En serio lamento la tardanza pero la universidad me tiene sin vida. Me llenaron de trabajos y proyectos además que estaba en exámenes. Y sumándole a eso me postulé para una beca para ser auxiliar de docencia. Y justo cuando pensé que no lo iba a lograr (porque según yo me había ido mal en los exámenes) vi mi nombre en la lista de los que obtuvieron la beca. Pero eso no importa. Sólo lo siento.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.


Capítulo 8: Atracción

–¿Sasha que estás haciendo aquí?

–Ouch, eso duele–le respondió la nombrada–¿Acaso no te alegra verme? –Ymir se rio en respuesta.

–Sabía que la pregunta iba sonar hiriente de cualquier forma, así que pregunté directamente–Sasha la vio por unos instantes y luego le sonrió.

–No quería ir sola a la casa de Christa.

–¿En serio? –le preguntó incrédula.

–De acuerdo, estoy aquí porque he venido a asegurarme que irás a la casa de Christa.

–De hecho ya estaba saliendo y ya que viniste para cerciórate de que iría, vamos–cerró la puerta de su casa y empezaron a caminar juntas.

–¿Estás emocionada? –le preguntó a Ymir adelantándose un poco y luego caminando hacia atrás.

–¿Por qué habría de estar emocionada? –la miró confundida y divertida.

–Tú sabes, no puedes negarlo.

–¿Qué? ¿De qué estás hablando?

–Antes de responder a tu pregunta–se detuvo para mirar a su alrededor–¿Me acompañas a la tienda? Quiero comprar soda y papas.

–Sólo iremos a probarnos nuestros futuros atuendos, no durará mucho–le respondió examinando sus ojos antes de entrar a la tienda–A menos que hagamos otra cosa.

–Exacto y es por eso que traje películas de terror–apuntó hacia su mochila mientras entraban–Siempre estoy preparada.

–Oh sí, porque cuando de perder tiempo se trata siempre estás lista–ambas se rieron.

–¿Qué puedo decir? Es un don. Saber exactamente cuándo perder el tiempo sin perderlo realmente. Yo lo llamaría… –Ymir la vio mover un brazo formando un arco mientras decía: –Tiempo de calidad con Sasha.

Ymir no pudo evitar reírse. Las personas a su alrededor se daban la vuelta para ver quién se estaba riendo tan fuerte.

–Tienes que estar bromeando–dijo mientras trataba de calmarse.

–Pésimo nombre, llamémoslo… Adquisición de experiencias amistosas–Ymir no pudo contenerse y se rio nuevamente, esta vez agarrándose su abdomen.

–¡Deja de reírte! –le dijo molesta–No es divertido.

–¿Y por qué te estás riendo?

–¿Qué nunca has escuchado que la risa es contagiosa? –Ymir la observó fruncir los labios para evitar reírse pero la felicidad estaba plasmada en todo su rostro.

–Está bien, lo siento–le dijo tranquilizando su respiración mientras la seguía unos cuantos pasos–Pero no trates de cambiarle nombre a lo que realmente es… No haremos nada productivo a esa hora, por lo que será… no digamos perder el tiempo. Sería más como tiempo de entretenimiento.

Se aproximaron a caja a pagar la soda y las bolsas de papas fritas, para después salir de la tienda.

–Tienes que admitirlo–le dijo Ymir–¿Tiempo de calidad con Sasha? Eso sonó extraño.

–Eso sonó estúpido–se empezó a reír–Yo solo quería parecer genial tratando de decir algo genial.

–No tienes por qué hacerlo, yo te quiero tal como eres–Sasha la observó fijamente.

–¿Debo preocuparme porque tal vez rompa tu corazón? –le preguntó alzando una ceja.

–Claro que no–se rio–Y no creas que me olvidé lo que me dijiste más antes. ¿A qué te referías con que no puedo negarlo?

–Iba a decir que no puedes negar que eres sexy.

–¿En serio? –le preguntó confundida–¿Yo debo empezar a preocuparme por ti? –Sasha se rio y negó con la cabeza

–¿No me crees?

–Bueno, si eso fuera verdad yo no estaría contigo en este instante.

–¡Oye! –Sasha le dio un golpe en el brazo.

–¡¿Qué te pasa?! –se empezó a frotar el brazo para disipar el dolor–Estaba jugando.

–Uno trata de decir algo bueno y tú lo arruinas–le dijo apresurando la caminata.

–Oh vamos, era una broma–empezó a seguirla–¿Estas enojada?

–No.

–¿Estas semi-enojada? –le preguntó mientras tocaban el timbre de la casa de Christa.

–No molestes Ymir.

–¿Sabes? Voy a encontrar algo por el cual reprocharte y me enojaré del mismo modo.

–¿Sí? En ese caso, buena suerte–le respondió de modo desafiante. Segundos después Christa abrió la puerta.

–¡Sasha, volviste!

–¡¿Volver?! –preguntó Ymir sorprendida.

–Y trajiste a Ymir contigo.

–Pensé que no querías venir sola–dijo mientras ponía una mano en el pecho–Me siento herida, me has mentido.

–Oh, vamos.

–Me ha traicionado–continuó mientras simulaba un llanto–¡Mi propia amiga!

–¡Bien! Ya no estoy enojada–Dijo cruzándose de brazos–Digo, no estaba enojada, yo sólo quería…–se quedó callada mientras veía a un costado.

–Esto fue más fácil de lo que pensé–dijo sonriente mientras saludaba a Christa.

–¿Qué es lo que pasa? –preguntó observándolas a ambas.

–Lo que sucede es que-

–Creo que tenemos que evitar detalles–la interrumpió aún con la mirada seria, o lo más seria que podía, ya que una sonrisa empezaba dibujarse en su rostro.

