Oficialmente estoy de vacaciones desde hace dos semanas, pero a mi cerebro no le dio la gana de tener inspiración, ese es el porqué de la tardanza de este capítulo. Sin embargo he hecho todo el esfuerzo para escribir esto antes de mi cumpleaños (es mañana, 24 de julio; y probablemente no haga nada y tenga una crisis existencial, que triste. O tal vez sea todo lo contrario), pero ya no quería retrasarlo. Así que espero que les guste y lamento la tardanza.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.


Capítulo 9: Llamadas

–Quiero que seas sincera conmigo, ¿de acuerdo? –Ymir asintió –Muy bien, ¿qué es lo que piensas? –la castaña sólo sonrió ante la pregunta de Reiner –¿Ymir?

Después de unos segundos respondió: –¿Qué prefieres? ¿Qué te mienta o qué te mienta con estilo?

–¿Dónde está la sinceridad entre esas opciones?

–Míralo de este modo–le dijo viendo fijamente sus ojos–Ya sabes con anticipación que es una mentira, entonces implícitamente ya descubrirás la verdad. Así que, ¿prefieres escuchar una mentira corriente o una estilizada?

–Quiero que me mientas… ¿con estilo?–le contestó viéndola con vacilación y no muy seguro de la opción que había escogido.

–Muy bien, en ese caso…–miró a su alrededor y se sentó al borde de la cama de la manera más elegante que pudo–A juzgar por la observación realizada, se puede determinar que la actuación hecha carece de emociones, siendo agobiante para el espectador al no poder percibir los sentimientos que el personaje debe demostrar. En pocas palabras se podría decir que es una lacra para la sociedad.

–¡Oye! –dijo con notoria molestia– No hay necesidad de ser tan mala.

–Tú me pediste sinceridad–se defendió.

–Pero, ¡si me acabas de mentir!

–¡Pero descubriste la verdad! –dio un suspiro y luego agregó– Bien, lo siento, tal vez no fue la mejor manera de decirlo, pero la verdad duele. Y es que pareces un robot o algo así, dices tus líneas de manera muy monótona.

–Pero si yo pongo el tono que me dijo la profesora–trató de defenderse.

–Es cierto, el tono que debes utilizar está ahí, pero no me convence–se levantó de la cama para dirigirse hacia él– Además, tienes que hacer más gestos, por ejemplo, como en esa parte que te enojas… No pareces enojado, sólo pareces alguien muy serio hablando en voz alta.

–¿Cómo lo haces tú? –le preguntó pensativo.

–¿Qué puedo decir? Soy una persona expresiva–Reiner se rio en respuesta.

–¡¿Tú?! ¡Pero eres la persona más cerrada que conozco!–Ymir sólo sonrió.

–Para mejorar mi actuación realmente intenté ponerme en el lugar de la tía; y en general siempre lo intento.

–¿De verdad? ¿Es por eso que lloras mientras juegas algún videojuego? –le contestó pensativo– Ahora todo tiene sentido.

–¡Oye! ¡Eso no es cierto! –se cruzó de brazos mientras Reiner se reía.

–¿Y qué hay del último juego que me dijiste que lloraste? ¿Cómo se llamaba? ¿Gone Home?

–Pero es diferente–trató de defenderse.

–O tal vez como el final de ese juego, ¿qué se llamaba? Life-

–Creo que ya entendimos cuál es el punto aquí–le interrumpió antes de que continuará, ocasionando las carcajadas de Reiner mientras Ymir se sentía un poco avergonzada.

–Está bien, lo siento–dijo tratando de mantener la compostura– Sólo tengo una duda. Cuando juegas algún juego de carreras, ¿simulas ser un auto? –se rio nuevamente perdiendo todo el control que había logrado.

–Yo me voy de aquí–le contestó dirigiéndose a la puerta.

–Oh vamos– le dijo dándole la vuelta– Sólo estoy bromeando. Tienes que admitir que fue gracioso.

–Tal vez–respondió tratando de mantener su rostro serio–Yo sólo te decía que deberías meterte más en el papel del personaje. Además no soy yo la que se cree un auto y se mueve junto con el mando cada vez que hay una curva como si eso fuera a hacerlo mejor.

–¡Yo sólo lo hago algunas veces!

–Yo nunca especifiqué que eras tú–sonrió victoriosa al ver que Reiner no sabía cómo defenderse.

