Vasiliki siguió llevándole comida y noticias a Sirius Black durante las vacaciones. Sus otras actividades consistían en cuidar la casa, cocinar, hacer deberes y recibir y escribir cartas de sus amigos.

Tal como pensó, Draco no perdió la oportunidad de describir ampliamente los Mundiales a Blaise (que había viajado a Italia) y a ella misma, con todo su acento arrogante y su caligrafía fina. Les contaba también que esperaba poder postularse para el Torneo de los Tres Magos, que se celebraría aquel año y también aguardaba que ellos participaran. Concluía su carta diciendo que sus vacaciones eran satisfactorias pero no fue el único que se molestó en escribir.

Daphne se fue de vacaciones a Rumania y charlaba agradablemente sobre ello, pidiendo al último, consejo para su situación con Draco. Pansy estaba enojada porque sus padres le habían exigido quedarse aquel año en casa y parecía estar aburriéndose mucho, con la sola excepción de sus teorías acerca del Torneo, en el que ella parecía estar muy interesada.

Anne estaba preocupada, ya que su madre estaba enferma. Se extendía mucho acerca del tema en la misiva, junto con sus deseos de iniciar un buen año y le enviaba saludos cordiales a su abuelo. En cambio, Blaise parecía estar pasándosela muy bien en Italia e incluso mandaba afectuosos deseos. Millicent no se molestaba en responder las cartas, Gregory y Vincent eran muy escuetos en sus cartas, sorprendiéndola que supieran escribir (había que conceder que parecían muy cortos de mente incluso para los que los conocían) y tenían poco qué decir, más allá de que pasaban el verano en la misma casa, por decisión de sus padres. Invitaban a sus amigos a visitarlos pero, dado que la fecha coincidía con una de las veces que Vasiliki tuvo que ir a Hogsmeade, declinó cortésmente.

Días antes de terminar las vacaciones, fue, como ya era costumbre, con su abuelo a comprar todo lo necesario para iniciar un nuevo año. Allí, él le habló de su nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, su viejo amigo, Alastor Moody. Vasiliki le hizo varias preguntas sobre el mismo y luego se divirtió tratando de atrapar a su abuelo para que le revelara en qué iba a consistir el Torneo, cosa que el mago se divirtió también en negar.

Al fin llegó el día en que tenía que ocupar el expreso, y se acercó con su baúl y su gata al andén nueve y tres cuartos. Para su sorpresa, Theodore Nott la estaba esperando allí con semblante impenetrable y le indicó con un gesto que lo siguiera.

Ocuparon un compartimiento, como siempre, casi al terminar el tren y descargaron en silencio sus cosas. Vasiiki suspiró. Theo, de nuevo, había permanecido en firme silencio todo el verano.

Tampoco habló, al principio, mientras estuvieron sentados. Parecía tenso.

- ¿Participarás en el Torneo de los Tres Magos?

- Lo dudo, no tengo la fuerza suficiente. ¿Y tú?

- Mi padre me ha dicho que tengo que hacerlo, si puedo. No me gusta del todo esa posibilidad.

- ¿Por qué? Se dice que va a haber fabulosos premios.

- Sí, bueno, los campeones han muerto antes y todavía aprecio mi vida.

- También se dice que han reforzado las medidas de seguridad. Dudo que haya tal peligro.

Theodore resopló, fuerte. A Vasiliki le preocupó que pudiera estar herido, pero él no hizo ningún comentario. Tenía los labios apretados.

- ¿Por qué estás tan preocupado?

- No lo sé. Tengo la impresión de que va a ser un muy largo año.

Y sin más, se puso a mirar por la ventana, ignorando a su compañera de viaje. Sintiéndose desconcertada, ella salió para ver a sus demás compañeros, de tal suerte que acabó junto a Blaise, Vincent y Gregory escuchando a Draco hablar de las delicias de Durmstrang, un lugar del que Vasiliki sólo había podido oír hablar. No era, ni con mucho, su conversación preferida, pero era mejor que convivir con un Theodore especialmente molesto.

Permaneció allí largo rato, por lo menos hasta que Draco decidió molestar a Harry. Decidida a no verse envuelta en aquello, por mucho que quisiera ver cómo estaba el Gryffindor, volvió a su compartimiento.

Para su sorpresa, encontró a Nott totalmente rendido y repitiendo en voz baja el nombre de su madre. Teniendo un muy mal presentimiento, Victoria permaneció en el compartimiento observándolo dormir hasta que llegaron a la estación.

Ocuparon el Gran Comedor sin más incidentes. Estaba perfectamente iluminado y todos parecían tan contentos y tan deseosos de empezar a comer que el profesor Dumbledore los dejó iniciar el Banquete sin más palabras. Todo estaba delicioso y había una abundante charla alrededor de las mesas; tan sólo Nott estaba callado y taciturno pero era tal la alegría del lugar que ni siquiera eso fue un detalle al que se le prestara mucha atención.