–Lo que pasa es que estaba pasando tiempo de calidad con Sasha–le respondió sin poder evitar reírse.

–Te odio.

–Yo también te quiero–le dijo guiñando un ojo, sacándole una sonrisa.

–¿Qué fue todo eso? –preguntó Christa mientras veía a Sasha adentrarse.

–Te cuento luego. ¿Puedo entrar?

–No, mantengo la puerta abierta para que entre más aire si eso es a lo que te refieres–le respondió en un tono sarcástico mientras Ymir la veía sorprendida. –Lo siento, eso-

–No, no te disculpes me lo tengo merecido. Digo, no me invitaste a tu casa para que observe tu puerta, ¿o sí?

–Si te quedas ahí puede que lo considere–ambas se rieron mientras Ymir se dispuso a entrar. ¿Por qué había preguntado de todos modos? Oh sí, ella sólo estaba buscando una razón para poder hablar sólo con ella… Aun cuando sólo fueran segundos.

–Siento la tardanza.

–Ymir–la miró apuntando el reloj de la sala. –Apenas pasaron cinco minutos de la hora en la que te indique que vengas.

–¿Y por qué Sasha ya estaba aquí? –le preguntó divertida.

–Por qué ella me ayudó con los vestidos que tenía que traer Ruth.

–¿Así que ella también está aquí? ¿Qué hay de las demás? –le preguntó mientras trataba de localizarlas en la sala–¿Dónde están?

–Estamos en mi cuarto, y de las demás no tengo idea, no respondieron mis mensajes–contestó mientras se dirigían a la habitación.

Antes de entrar al dormitorio escuchó risas detrás de la puerta. Y cuando la abrió vio a Ruth sonriente. Ella se acercó a abrazarla mientras la saludaba.

–Hola, ¿cómo estás? –Ymir aún no estaba acostumbrada a tanta efusividad. Pero ella era así.

–Estoy bien, gracias.

–Sasha me estaba contando sus planes macabros.

–¿Macabros? –preguntó Christa confundida.

–Bueno, no son macabros–intentó explicar Sasha– Sólo pensé que tal vez podríamos ver alguna película después de que acabemos todo esto. Y es por eso que compré soda y papas.

–Es una buena idea. En ese caso deberíamos empezar.

–Yo también estoy de acuerdo. Sin embargo primero debemos organizarnos. Yo creo que Christa debería ser la última persona en probarse los atuendos debido a que tanto ella como Reiner tienen que usar diferentes vestimentas para poder demostrar los cambios de tiempos que hay dentro de la obra. ¿Estás de acuerdo con eso? –le preguntó mientras Christa soltaba un suspiro.

–Supongo que lo único bueno de eso será que me podré cambiar más rápido–le respondió asintiendo la cabeza.

–Bien entonces una de ustedes dos tiene que empezar a modelar para nosotros–esbozó una sonrisa– A lo mucho serán tres cambios en su caso. ¿Quién quiere empezar?

Ymir casi automáticamente levantó la mano.

–¿En serio? –le preguntó sorprendida– ¿Por qué?

–Bueno, tu sabes por si algún caso yo llegara a quemarles los ojos entonces Sasha estaría ahí para aliviar su dolor–respondió causando la risa de los demás.

–¿Quemar nuestros ojos? ¿A qué te refieres? – le preguntó Ruth divertida.

–Tu sabes, como de: "Oh por Dios, ¿qué cosa más horrorosa acabo de ver?" –le contestó simulando taparse los ojos.

–Dudo que eso pase Ymir–le dijo Christa riéndose.

–Estoy de acuerdo con ella, ¿te has visto? No hay forma de que te veas mal–la castaña la vio sorprendida e inmediatamente Ruth bajó la mirada–Lo digo en serio. Así que escoge algún vestido–señaló hacia la cama.

–Wow, ahora puedo decir que llevas una vida social activa.

Toda la cama estaba llena de vestidos. Ahora había entendido porque Christa le había pedido ayuda a Sasha. Había vestidos de colores claros y oscuros, de diferentes modelos. Miró a la rápida cada uno de los vestidos y no supo cuál elegir.

–¿Cuál debería escoger? –preguntó un poco apenada.

–Ahora que lo preguntas yo creo que estaría bien éste– levantó un vestido y antes de que Ymir pudiera observarlo bien, Ruth alzó otro y se lo mostró.

–No–escuchó decir a Christa que se había acercado a la cama–yo creo que debería ser éste o éste.

¿Qué demonios está pasando? Nunca debí haber hecho esa pregunta.

Empezó dar pasos hacia atrás para poder observar mejor el panorama.

–¿Cómo la estás pasando? –se sobresaltó al escuchar la voz de Sasha.

–No sé qué está pasando.

–Muy bien, entonces sígueme al baño yo ya escogí algunos vestidos para ti–Ymir miró su bruzo cubierta por un vestido negro.

–Pero, ellas-

–Ellas ni se darán cuenta de que no estamos hasta que acaben de discutir–observó a ambas chicas discutir en términos técnicos acerca de los vestidos y luego miró a Sasha, que le estaba dando una sonrisa.

Se dirigió al baño contiguo de la habitación y vio a Sasha cerrar la puerta lentamente.

–¿Ves? Ellas no se dieron cuenta–le dijo en un tono más bajo.

–Supongo que tenías razón.

–Ponte esto–le alcanzó el vestido–Sé que es negro y que tal vez es un poco simple pero debes simbolizar madurez y yo creo que un vestido simple que cae de forma recta pero elegante es bueno. Además que tienes dos tiros anchos para sujetar el vestido y no tendrás que preocuparte de estar desnudándote en pleno acto–trató de contener una risa.