–¡Demonios! –lo escuchó maldecir en voz alta– Pensé que esta vez ganaría.

–Ya tendrás tu oportunidad–le guiñó un ojo– Pero volviendo al tema, adéntrate en el papel y te aseguro que lo harás mejor–Ymir soltó un suspiro mientras se sentaba en la cama–Y ahora contra todos mis deseos de querer irme… empieza de nuevo.

Había pasado exactamente una semana desde que Ymir se había propuesto hacer algo para que Christa supiera de sus sentimientos, pero no había hecho absolutamente nada. Y a pesar de que ella hubiera preferido salir con ella hoy, tenía que ayudar a su amigo Reiner porqué él se lo había pedido y ella había aceptado. Faltaban dos meses para la obra pero Reiner sentía que tenía que mejorar bastante… y así era.

Así que cuando fue a la casa de Reiner, ella se puso a leer, con la mejor interpretación que podía, el personaje con el cuál interactuaba el protagonista. Al contrario de ella, él tenía que evitar tener el guion en mano y, como se lo había dicho Ymir, mejorar sus expresiones.

Cuando llegó la noche, ella ya no tenía ánimos de seguir practicando, se sentía cansada. Sentía que de un momento a otro, toda la seriedad que había puesto en la práctica se esfumaría para empezar a hacer bromas o hablar sin sentido.

–Muy bien Reiner, ésta es la última escena y espero que también sea la última del día.

–No te preocupes ésta será la última–Vio el libreto una vez más–Dame un momento, me estoy mentalizando.

Espero que hablara y cuando lo hizo notó un gran cambio en su actuación, más de lo que lo había hecho las anteriores veces. Realmente parecía estar metiéndose en el papel. Realmente parecía nervioso. Ymir lo analizó más detenidamente y se dio cuenta de que en realidad estaba nervioso.

–Eh, Reiner, ¿estás bien? –le preguntó confundida. Reiner la miró por unos segundos y luego volvió a ver el libreto.

–S-sí, es sólo que acabo de darme cuenta de algo–le dijo sonriente.

–¿Y ese algo que te metió en el papel es…?–alargó las últimas palabras y lo observó fijamente.

–Es sólo que- –se detuvo como si estuviera organizando sus palabras– Supuestamente, desde ésta escena tengo que besar a Christa.

Ymir se quedó en silencio, tratando de aminorar los latidos de su corazón.

¿Debería decirle que también me gusta?

–Tal vez tú podrías preguntarle–observó a Reiner sorprendida por lo que le estaba pidiendo.

–¡¿Qué?! ¡Estás loco! Yo no le voy a preguntar si te quiera besar–se negó rotundamente sacudiendo la cabeza –Si quieres saber, pregúntaselo tú.

–¡¿Quieres que yo le pregunte?! –le contestó con evidente sorpresa– Por favor, tú eres su amiga.

–Soy su amiga, no tu espía–le respondió. Tal vez no deba decírselo aún –Además, creo que tú también eres su amigo.

–Sí, pero ¿qué se supone que debo decirle? ¿Oye Christa en la obra me vas a besar?

–Bueno, al menos ahora entiendo por qué no tienes novia–se empezó a reír más fuerte de lo que pensaba.

–Ja ja qué gracioso, muero de la risa– dijo mientras se cruzaba de brazos–¿Sabes tal vez se lo pregunte?

–Puede que haya la posibilidad de que te diga que no y que la espantes–le dijo tratando de contener la risa.

–Como también puede que me diga que sí, ¿no lo crees?

–Está bien, está bien–le dijo una vez que le aterró la idea de que eso pudiera pasar–No le voy a preguntar. Sin embargo que recuerdo que me dijo que ella iba a tratar de que pareciera lo más realista posible, como se lo había dicho la profesora.

–¿Eso es un sí?

–No lo sé, luego le pregunté qué es lo que quería ella y me respondió que no sabe– Reiner se quedó en silencio, pensativo, y antes de que pudiera decir algo Ymir agregó: –No creo que sea necesario que se lo preguntes. Quiero decir, no necesitas estar espantando a la gente–soltó una risa nerviosa.

–Creo que tienes razón, ya lo sabré luego.

La castaña se tranquilizó un poco sabiendo que Reiner no iba a confundirla. Era suficiente con Ymir.

