. Uno formal. ¿Estás de acuerdo? –ella no entendía porque le preguntaba si estaba bien. ¿Por qué lo hacía? Su palabra era ley y ahora le preguntaba… ¿si estaba bien?

–Um, sí–le respondió con la voz apagada.

–¿Tienes vestidos? –le cuestionó sorprendida. Ymir sólo frunció el ceño en respuesta. –Sólo pregunto.

–Claro que los tengo

–¿Vestidos formales?

A Ymir le hubiera gustado decir que tenía un armario lleno de vestidos de toda clase, pero no era verdad. Y los que tenía, no eran adecuados para el personaje que estaba haciendo. Eran más del tipo de vestido que vestías para ir alguna fiesta juvenil para resultar jovial y atrayente. Pero no tenía ningún vestido que representara la madurez que quería demostrar su personaje. Finalmente respondió mirando hacia otro lado: –No tengo ninguno de ese estilo.

Ymir vio dibujarse una sonrisa en el rostro de la profesora.

–En ese caso, ¿qué tal si te prestas un vestido de Ruth? –Ymir dirigió su mirada a la chica que se encontraba al lado de la profesora. Le devolvió la sonrisa que le estaba dando.

–Está bien.

–Entonces, puedes traer los vestidos aquí o-

–De hecho estaba pensando que ella venga a mi casa, sería más fácil–la interrumpió amablemente.

–Eso ya vean ustedes, pónganse de acuerdo.

–¿Cuándo puedo ir a tu casa?

–Esta noche.

–¡¿Está noche?! –preguntó con evidente sorpresa.

–¿No puedes?

–Sí puedo, es sólo que no me lo esperaba- Yo- –trató de recordar si tenía algo pendiente para hoy– Sí, está bien.

–No–todos se giraron a ver de dónde provenía la voz–Quiero decir, ¿por qué no vamos todas la chicas? Probarnos los atuendos que podríamos vestir–preguntó Christa

–¿Está noche? –le respondió con cierta confusión en su voz.

–No está noche, sino mañana.

–No creo que se pueda en mi casa.

–Puede ser en mi casa

–Tendría que llevar los vestidos y-

–Yo te ayudaré–intercambiaron miradas por un momento.

–Claro–respondió finalmente con una sonrisa en el rostro. –¿Cuándo?

–Mañana en la tarde. ¿Pueden todas?

Cuando hizo la pregunta, la profesora reunió a los chicos para hablar de lo que vestirían ellos. Y las chicas formaron otro grupo tratando de ponerse de acuerdo. Sólo eran seis chicas participando en la obra. Y aun así no todas podrían ir mañana a la casa de Christa. De hecho Ymir no veía necesario que todas ellas se reunieran.

Después de unos minutos la profesora dijo:–De acuerdo chicos, eso es todo por hoy. Pueden irse.

Rápidamente todos empezaron a salir del teatro en busca de aprovechar lo que quedaba de la tarde del sábado. Miró su reloj para darse cuenta que ya era las seis.

Cuando alzó la mirada vio que Reiner y Christa estaban hablando con sonrisas en el rostro. Se habían vuelto tan cercanos. Eren estaba hablando con Armin acerca de algunos diálogos y luego estaba ella. Cerca de ellos pero manteniéndose al margen de las conversaciones. Caminaba tratando de no pensar en nada. Cuando de repente sintió una mano en su brazo.

–Sé cuál es tu secreto–Ymir se paralizó viendo los ojos de Sasha.

–¿Qué? –le preguntó sorprendida. La sonrisa de Sasha se hizo más grande.

–¿Quieres agua? –preguntó alcanzándole una pequeña botella.

–No me cambies de tema, ¿de qué estás hablando?

–Está bien te lo diré cuando aceptes mi botella de agua–sonrió mientras le alcanzaba el envase otra vez. La miró confundida y luego agarró la botella. Su mano se tensó alrededor de ella esperando escuchar la respuesta–Bien, sé tu secreto. Sé que… te paras frente al espejo y dices tus líneas para poder ver tus expresiones.

