La lluvia caía sobre ellos descontroladamente, detenida tan sólo por el paraguas negro (y muggle). El pueblo de Hogsmeade parecía demasiado tranquilo para ser fin de semana aunque Victoria pensó que era lógico al haber todavía un criminal fugitivo de Azkaban. Alzó la vista hacía su abuelo, que caminaba junto a ella, para vislumbrar qué pensaba sobre las callejuelas desiertas, pero él estaba ocupado buscando algo en sus bolsillos, así que ella continuó en silencio mientras caminaban, alejándose cada vez más de los establecimientos y las luces.

Por fin encontraron un sendero en el barro semiluminado y siguieron de largo, ascendiendo primero por la ladera y luego bajando. Victoria mantuvo los ojos abiertos, la atención despierta, hasta contó los pasos, pues Albus Dumbledore le pidió memorizar el camino y una petición dada con la mirada grave se reservaba para asuntos importantes.

Anduvieron tanto que Vasiliki sintió los zapatos pesados de lodo y, al detenerse, el mago pronunció una palabra quedamente.

Un perro negro salió al paso, los iris y las pupilas demasiado inteligentes, inquisitivos. La niña se acercó a su abuelo, algo perturbada, éste lanzó un rayo azul de la punta de la varita y el animal se había convertido en un hombre.

Victoria no gritó pero estuvo a punto. El animago era Sirius Black.

Abiertamente alarmada ahora miró a su abuelo quien le sonrió tranquilizadoramente.

Sirius Black, ella es mi nieta, la señorita Victoria Dumbledore. Victoria, como ya debes saber, éste es Sirius Black.-El mago bajó la voz hasta volverla casi inaudible. - … apresado por 13 años acusado de un crimen que no cometió. Hocicos… ¿Entramos?

El otro hombre asintió sin comentar nada y los tres se adentraron en la cueva, cálida y profunda comparada con el lluvioso exterior. Ella iba la última, su mano derecha apretando su dije en el cuello para calmarse. Su abuelo no le había explicado nada antes de venir.

Se apoyó nerviosa y de pie en una pared de la cueva mientras los otros dos se sentaban uno frente al otro.

Muy bien, Sirius, aquí me tienes-dijo el anciano director lanzándole una mirada penetrante con sus ojos azules detrás de las gafas de media luna- ¿Qué es eso tan importante que tienes que contarme?

Sirius empezó a hablar veloz y casi imperceptiblemente. Vasiliki no alcanzaba a escucharlo pero advertía con claridad como las facciones de su abuelo se iban endureciendo en un claro gesto de preocupación. Interrumpió un par de veces al prófugo más, por lo demás, dejó que éste hablara cuanto fuera necesario. Notando entonces que aquello iba para largo, la niña volvió su atención al mago más joven.

Era alto, tal como pudo ver fuera del lugar, con el cabello excesivamente largo y enmarañado, lacio y oscuro, en contraste con una tez que debió ser morena en algún momento, pero ahora era como la cera y de bordes hundidos, enflaquecidos. La nariz era larga y ligeramente maltratada pero los labios tenían líneas firmes y decididas, los ojos grises eran los mismos que el del perro en que se convertía, vivaces y sagaces.

La barba acentuaba la mandíbula afilada y el cuello fuerte que daba paso a un cuerpo flaco, nervudo, de manos anchas con dedos largos, de gestos cortantes, arrogantes. Era atractivo, pero decadente.

En un determinado momento, cuando Black detuvo su charla para respirar la observó atentamente. Ella toleró el escrutinio cuanto pudo y por la forma en la que él siguió hablando, Victoria supo que preguntaba por ella y por su presencia en el escondite. Albus Dumbledore habló brevemente y la respuesta debió ser satisfactoria porque Black no añadió más.

Aún así, Victoria no estaba satisfecha. ¿Por qué su abuelo, un mago prominente y Director de Hogwarts escondía a alguien acusado de asesinar a 13 personas con un solo hechizo? Ella estaba someramente enterada de lo que había sucedido el curso anterior debido a los chismes que circulaban por el Colegio sobre la captura y escape de Sirius Black en Hogwarts, pero no sólo no conocía los detalles sino que, además, parecía habérsele escapado algo importante si es que en verdad estaba ahí en esa cueva – Circe sabe con qué propósito. Victoria empezó a entender que el mago Black era inocente porque de no ser así su abuelo jamás lo hubiese solapado, con todo, ¿Qué figuraba ella en el asunto? ¿Y por qué no se había enterado aún?

