Justo cuando ya me estaba acostumbrando a mis vacaciones tuve que volver a clases. Y aumentándole a eso me enteré de que arruinaré mi sábado para pasar clases a las siete de la mañana. Creo que no era suficiente tener clases a las siete los demás días. De todos modos, aquí les traigo el siguiente capítulo y espero que les guste. Tengan un buen día.

Disclaimer: Shingeki no Kyojin le pertenece a Hajime Isayama.

Capítulo 10: Decisiones


Ymir bostezó tapándose la boca. Cruzó los brazos encima de la mesa y se apoyó en ellos, tratando de evitar pensar nuevamente. Ayer no había podido conciliar el sueño debido a que se quedó meditando en lo que había dicho anoche. Algunas veces había sonreído porque creía haber hecho bien. En otras ocasiones, sólo daba vueltas en la cama intentado no sacarse los cabellos.

Voy a pensar de nuevo en ello. ¿Por qué no puedo tener algo con lo que pueda mantener mi mente ocupada?

–Hola Ymir–escuchó decir a Annie.

Levantó la cabeza y se sentó correctamente girándose hacia un costado para poder saludarla apropiadamente: –Hola Annie, ¿cómo estás? Llegaste temprano.

–Lo dice la primera persona en llegar media hora antes–le respondió causando que la castaña sonriera– ¿Qué te pasó a ti? ¿No dormiste?–le cuestionó mientras se sentaba en su respectivo banco.

–No muy bien para ser sincera–respondió lentamente.

–¿Pudiste hacer el ejercicio tres?–le preguntó sacando sus cosas de la mochila.

–¿Qué ejercicio?–replicó mientras el miedo se apoderaba de su cuerpo.

–De la tarea de matemáticas–su rostro se debió verse realmente sorprendido porqué luego agregó:– Sí sabías que había tarea, ¿verdad?

–¡No había tarea!–le respondió sacando su cuaderno– Yo lo hubiera anotado y estaría al final de la página –pasó rápidamente las hojas– ¿Ves? No hay nada–recorrió apresuradamente con los ojos todo lo que había escrito– Sólo hay esta línea que dice, tarea del 1 al 10 de la página 155 del libro–se quedó mirando el cuaderno por unos segundos mientras ponía ambas manos a la cabeza–¡Me mato! ¿Cómo olvidé revisar mis cuadernos?– dijo entrando en pánico.

–No lo sé, ¿qué estabas pensando?

–Bueno, ya no estoy pensando en lo que había estado pensando. Cuidado con lo que deseas–soltó un risita nerviosa mientras buscaba en el libro los ejercicios– Creo que no están tan difíciles–dijo después de observar la página– Suponiendo que tengo veinticinco minutos para hacer el ejercicio uno, mientras sea el cambio de materia y esperemos al profesor, podría acabar otro ejercicio, aprovechando todo el recreo podría acabar toda la tarea, y como punto final cuando haya el cambio de materia nuevamente, podría revisar los ejercicios. Estaría listo para presentar–dijo un poco más calmada.

–Te podría prestar mi tarea–Ymir la vio sorprendida por aquella oración.

–¿Annie estás bien? Tú nunca prestas tu tarea. Nunca–observó a su alrededor para ver si alguien más presenciaba este extraño acontecimiento. Sólo estaban las dos, de seguro ya irían llegando sus demás compañeros.

–Sí, estoy bien Ymir– le respondió un poco molesta.

–No. Está bien, gracias. Encontraré otros métodos–le dijo moviendo el pie nerviosamente.

–¿Ah, sí? ¿Cómo cuál? –se cruzó de brazos intrigada.

–¿Qué materia nos toca?

–Historia.

–¡Demonios! Ni siquiera escribimos tanto como para disimular que estoy haciendo otra materia. Si se da cuenta, tachará mi hoja y me botará de la clase. A menos que...–una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro.

–A menos que... ¿qué? –le preguntó interesada.

–Podría guardar mi cuaderno bajo la chompa y unos cuantos bolígrafos bajo la manga e ir al baño.

–¿Y piensas quedarte en el baño toda la clase?

–Obvio que no, sólo me tardaré un poco más de lo normal. Es perfecto– le dijo viéndola fijamente mientras trataba de compartir su felicidad.

–¿Y cuál será la razón de tu tardanza?