–Está bien pero date la vuelta no necesito que me veas–Sasha simplemente sonrió y se dio la vuelta para encarar la puerta del baño.

–También tengo que agregar que éste vestido se verá bien en ti.

–¿Cómo lo sabes? –le preguntó extrañada por sus palabras, mientras se sacaba la polera.

–¿Sabes? Antes de venir aquí te dije que eras sexy–Hizo una breve pausa– No estaba mintiendo, pero no me malinterpretes lo digo porque el año pasado cuando fuimos a la fiesta del amigo de Reiner, ¿cuál era su nombre? ¿Berik? No importa. Yo estaba sin palabras después de haber visto a Mikasa en ese vestido rojo, pero luego llegaste tú y por un momento casi dejo de observar a Mikasa para verte a ti.

–¿En serio? –Ymir le preguntó sorprendida escuchando atentamente a las palabras que le decía su amiga olvidando completamente la tarea de cambiarse.

–Sí, ¿pero sabes que lo arruinó?

–No me digas.

–Lo arruinó esa fase de me-voy-a-meter-con-cualquiera.

–Te dije que no me lo dijeras–Ymir se puso una mano al cuello–No estoy orgullosa de ello.

–¿Y recuerdas como intentaste coquetear conmigo?

–Y tampoco estoy orgullosa de ello–dijo Ymir avergonzada.

–Sí, bueno, esa noche te rechacé y te dije un montón de cosas–soltó una risita.

–Y estoy agradecida de que lo hiciste, creo que ahí me puse realmente a analizar las cosas que estaba haciendo–se quedó viendo aquel vestido– ¿A dónde quieres llegar?

–A lo que quiero llegar es que tú tienes un aura atrayente que se vio arruinada por toda esa tristeza con la que estabas rodeada.

–¿Aura atrayente? –sonrió Ymir.

–No te rías–hizo un pausa y luego continuó–Ahora te gusta alguien, lo puedo decir al verte–Ymir se estremeció al escuchar sus palabras–Y no creo que sea difícil deducir quién es desde que sólo hay seis chicas actuando en la obra. Siete, contando a Ruth que es la coordinadora. Ahora por descarte te eliminamos a ti de esa lista, a menos que sufras de un severo caso de narcicismo, ¿lo tienes?

Ymir negó con la cabeza pero luego se dio cuenta que Sasha aún miraba la puerta, finalmente respondió: –No la tengo

–Muy bien, ahora por descarte también me elimino a mí–se rio–Porque nosotros sólo somos amigas. ¿Estoy en lo correcto?

–Sí–le respondió tratando de esconder su nerviosismo.

–Quedan 5 chicas. Por descarte también elimino a las otras tres.

–¿Qué? ¿En serio? –preguntó sorprendida.

–Sí, apenas hablas con ellas y de hecho en el poco tiempo que te observe tampoco es como si dirigieras tu mirada hacia ellas, ¿o no?

Ella sabe. ¡Ella sabe! Trató de respirar calmadamente pero a cada minuto le parecía más difícil cumplir con su cometido.

–Tomaré ese silencio como un sí. Ahora quedan sólo Ruth y Christa. Me arriesgaré al decir que es Ruth.

Ymir se tardó un par de segundos en procesar aquella información.

–¿Qué? –preguntó sin intento de ocultar su sorpresa.

–Pensé que ya te habías cambiado–dijo Sasha una vez que se dio la vuelta– Al menos ahora puedo asegurar que ese vestido se te verá bien. Tu vuelta al gimnasio está a tú favor.

Ymir miró hacia abajo para darse cuenta de que sólo se había sacado la polera y de que había olvidado completamente ponerse el vestido. Sin embargo eso no le importaba ahora, ella necesitaba saber por qué Sasha pensaba que le gustaba Ruth. Si se veía de esa forma entonces Christa también lo creería y sus oportunidades con ella se disminuirían a una cantidad que ella no creía posible.

–¿Qué te hace pensar que me gusta Ruth? –dijo casi en un susurro temiendo que las chicas la escucharan.

–Tú sabes, las miradas, el coqueteo, el cómo le hablas–le respondió en voz baja.

–¿Qué? –trató de recordar si alguna vez había hecho algo similar a lo que estaba diciendo.

–Vamos, no lo niegues. No se lo diré a nadie.

–Yo no estaba coqueteando con ella–se acercó a ella.

–Oh, vamos eso se notó desde el primer día–continuó susurrando– Reiner se dio cuenta desde un principio.

–A él sólo le gusta molestar.

–No te preocupes no se lo diré a ella. Pero deja de negarlo.

–¡Ella no me gusta! –gritó aun susurrando. Luego una sonrisa se dibujó en el rostro de Sasha.

–Entonces, es Christa–Ymir sintió su corazón detenerse por un instante para luego volver a latir con fuerza. –Es Christa, ¿verdad?

Ymir se quedó en silencio no queriendo aceptarlo pero tampoco negarlo.

–Digamos es que es mi venganza de cuando me hiciste aceptar que Mikasa me gustaba.

No creo que se hayan ido ¿o sí? –escuchó decir a Ruth del otro lado de la habitación.

¿Él único lugar que no nos fijamos fue el baño? ¿Por qué no nos fijamos primero aquí? Que tonta. ¿Chicas están ahí?

–Sí, sí, al parecer Ymir olvidó como ponerse un vestido–se rio Sasha–No quieren saber que sucede aquí.

¿Necesitas ayuda? Podemos entrar–se ofreció Ruth.

–No hay necesidad de un momento acabamos.

Estaremos aquí afuera–respondió finalmente Christa.