¿Qué yo la confundo? ¡¿Qué demonios estoy pensando?!

–Tengo hambre–le dijo tomando la sudadera y su mochila– ¿Quieres venir?

–Mi mamá me mata si no me ve aquí para su regreso–se rio nervioso dirigiéndose a la puerta.

–¿Cómo están tus papás? –le preguntó Ymir mientras iban hacia la puerta principal.

–Ellos están bien, fueron al cumpleaños de uno de sus amigos–dijo abriendo la puerta para Ymir.

–¿Cómo está tú mamá? –le preguntó antes de despedirse–¿Hablas con ella?

–Sigue trabajando y tú sabes que no suelo llamar a mi familia.

–Y te consideras una persona expresiva–le sonrió Reiner.

–No es que no piense en ella, es sólo que no soy de esas personas que suelen llamar cada día para saber cómo están–bajó la mirada pensando si lo que hacía era bueno.

–¿Y qué hay de tu tía?

–Ella sabía que estaría bien por mi cuenta, pero es ella la que paga todas las cuentas de la casa, mi mamá le manda dinero.

–Es bueno saber que no estás viviendo en la calle–se rio finalmente despidiéndose de ella –Si llegaras a llamar a tú mamá dile que le mando saludos –agitó la mano mientras Ymir se alejaba.

Caminó por vario minutos mientras pensaba en lo que había sucedido en el día.

Sí, tal vez la llame esta noche. Ymir sonrió con cierta nostalgia. Pero de repente detuvo sus pasos, y entró a un centro comercial y sacó su celular.

¿Por qué esperar hasta más tarde? Marcó el celular de su mamá y espero a que contestara.

¿Ymir? –escuchó la voz de su madre y sonrió.

–Hola má, ¿cómo estás?

Estoy bien, ¿cómo estás tú? ¿Qué pasó? ¿Te falta dinero?

–¿Qué? ¡No!–se rio al teléfono– ¿Por qué crees que te llamo por dinero?

Tal vez porque nunca llamas– Ymir se sintió mal por unos instantes.

–Tú sabes como soy–le respondió esperando que entendiera.

Lo sé, es por eso que yo suelo llamarte– hubo un breve silencio– En serio Ymir, no te preocupes, estoy bien– las palabras de su madre la reconfortaron un poco. –Aun así, ¿a qué se debe tu llamada?

–Oh, es que Reiner me dijo que te mandara saludos.

¿En serio? Entonces tal vez debería hablar más con Reiner–ambas se rieron por unos segundos y luego estuvo el silencio que siempre odiaba Ymir. Siempre deseo ser de las personas que hablaran de lo que sea al teléfono cuando se trataba de su familia, pero parecía más fácil hacerlo con sus amigos. No obstante, en cada llamada sentía que tenía que rebuscar los temas de conversación porque no llegaban fácilmente.

No digas más, es bueno saber que estás bien Ymir–dijo finalmente su madre al cual la castaña se sintió profundamente agradecida– ¿Ya has comido?

–De hecho eso es lo que iba a hacer, pero decidí llamarte primero.

Muy bien hija, entonces ve a comer y hablamos luego–la escuchó decir de manera cariñosa y luego el tono de finalización de llamada.

Sonrió para sí misma y decidió disfrutar de su felicidad al caminar. En el ajetreo de la noche decidió escuchar música para aislarse un poco de la realidad. Fue caminando en busca de algún lugar para comer pero todo parecía estar lleno a estas horas de la noche. Su celular vibró y se rio tan fuerte en la calle que las personas se volteaban a ver. Ymir nuevamente entró a otro centro comercial y decidió responder, sin miedo a que le roben el celular, el mensaje de Sasha: "Tengo hambre :("

"Siempre tienes hambre Sasha, no es novedad jaja. Estoy yendo a comer ¿no quieres ir?"

"No creo que me den permiso. Lástima que no vivo por tu casa"

"Sí, es una verdadera lástima" Pasaron un par de minutos y se rio de su pequeña conversación. Se preparaba para salir nuevamente pero recibió otro mensaje

"Es en serio? HACES QUE QUIERA GOLPEAR MI CABEZA CONTRA EL MURO"

"¿Y eso por qué?" Nuevamente esperó, divertida, por los mensajes de Sasha hasta que recibió una llamada. Antes de que pudiera hablar, escuchó los quejidos de Sasha

¿Es en serio? ¡¿Es en serio?! –escuchó un gritó del otro lado de la línea telefónica–Te doy una indirecta más directa que la palabra y no entiendes.