Observó entonces a su alrededor, buscando alguna cosa que la aclarara. Era un lugar bien disimulado aunque distaba de ser confortable y carecía de absolutamente todo.

El único ocupante además del ex convicto era una criatura dormida hecha un ovillo no lejos de los reunidos y cuya naturaleza reconocía la bruja.

Era un hipogrifo, mitad águila mitad caballo y lo rodeaban varios esqueletos no demasiado grandes, de las que debían ser sus presas. Su respiración era lo que calentaba el sitio y algo en el color de sus plumas y su postura activó un recuerdo en la mente Slytherin.

Un grito agudo, sangre, clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. ¿Sería posible que aquella criatura fuese aquella que habían mandado a ejecutar el año pasado por morder a Draco Malfoy?

Draco estuvo hablando mucho sobre ello, reconoció Victoria, así que era una posibilidad. Después de todo, ¿Cuántos hipogrifos libres había en Inglaterra?

Buckbeak, rememoró la niña. El hipogrifo del guardabosques se llamaba así.

Bueno, será mejor que nos marchemos-concluyó Dumbledore- Victoria, ven. Llegarás tarde.

Ella asintió lanzándole una mirada de soslayo a Sirius Black. Él, en cambio, miraba al animal dormido y sus pensamientos parecían tan negros como su nombre.

Primer Contacto.

Una vez de vuelta en casa, Victoria miró acusadoramente a su abuelo. Éste no parecía en lo absoluto preocupado, dejó abrigo y paraguas en el pequeño vestíbulo y se adentró en la cocina en busca de un poco de aguamiel, sin preocuparle el escrutinio de su nieta.

No fue hasta que se sentó en la mesa del comedor y se sirvió un poco de bebida que acertó a mirarla y para entonces Vasiliki balanceaba los pies en un alto banco.

- ¿Y bien?- le preguntó el mago- ¿Qué piensas?

La muchacha se tomó su tiempo. Después de todo, la habían sorprendido, no tan agradablemente y diversos acontecimientos del año anterior se precipitaban sobre ella.

- ¿Hace cuánto que lo sabes?- preguntó- ¿Qué Black es inocente?

- Me enteré a finales de año. Por boca del señor Potter y la señorita Granger.

- ¿Les creíste? ¿A un par de niños de mi edad?

- Tenían pruebas y sí, ayudaron a Sirius a escapar. Te agradecería que guardaras silencio acerca de ello o tu abuelo se vería en graves problemas.

- Lo entiendo. ¿Qué te impidió contármelo antes? ¿O qué te permitió relatarme esto ahora?

- Hace relativamente poco que Sirius se ha instalado en Londres. Quiere cuidar de su ahijado y me pidió que le buscara un lugar seguro y alejado de otras personas que pudieran reconocerlo. Ese lugar, como ya sabrás, es la cueva en donde estuvimos.

- Interesante, abuelo, pero conozco esa mirada. ¿Qué quieres?

- Tu ayuda, desde luego. El verme en Hogsmeade tan a menudo podría provocar sospechas pero tú, que pasas tus fines de semana en el pueblo, te puedes permitir el desviarte de tus caminos predilectos para ayudar a un hombre fugitivo.

- ¿Y cuál es la historia? ¿Cómo sabes que Black es, en efecto, inocente?

- Potter y Granger me contaron una curiosa historia en el incidente a fin de curso. Ellos me dijeron que habían sostenido una reunión con el fugitivo y Remus Lupin en el que se había demostrado que Peter Pettigrew estaba vivo y era el verdadero criminal, escondido como animago en forma de la rata del señor Weasley. Ellos no supieron la verdad hasta entonces y estaban desesperados por ayudar a Sirius. Me ocupé de aconsejarlos a este respecto e investigué por mi cuenta lo que pude. Sirius me contó un par de cosas que me convencieron y es por eso que estoy ayudándolo. Por su bien y el de Harry Potter.

Vasiliki suspiró profundamente.

- A veces creo que te preocupa más ese chico que cualquier persona sobre esta tierra, abuelo. Pero, tú nunca me dejas opción, ¿Qué debo hacer?

- Debido a su condición de prófugo, Sirius no puede robar mucha comida del pueblo y su estado de salud es bastante deficiente. Si pudieras llevarle comida y mantenerlo más o menos informado, ambos te lo agradeceríamos mucho.