Sasha se acercó más aún a Ymir.

–¿Es ella verdad? –le dijo prácticamente al oído.

–¿Es tan obvio? –Ymir se empezó a cambiar tratando de desviar su nerviosismo en algo.

–En realidad no, de hecho disimulas muy bien frente a los demás. Me atrevo a decir que es por Reiner, de él sí que es obvio–se rio pero su risa se desvaneció al ver el rostro de Ymir.

–¿Entonces cómo lo supiste? –preguntó no sabiendo cómo sentirse.

–Sabes aún principio iba a decir Christa pero eso implicaba que si lo negabas por miedo o cualquier otra razón entonces por descarte sería Ruth pero entonces también lo hubieras negado y toda mi eliminación habría sido en vano. Sin embargo si te decía que era Ruth y te hacía creer que en realidad creía que era ella, había dos posibilidades. Una que te pongas nerviosa y eventualmente lo aceptes y la otra, que es lo que sucedió; no te iba a gustar qué pensará que era ella porque de algún modo yo te molestaría con ella y Christa me seguiría la corriente, lo cual no sería agradable.

Ymir se detuvo a pensar, pero luego algo se le vino a la mente.

–¿Y qué hubiera pasado si me gustara Ruth y lo negaba y luego decías Christa y también lo negaba?

–Ese era el plan inicial pero lo que me hizo cambiar de parecer fue que cuando Ruth te dijo que te verías bien de cualquier forma. Tú te veías sorprendida mas no ruborizada.

¿Chicas en serio todo está bien? –escuchó a Christa.

–¡Sí! ¡De hecho ya salimos! –le respondió a la puerta–Ahora sólo quítate el pantalón y obviando que estás con tenis debo decir que te ves bien Ymir.

–Tienes razón Sasha–tragó saliva–Me gusta Christa–inconscientemente esbozó una sonrisa.

–Ahora es esa sonrisa la que faltaba en aquella fiesta. Ahora puedo decir que te ves magnífica Ymir–le dijo mirándola fijamente a los ojos y luego abrió la puerta, dejándola a ella sola en el baño. Se miró en el espejo pero sólo podía ver su cabeza hasta un poco más por debajo de sus hombros. Y efectivamente vio la sonrisa de la que hablaba Sasha.

¿Y Ymir?

Ella saldrá de unos momentos –hubo una breve pausa–Pero no sean tan malas con ella.

¿Qué? ¿Por qué? –escuchó a Christa preguntar.

Ella no se ve tan bien como cree.

–¡Pensé que habías dicho que me veía bien! –le gritó mientras se sacaba el pantalón.

–¡Deja de escuchar conversaciones ajenas!

–¡Entonces deja de hablar tan fuerte! –le respondió sonriente.

Bueno, chicas ya saben, no sean tan dura con ella.

–¡Aún te puedo escuchar Sasha! –le respondió lista para salir– ¡Voy a salir a quemar ojos aparentemente!

Tomo un respiro y abrió totalmente la puerta del baño. Cuando salió nadie dijo nada y tanto Ruth como Christa la veían en silencio. Dirigió su mirada a Sasha y le devolvió la sonrisa que le estaba dando.

–Pensé que dijiste que se veía mal–le dijo Ruth a la castaña.

–¿Y no es verdad? –le preguntó.

–No, digo, la estás viendo, es como si ese vestido la hubiera elegido, ella se ve-

–Te ves bien–cuando vio a Christa vio sorpresa en su rostro probablemente de las palabras que había pronunciado.

–Se ve más que bien, se ve súper bien, y eso tomando en cuenta que no tiene maquillaje alguno y que está con zapatillas deportivas y que somos nosotras la que la juzgan, pero te ves increíble ¿Sasha como supiste que ese le quedaría tan bien?

–Creo que se adaptaba mejor a su cuerpo–le dijo observándola nuevamente–Aunque eso no es todo lo que hace el trabajo–Ymir inmediatamente se sonrojó sabiendo a lo que se refería.

–Gracias Sasha por el falso apoyo–le respondió con sarcasmo.

–No hay de qué, y ya que escogimos ese, hay que escoger otros dos–Christa agarró los vestidos que habían escogido con Ruth y se los alcanzó a Sasha.

–¿Crees que estos estén bien? –le preguntó Christa alcanzándole otros vestidos–Después de discutir tanto creímos que estos estarían bien.

–Tal vez, pero creo que tendría que probárselos de todos modos–extendió su brazo–Así que apúrate y cámbiate.

–Un poco más de amabilidad Sasha–todas se rieron.

–Así que, ¿ustedes dos siempre han estado en el baño? Quiero decir cuando Christa y yo miramos a nuestro alrededor ustedes ya no estaban, así que fuimos abajo.

–¿Por qué fueron abajo? –preguntó Sasha y al ver sus miradas en ella comprendió–Oh no, yo no iba a asaltar tu refrigerador.

–Sólo pensamos que habían ido a tomar agua o por vasos para la soda–se justificó Christa.

–¡Qué reputación me he ganado! –Sasha se cubrió el rostro con ambas manos mientras sacudía suavemente su cabeza.

–Tranquila Sasha–le acarició la espalda–Algún día dejaremos de relacionarte con comida, ya verás –Ymir trató de no reírse.

–No creo que eso suceda–se descubrió la cara–Esa es una parte de mi así que no me importa.

–Esa es la actitud.

–De todas formas, ¿qué estaban haciendo?

Estábamos hablando acerca de cómo me gusta Christa y de cómo no pude hacer nada para que Sasha no se diera cuenta.

–Sólo me probaba el vestido–respondió Ymir.

–Pues no hicieron ruido alguno–dijo Ruth con una mirada inquisidora.