–¡¿QUÉ?! ¡No! –Ymir se puso una mano al pecho sintiendo su acelerado corazón y respiró con más tranquilidad. –Sasha, tú no puedes ir por ahí libremente diciéndoles eso, a las personas.

–¿Por qué no? –frunció el ceño y luego otra sonrisa se le dibujo en el rostro– Si no tienen nada que esconder entonces sólo les causa gracia. ¿No lo crees?

Ella tenía razón. La miró con vacilación por unos segundos y para disimular su silencio decidió tomar un sorbo de agua.

–Tienes toda la razón–le devolvió la sonrisa y se dispuso a beber el agua.

–Sé que te gusta alguien–Ymir se atoró con el líquido, empezando a toser. Todos se detuvieron de andar.

–¿Estás bien? –preguntó Reiner.

–¿Qué pasó? –le cuestiono Christa a Sasha con preocupación.

Ymir se las arregló para responderles con señas que estaba bien y que continuaran su camino. Una vez que pudo respirar con tranquilidad se rio.

–¿En qué te basas para decirme eso? –trató de disimular su nerviosismo con una sonrisa, devolviéndole la botella.

–Tengo un presentimiento, aunque no estoy segura de quién es. –le dijo mientras tomaba un sorbo de agua. –Siempre tienes la misma expresión seria y cuando estás sonriente siempre están todos. Así que no sé. Últimamente en el teatro has estado más ausente. ¿Quién es?

–Tu intuición puede estar equivocada–le respondió tratando de salir de la situación pero no lo logró.

–¿En serio? –la agarró del brazo para detenerla–¿Crees que mi intuición es equivocada? ¿Debo recordarte el examen de historia?

–No tienes que hacerlo. Aún estoy enojada contigo por ello–le respondió cruzándose los brazos.

–¿Por qué? –preguntó sorprendida.

–¿Cómo que por qué? –dio un paso atrás para ver si la pregunta iba en serio– Te lo diré. Tal vez porque yo estaba toda tranquila sentada en un banco cuando de repente viene Conny y me cuenta que diste tu examen tirando la moneda… ¡literalmente!

–Pero era de opción múltiple. –trató de justificarse.

–Eso no es excusa. Y el que hallas tenido el presentimiento de que tirar la moneda te iba a dar las respuestas también está mal.

–Pero saqué la mejor nota de curso–se encogió de hombros– Después de todo tuve razón.

–Ese sólo es uno de los problemas. Luego Conny me dijo que le ayudara a estudiar, ya que nosotras habíamos "estudiado" –hizo el símbolo de las comillas con las manos– en la noche.

–No veo problema ahí.

–Sasha… vimos películas toda. La. Maldita. Noche. ¿Recuerdas? ¿Revelación Zombie? ¡¿Del uno al cinco?!

–Sí, y nos divertimos–respondió alegre tomando agua otra vez.

–Sí y me mentiste–le respondió de la misma manera y luego se puso seria. –Me dijiste que no tenías nada para el día siguiente. Y después me entero que… ¿tenías examen? ¿Qué demonios?

–Lo siento, ¿de acuerdo? Pero eso no demuestra que mis presentimientos son erróneos. –le respondió apresuradamente–Hay otros casos en el que mi intuición nos salvó. Y tú lo sabes, pero tú sólo estás diciendo esto para salir del verdadero asunto, porque estás nerviosa y no quieres aceptar que tengo razón en ¡que te gusta alguien!

–¡Sí, tal vez me gusta alguien!–ambos rostros se miraron sorprendidos. Sin embargo ya era demasiado tarde para justificar sus palabras. Cuando de presentimientos se trataba Sasha casi nunca fallaba.

–Lo sabía, ¿quién es? –le preguntó con una sonrisa triunfante–¿Soy yo? Lamento decirte que no puede ser posible.

Ymir se rio y luego respondió: –En tus sueños– Sasha frunció el ceño y le picó con un dedo en la costilla. –¿Quieres hacerme cosquillas? Porque te recuerdo que no las tengo–luego una sonrisa se dibujó en su rostro. –Pero tú sí.