–Diarrea–lo siguiente que vio fue la sonrisa de Annie antes de que se cubriera la boca, lo cual la dejó atónita en todo sentido. Nuevamente miró a su alrededor empezando a pensar que estaba soñando. Se sentía cansada después de todo.

–¿Annie en serio estás bien?–le preguntó analizándola con la mirada.

–Estoy bien–le dijo mientras intentaba dejar de sonreír–Sólo que me dio gracia el pensar eso.

–Ajá– le dijo sin convicción –¿Conociste a alguien? ¿Es un chico?–levantó una ceja mientras la veía de manera divertida–¿Es una chica? Uh la la, Annie–observó cómo su semblante cambiaba rápidamente y empezaba a coger una regla. Lo siguiente que sintió fue el impacto–¡Ah! ¿Qué demonios Annie?–gritó mientras se agarraba el brazo derecho–Se supone que tengo que escribir con éste brazo. ¿Por qué me golpeas con la regla?

–No molestes. Deberías estar haciendo la tarea–le respondió totalmente seria.

–Definitivamente te ves más linda cuando sonríes–sintió otro golpe en el brazo–¿Por qué me sigues golpeando?

–Eso no importa. En serio deberías estar haciendo la tarea.

–¿Así que no importa que te veas linda?–inmediatamente levantó las manos en modo de rendición cuando la sintió acercarse–Está bien, está bien, ya me pongo a hacer la tarea–le dijo mientras bajaba los brazos– Sin embargo, aún seria te ves bien–logró esquivar el primer golpe con éxito. Para evitar el segundo golpe se levantó del asiento, pero justo cuando iba a retroceder chocó contra un cuerpo detrás de ella, enviándola hacia adelante, recibiendo el golpe aún más fuerte.

–¡AHHH!

–¿Qué están haciendo?–escuchó decir a Reiner mientras trataba de ahogar su grito.

–Annie me demuestra su amor–le contestó frotándose el brazo, mientras el rubio se reía– Y gracias por servir de pared humana. Fue asombroso–replicó de manera sarcástica.

–Ymir me debes una regla–Annie colocó frente a ella una regla partida.

–¡¿Rompiste la regla en ?! –le preguntó mirándola asustada– Ah bueno, ahora entiendo porque me duele el brazo, pero ¿por qué tengo que pagarte yo cuando fuiste la que la rompió?

–Tú empezaste a molestar–le respondió volviendo a su banco.

–¿Ahora qué le dijiste? –preguntó Reiner divertido.

–Sólo le dije que se ve linda–se alejó asustada de que la golpeara otra vez–¿Qué tiene de malo que te lo diga Annie?

–Tú no puedes decir eso–le dijo cruzándose de brazos.

–¿Por qué no? –le preguntó un poco contrariada, y luego una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro–¿Es que te pongo nerviosa? –la observó por unos segundos y se hizo un ovillo en su asiento– ¡Está bien! Está bien, ya no te molesto, sólo no me pegues– le dijo cuándo la observó agarrar otra regla. La escena era muy graciosa para Reiner, el cual empezó a reírse nuevamente, pero también tenía curiosidad de saber la respuesta.

–Pero hablando en serio, ¿por qué no quieres que te lo diga?

–Porque no quiero que me asocien con ella–inmediatamente Ymir levantó la cabeza mientras la observaba con una mano en el pecho sintiéndose un poco dolida.

–Auch, muy bien Annie. Así que así son las cosas. Nunca te volveré a hablar–dijo fingiendo un llanto–Pensé que éramos amigas. Veo que estaba equivocada.

–Ay, por favor–dijo rodando los ojos lo que causó la risa de Ymir.

–Estoy bromeando, pero sinceramente no creo que puedan relacionarlos o algo así.

–De hecho–empezó Reiner–hubo un tiempo que pensaban que Annie era-

–¿Qué? ¡¿En serio?! –lo interrumpió–Tal vez deje de molestarte.

–Gracias.

–Pero no quiero–se rio mientras Annie ponía una mano en su frente. Ésta chica nunca dejaría de molestarla.

–Tú nunca aprendes, ¿no? –dijo Reiner observándola divertido.

–¿Cómo es que a ti no te hace nada cuando la molestas? –le preguntó recordando el dolor en su brazo.

–¿Qué? Estás loca. Yo no lo hago–respondió mientras bajaba la mirada–No desde que aprendí la lección.

–¿Qué lección? –le preguntó– ¿Qué le hiciste? –la observó determinada a saber lo que había ocurrido.

–Bueno, sólo la molesté una vez.