–Tranquilízate. ¿Qué pasó? –se rio al escucharla suspirar.

Intentemos otra vez. ¿Vas a ir comer?

–Sí

Lástima que yo no te puedo acompañar porque no vivo cerca de tu casa.

–Es una total desgracia–espero que su respuesta correcta, pero luego de unos momentos escuchó lo que parecían ser golpes.

¿Escuchas eso?

–Sí, ¿qué estás haciendo? –le preguntó algo preocupada.

Afortunadamente no estoy golpeando mi cabeza contra la pared, pero desgraciadamente estoy golpeando con mi mano a la almohada que ahora extrañamente tiene tu cara.

–¿Lo siento?

Ya no importa–dijo soltando un suspiro nuevamente– ¿Quién vive cerca de tu casa Ymir?

–¿Christa?

Exacto.

–¿Y quieres que la invite a cenar?

No Ymir, quiero que toques el timbre de su casa y corras–Ymir se rio a carcajadas por varios segundos.

–De acuerdo, está bien. ¿Por qué me dices esto?

Es sólo que estábamos haciendo una tarea y pues yo sé que tiene hambre–se rio– Es una suposición. Así que pensaba que tú podrías invitarla a cenar.

–Muy bien jefa–le respondió divertida.

Ahora me debes dinero por esta llamada.

–¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! Tú fuiste la que llamó.

Sí, pero fue tu ingenuidad la que me obligó hacerlo. Hablamos luego–colgó la llamada y se rio divertida.

Alzó la vista y vio un restaurante frente al edificio en el que se encontraba. Tal vez sería demasiado si le dijera a Christa que se encontraran. Tal vez podría llevar la comida a su casa. Reviso cuánto dinero tenía en el bolsillo.

¿Realmente voy a hacer esto?

Y antes de que pudiera responder a su pregunta ya estaba haciendo una llamada.

Sí, lo voy a hacer. Pensó poniéndose nerviosa.

¿Ymir? ¿Qué pasó?

–Nada, y-yo sólo llamaba para preguntar–tragó saliva como si fuera la pregunta más difícil que iba a hacer en la vida–¿Quieres ir a cenar conmigo? Bueno, no me refiero ir a algún lado, se está haciendo tarde y puede que sea peligroso–le contestó apresuradamente– Sino que yo vaya a tu casa, llevando comida obviamente. Si no puedes está bien, no importa, voy a comer sola.

¿Ymir qué estás diciendo?

Se agarró de la cabeza mientras se sentaba de golpe en un banco cercano. Se maldecía por lo atropelladas que habían salido sus palabras. Voy a comer en soledad esta noche.

¿Y qué pensabas comprar?

–Hamburguesas–la castaña se tapó la boca tratando de contener un grito. ¿Qué no se le podía ocurrir un plato un poco más sofisticado?

¿Quieres hacerme engordar no?

–Oh, lo siento. ¿Quieres que lleve zanahorias? –tomó el celular con las manos tratando de cubrirlo en su totalidad, mientras trataba de reprimir otro grito. ¿Por qué esto es tan difícil? Se preguntó mientras sentía que su corazón ya no aguantaría el rápido ritmo cardiaco que mantenía. Luego escuchó sonidos provenientes de su celular y lo acercó a su oído nuevamente

Estoy bromeando Ymir–la escuchó reírse– Está bien, ven. Cuando llegues te pago aquí.

Se tomó unos segundos para respirar con más calma pero no pudo evitar sonreír ampliamente. Guardó el celular con dificultad debido al temblor de sus manos. Luego fue al restaurante más cercano dónde vendían hamburguesas y compró dos simples con queso. Tomó el pedido y lo guardó en la mochila. Estaba a punto de subirse al autobús pero cambió de idea. Tal vez iba a tardar demasiado yendo de esa manera. De todas formas estaba a treinta minutos de su casa a un paso rápido.