La llegada de Moody los puso a todos en tensión y Vasiliki lo observó con atención; habiendo escuchado tanto sobre él, le interesaba el aspecto que tenía. Se veía mucho más imponente que su profesor anterior, (Remus Lupin) quien, a pesar de todo, resultó ser bastante bueno. La chica se encontró preguntándose cómo serían sus clases, pero no tuvo mucho tiempo para reflexionar ya que su abuelo les comunicó entonces la noticia que todos esperaban: El Torneo de los Tres Magos empezaría dentro de poco, cediéndole el paso la copa de Quidditch.

Para la fortuna de Nott, sólo los mayores de edad podían participar en el Torneo pero esto no pareció alegrar su humor, al contrario, parecía que una nube había oscurecido su semblante y así siguió hasta que todos se fueron a dormir.

Estaban contentos, cálidos y seguros. Pero Theo creía – Y Vasiliki había aprendido a confiar en las intuiciones de su amigo – que eso no duraría mucho.

Las clases iniciaron sin más novedades. Por supuesto, todo mundo se preguntaba quién resultaría ser el campeón de Hogwarts pero en Slytherin no parecía haber un especial favorito y todos los de su curso se la pasaban debatiendo, en tiempos libres, quién podría ser el representante.

Por lo demás, se ocupaban en sus propios asuntos. Pasaban las tardes exprimiendo la pus de bubotubérculos, peleando hastiados con los escregutos de Hagrid, aprendiendo nuevas cosas en Transformaciones, Herbología y Pociones y, en el caso de Theo y Victoria, se esmeraban en Historia de la Magia, Aritmancia y Runas Antiguas.

El único incidente destacable fue cuando Malfoy decidió ridiculizar a Ron Weasley a la hora de la cena. Vasiliki, de pie tras Draco, oía como éste leía a todo el vestíbulo un lamentable artículo en el que se hablaba del padre de Weasley. No se río ni lo defendió pero sí que lo hicieron los otros, sin ningún pudor.

"Parece que Weasley no tiene muchos amigos"notó Vasiliki al ver al enrojecido y enfadado chico en medio de todas las burlas.

Lo que sucedió después fue tan rápido que ninguno tuvo tiempo de reaccionar. Alastor Moody, haciendo gala de su pericia con la varita y sus envidiables reflejos, convirtió al rubio platinado en un hurón, haciéndolo saltar por todas partes y los dejó a todos con la boca abierta hasta que llegó Mcgonagall y lo convirtió de nuevo en un chico (uno con las mejillas de un rosa muy vivo).

Vasiliki se sintió asustada. Estaba bien, Draco merecía de vez en cuando que alguien lo detuviera, tendía a ser terriblemente mordaz cuando quería pero ¿De verdad se tenía que recurrir a semejantes métodos? No pudo hablar con su compañero, quien fue guiado a las mazmorras por el mismo Moody.

Ella los siguió con la mirada y se preguntó cómo serían sus clases. Si él era así de duro incluso en el aula… se estremeció.

Mientras tanto, Malfoy tenía un nuevo apodo: el hurón botador.

En su primera clase de Defensa contra las Artes Oscuras, Draco Malfoy se sentó lo más lejos posible del escritorio del profesor, al contrario que Daphne y Victoria, quienes se sentaron hasta adelante. Todo el curso estaba muy interesado en saber cómo sería la clase, ya que muchos rumores de otros cursos se habían filtrado y hablaban de un maestro que realmente sabía lo que hacía, aunque diera un poco de miedo. Éste no parecía temer las habladurías y hasta sonrió sardónicamente en cuanto vio a Draco, medio escondido al final de la clase.

Pasó lista y observó a cada uno de los estudiantes hasta que el observado no pudo menos que estremecerse. Luego guardó la lista y se puso en pie enfrente de todos, sin timidez, sin miedo.

- Ustedes son ya bastante diestros en enfrentamientos con criaturas tenebrosas. Boggarts, gorros rojos, hinkypunks, gryndylows y kappas, ¿No es cierto? Pero, ¿Qué pueden decirme de las maldiciones? ¿Acerca de lo que magos pueden hacer a otros magos?

Sin duda había quien sabía. Muchos de los presentes eran hijos de personas acusadas de ser mortífagos y más de de uno debía saber al menos de más de una maldición. Pero nadie se atrevió a decir nada, esperando.

- Al parecer, nada pueden decir- sonrió de nuevo el profesor, esta vez de forma más cálida, de manera que todas sus cicatrices resultaron aún más grotescas.- Lo que puedo decirles es que varían de forma y gravedad. Según el Ministerio de Magia, yo debería enseñarles las contramaldiciones y dejarlo en eso, ya que se supone que no son todavía lo suficientemente mayores para aprender cómo son las maldiciones prohibidas y no lo serán hasta que estén en sexto. Pero el profesor Dumbledore tiene mejor opinión de ustedes y piensa que pueden resistirlo y yo creo que, cuanto antes sepan a qué se enfrentan, mejor. ¿Cómo pueden defenderse de algo que no han visto nunca? Un mago que esté a punto de echarles una maldición prohibida no va a avisarles antes ni se comportará de forma caballerosa. Tienen que estar preparados, alerta y vigilantes. Así que, ¿Alguno de ustedes sabe cuáles son las maldiciones más castigadas por la ley mágica?