–¿Y?

–La siguiente cosa que recuerdo es que estaba en el piso, en una extraña posición y con la columna completamente doblada–respondió avergonzado–Así que considérate afortunada de que haya roto la regla en ti. ¡A mí me pudo romper la espalda!

–Tampoco exageres–dijo Annie ya volviendo a su habitual tono serio.

–Tienes que enseñarme eso–le dijo sorprendida.

–¿Por qué todos le piden eso? ¿Es que nadie se preocupa por mí? –dijo fastidiado de que a cada persona que hubiera escuchado la historia siempre le pedía lo mismo a Annie.

–Eso es porque eres como un gorila que puede simular una pared humana–le dijo dándole una palmada en el brazo–Acabo de comprobar eso. En cambio ella es una lin- –se detuvo de continuar cuando la vio fruncir el ceño– Es una lista persona.

–Así fue como conocí a Eren–dijo riéndose– Y dijo exactamente lo mismo. Pensé que me ayudaría a levantarme pero lo siguiente que le escuche decir fue que le enseñara lo que había hecho–soltó un suspiro–No lo vayas divulgando, todavía tengo una reputación que mantener.

–¿Tienes una reputación? –le preguntó haciéndose la burla, haciendo que Reiner la mirara enojado– Está bien, no se lo diré a nadie, aunque no creo que haya sido la única en escuchar–le dijo mientras observaba la sonrisa de su compañera que se encontraba unos asientos más atrás. Cuando sus miradas se encontraron la chica desvió la mirada y volvió a ponerse los audífonos.

–Genial–dijo Reiner recostándose en el banco– Ahora más personas conocen ésta historia.

–Ve el lado positivo, al menos ya no tienes una reputación que proteger–le respondió riéndose.

–Annie, ¿no quieres mis reglas? Tengo tres estuches geométricos, y no me importaría que se rompan si es por una buena causa– la rubia extendió la mano y Ymir dejó de reírse.

–Está bien, está bien, lo siento– dijo apresuradamente–Tienes una reputación, tienes dignidad, tienes todo lo que quieras–le dijo mientras veía una sonrisa dibujarse en su rostro –Y Annie, por favor baja esa mano–se alejó un poco mientras Annie se cruzaba de brazos nuevamente.

–De ahora en adelante ya sé con qué amenazarte–le dijo triunfante. Un triunfo que sólo duro un par de segundos.

–¿Estás diciéndome que sólo me utilizas? –le dijo la rubia un poco más enojada de lo normal.

–Oh, no Annie. Yo no pretendía decir eso en lo más mínimo– lo vio disculparse mientras extendía los brazos para mantener las distancias con Annie por si ésta decidía usar la misma técnica que le habían mencionado hace unos segundos. Y por más que Ymir hubiera querido mofarse de Reiner, ella no se encontraba en las condiciones de hacerlo.

Observó a su alrededor y como el aula ya se había llenado. Todos hablando con sus respectivos amigos, haciendo caso omiso de lo que se encontraba a su alrededor, como lo había estado ella hace unos instantes. Incluso Bertholdt ya se encontraba en su asiento y estaba hablando con Annie. Bajó la mirada y vio la regla partida, la tomó entre las manos y vio lo desgastado que estaban los números impresos en el plástico.

Debo uno regla que yo no rompí.

Luego vio el libro abierto y su cuaderno. Instantáneamente su sonrisa desapareció.

–¡Maldición! ¡La tarea! –preparó todos los materiales y justo cuando empezaba a hacer el ejercicio el timbre tocó–¡NOOO! Todo esto es tu culpa Reiner.

–¡¿Qué?! –preguntó confundido–¿Cómo demonios va a ser mi culpa que no hicieras la tarea?

–Estabas distrayéndome–vio el rostro incrédulo de Reiner mientras le daba una mirada de "No puedes estar hablando en serio" –Está bien, no es tu culpa. Tendré que quedarme sin recreo–soltó un suspiro mientras el profesor entraba al aula.

Se vio tentada a ir al baño para hacer su tarea tal como lo había planeado. Sin embargo no le apetecía ir y hacer la tarea sobre el regazo de sus piernas mientras se sentaba en un baño cualquiera. ¿Qué pasaba si tardaba más de lo que pensaba? Para su vuelta podía asegurar que el profesor le preguntaría porque tardó tanto, aun cuando la respuesta no fuese del todo agradable. El sólo hecho de pensar en decirle la excusa que había pensado le resultó vergonzoso. Sólo a mí se me pueden ocurrir semejantes cosas. Pensó descartando inmediatamente la idea.

