Los días siguientes fueron bastante extenuantes, sin siquiera un poco de libertad para dar más paseos vespertinos, debido a las prohibiciones de seguridad. Los deberes eran continuos y las tareas cada vez más recurrentes por la cercanía de los exámenes. Todos los Slytherin tenían diversas maneras de sobrellevarlo. Daphne, Anne y Pansy estaban obsesionadas con su apariencia física y se preocupaban hasta por como llevaban las uñas en un día normal, Blaise ligaba y coqueteaba con todas las chicas disponibles, Crabbe, Goyle y Millicent se concentraban en las comidas, Theo leía más que nunca, Draco se desahogaba molestando a los demás, en especial a sus compañeros leones y Victoria dormía.
Para ella estaba siendo especialmente difícil tanta carga de trabajo, ya que su pequeña aventura con el vuelo le había costado un gran nivel de energía. Con frecuencia podían verla sentándose para no caer desplomada y tenía casi siempre muy pocas ganas de hacer nada fuera de su rutina de estudio pero no decía nada. Había cosas más importantes, les decía o "sólo tengo un poco de gripa" era otra de sus excusas.
La verdad es que otros pensamientos, muy alejados de su enfermedad, circulaban por su mente. No había vuelto a hablar con Potter desde el incidente de los Terrenos, aunque se enteró por Draco de un incidente relacionado con Hogsmeade y el profesor Snape parecía especialmente enojado con el chico. Pero aquellas no eran razones más que para alejarse un poco del enfadado muchacho y la verdad es que había poco que pudieran decirse. En consecuencia, ella prefirió concentrarse en los estudios y en ignorar a sus compañeros de curso, que, aunque parecían abrumados de trabajo, se empeñaban en evitarla en los pasillos, provocando su irritación.
Debido a todos estos factores, Vasiliki ya había olvidado la promesa de los gemelos Weasley de enseñarle las cocinas, pero a ellos no les sucedía lo mismo y una hora antes del almuerzo decidieron mostrarle. Ellos eran divertidos y definitivamente hablaban como si fueran una sola persona, por lo que Vasiliki comprendió que haría buenas migas con ellos. Se acompañaron felizmente hasta regresar al Gran Comedor, los tres cargados de pastelitos que les habían dado los elfos domésticos pero al llegar a su destino se separaron prudentemente y, con tristeza, Vasiliki comprendió que la barrera de las casas no se iba a desvanecer fácilmente.
Comió en silencio junto a Daphne, notando que miraba a un muy enfurecido Draco en el otro lado de la mesa. Malfoy estaba sentado junto a Zabini, enrojecida la piel de rabia y con la palma de una mano en su mejilla. Vasiliki lo observó ausentemente hasta que, de pronto, se dio cuenta que alguien lo había abofeteado.
- Uhmmm… ¿Draco?- inquirió tras unos instantes con vacilación. Casi nunca era buena idea hablarle al chico cuando estaba enfadado, pues tenía muy malos modales, pero ella sabía que, si no se lo preguntaba ahora, él no aceptaría cuestionamientos después- ¿Qué te pasó? ¿Aquí? – le señaló la mejilla.
Para su sorpresa, él no tuvo reparos en contestarle, los ojos grises como cuchillas y las manos temblándole aún de lo que debía ser enfado.
- Esa… sangre sucia Granger me puso la mano encima. Estábamos cerca de la cabaña del apestoso profesor ese que tenemos ¡Y la muy descarada me lanzó una bofetada! Y por supuesto, se aprovecha de que no puedo responderle… ¡Pero se las verá conmigo! ¡Ya verás!
Vasiliki abrió mucho los ojos. ¿La alumna ideal, la perfeccionista Hermione Granger, golpeando a un estudiante? Eso se salía de lo normal, sin duda. Algo debió de haber hecho Draco para ganarse semejante trato, pero no podía exponerlo de esa manera.
Había otras maneras de averiguarlo, en cambio.
- ¿Y por qué no la acusaste con un profesor? Habrías conseguido que le bajaran puntos, ¿Sabes?
- No- dijo él sucintamente- Me basta con saber de su desilusión por ese pobretón. Mi papá ganó el juicio y la horrible bestezuela será ejecutada. Por eso estaba enojada la Granger- el rubio esbozó una sonrisa y fue entonces cuando Vasiliki lo comprendió todo. ¿Así que iban a ejecutar al hipogrifo? No era de extrañar que la Gryffindor estuviera tan indignada, cuando Draco había consumido tantas de sus energías para que eso sucediera. Pero, aunque no estaba de acuerdo en aquel asunto, Victoria había aprendido mucho de sus conversaciones con Theo y le dirigió una vacilante sonrisa a Draco.
- Lo siento por tu rostro- dijo, sin sentirlo de veras- Pero al menos no te dejará marca.
Draco asintió, dirigiéndole una de sus raras sonrisas y la comida siguió su curso.
En cuanto a Vasiliki, había tomado una decisión, aunque tardó unos días en llevarla en práctica, hasta que su abuelo la llamó para preguntarle sobre los progresos en su misión "observando a Potter".
Ella respondió sinceramente a sus preguntas pero aquella entrevista sólo le había demostrado que no podía evadir eternamente el tema. Una tarde, al salir de Herbología, decidió que era buena idea poner en práctica sus planes y, separándose de sus amigas, acudió en busca del Gryffindor.