–Pudieron simplemente no haber escuchado cuando bajaron abajo–le respondió viéndola fijamente a los ojos mientras sonreía.

Así que no escucharon nada, eso es bueno, ahora sólo pretende que todo esté bien y todo saldrá bien. Mírala y no te pongas nerviosa. Nadie escuchó eso…

¿Cuánto tiempo más debo mirarla? ¡Sasha di algo, tú también estabas ahí!

–De acuerdo, no sé qué está pasando aquí pero creo que debes cambiarte–dirigió su mirada a Christa quien ahora le empezaba a empujar–Tenemos que ver esas películas–la metió dentro del baño y cerró la puerta detrás de ella.

Ymir se quedó en silencio por un momento.

Supongo que deberías escoger mis atuendos, ¿no Ruth?

Sí, pero…

Christa le ayudará a Ymir mientras tanto no perdamos el tiempo.

–Puedo cambiarme sola–le dijo a Christa una vez que supo que Sasha mantendría a Ruth ocupada y un poco alejada para que no pudiera escuchar.

–¿Sí? ¿Entonces por qué Sasha estaba aquí?

–Ella estaba hablando conmigo.

–Yo también puedo hablarte–le dijo cruzándose de brazos, Ymir la vio sorprendida pero luego sonrió.

–Bien entonces date la vuelta, me cambiaré–le dijo divertida.

–Creo que no hay nada que ver. Digo no es como si me gustaras o algo–Ymir se rio de sus palabras.

–Buen punto–dijo mientras intentaba sacarse el vestido.

–¿Qué estás haciendo? –se sobresaltó con sus palabras, bajando nuevamente el vestido.

–¿Intento cambiarme? –le preguntó confundida– ¿Lo estoy haciendo mal?

–No es eso-

–¿Entonces? –la interrumpió con el corazón acelerado– Tú misma lo dijiste no es como si te gustara o te pusiera nerviosa, o lo que sea, ¿cierto?–dijo tratando de tranquilizar su respiración.

–Tienes razón–se dio la vuelta–Sólo que no me lo esperaba.

Ymir observó su espalda por varios segundos y luego empezó a cambiarse. Se cambió lo más rápido que pudo. Nuevamente la observo mientras intentaba calmar su respiración. Lentamente se paró detrás de ella, no tan cerca como para que Christa se diera cuenta.

–¿Cómo me veo? –la observó dar un brincó en su lugar.

–¡Ymir! Me va a dar paro cardiaco–le dijo apoyándose contra la pared aún sin verla.

–¿Estás nerviosa? –le preguntó con algo de miedo.

–No, sólo que todo estaba en silencio y luego tú me hablas de repente– se separó de la pared.

–Tú eras la que tenía que hacer la charla no yo–se rio mientras la observaba.

–No sabía de qué hablar.

–Oye–se acercó aún más a ella–¿Cómo me veo? ¿Voy a quemar algunos ojos? –le dijo poniendo la mano en el hombro de Christa.

Finalmente ella se dio la vuelta y observo a Ymir en silencio.

–Voy a quemar sus ojos, ¿cierto? Tal vez debería cambiarme.

–No, tú te…–hizo una breve pausa y luego continuo–Te ves bien.

–¿En serio? En ese caso deberían verme las demás–le dijo tratando de abrir la puerta pero la mano de Christa se lo impidió.

–¿Qué pasa? –le preguntó confundida.

–No te gusta Ruth o Sasha ¿verdad? –le preguntó con una expresión seria.

–Ya te dije que no, pero de tanto que preguntas puede que empiece a cuestionármelo–le respondió sonriente–¿No confías en mí?

–Lo hago, sólo quería asegurarme. Te prometo que esta será la última vez que le preguntó–una sonrisa se dibujó en rostro de Christa.

–¿Y a ti te gusta alguien? –preguntó Ymir empezando a ponerse nerviosa.

–¿Por qué lo preguntas?

–No recuerdo habértelo preguntado antes, y ya que estamos en ese tema, pensé que podía preguntar–se justificó lo más calmada que podía. La miró fijamente por un instante hasta que le respondió.

–Tal vez–dijo desviando la mirada.

–Bien–le contestó Ymir–En ese caso, debería salir.

–¿No me vas a preguntar quién es?

–¿Me lo dirás si lo hago? –le respondió con una pregunta. Luego vio a Christa negar con la cabeza– Me parece justo ya que yo no te lo dije–hizo una breve pausa– Ahora sí debería salir.

–Espera–la interrumpió nuevamente–Acércate más, estás toda despeinada, déjame arreglarlo.

Ymir se acercó aún más a ella mientras sentía sus manos sobre su cabello. Una vez más se contuvo de hacer cualquier otra cosa mientras observaba a Christa.

–Ahora sí ya estás–abrió la puerta– ¿Cómo se ve?

–Pensé que no iban a salir estaba muy silencioso ahí dentro. Te ves bien Ymir–le dijo Sasha.

–¿Cómo haces para siempre verte tan bien? –le dijo Ruth sonriente.

–Creo que es una cualidad de ella, ¿no lo crees? –nuevamente, después de todo, aquel cálido sentimiento inundaba su ser.

–Ya que lo dices de ese modo, creo que Sasha debería empezar a cambiarse de una vez–dijo dirigiéndose al baño–Pero antes me cambiaré yo, así que Sasha prepárate para estar de modelo.

–Estoy lista desde hace rato. Sólo que eres demasiado lenta para este oficio, incluso necesitas a alguien que te acompañe–dijo causando la risa de los demás.

Ymir entró al baño y se cambió lo más rápido posible. Por última vez se observó en el espejo y vio la felicidad plasmada en su rostro.