Podría intentar hacer en el cambio de materia, pero ella sabía que no lo haría, tal como no lo había hecho ahora. Sólo le quedaba el preciado recreo.

Finalmente el descanso llegó y mientras todos preparaban su dinero para comprarse algo, Ymir preparaba sus materiales para hacer la tarea que no había hecho. Salió del aula a paso apresurado para dirigirse a la biblioteca. Observó a la distancia su lugar de reunión. Por su mente también pasó la idea de no hacer la tarea, pero ella no era tan despreocupada. Probablemente si iba allá todo lo que escucharía serían los gritos de su conciencia pidiéndole ser responsable.

Maldita conciencia. Pensó mientras creía que tal vez era un poco demasiado responsable en sus estudios.

A los pocos segundos vio a la mayoría de sus amigos hablando, y entre ellos divisó a Christa. ¿Qué pensaría ella de su ausencia?

¿Por qué tendría que pensar algo? Qué presuntuosa.

–¿Vas a entrar? –se dio la vuelta para observar a Annie.

–Sí–le dijo abriendo la puerta de la biblioteca. Ambas fueron a una mesa y acomodaron sus cuadernos. Totalmente concentrada se dispuso a realizar el ejercicio. Una vez acabado sonrió triunfante.

–Ya vamos uno. ¿Cuánto tiempo queda?

–Quince minutos– le respondió Annie mientras leía un libro.

–¡¿Quince minutos?! –preguntó frustrada–Muy bien, eso es todo– soltó el lápiz –Me rindo. Seré responsable de mis acciones y soportaré la mirada inquisidora devora almas de la profesora.

–¿Devora almas? –preguntó la rubia confundida.

–Sí. ¿Nunca has sentido esa mirada? –la observó negar con la cabeza– Una vez no hice la tarea porque se había cortado la luz en mi casa. A pesar de que era verdad ella levantó ligeramente la cabeza, sus ojos se ensombrecieron, y me miró directamente a los ojos. Sólo la miré por unos segundos y me sentí como basura humana. Esa era su manera de decirme, "podrías haber encendido una vela", "podrías haber ido a la casa de una amiga", "podrías haber usado la luz del celular", "podrías haber ido a la calle y pararte al lado del poste de luz", "podrías haber creado luz". O tal vez sólo era yo.

–Creo que sólo fuiste tú–la miró preocupada deseando que su amiga estuviera bien en cuanto a la salud mental.

–De todos modos, estoy lista para afrontar las consecuencias–dijo soltando un suspiro.

–¿No quieres que te preste mi tarea? –le dijo alcanzándole el cuaderno.

–¿Por qué?

–¿Por qué no?

¿Por qué no? Bueno, tal vez porque en todos estos años que hemos estado juntas, te he visto rechazar a mucha gente, y eso sólo en cuestión a deberes escolares. También has rechazado a otras personas en otros temas. Dejaste a Bertholdt en la zona de amigos. Y estoy un tanto sorprendida por cómo lo ha llevado–observó a Annie con una seriedad más profunda– Sé que eso no tiene nada que ver. Lo siento. Pero si entiendes a dónde quiero llegar, ¿verdad?

–Puedo hacer una excepción–movió nuevamente la mano alcanzándole la tarea. Ymir observó el cuaderno. Ésta era la mejor oportunidad que tenía para zafar de la situación. Sostuvo el cuaderno entre las manos y abrió la página correspondiente.

–Gracias Annie–dijo mientras veía el ejercicio antes de copiar.

–¿Qué estás haciendo? –le preguntó Annie después de ver que la castaña aún seguía con la mirada en la hoja.

–Estoy analizando qué hiciste para luego copiar–le respondió aun con los ojos sobre el ejercicio. A los pocos segundos sintió la mirada de Annie– ¿Qué?

–¿Es en serio? Se supone que tienes que ganar tiempo, ¿y te pones a analizar? –soltó un suspiro.

–Es sólo que no me gusta copiar sin saber que estoy poniendo, puede tener errores. No estoy diciendo que los haya–agregó cuando la vio fruncir el ceño.

–¿Ves? Es por eso que estoy haciendo ésta excepción. Pero ahora no tienes mucho tiempo así que te recomiendo simplemente copiar lo más rápido–Ymir la observó y aunque el rostro de su amiga estaba serio, podía ver una sonrisa en su mirada.