- ¿Tendré que interrumpir mis clases por este menester? ¿Tienes algún otro plan bajo la manga?

- Es esencial que te mantengas normal en todos los sentidos. No tiene por qué ocupar más tiempo del debido y puedes interactuar con Sirius o no, según lo veas conveniente. Veo que decidiste hablarle a Harry, así que…

- Es diferente. Hasta donde sé, Potter no tiene antecedentes criminales en su expediente.

- Eres descarada, jovencita. ¿Crees que te expondría a algún peligro? Me aseguré bien de toda la veracidad de las versiones antes de decidir algo.

Victoria se sirvió aguamiel y puso las manos sobre la mesa.

- Bueno- dijo, con una mueca- Supongo que es algo por hacer este verano.

Y así, la nieta de Dumbledore quedó asignada al monitoreo y cuidado del animago Sirius Black.

Tal y como su abuelo le había pedido, era imprescindible ser cautelosa y natural al mismo tiempo al visitar a Sirius Black. Por tanto, ella no debía verse diferente en lo absoluto. Aquella tarde, la primera que ocuparía en su tarea, hacía fresco, por lo que la niña se vistió con medias gruesas verdes, falda y un abrigado suéter, tomó una canasta de campo, se colocó un sombrero en el pálido cabello y emprendió la marcha hacía su destino, después de que su abuelo la hubo transportado por medio de la Aparición a un lugar cercano antes de dirigirse a ocuparse sus propios asuntos.

No habían salido de vacaciones como su abuelo le había prometido, pero Vasiliki tenía que reconocer que aquella "aventura" hacía que sus piernas temblaran y sus manos sudaran. Ella no tenía idea de quién era aquel desconocido a que le estaba ayudando y todo el miedo que le habían infundado con respecto a ese ser no ayudaba a las cosas. Además, poco se sabía de su carácter y la nimia información no jugaba a su favor, por lo que era una chica nerviosa la que caminaba por Hogsmeade montada en una bicicleta y saludando a todos hasta que se ocupó de dejar su transporte en una tienda, sonrió y se internó en la zona despoblada del lugar, en dirección a la cueva.

No estaba lloviendo y aquel día coincidía con los Mundiales de Quidditch, una celebración por la que, en otro momento, Vasiliki se hubiera muerto de ganas de ir. Pero la tentación era demasiado fuerte y aquello era más interesante, por lo que no lo lamentó demasiado.

De todas maneras, seguro que Draco les escribía a todos sus amigos para contarle cómo había sido…

Al llegar a la cueva, el perro estaba sentado. Parecía una criatura extraordinariamente calma y de buenos modales y agitó la cola cuando la vio llegar, lo que le hizo contener una sonrisa. Se introdujo entonces en la cueva y, ya en su calidez, se despojó de la capa para sentarse en un rincón más o menos limpio.

- ¿Puedo hacer luz?- preguntó un momento más tarde, incómoda ahora al percibir que el perro era un hombre. Todavía no se acostumbraba a ese rostro macilento y de mirada penetrante y hubiera preferido que conservara la forma anterior. El animago asintió.

- Está lo suficientemente lejos para que no adviertan una luminiscencia pequeña. ¿Qué noticias me traes, nieta de Dumbledore?

- Mi nombre es Vasiliki. Vengo a dejarte un poco de comida… ¿Noticias? ¿Cómo qué quieres saber?

- ¿Sabes algo de Harry? Me llegó una carta suya en la que dijo que iba a estar en la casa de los Weasley y que iba a ir a los Mundiales de Quidditch, pero desde entonces no sé nada de él.

Vasiliki sacó de la canasta el pollo, el queso, la mantequilla y la ensalada y se las dio a su interlocutor. Luego cruzó las piernas y se preguntó qué decir. No había visto a Harry desde el año pasado y no estaba al corriente de dónde pasaba las vacaciones o con quien. En alguna ocasión su abuelo le había comentado que vivía con los Dursley en Privet Drive y pareció molesto por una razón en particular. Pero de allí a saber algo más… no era el caso y, con sorpresa, descubrió que lo deploraba.

- Lo siento. No estoy enterada de la situación de Harry en este momento, mi abuelo y yo pensamos… bueno, que habían permanecido en contacto en este tiempo. Lo único que puedo decir es que hoy son los Mundiales y que seguramente Harry lo está pasando excelente… adora el Quidditch.