Salió y se quedó hablando con las demás mientras esperaban que Sasha saliera. Y como toda profesional ella abrió la puerta de manera estruendosa mientras caminaba alrededor del cuarto con una mano en la cintura. Causó la risa de las demás pero de algún modo le siguieron la corriente mientras aplaudían.

Luego la siguiente fue Christa. Ymir no pudo en ningún instante desviar la mirada de Christa, se cambió múltiples veces debido a que tenía que demostrar en la obra los diferentes saltos de tiempo. Siempre fue sincera respecto a lo que pensaba de cada atuendo. A veces diciéndole que eso no iba a quedar bien en la obra o que tal vez en otro color hubiera sido mejor. Sin embargo Ymir no se había quedado sin palabras hasta que Christa salió con un vestido.

–Wow, realmente te queda bien, incluso dejaste a Ymir sin plabras–dijo Ruth acercándose a ella para observarla mejor–Definitivamente te ves bien, ¿no es cierto chicas?

–Te ves hermosa–se atrevió a decir pero no se puso nerviosa o se arrepintió de sus palabras. Sólo observo como Christa lentamente se sonrojaba.

–Creo que ya acabamos la labor del día, ¿no lo creen? –dijo Ruth sonriente–Nunca pensé que fuera tan cansador y que fuéramos a tardar tanto. ¡Ya va a ser las seis!

–Tienes razón, deberíamos descansar viendo películas–dijo Christa–pero antes creo que debemos ordenar un poco–señaló la cama repleta de ropa.

–No podría estar más de acuerdo–dijo Sasha emocionada.

Rápidamente doblaron cuidadosamente toda la ropa, separando lo que había llevado cada una. Christa lo guardó todo en su ropero y tanto Sasha como Ruth lo pusieron en bolsas para luego llevarlas a sus casas.

Chista estaba preparando el televisor con Sasha mientras Ymir y Ruth traían vasos y una bandeja para poner las papas. Ellas pusieron la película, sirvieron la soda, y finalmente se dirigieron a la cama.

–Yo quiero estar al medio–anunció Sasha sentándose al centro.

–¿Qué? ¿Por qué? –preguntó Ymir curiosa.

–Tú sabes, la papas estarán más a la mano

–Viéndolo desde ese punto de vista yo también quisiera estar en el medio ¿Puedo? –le preguntó Ruth a Christa, la cual respondió afirmativamente.

–Supongo que nos toca levitar a los costados Christa–se rio Ymir.

–¿Cómo qué levitar? Apura ven, estamos perdiendo valioso tiempo–le dijo Sasha tocando su lado izquierdo para que Ymir fuera a su lado.

Ymir se fue al lado de Sasha, se acomodó correctamente ya que la cama de Christa era amplia pero aun así todas ellas estaban un poco apretadas. Pronto se concentraron sólo en la película iluminadas solamente por el brillo de la pantalla. Ymir ya había visto la película y sabía exactamente en cual momento asustarlas, pero no antes sin observar que grado de concentración tenían en la película. Miró disimuladamente a su derecha y vio a Sasha totalmente inmersa en la película. Ruth comía lentamente las papas lo que significaba que también estaba atenta a lo que pasaba. Finalmente estaba Christa que estaba abrazando una almohada.

Esto va a ser perfecto. Trato de disimular la sonrisa que amenazaba con salir para evitar dar a conocer sus planes, así que espero al momento perfecto para hacerlo.

No vayas por ahí–dijo un chico en la película.

No soy estúpida, obvio que no iré al lugar más oscuro de esta lugar. Es sencillamente estúpido. Como lo es estar aquí, así que yo saldré por esa puerta porque me irrita el crujir de este piso y me iré y seré feliz.

Pero…

Sólo mírame caminar, nada va-

–¡BU! –gritó tocando el brazo de Sasha mientras en la película el piso se derrumbaba.

–¡WAAA! –las escuchó gritar al unísono mientras Ymir se reía.

–¡Ymir te odio! –le dijo Sasha con una mano en el pecho mientras trataba de tranquilizar su respiración.

–Creo que esta noche no voy a dormir–dijo Ruth con ambas manos en la cabeza.

–Es la segunda vez que me haces asustar–le dijo tirándole la almohada que estaba agarrando.

Ymir se cubrió de la almohada mientras se seguía riendo.

–¿Segunda vez? –preguntó Ruth.

–Sí, cuando estábamos en el baño ella… No importa. Pude haberte lanzado algo peor–le dijo mientras se levantaba para encender la luz y pausaba la película.

–Lo siento en verdad–les dijo mientras se calmaba de reír–Es sólo que no podía desaprovechar la oportunidad. Estaban tan concentradas que creo que ni siquiera pestañeaban.

–Ymir creo que vas a tener que limpiar–le dijo Sasha viendo la cama.

–Ahora sí que lo siento mucho–dijo mientras veía las papas desparramadas por toda la cama y parte del piso.

–Ya se hace más tarde–dijo Ruth viendo su celular–Mi mamá me envió un mensaje hace media hora. Ya debería estar ahí.

–Oh, ¿quieres que te acompañemos? –Sasha se rio de la pregunta.

–Yo creo que primero debes ordenar algo, ¿no crees? –le dijo apuntando la cama.

–Cierto, creo que después de todo fue una mala idea.

–Gracias por la oferta de acompañarme pero Sasha tiene razón. Además ella puede acompañarme, ¿verdad?

–Totalmente.

–¿Están seguras? –cuestionó Christa–Ymir podría acompañarles.

–Totalmente, y aunque desearía ver a Ymir limpiar el desastre que causó creo que me basta con que tú lo veas.