Así que reanudó la marcha, pero pronto sus pasos se aceleraron y sin saberlo realmente estaba corriendo. Toda la euforia que había reprimido antes se estaba manifestando. Eventualmente volvía a caminar para recuperar el aliento pero luego se echaba a correr. Cuando pudo vislumbrar el porche de la casa de Ymir redujo la velocidad de sus pasos mientras sentía su garganta seca. Intento dejar de jadear pero inevitable. Y antes de llegar a la puerta sacó la bolsa de hamburguesas. Observó que a pesar de que había corrido, la comida no se había dispersado. Tocó el timbre tratando de aminorar su respiración.

–Ymir, pasa- ¿Qué te pasó? –vio la mirada preocupada de Christa.

Tragó saliva y entre jadeos le respondió: –Estaba corriendo.

–¿Por qué? Entra de una vez. Con razón estás toda despeinada y agitada.

–Es que… se iban a enfriar–levantó la bolsa, lo que ocasionó la risa de Christa.

–Vaya que eres extremista–fue a la sala y en un vaso le sirvió refresco–Ten toma, de seguro tu garganta está seca–le alcanzó el vaso, al cual Ymir acabó su contenido en un par de segundos.

–¡Gracias! –dijo una vez que sintió más hidratada la garganta. Luego se sentó en una de las sillas.

–¿No quieres ir a mi cuarto? –le preguntó la rubia señalando hacia arriba.

–Oh Christa, ya te dije lo que pienso de-

–No hagas que te eché el contenido de esta jarra–le dijo levantando una ceja

–Será como tú digas–le dijo mientras la observa alejarse. Sin embargo en el momento en el que intentó pararse se dio cuenta de lo débil que se sentían sus piernas. Aun así se levantó con esfuerzo apoyándose en la mesa y la siguió.

–Siéntate–le dijo palmeando la cama una vez que llegaron al cuarto.

Ymir se sentó en la cama apoyándose sobre el espaldar. Observó cómo abría la bolsa y luego vio su expresión seria.

–¿Dónde están las zanahorias?

–¿Qué? –le preguntó confundida–Pero si tú me dijiste-

–Estoy bromeando Ymir–se rio–Ten, come –le dijo alcanzándoles una hamburguesa– Me alegra que hayas venido, después de todo no pudimos hablar mucho.

–¿De qué hablas? Si nos vimos en el recreo y el teatro–replicó mientras comían.

–Sí, nos vimos, pero no hablamos mucho. En los descansos estabas siempre con Annie y en el ensayo no hable mucho contigo. –le dijo sin dirigirle la mirada.

Ymir sonrió en respuesta y decidió molestarla un poco.

–Así que me extrañaste.

Sí–vio sorprendida a Christa sin saber que decirle– Eres una persona increíblemente fácil de hablar–le sonrió mientras sus miradas se encontraban.

–Gracias–respondió sin saber que más añadir. Se quedaron en silencio, pero no era un silencio incómodo. Al contrario se sentía relajante. Pasados varios minutos, Ymir fue la primera en terminar de comer, así que se levantó y sirvió el refresco que Christa había subido.

–¿Cuánto te debo? –le preguntó cuándo aceptó el vaso.

–No me debes nada–le sonrió– Pero a la próxima invitas tú–le guiñó el ojo mientras tomaba más refresco.

De repente el celular de Christa sonó y contestó la llamada.

–¡Hola! –la escuchó decir animada, y con gestos le dijo que iría hablar afuera.

La espero por un par de minutos parada, mientras observaba la ordenada habitación. Se dio la vuelta para ver los cuadernos apilados en el escritorio.

Al ver que no llegaba se sentó al borde de la cama. De repente sintió el cansancio de todo el día. Espero unos minutos más y Christa no regresaba. Los párpados empezaban a pesarle y la cama le incitaba a echarse. Después de pensarlo por unos segundos se echó esperando no dormirse. Fue una mala decisión ya que estaba empezando a cerrar los ojos.

Tal vez debería irme, pero ¿estaría bien que lo haga? No quiero interrumpir su llamada, pero tampoco quiero irme sin despedirme apropiadamente.

Divagó por un momento en sus pensamientos y luego empezó a dormirse.

–Ymir–se despertó exaltada sentándose de golpe.

–Lo siento, yo no pretendía dormirme, es sólo que no venías y no quería irme.

–¿No quieres irte? –le preguntó confundida.

–Quiero decir, no quería irme sin despedirme–desvió la mirada sonrojándose.

–Lo siento, es que mi papá me llamó–se sentó a su lado mientras Ymir la observaba con curiosidad.