Empezó a hacerle cosquillas mientras Sasha trataba de alejarse de ella.

–¡Atrás demonio! –dijo cuándo instantáneamente se tapó la boca y miró asustada a Ymir.

–¿Acabas de lanzarme agua? –le cuestionó mientras veía una parte de su polera mojada.

–No era mi intención.

–Dame esa botella para que también pueda mojarte–intentó acercarse, pero Sasha se alejó más. –Sino no me das esa botella, te juro que yo la agarrare y cuando lo haga, vaciaré todo el contenido en tu ropa.

–No sabía que estaba destapada.

–Uno–empezó a contar extendiendo la mano.

–No se nota… mucho.

–¡Dos!

–Lo siento.

–Tres–Sasha se puso a correr tapando la botella con la otra mano para que no se saliera el contenido. Sasha era rápida pero Ymir lo era aún más. Sin embargo cada vez que estaba por agarrarla Sasha se daba la vuelta para mojarla de nuevo lo que la hacía retroceder un poco.

Después de unos minutos visualizó a los demás parados en una esquina probablemente esperando por ellas. Sasha se ocultó detrás de Reiner haciéndolo dar unos cuántos pasos hacia atrás. Sin embargo Ymir la separó de él y tomó la botella, lista para mojarla. Agitó la botella y Sasha se cubrió lo más que pudo con los brazos. Sin embargo no salió nada más que unas cuántas gotas.

–¡Ay no puede ser!–dijo agitadamente.

–¿Ymir qué demonios te pasó? –la nombrada vio hacia abajo para darse cuenta que parte de su abdomen y la parte de su entrepierna estaba mojada.

–Parece como si no hubieras podido aguantarte de ir al baño–se rio Reiner y los demás también.

–Me iré a casa–respondió seriamente viendo a Sasha.

–Lo siento–respondió apenada.

–Estábamos pensando ir a comer algo, ¿no quieres venir? –le preguntó Christa.

–Sí, vamos. Tal vez puedas ir al baño a dónde vayamos y puedas secarte–opinó Sasha más alegre.

–¿En serio? Quieres que vaya a un restaurante cuando estoy mojada de esa parte y les diga que me presten baño. Te das cuenta de lo raro que sería.

–Sí, tal vez no sea tan buena idea–comentó Eren.

–¿Estás enojada con ella? –le preguntó Armin.

–No, sería estúpido enojarme por eso. Sólo iré a casa. Estoy cansada y mojada–miró a Sasha sólo que esta vez con una sonrisa. –Pero no creas que no cobraré venganza, ¿eh? Si accidentalmente recibes un balde de agua recuerda… no fui yo–todos los presentes se rieron.

–¿Por qué tardaron tanto? –preguntó Conny viéndolas a ambas con vacilación.

–Oh, eso es porque estaba averiguando si a Ymir le gustaba algu- –se calló ni bien vio a Ymir negar con la cabeza.

–¿Qué estabas averiguando? ¿Si le gustaba alguien? –preguntó Reiner con una sonrisa.

Tengo que correr.

–No, no. Yo sólo averiguaba si a Ymir le gustaba alguuuna clase de pizza–respondió sin convicción. –Sí, eso hice.

–Bueno chicos yo me voy–empezó a despedirse para salir del asunto.

–A mí no me engañan–su sonrisa volviéndose más grande. –¿Quién es Ymir?

–¿Es cierto? ¿Quién es Sasha? –le preguntó Conny.

–Ya les dije que no le pregunté eso.

–¿Y esperas que te creamos eso?

–Bueno, sí–respondió con una risa incrédula.

–¿Quién es? –insistió nuevamente Reiner.

–Será mejor que se apuren antes de que se oscurezca más–dijo mientras se alejaba del grupo.

–Sólo dinos.

–Ya me estoy yendo Reiner.

–¿Es Ruth?

–Adiós chicos–dijo a la distancia esperando que nadie la siguiera. Y para su suerte, nadie lo hizo. Cuando llegó a casa fue directo a cambiarse y luego a echarse en su cama. Aún era temprano para que se durmiera, así que decidió encender el televisor. Varios minutos después recibió un mensaje.