–¿No me van ayudar? –preguntó sorprendida.

–No lo creo Ymir, no después de que casi muero–le dijo Sasha riéndose mientras se ponía la mochila. Fue hacia ella y se despidió–Buena suerte Ymir.

–Adiós–se despidió de Ruth.

–Cuando vuelva quiero ver todo esto limpio–le escuchó decir a Christa mientras salía del dormitorio, probablemente para acompañarlas a la puerta.

Ymir se tomó bastante en serio sus palabras y se puso a ordenar. Tomo todos los vasos y los puso sobre el escritorio para que luego pudiera lavarlos.

Trató de amontonar las papas dispersas sobre la cama para que luego las alzara y botara apropiadamente. Fue al baño y sacó un pedazo de papel mientras amontonaba las papas que habían caído al suelo.

Cuando levantó la mirada, Christa estaba parada en la puerta.

–¿Me prestas escoba? Creo que sería mucho más fácil levantar las papas.

–Ymir estaba bromeando, no es necesario que hagas esto–le dijo sorprendida.

–Por lo menos déjame hacer esto después de que casi las mato de un infarto–no pudo evitar reírse–Hubieran visto sus caras.

–Acerca de eso, lamento haberte tirado la almohada–le comentó mientras también se reía.

–Maldición, la almohada–dijo mientras alzaba el cojín y lo ponía sobre la cama–Está bien, creo que ya estoy acostumbrada a que me lances almohadas.

–No digas eso porque puede que empiece a lanzarte más. Ya vuelvo–dijo mientras salía de la habitación.

Ymir se quedó parada en el mismo lugar esperándola, y cuando volvió ella traía una escoba y un basurero en las manos.

–¿Por qué estás tan sonriente? –se acercó hacia ella.

–¿No puedo ser feliz? –le respondió tomando la escoba y el basurero.

–Claro que puedes, ¿pero por qué? –Ymir la observó por unos segundos y finalmente le respondió.

–Creo que hoy fue un buen día, ¿no lo crees? –se puso a barrer el piso–La pasamos bien. Sasha viéndose bien, tú viéndote deslumbrante.

–Tú no puedes decir eso–la observó cruzarse de brazos.

–¿Por qué no? Dime una buena razón y dejaré de hacerlo–la miró fijamente a los ojos esperando por una respuesta.

–Se siente raro–le respondió desviando la mirada.

–Sasha y Ruth te dijeron lo mismo y no creo que les hayas dicho los mimo–se defendió Ymir.

–Es diferente–respondió Christa con un leve sonrojo.

Ymir la vio y apretó más la mano que tenía la escoba.

No saltes a conclusiones. No saltes a conclusiones. No saltes a conclusiones.

–De todas formas, creo que fue un buen día. O eso es lo que yo creo–dijo moviéndose alrededor de la cama para seguir barriendo– Especialmente la parte de la película–se rio nuevamente.

–¡La película! –dijo Christa exaltada–Sasha lo olvidó por salir rápido.

–La verás mañana, se lo puedes dar en clases–le contestó mientras iba al otro lado de la cama a barrer lo último que quedaba.

–Tienes razón. Por tu culpa no puede acabar de ver la película–le comentó mientras limpiaba la cama para botar las papas al basurero que Ymir estaba agarrando.

–Aún puedes verla, tienes la película para ti sola. ¿Dónde boto esto?

–No tienes por qué hacerlo, yo lo boto–le quitó de las manos la escoba y el basurero mientras salía de la habitación. Ymir tomó los vasos y la siguió hasta la cocina.

Se detuvo en la puerta para que de ese modo no causara otro sobresalto en Christa.

–¿Qué estás haciendo aquí? –le preguntó Christa y luego dirigió su mirada a su manos–Oh no, tú no vas a lavar esos vasos.

–¿Ah no? Pues mírame haciéndolo–se acercó al fregadero pero se vio interrumpida por el cuerpo de Christa.

–No te dejaré hacerlo.

–¿Por qué no?

–Porque no–le respondió de manera imperativa.

–Oh vamos, son cuatro vasos, al menos déjame lavar el mío. O déjame ayudarte, ya que estoy ordenando déjame ayudarte en esto, ¿sí? –la miró a los ojos y se obligó a si misma a mirar hacia otro lado.

Estoy demasiado feliz como para controlarme.

–Bien, de acuerdo, yo lavo dos y tu dos–le respondió con una sonrisa. Ymir dejó los vasos en el fregadero y le alcanzó dos vasos a Christa. Después de haber lavado los vasos, se lavó las manos y se secó con una toalla.

–Creo que mi labor aquí ha finalizado–dijo acercándose a la puerta principal–Debería irme, así que-

–¿No quieres acabar de ver la película? –le preguntó Christa poniéndola más nerviosa aún.

Di que no. Di que no. Maldición, ¡DI QUE NO!

–Claro, ¿tienes miedo? –le preguntó divertida.

–No–Christa respondió sin convicción a lo que Ymir se rio.

–Pues no temas más porque yo estoy aquí–le dijo en un tono que asemejara ser heroico. Le hizo dar la vuelta y la agarró de los hombros llevándola de nuevo a la habitación.

La observó abrazarse a sí misma, lo cual significaba que tenía frío.

–¿Podemos deshacer un poco la cama? –Ymir se golpeó internamente con aquella pregunta.

–¿Qué?

–Es sólo que empieza a hacer frío y creo que por estas horas tú ya estas como hielo–trató de explicarse correctamente.

–No, no es cierto.

Se contuvo de ir hacia ella y tomar su mano–Entonces tócate las manos y dime que no es cierto. Sólo entonces empezaremos a ver la película– Christa la vio confundida pero le hizo caso y a juzgar por su expresión Ymir tenía la razón.