–No quiero entrometerme, pero siempre asumí que vivías de una forma similar a la mía. ¿Puedo preguntar dónde está tu papá?

–Oh claro, este año recibió un ascenso importante y por ahora está en un viaje de negocios aunque siempre viene por lo menos un fin de semana al mes. –sonrió mientras jugaba con las manillas que tenía en la mano.

–¿Y te dejó viviendo sola? –preguntó sorprendida.

–Nunca he sido una chica que sale mucho a fiestas–se rio– Además él confía en mí.

–Oh, ya veo. ¿Y tú mamá? –la castaña inmediatamente se arrepintió de haber hecho la pregunta al ver la sonrisa de Christa desvanecerse. –No es necesario que me respondas.

–No, está bien. Mis papás se divorciaron cuando era pequeña. Aunque actualmente no hablo con ella.

–Parece que ahora es muy común el divorcio, ¿no lo crees? –replicó pensativa.

–Sí, es tan común que ya no sorprende–le contestó con aires de tristeza. –¿Qué hay de tus padres?

–Pasa algo similar, la única diferencia es que yo vivo con mi mamá y puedo hablar con mi papá, sólo que casi no lo hago.

–¿Y cómo es que viviendo con tú mamá yo nunca la conocí? –Ymir sonrió.

–Eso es porque ella trabaja en otro lado. Siempre fue así, un año trabajaba aquí, al siguiente le destinaban a otro lado. Solía vivir con mi tía aunque estos últimos años le rogué a mi mamá que me dejara vivir en la casa. Ella le manda dinero a mi tía para pagar las cuentas y a mí para los gastos diarios.

–Así que somos independientemente dependientes, o algo así–ambas se rieron– ¿Y cómo es que te dejó sola tu mamá? Pensé que tú salías cada fin de semana.

–¿Qué te hace pensar eso? –le preguntó confundida.

–Sasha me lo dijo–de repente la castaña se sintió nerviosa.

–¿Q-qué te dijo exactamente?

–No mucho en realidad, sólo que el año pasado salías demasiado.

–Oh, bueno es cierto, no lo puedo negar–dijo pasando su mano por el cuello– Pero ya no salgo mucho, así que todo bien.

–¿Qué pasó?´

–Es una largo historia, ¿o es corta? –¿Debería contársela? –Tal vez ya debería irme–dijo viendo el reloj de su celular mientras se levantaba de la cama.

–Oh, es cierto, se está haciendo tarde–pudo notar la decepción en su voz pero ella no quería contarle que fue lo que había sucedido, por lo menos no ahora, no en estas circunstancias.

–Pero no te preocupes te lo contaré algún día–le dijo tocando sus costillas con el dedo índice.

–No me hagas cosquillas–se empezó a reír alejándose de ella.

–Es inevitable es como si mis dedos se sintieran atraídos por ti–se río acercando ambos dedos índices a los costados de Christa.

–No lo hagas Ymir–se levantó de la cama extendiendo los brazos para mantener las distancias.

–Pero si ni siquiera te estoy tocando y ya te estás riendo–se rio a carcajadas.

–Encontraré tu punto débil, ya verás–replicó confidente.

–¿En serio? Muy bien, hazlo–la retó extendiendo los brazos a los costados– Buena suerte tratando de encontrarlo.

–Está bien, siéntate–le dijo indicando el borde de la cama– He estado pensando en algo.

–¿Debería asustarme? –le preguntó divertida mientras se sentaba al borde de la cama.

–Tal vez, no lo sé–le respondió con una sonrisa pícara.

–¿Qué estás haciendo? –le preguntó cuando la vio ir hacia el otro lado de la cama.

–Bueno, supongo que si no ves que parte tocaré, no podrás mentalizarte para no reír.

–Probemos tú hipótesis–le dijo tranquila. Más antes Sasha había hecho algo similar y no había encontrado tal punto, es por eso que se sentía confiada.

Christa empezó a tocar su cuello pero nada pasó. Luego tocó ligeramente sus brazos y tampoco hubo reacción. Con la punta de los dedos intentó en las costillas y en la cintura. Se sentó a su lado y tocó sutilmente sus rodillas. Al ver que Ymir no reaccionaba con nada se sentó a su lado y soltó un suspiro.

–¿Ya te rendiste? –le dijo levantando una ceja– También puedo sacarme los zapatos por si quieres intentar hacerme cosquillas–le dijo molestándola.