"Me están atacando con varias preguntas. Puedo ir a tu casa? Prometo llevar algo."

Ymir se rio del mensaje de Sasha y le respondió que sí podía pero que no era necesario que le llevara nada.

Tal vez no la estarían atacando sino hubiera dicho nada. Esbozó una sonrisa. Christa. Así que le gustaba Christa. No se había dado cuenta de que aceptar aquel hecho le hacía sonreír. Sin embargo no quería pensar mucho en ello. Apagó el televisor y encendió su computador para jugar en él. Hace tiempo que no jugaba. Siempre tenía tareas que hacer o estaba muy cansada como para hacer algo. Abrió el primer juego que vio y rápidamente se concentró en él. Sin darse cuenta ya no le tomó importancia al tiempo y continuó jugando.

Ella estaba caminando lentamente antes de entrar a una puerta. Se mentalizaba para lo que estaba por venir cuando de repente sonó el timbre de la puerta haciéndola sobresaltar. Pausó el juego y fue rápidamente a abrir la puerta.

–Sasha si me da un paro cardiaco ser- ¿Reiner? –dijo una vez que abrió completamente la puerta– ¿Qué estás haciendo aquí?

–Hola Ymir, yo también estoy bien. Gracias–respondió Reiner.

–Lo siento, pero no esperaba que vinieras–se cruzó de brazos.

–¿Pero a Sasha sí?

–Ella me aviso que vendría.

–Bueno, ella hubiera venido pero cuando le dije que yo también quería venir simplemente se retractó y me dio la hamburguesa para que te la diera.

–¿Y dónde está? –le preguntó examinándolo.

–¿Sasha? ¿En su casa? Yo que sé.

–No. ¿Dónde está la hamburguesa?

–Oh, está aquí– miró sus manos pero no había nada–¡No! ¡No! Olvidé la hamburguesa–dijo poniéndose ambas manos en la cabeza.

–Bueno, obviamente no viniste a darme mi hamburguesa–se rio– ¿Para qué viniste?

–Te tengo una propuesta–dijo sonriente.

–No

–¿Qué? Ni siquiera la escuchaste–dijo sorprendido. Ymir lo examinó una vez más.

–¿Qué propuesta?

–Quiero que seas mi compañera de práctica para el teatro.

–No–le respondió sin dudar.

–¿Qué? ¿Por qué no?

–Porque sería raro y… sería raro. Mencioné que sería raro, porque lo sería–le respondió rápidamente.

–Por favor.

–¿Por qué no le dices a Christa? Después de todo ella también es protagonista–inmediatamente se arrepintió de sus palabras. A pesar de que era su amigo lo que ella menos necesitaba es que se volviera aún más cercano con Christa. Ella no podía rendirse tan fácilmente de Christa. Por lo menos hasta que ella le hubiera dicho con sus palabras que no quería nada con Ymir.

–Porque me sentiría nervioso. Y si algo surge entre nosotros no quiero que se vea influenciado en la obra–Ymir frunció el ceño en respuesta.

–Pensé que ese era tu objetivo. Volverte más cercano a ella.

–Sí y realmente ya soy su amigo pero también quiero hacer un buen papel en el teatro.

–De modo qué quieres hacer bien tu trabajo–se rio entre dientes. –Bien lo haré.

–¿Sí? Gracias–la abrazó por un instante.

–Pero no esperes que me ponga en el papel de la protagonista y diga las líneas de manera verídica. Yo estaré echada en mi cama leyendo con voz monótona el guion mientras me rio de tu actuación.

Reiner se rio y luego agregó: –Bueno, no importa. Si se lo hubiera dicho a Christa me hubiera sentido demasiado nervioso. Quiero decir, ¿has visto sus ojos?

–Sí Reiner, también tengo ojos.

–Pero, ¿los has visto realmente? –Ymir recordó esos ojos y no pudo evitar que su corazón se acelerara.

–Sí–respondió sin saber que agregar. –Me debes una hamburguesa–dijo tratando de cambiar el tema.

