Cae la noche en StoryBrooke…
- ¡Emma! – Gritó Regina tras la estela morada.
- ¡Regina! – Dijo ésta tapándose rápidamente con una toalla. ¿No sabes llamar? – Preguntó molesta, luego se percató de la angustia que se reflejaba en el rostro de la alcaldesa y supo que algo había ocurrido. - ¡¿Qué ocurre?!
- Es Henry… No ha vuelto a casa aún y tiene el teléfono apagado.
Eso no era normal en él, algo había ocurrido. Su corazón empezó a palpitar con fuerza, lleno de preocupación. Igualmente, intentó ocultarlo y calmar a Regina.
- No te preocupes, seguro que está bien. Voy a vestirme y salimos a buscarlo. Creo que sé donde le podemos encontrar.
La morena asintió con la cabeza y se sentó en la cama, sin percatarse siquiera de que había pillado a la rubia saliendo de la ducha y semidesnuda.
Cinco minutos más tarde, se disponían a salir de la casa cuando unas risas en la puerta le avisaron de que todo había sido un pequeño descuido.
- ¡Henry!
- Ma… ¡Mamás! – Sonrió sabiendo que se había metido en un lío.
- ¿Eso es lo único que tienes que decir? – Dijo Regina, mientras se acercaba enfadada a su hijo.
- Regina… - Empezó a decir Emma interponiendo un brazo delante de la morena. – Déjamelo a mí.
- Lo siento, sé que es un poco tarde pero…
- Pero nada. – Terminó cortante la alcaldesa.
Emma la miró de nuevo desafiante y puso sus manos en los hombros de Henry.
- Nos tenías preocupadas. Ya íbamos a buscarte pensando que te podía haber pasado algo.
- Lo siento… Estaba con Violet y no me he dado cuenta de la hora que era. De verdad, lo siento.
Ambas se miraron un instante y suspiraron casi al unísono.
- Está bien, pero más te vale que no se vuelva a repetir. Vamos a casa. – Dijo Regina mientras comenzaba a andar. Henry y Emma sonrieron entre sí, cómplices.
- ¿Puede venir Emma también? – Preguntó finalmente.
- No, yo…
- Cómo quiera. – Contestó en la lejanía mientras seguía contoneándose de esa forma tan característica.
- Ven, por favor. – Suplicó el chico.
Emma no podía negarle nada cuando ponía aquella cara tan adorable y que tanto la recordaba a ella misma. Cerró la puerta de casa y empezó a caminar de su mano.
Una vez en la mansión…
- Voy a bañarme. ¡No te vayas Emma!
- No me iré, tranquilo. – Rió contenta y fue a la cocina, donde se encontraba Regina sirviéndose una copa. Antes de entrar se quedó mirándola, como si algo hubiera cambiado en ella de un día para otro. - ¿Ves como no era nada? – Preguntó finalmente.
- Sí, ya… - Contestó Regina mientras daba un sorbo a su copa.
Los ojos de Emma se clavaron sin control sobre los labios de la morena, cuando fue consciente de lo que acababa de pasar desvió rápidamente la mirada suplicando porque Regina no se hubiera fijado en su incontrolado desliz.
- ¿Estás bien, Emma?
"Mierda". Pensó nerviosa. "Se ha dado cuenta".
- Sí claro. Estoy perfectamente. – No era capaz de mirarla a los ojos.
"¿Por qué nunca antes me había fijado en esa mirada tan sexy? ¿Y en esa pequeña cicatriz que tiene sobre…? Pero, ¿qué hablas Emma? ¡Se te ha ido la cabeza!"
Estaba tan absorta en sus propios pensamientos que no se había percatado de lo cerca que se encontraba ahora Regina.
- ¿De verdad estás bien? – Volvió a preguntar a escasos centímetros de su rostro.
Cuando la rubia notó el aliento de Regina tan cerca, sintió como todos los vellos de su cuerpo se erizaban, alzó la vista y se encontró directamente con la mirada intensa de aquellos ojos negros que hicieron que su corazón galopara avergonzado y nervioso.
- ¿Por… por qué lo preguntas? – Acertó a decir.
- No sé. – Contestó con rapidez su antigua enemiga. – Te noto… extraña.
- No digas tonterías, Regina. – Intentó disimular de nuevo.
- Está bien, no insisto más. Tampoco es que me importe demasiado… - Gruñó mientras salía de la cocina.
Emma suspiró aliviada sin siquiera molestarse por aquel comentario un tanto grosero. En realidad, le gustaba que fuera así y siguió los pasos de la alcaldesa.
- Henry tarda un poco, ¿no? – Preguntó obviando lo que acababa de pasar.
- Uhm… Voy a subir a ver qué está haciendo. – Y comenzó a andar hacia las escaleras que llevaban al primer piso.
Cuando se encontraba sola por fin, empezó a pensar en lo que le estaba pasando. Aquel sueño, la manera en la que se sonrojaba delante de Regina, lo nerviosa que se ponía cuando la miraba fijamente, como sus ojos se desviaban a los labios de la morena… Estaba claro que algo pasaba, y aunque lo intuía, no podía aceptarlo. Claro que no.
- Se ha quedado dormido. – Dijo Regina con serenidad. – Se ve que ha tenido un día intenso. – Rió.
- Eso parece… - Le devolvió la sonrisa.
- Oye Emma… - Empezó a decir. – Perdona por aparecerme de aquella manera, creo que te incomodé un poco. Solo entiende que estaba preocupada y no se me ocurrió otra forma más rápida de localizarte que…
- Por favor, Regina. – Rió. – No pasa nada. Creo que hubiera actuado de la misma forma que tú.
Ambas se echaron a reír. La morena volvió a llenarse la copa y salió fuera, sonriente y tranquila. Se quedó en el porche, mirando al horizonte mientras la brisa peinaba su cabello negro. Emma sin pararse a pensar, como si estuviera hechizada, empezó a caminar hacia ella y cuando se encontraba justo a sus espaldas, posó sus manos en la cintura de Regina mientras una sonrisa se comenzaba a dibujar en sus labios
- Nuestro pequeño se empieza a hacer mayor. – Susurró en su oído.
- Eso parece… - Contestó la alcaldesa entrecortada, comenzando a ser consciente de lo que acababa de ocurrir.
"Un momento." Pensó sorprendida mientras bajaba la mirada hacia esas manos que la rodeaban. "No puede ser… La persona del sueño no puede ser Emma."
La rubia también se había percatado de que acababa de pasar lo mismo que ocurría en su sueño, y quitó las manos rápidamente de aquella apetecible cintura.
- Disculpa… - Dijo nerviosa Emma. - No sé por qué…
- No pasa nada. No hay nada de malo. – Intentó restar importancia al asunto, aunque sabía que aquello no había sido una casualidad sin importancia.
Al darse la vuelta para entrar en casa, inconscientemente se topó con el cuerpo de Swan, que todavía seguía detrás de ella, inmóvil. Sus miradas volvieron a encontrarse, cerca… La tensión que se había creado entre ellas en ese momento fue tan brutal, que casi podía cortarse con un cuchillo. Rápidamente, en cuanto Emma fue consciente de que Regina quería entrar en su casa, se apartó a un lado dejándole paso.
- ¡Creo que me voy a ir a casa ya! – Gritó desde el porche esperando alguna respuesta por parte de la morena. Al no obtenerla, se dio la vuelta y se fue a casa.
Continuará…