–No es necesario, no quiero caer desmayada.

–Eso no es cierto–se rieron ambas.

–Bueno no quería hacer esto, pero si esto no te afecta, no sé qué lo hará–dijo dando la vuelta otra vez para subirse a la cama y estar detrás de Ymir.

–¿Qué cosa? –le preguntó curiosa.

–Ya verás–le respondió poniendo las manos en los hombros de Ymir.

–¿Es en serio? –le preguntó una vez que sintió el suave movimiento de sus pulgares en la espalda–¿Unos masajes serán mi punto débil?

–Ya lo veremos. Ahora sólo relájate– la castaña hizo lo que dijo y empezó a liberar toda la tensión de su cuerpo cerrando los ojos.

Ni Christa, ni ella hablaban, dejando en completo silencio la habitación. Al cabo de unos minutos Ymir abrió los ojos asustada debido a que empezaba a sentir un hormigueo en la espalda.

Me estoy relajando demasiado. Esto es malo.

–¿Empiezas a sentir algo? –le preguntó Christa como si le hubiera leído los pensamientos.

–No, todavía no, ¿por qué no te rindes? –intentó disuadirla de su propósito.

–Aún no he llegado a hacer lo que quería–escuchó la confianza en su voz.

Al cabo de unos minutos esa sensación de hormigueo se esparció por toda su espalda. Un estremecimiento empezaba a formarse en su espina dorsal. Después de unos segundos pudo sentir la respiración de Christa cerca de su cuello desvaneciendo todo el control que había estado formando Ymir.

–¿Es este tu punto débil? –le susurró al oído mientras pasaba un dedo por su columna ocasionando que Ymir saltará de la cama golpeándose la rodilla contra la silla.

–¡Maldición! –gritó frotándose la rodilla mientras escuchaba la risa de Christa –No puedes volver a hacer eso.

–¿Por qué no?–le dijo entre carcajadas –Por lo menos, aunque tarda bastante, ya conozco tu punto débil.

–Pero si ni siquiera me hiciste cosquillas–dijo mientras intentaba flexionar la rodilla.

–Yo nunca te dije que te haría cosquillas, dije que encontraría un punto débil –le sonrió victoriosa– ¿Cómo está tu rodilla?

–Probablemente si me secuestran camino a casa, no pueda correr–le dijo fingiendo un llanto.

–Oh vamos, ¡vives a la vuelta! Y si ese es el problema, ¿por qué no te quedas a dormir aquí?

Ambas se veían sorprendidas por la pregunta que había acabado de hacer.

–¿Una pijamada? –le preguntó sonriente.

–No sé, podría ser– le contestó desviando la mirada.

–¿Te das cuenta que mañana tenemos clase?

–Después de todo, tal vez no sea tan buena idea–le contestó levantándose de la cama– En ese caso tal vez deberías irte antes de que sea más tarde.

Ymir tomó sus cosas e intentó seguirla. Bajó con lentitud las gradas debido al dolor en la rodilla.

–¿En serio estás bien? –le preguntó preocupada.

–Sí, apuesto que sólo es el golpe, pero no vuelvas a hacer eso.

–Si no te hice nada– le respondió mientras se dirigía a la puerta principal–Dame una buena razón para que no lo haga otra vez.

–Me pusiste nerviosa–le dijo sin pensar, causando el asombro de Christa.

–Bueno, eso no tiene nada de malo, tú siempre estás haciéndome cosquillas, quería venganza–se rio mientras abría la puerta para que salga Ymir.

–Tal vez, pero atente a las consecuencias–le respondió saliendo al porche de la casa.

–¿Ah sí? ¿Cómo cuál? – le preguntó cruzándose de brazos y apoyándose en el marco de la puerta.

–Como el que me enamore de ti–le dijo viéndola fijamente a los ojos. Observó cómo su rostro se tornaba rojo y cuan sorprendida se veía– Te estoy molestando–dijo despidiéndose de ella y alejándose de la casa sin dar la vuelta.

Si eso no hace que empiece a sospechar que me gusta, no sé qué lo hará.

Una vez que estuvo lista para conciliar el sueño, ahogó un grito con las palmas de las manos.

–Creo que acabo de arruinar una perfecta amistad–dijo para sí misma mientras esperaba que nada malo sucediera.