–El día que nos reunamos te la traigo–le guiñó el ojo y se despidió. –Me tengo que ir ya es tarde.

–¿Qué hora es?

–Las diez. Bueno me voy.

Ymir cerró la puerta y se pasó una mano por el pelo.

¿Qué estoy haciendo?

Soltó un suspiro y subió nuevamente a su cuarto. Se preparó para jugar. Volvió al juego y nuevamente se mentalizó para lo que estaba por venir. Otra vez sonó el timbre. De nuevo pausó el juego y se dirigió a abrir la puerta.

–Reiner ya quedamos que- ¿Christa? ¿Qué estás haciendo aquí? Ya es tarde–dijo sorprendida. –De acuerdo, en serio tienen que avisarme cuando estén por venir a mi casa.

–Pero lo hice. ¿No leíste mi mensaje? –soltó una pequeña risita.

–¿Lo hiciste? Lo siento, no lo vi–dijo recordando que había dejado el celular sobre la cama– Estaba jugando y pude no haber escuchado el celular.

–¿Estabas jugando? –pregunto interesada.

–Sí, es un juego de terror–se empezó a reír. –Lo más gracioso es que creo que me toca una parte que debería darme miedo pero antes de que logre hacer algo, el timbre suena. Debe ser una señal del destino que no quiere que lo haga.

–¿En serio? ¿Puedo jugarlo? –Ymir se sorprendió con la pregunta. Miró dentro de su casa y trató de recordar el estado de su cuarto. –Sí, creo que sí. –le dijo abriendo la puerta para ella, haciéndose a un lado para que pasara.

–Apuesto que Reiner también vino. –le dijo sonriente.

–Oh sí, ¿cómo lo sabes?

–Tenía que haberte dado esto–le alcanzó una pequeña bolsa– Se le olvidó por venir rápido.

–Gracias–le sonrió mientras se dirigían a su cuarto.

Abrió con miedo la puerta de su habitación. Para su suerte estaba ordenado.

–Más bien todo está en su lugar.

–Ymir he visto tu cuarto en peores condiciones–ambas se rieron.

–Tal vez, pero eso no significa que quiera que estés en un desorden.

–Mientras yo juego quiero que tú comas–le dijo tratándose de sentar en la silla de escritorio, pero Ymir rápidamente se interpuso.

–Yo no voy a comer sola. Tú vas a comer conmigo. –le dirigió una sonrisa y finalmente Christa aceptó.

–Voy a engordar por tu culpa–dijo sentándose en la cama.

–Tal vez no debiste traer la hamburguesa–se rio mientras partía la hamburguesa y le alcanzaba la mitad a Christa.

–Sasha iba a venir pero creo que ya no quería ser cuestionada por Reiner.

–Creo que la estaban atormentando a la pobre.

–Sí, creo que sí–después de terminar el bocado que se había metido a la boca continuó: –¿Te gusta alguien?

Ymir pensó en la respuesta mientras comía. ¿Debería aceptarlo o negarlo? No respondió y siguió comiendo.

–¿Ymir te gusta alguien? –repitió la pregunta.

–Sí–vio el rostro de Christa sorprenderse.

–¿Quién?

–No te voy a decir–se rio mientras se limpiaba las manos.

–¿Por qué no?

–Porque no sé si tengo una oportunidad.

–Tal vez pueda ayudar.

–No, está bien. Gracias de todos modos.

–No es justo. No me puedes dejar con la duda –se quejó limpiándose la boca con la servilleta.

–Mírame haciéndolo. –se paró para botar la basura y agarró otra silla y la puso frente a la computadora. –¿Vas a jugar o no?

–Eres malvada. Supongo que no tiene caso que insista–le respondió mientras se sentaba frente al computador.

–Supones bien–se sentó a su lado.

Ymir le explicó lo básico del juego. Le contó la historia, los controles para mover al personaje y el objetivo del juego. Vio morir al personaje muchas veces mientras las dos trataban de manejar al personaje. Después de varios sobresaltos y muertes pudieron pasar el nivel del juego.