Ahora que el profesor había hecho una pregunta directa, todos parecían más dispuestos a responder. Daphne alzó la mano. Theo también. Incluso Draco, que parecía querer pasar desapercibido, levantó tímidamente la mano.

A él precisamente fue al que le dio la palabra Moody.

- ¿Y bien, Malfoy? ¿Qué tal lo haces hoy? ¿Ya no botas más por los corredores?

La clase estalló en carcajadas y las mejillas de Draco enrojecieron igual que aquel día. Pero respondió entre dientes.

- Hay una maldición… cruciatus, se llama.

- Muy bien. – Moody se movió con dificultad para alcanzar un tarro de vidrio que contenía tres arañas e hizo que una de ellas creciera. La respiración de los chicos se hizo rápida y pesada.

- ¡Crucio!- gruñó Moody y vieron retorcerse a la araña como si sintiera un dolor demasiado terrible. Era obvio que hubiera gritado de haber tenido boca.

- Dolor- dijo Alastor en un susurro suave- No necesitas aparatos de tortura para lastimar a alguien si uno sabe llevar a cabo la maldición cruciatus… hace trece años, fue una de las maldiciones más populares y le dio muchos problemas al ministerio, pero seguramente, ustedes ya deben saberlo. ¿Alguien conoce alguna más?

- Yo- dijo Theo, que parecía muy tranquilo, en contraste con toda la clase, que estaba inclinada hacía delante, por primera vez reclamada toda su atención.

- ¿Sí?- preguntó el profesor.

- Avada Kedavra- musitó Nott sin moverse. Alastor Moody sonrió torcidamente.

- Sí, es la peor de todas las maldiciones. La asesina. ¿Algún voluntario?

Se río cuando todos se echaron hacía atrás. Luego ejecutó una luz verde sobre una segunda araña, que rodó sin heridas, pero muerta. El hombre se aseguró de que ambos ojos – el azul rotatorio y el normal- estuvieran fijos en todos y cada uno de los estudiantes. Blaise estaba pálido. Pansy y Daphne extrañamente silenciosas. Millicent Bullstrode parecía a punto de llorar y Draco tenía una expresión entre desafiante y dubitativa. Theo parecía indiferente. Gregory y Vincent tenían la boca abierta.

Vasiliki tenía los ojos fijos en la araña…

- No es agradable. Ni placentero. Y no hay contramaldición para la muerte, tampoco manera alguna de interceptarla. Sólo una persona ha sobrevivido a esta maldición… y no se encuentra presente. ¡Bien! ¿Alguien conoce alguna otra maldición?

- Existe la maldición imperius- se oyó decir Vasiliki sin poder creerlo. El ojo normal de Moody se fijó en ella y la hizo enrojecer.

- ¿Tú eres Dumbledore? ¿Victoria Dumbledore?

- Sí- respondió ella, por una vez sin sentir la necesidad de corregir el nombre. El mago le daba miedo.

- Sí, tienes razón. Hace años, muchos magos y brujas fueron controlados por medio de la maldición imperius. Le dio bastante quehacer al ministerio, que tenía que averiguar quien actuaba por voluntad propia y quién obligado por la maldición. Se puede combatir, a diferencia de las otras dos y yo les enseñaré cómo, pero se necesita mucha fuerza de carácter, mucha voluntad, y hay que recalcar que no todo el mundo la tiene. Lo mejor, si se puede, es evitar caer víctima de ella. ¡ALERTA PERMANENTE! – bramó y todos lo miraron fijamente. Ninguno sonreía. Ninguno sabía qué pensar.

Pasaron el resto de la clase copiando apuntes sobre cada una de las maldiciones. No se oía ni un murmullo de los otros, principalmente porque Moody hacía paseos mientras dictaba para ejercer una mejor vigilancia. Al fin sonó la campana y los Slytherin salieron de clase, deteniéndose en uno de los pasillos, como tenían por costumbre cuando querían comentar algo en colectivo.

- ¿Estamos todos de acuerdo?- dijo, esta vez, Blaise- Es bastante interesante, no creo que necesitemos faltar.

- Tenemos que tener cuidado- intervino Pansy- Me da la impresión de que ese profesor nos tiene en la mira…

- Por ser Slytherin- acabó Daphne- Pero igualmente, deberíamos asistir.

Los diez asintieron y, de común acuerdo, hicieron equipo para sobrevivir a la clase.

La mejor que habían tenido, hasta ahora.