–Gracias–le dijo empezando a copiar sin realmente analizar nada. Al cabo de unos minutos acabó de copiar todos los ejercicios. Relajó los dedos, que le dolían ligeramente debido a la presión que había aplicado al lápiz.

–¿Acabaste?

–Sí, muchas gracias–le dijo devolviéndole la carpeta–Tengo hambre, ¿quieres algo? Quedan como cinco minutos.

–Esperaré aquí–le respondió mientras la observaba acomodar sus cosas.

Salió la biblioteca y el ruido invadió sus oídos. Miró por un instante a su alrededor y divisó a Reiner. Lo vio jugar con sus manos, símbolo de que estaba nervioso, mientras caminaba de un lado a otro. Se dirigió hacia él preocupada.

–Reiner, ¿qué sucede? –le preguntó mientras veía su expresión sorprendida.

–¿Qué estás haciendo aquí? –le preguntó mirando a su alrededor.

–¿Estudiamos en el mismo colegio? –replicó mientras lo observaba confundida.

–No es eso–soltó un suspiro–No deberías estar aquí.

–¿Por qué no?

–Reiner, ¿querías hablar conmi-? ¿Ymir? –al escuchar esa voz, la nombrada inmediatamente se puso nerviosa. Se dio la vuelta para mirarla, y cuando sus miradas se encontraron, Christa desvió la suya. Eso es una mala señal.

–¿Querían hablar conmigo? –la escuchó decir mientras dirigía su mirada a Reiner.

–¿Qué? – Esto es malo–No.

–Sí.

Observó a Reiner mientras intentaba descubrir que estaba sucediendo–Sí.

–No

Nuevamente lo observó, y ella deseaba poder entender lo que le decía con esa mirada.

–Quiero decir, probablemente Ymir quiera hablar contigo, pero fui yo el que quería hablar contigo en este instante, pero ella vino–lo dijo algo molesto. Esto es malo. ¿Por qué Reiner querría hablar a solas con ella? ¿Debería irme? –De todas formas, ya que está aquí debería decirlo. –Así que debo quedarme. ¡¿Qué está pasando?! Pensó mientras le invadía el pánico.

–Lo siento Ymir, no debí practicar toda la tarde contigo. De seguro estabas cansada y supongo que por eso no hiciste la tarea.

–¿Tenías tarea? –le escuchó decir a Christa, quién otra vez encontraba su mirada y la desviaba inmediatamente. Esto es malo. Demonios que esto es malo.

–Mmm- Bueno- Y-yo- –titubeó sin saber que decir.

–De todas formas– la interrumpió– siento que yo la llevé a esta situación –No Reiner– es por eso que quería preguntarte si– No lo hagas– querías practicar conmigo para la obra de teatro.

No quiero saber. Si ella dice que sí, no quiero escucharlo.

–Ymir, ¿qué estás haciendo? El recreo casi ya acaba y pens-

–Tienes razón–la interrumpió sintiéndose agradecida de la oportuna aparición de Annie–Deberíamos irnos–tomó todas las cosas que tenía la rubia en los brazos y se fue ignorando los gritos que le daba mientras se alejaba rápidamente.

–Ymir, ¿qué sucede? –le preguntó poniéndose en su delante una vez que logró alcanzarla.

La castaña miró a su alrededor mientras veía a los estudiantes volver a sus respectivos cursos debido al toque del timbre. Aun estando lejos podía divisar a Reiner con Christa.

–Annie, ¿tú eres mi amiga?

–No, soy tu peor enemiga, de hecho me sorprende que no te hayas dado cuenta de todas las dagas clavadas en tu espalda–Ymir levantó una ceja mientras la miraba sorprendida. Su respuesta no podía haber sido más acertada.

–Annie, me estás sorprendiendo–le respondió riéndose un poco.

–¿Qué esperabas? Esa es una pregunta estúpida a estas alturas–se dio cuenta de lo que estaba haciendo y soltó un suspiro. –Debe ser el hecho de que me estoy juntando mucho contigo últimamente.

–Me gusta–le dijo sonriente. Observó a la rubia fruncir el ceño–Quiero decir, no es que me gustas, es la manera en la que es-

–Eso no importa–la interrumpió mientras la observaba fijamente–¿Qué sucede? –a juzgar por la mirada de su amiga, se dio cuenta de que ella no se iría sin una respuesta.