Sirius Black tomó lo que le ofrecían y se sentó enfrente suyo para desenvolver los paquetes y empezar a comer. Durante un rato no dijo nada, más que para ofrecerle a la chica, que declinó cortésmente. Luego, de pronto, la miró. En la semipenumbra, sus ojos ardían, claros.

- ¿Lo conoces? ¿A mi ahijado?

Vasiliki lo miró a su vez. Nadie, nunca, se había fijado en ella con tal ímpetu, como si la respuesta fuera la cosa más importante que ella podría decir alguna vez. Se frotó las manos, nerviosa y aguantó la mirada otra vez, cuanto pudo.

- Sí, lo conozco. Va en mi curso y hemos hablado un par de veces.

- ¿Y qué piensas? ¿Acerca de él?

Nuevamente, la chica se vio obligada a buscar palabras exactas. Presentía y no sin razón, que aquel hombre le estaba pidiendo algo muy concreto, no preguntaba sin razones. No había ni siquiera una sonrisa en ese rostro.

- No sé qué pensar. En mi casa se habla mucho de él, no todo lo que se dice es bueno y muchas de las cosas que han pasado en el Colegio no hablan totalmente bien de él. Pero desde mi perspectiva, él es un chico muy agradable. Honesto y perspicaz. No sé qué más podría decirte que te fuera de ayuda.

- Todo puede ser de ayuda. Lo he conocido recientemente, incluso siendo su padrino y me gustaría conocerlo mejor. Se parece mucho a su padre, James, pero debe tener su propia personalidad, ¿No? De eso me gustaría hablar precisamente ahora.

- Yo… bueno, están las habladurías de él cada año. Siempre parece estar en el medio de los grandes acontecimientos, sean lo que sean. En el primer año corrió el rumor que había salvado un bien precioso, la piedra Filosofal y había peleado con el que No-Debe-Ser-Nombrado. Para ser honesta, nadie sabe exactamente cómo sucedieron las cosas pero todos cuentan que Harry fue increíblemente valeroso. Luego, en segundo año, la Cámara de los Secretos fue abierta y un basilisco empezó a atacar a los estudiantes. Harry salvó a una chica, Ginny Weasley, cuando fue raptada. Mató al basilisco. Aparte está toda esa fama que tiene por haber derrotado a Quién-Tú-Sabes y lo mucho que lo aprecian sus compañeros por lo bien que juega el Quidditch.

- Sí, heredó eso de su padre. Él era muy buen jugador también.

- No sé mucho más, no soy su mejor amiga. Ese papel lo ocupan Ronald Weasley y Hermione Granger, hasta donde sé. Le gustan las mayorías de sus materias, con excepción de Pociones. Realmente no es muy adicto al profesor Snape y viceversa. También me dijo una vez que le aburrían Historia de la Magia y Adivinación.

- ¿Cómo lo trata Snape?- Black hizo una mueca, como si el sólo hecho de pronunciar aquel nombre le produjera bilis.

- No muy bien. Pero la verdad es que no trata bien a ningún Gryffindor. Cuestión de principios, supongo.

¿De qué casa eres tú? ¿Ravenclaw?

Vasiliki se río.

- Hubo un momento en que pensé serlo pero no. Soy Slytherin.

Sirius enarcó una ceja.

- No me mires así. No soy un monstruo, ¿De acuerdo? Vaya con los prejuicios entre las casas, perduran más allá del Colegio. ¿Tú fuiste un Gryffindor?

- Se nota, ¿Eh? Sí, lo fui. Pero mi hermano era Slytherin… un pedazo de arrogante, eso es lo que él era.

- Tú no pareces excesivamente modesto.

- Eso es porque no me conoces.

Ambos sonrieron y ella se relajó. Black era humano, después de todo. Se preocupaba por su ahijado y era capaz de sonreír. No tenía de que preocuparse, ¿Verdad?

Pero miró hacía fuera y las nubes le indicaron que ya era bastante tarde. Se puso en pie e indicó que tenía que marcharse. Sirius Black asintió y tan sólo dijo, antes de que ella se fuera:

- Dile a tu abuelo que le escribiré más tarde, ¿De acuerdo? A Harry le dolió la cicatriz, así que tengo que informárselo por carta. Y, si puedes… salúdame a Harry de mi parte, ¿De acuerdo?

- Lo haré. Adiós, Sirius.

La chica se marchó tal y como había ido. Interiormente, pensó que no lo había hecho tan mal.