Éste estaba de camino al Gran Comedor, después de una sesión de entrenamiento de emergencia. Ella lo observó desde una cierta distancia, advirtiendo su porte cansado pero orgulloso y la preciosa escoba en su mano. Ya casi había olvidado que iba a hablarle hasta que Harry se detuvo frente a ella.
- ¿Y bien?- le preguntó- ¿Por qué me miras así?
- Me enteré de que van a ejecutar al hipogrifo… sólo quería decir que lo siento. No esperé que Draco estuviera tan deseoso de vengarse.
- Él es así. ¿Necesitas algo más? Tengo hambre.
- Espera… lo siento, Harry, pero he notado que estás muy distante desde lo que sucedió la otra tarde. ¿Estás molesto conmigo?
Sorprendido, el chico la miró, como si estuviera sopesando la cuestión.
- No es eso- dijo finalmente- He estado muy ocupado con los deberes y los entrenamientos y no me ha dado tiempo de pensar en nada más.
Ella respiró con alivio. Había temido que lo sucedido empañara su amistad incipiente con el muchacho, pero no lo parecía. Le sonrió y le preguntó si podía acompañarlo al Gran Comedor y él no se negó.
Hablaron. De las materias, los innumerables deberes, las preocupaciones del Quidditch, el clima y algunos profesores. Victoria terminó por darle un par de consejos para Transformaciones y Pociones y entonces llegaron al Gran Comedor.
Ambos se miraron con duda. Fuera de las vistas de los otros, podían hablar tanto como quisieran pero ninguno de los dos, de común acuerdo, estaban dispuestos a arriesgar su "imagen" ante los demás. Se despidieron y tan sólo Vasiliki lo llamó antes de que Harry se desvaneciera.
- ¿Harry?
- Dime.
- Suerte. Espero que ganes la Copa de las Casas.
Eso y nada más. Pero logró arrancarle una sonrisa al chico y ella ya no estuvo segura de, al haber decidido asistir al último partido, a quién debía apoyar.
¿Debía apoyar a la casa a la que pertenecía? ¿O a Gryffindor, sus eternos rivales?
Ella decidió que no importaba. Había elegido continuar con su vida, y eso era más que suficiente.
…
El día del partido, Draco Malfoy estaba tan nervioso que hasta Vasiliki claudicó y decidió apoyarlo. Era más que obvio de qué lado estaban Ravenclaw y Hufflepuff, así que definitivamente, el buscador de Slytherin necesitaba apoyo, aunque jamás lo admitiría en voz alta, pero se notaba su nerviosismo en la palidez de su tez y en lo callado que se encontraba a pesar de que solía pavonearse por el Colegio como si éste le perteneciera.
Victoria le palmeó la espalda y le dijo que comiera. Luego, al ver que los nerviosos ojos grises se clavaban en los suyos, agregó con suavidad:
- Tienes una muy buena escoba y vuelas muy bien. No te compliques y sólo hazlo lo mejor que puedas, ¿De acuerdo?
- Lune Noire tiene razón, Draco. Vamos, son sólo un puñado de Gryffindor. Seguro que puedes con ellos- dijo Blaise con su radiante sonrisa, aunque nadie podía saber lo que pensaba en realidad o a quién apostaba. Los demás apoyaron a su manera al equipo verde, chiflándoles a sus rivales y dando sus palabras de apoyo cuando lo consideraron necesario.
Pero todo estaba decidido aquel día. El clima celebraba o parecía celebrar el partido y se encontraba totalmente despejado. Ambos equipos acudieron al reto para ganar la Copa y los capitanes, según observaron todos desde lejos, se saludaron con ceño.
Y luego empezó el juego. Uno sucio, largo y tramposo. Victoria comenzó a comprender por qué su equipo se encontraba tan solitario ante la escuela, por qué sus ansias de ganar resultaban tan poco estéticas para los demás. Pero ella era Slytherin y tenía que ver las cosas desde esa perspectiva, por lo que sufrió igual que sus compañeros la vista de la derrota. No podía negar que, pese a la simpatía que sintiera por el buscador de Gryffindor, su equipo vestía de verde y plateado y también había hecho amistades entre esos jugadores, le pesara o no.
Así pues, incluso aunque estaba mal, no pudo evitar lamentar que no pudieran ganar el partido y bajó con los demás, a contemplar a un Draco huraño y cabizbajo.
No les dijo nada, a Blaise, Theo y ella misma, que lo esperaron fuera de los vestidores. Ellos tampoco dijeron una palabra y se limitaron a acompañarlo de regreso a la Sala Común.
Ellos conocían a Malfoy. Decir algo en aquel momento habría resultado inapropiado. No estaban molestos con él – después de todo, no podía decirse que no había hecho hasta lo imposible por ganar- ni tampoco contentos.
¿Qué quedaba? La única manera de mantener la moral y eran las calificaciones. A partir de aquel día, todos los de su curso se esforzaron lo más posible por estudiar y demostrar que no eran unos completos alcornoques.
Pero resultaba difícil mantener el orgullo con toda la escuela festejando la victoria de Gryffindor.
Y por ello, Victoria no miró hacía donde Harry Potter estaba siendo cargado por los demás.