–Lo hicimos–Ymir miró a un costado y se quedó mirando los ojos de Christa. Para una persona normal que sólo sentía amistad por ella, podría verlos toda la tarde y no sentir nada. Pero para una persona a la que gustaba de ella, esos ojos eran como el cielo. Inmediatamente después de que mirara los labios de Christa se volvió a mirar el computador. Vio a Christa hacer lo mismo.

¿Qué estoy haciendo?

–Gracias Christa por jugar conmigo pero ya es tarde–dijo sin ánimos.

–¿En serio? –sacó su celular para fijarse en la hora– Tienes razón, ya es las once y media.

Ambas se pararon y se dirigieron hacia la puerta principal en silencio.

–Bueno… nos vemos mañana.

–¿Mañana?

–Claro, tienes que ponerte un vestido–se rio– No me digas que se te olvido.

–Cierto. Espero que los frutos de volver al gimnasio se vean mañana–puso una mano a la cintura.

–Apuesto que te verás muy bien.

–Gracias por el cumplido pero sólo lo dices porque somos amigas.

–Lo digo en serio–puso una mano en su cuello ocasionando un estremecimiento en Ymir. –¿No me crees? –Ymir no respondió demasiado ocupada en retener cualquier movimiento que hiciera que besara a Christa. –Siempre te ves bien.

Ymir soltó una risa nerviosa y tomó la mano de Christa para alejarla de su cuello. Sin embargo nunca dejó el agarre.

–No me crees–dijo frunciendo el ceño.

–Si yo te dijera lo mismo probablemente tampoco me creerías.

–Eso no es cierto

–Entonces… te ves hermosa–se acercó más de lo que debería al rostro de Christa. Mirándola fijamente a los ojos. Bajó la mirada cuando sintió un apretón en la mano. Nuevamente vio a Christa que ahora se soltaba de su agarre.

–Tú no puedes decir eso.

–¿Por qué no? ¿No me crees? –le preguntó pero no obtuvo respuesta– ¿Estás sonrojándote?

–¿Qué? No–Christa se puso una mano en la mejilla. –Es el frío.

Ymir sólo se rio en su desesperación de creer que había hecho algo malo.

–Tal vez deberías ir corriendo, ya se está haciendo más tarde.

–Tienes razón. Nos vemos mañana.

La vio alejarse apresuradamente. Se quedó en la puerta hasta que ya no podía verla. Luego cerró la puerta y fue rápidamente a su cuarto para lanzarse de bruces a su cama.

–¡¿Ymir qué estás haciendo?! –sofocó el grito contra una almohada.

Trató de tranquilizarse pero no podía evitar sentirse como idiota después de lo que había hecho. Fue al baño a mojarse la cara y lavarse los dientes. Se puso la ropa de dormir y se echó en su cama tratando de no pensar. Estaba viendo el techo esperando que de alguna forma éste le diera sueño. Sin embargo sintió un zumbido proveniente del celular despertándola aún más. Cuando lo alzó pudo ver que tenía tres mensajes.

"Reiner llevará tu comida yo no iré con él. No quiero que me siga atacando con preguntas"

"Te tengo que pedir un favor, estaré en tu casa de 15"

"Reiner olvidó tu comida. Espero que no te moleste que vaya a tu casa"

Colocó el celular en la mesita de noche y nuevamente trató de conciliar el sueño. Después de unos minutos volvió a vibrar. Era un mensaje.

"No puedes decir eso de nuevo"

Ymir sólo se rio y le preguntó el por qué.

"Porque no. No preguntes más. Tengo sueño. Nos vemos mañana"

Le sonrió a la pantalla de su celular y se sintió más tranquila.

Tal vez haya hecho algún progreso hoy. Aunque no estoy segura si tengo una oportunidad. Ella es tan confusa.

Se dijo a si misma mientras recordaba cómo Christa se había sonrojado pero al mismo tiempo se había alejado. No entendía el por qué ella no podía decirlo eso. ¿Era el hecho de lo qué le decía? ¿O era el hecho de que era ella quién se lo decía? Por ahora no importaba Ymir durmió con una sonrisa en el rostro.