–Bueno tal vez esté un poco fría. Supongo que podemos taparnos sólo con el cubrecama–le dijo mientras se echaba.

–Bien, entonces apagaré la luz y luego reanudas la película–se dirigió a apagar la luz y se quedó ahí respirando lo más tranquilamente que podía.

–¿Te vas a quedar ahí como si fueras un fantasma acechando a su presa? –le preguntó Christa riéndose nerviosamente.

–Supongo que no quieres estar a mi lado después de lo que te hice asustar.

–No creo que vayas a hacerlo de nuevo, sino atente a las consecuencias–le dijo sacando un brazo para indicarle el lado izquierdo de la cama.

Puedo hacerlo… ¿Cuándo empecé a ponerme nerviosa? Oh sí, desde que a mi estúpido cerebro se le ocurrió que la adrenalina era mi mejor amiga.

Se echó con total calma y respiró con tranquilidad. Pero su cuerpo no podía decir lo mismo. Ella estaba totalmente rígida, echada como si de un tronco se tratase.

–¿Estás lista? –le preguntó mientras agarraba el control del reproductor. Ymir sólo asintió.

Nuevamente sólo estaban iluminadas por el brillo de la pantalla, y lentamente Ymir se fue relajando. Nuevamente vio la concentración que tenía y se contuvo de hacerla asustar. Así que sólo esperó por la escena para ver como reaccionaba. Eventualmente la escena llegó causando un pequeño sobresalto en Christa. Ymir no solía asustarse fácilmente, por eso cuando veía alguna película de terror prefería sentarse al lado de la más miedosa o susceptible que había en el grupo porque de ese modo le transmitían esos sentimientos a ella.

–Tenía razón, estás fría–le dijo mientras sentía la mano de Christa cerca de la suya. No recibió respuesta. Ymir no movió su mano. No la movió para alejarla. No la movió para acercarla. No la movió. Simplemente la dejó ahí.

Pasó otra escena y Christa nuevamente se sobresaltó, sólo que esta vez ella tomo la mano de Ymir. Ella se sorprendió pero no se soltó del agarre.

–Pensé que no tenías miedo.

–No molestes–le contestó y Ymir esbozó una sonrisa. Se giró sobre si misma sin soltar el agarre y apoyó su cabeza en el hombro de Christa.

–¿Qué estás haciendo? –le preguntó con evidente sorpresa.

–Estoy absorbiendo tus miedos.

–¿En serio? Ese sería un buen detalle si realmente funcionara.

–Vale la pena intentarlo–le contestó sin moverse, aun sintiendo su mano sobre la suya.

Pasaron minutos hasta que acabó la película. Ymir se levantó rápidamente y encendió la luz.

–¿Qué tal la película? –preguntó observándola bien.

–Bien, en general me gustó.

–Eso es bueno–hizo una breve pausa–Ya debería irme Christa, los demonios de la noche no me dejaran en paz–se rio por unos segundos, mientras se preparaba para salir.

–¿De qué estás hablando?

–Oh sí, lo olvidada, no me despedí bien–se acercó a ella mientras la abrazaba.

–¿Ymir estás bien? Estás actuando de manera extraña.

–Tengo miedo de lo que pueda pasar–le respondió sin separarse de ella.

–De acuerdo… Creo que ver la película te ha afectado más que a mí–le dijo mientras se separaba de ella–¿Estás bien?

–Totalmente, sólo que ya es tarde.

–¿Estás segura?

–Claro, nos vemos mañana–le dijo mientras se daba la vuelta pero Christa nuevamente tomó su mano. –¿Qué pasa?

–¿Qué? –rápidamente se levantó y soltó el agarre– No, nada. Yo sólo… Yo sólo… Yo sólo quería acompañarte hasta la puerta–Ymir la miró confundida pero luego sonrió.

–¿En serio? –le preguntó sin creerle mientras salían de la habitación.

–Sí, quiero asegurarme de que te vas y que no te quedaras en mi casa para luego hacerme asustar a las tres de la mañana–Ymir se rio en respuesta.

–Déjame ver si entendí–le dijo mientras acababan de bajar las gradas–¿Tú crees que yo me quedaré en tu sala por cinco horas o más sólo para hacerte asustar? Sí que estás paranoica.

–Más vale prevenir que lamentar–le dijo una vez que ya se encontraban cerca de la puerta principal.

–Ahora, ya sé que me vas a extrañar pero creo que no tienes nada que temer.

–Este estado de paranoia sólo será por unos minutos–dijo viendo a su alrededor.

–Buena suerte conciliando el sueño–la abrazó fuertemente– mientras Christa le correspondía de la misma forma–Y ya sabes si escuchas algún ruido en tu cuarto, sólo lanza una almohada.

–¡Ymir! –ambas se rieron deshaciendo el abrazo.

–Que tengas lindos sueños–le dijo mientras abría la puerta y se despedía de ella por última vez.

Caminó rápidamente hacia su casa mientras pensaba en todo lo que había sucedido. Pensó en lo mucho que se había divertido y en lo feliz que se encontraba.

Llegó a su casa, subió a su dormitorio y se cambió de ropa. Cuando terminó de lavarse los dientes se vio en el espejo. La sonrisa seguía ahí.

¿Aura atrayente? Se rio de la conversación que había tenido con Sasha y se fue a echar.

¿Christa estaba celosa? No lo creo, pero de todos modos fue un buen día. Así que tal vez tengo una oportunidad como tal vez no. De todas formas estoy decidida a no quedarme de brazos cruzados. Si yo siento atracción por ella, ¿pueda que ella también lo sienta por mí? ¿Cierto?