Le indicó con la cabeza que deberían entrar al aula, y Annie la siguió.

Se sentaron en sus respectivos bancos y casi en murmullos Ymir le contó.

–Me gusta Christa–decidió decirlo sin más preámbulos. Observó el rostro de su amiga y por un momento deseo que este fuera más expresivo en ese instante.

–¿Y?

–¡¿Y?! –replicó sorprendida, y de nuevo bajo el tono de su voz–Y que a Reiner le gusta.

–Eso lo sabemos todos.

–Por eso mismo. Tú estabas ahí cuando él dijo todas esas cosas de que seríamos los amigos de Christa–le respondió poniéndose las manos a la cabeza. –¿Qué voy a hacer?

–¿Por qué no le dices? –la pregunta la dejó sorprendida.

–Porque no sé cómo reaccionaría. Ese día después de que Christa me besara–se sonrojo ante el recuerdo–N-no pensé que se enojaría tanto.

–Sí, puede llegar a ser impredecible–replicó pensativa.

–Además, no sé si tengo una oportunidad con ella. Ni siquiera sé si le gustan las chicas.

–Espera, ¿qué? –preguntó confundida. –¿Cómo que no sabes?

–Nunca pregunté. No me lo dijo. Nadie sabe. De hecho creo que no está interesada–respondió recordando todas las conversaciones que habían tenido.

–Primero tienes que averiguar eso.

–Sí, lo sé. Una vez que lo haga y sepa que no está interesada se lo diré a Reiner–respondió segura.

–¿Y qué harás si le gustas?

–También se lo diré–dijo soltando un suspiro. –Creo que es la mejor decisión. Además él merece saberlo, cualquiera sea el caso–vio asentir a Annie–Así que por favor–unió sus manos a modo de súplica–Por favor, por favor, no se lo vayas a decir.

–Annie nunca pensé que fueras de las que hablaban en susurros–Ymir se sobresaltó al escuchar la voz de Reiner– ¿Qué no tienes que decir? Claro, si se puede saber–le dirigió la mirada y no supo que decir.

–Ella no quiere que le diga a la profesora que hizo su tarea aquí. Como si fuera a hacerlo–soltó un bufido.

–Deberías de concentrarte más Ymir–se sentó en el banco detrás de ella, mientras no hacía nada más que asentir.

–Te estuve esperando bastante tiempo, ¿qué te dijo? –preguntó Bertholdt e inmediatamente Ymir lo relacionó a la pregunta que le había hecho a Christa.

Eso era todo. Ella pasaría más tiempo con él. A solas. Practicando en una obra que casualmente era de romance. Todas sus oportunidades con ella se hacían más pequeñas cada vez, si es que eso era posible.

–Ella dijo que sí–Ymir se sintió un poco triste. Luego lo escuchó reírse–Dijo que era una buena idea y que se lo digamos a todos, que podía ser en su casa.

–¿En serio? –preguntó conteniendo una sonrisa.

–Sí, creo que no me expresé bien–pasó una mano por su cuello–Pero que importa, de todas formas estaré un poco más de tiempo con ella.

–Lo que me hace recuerdo–empezó a decir Ymir–¿Qué demonios? ¿Por qué no me lo dijiste antes? Primero me dices que practiquemos. Nos reunimos un día. ¿Y ya cambiaste de opinión? De haber sabido que iba a ser así, no te hubiera dado mis fabulosos consejos–Reiner se rio en respuesta.

–Oh, vamos. Era raro que tú estés haciendo todos los papeles, y yo sólo el de protagonista. Tienes que admitirlo–sus miradas se cruzaron por un instante y pudo comprender mejor la situación.

–Sí, pero igual me lo hubieras dicho antes–le dijo frunciendo el ceño, dándose la vuelta mientras veía al profesor entrar.

Una vez que supo que Reiner no podía ver su rostro, la sonrisa que había estado reprimiendo antes se dibujó en su rostro.


Su banco se encontraba justo al lado de la pared izquierda del salón. Se apoyó en el mientras veía el resto del aula. Vio a sus compañeros hablar animadamente entre ellos. Observó a Mikasa leyendo el libro que la profesora de literatura les había encargado. A Jean discutiendo "pacíficamente" con Eren mientras Armin intentaba calmarlos cuando se ponían a levantar la voz. Por último observó a Sasha reírse con Conny de algo que veían en el celular. Era una lástima que estuviera separada de ellos, sentándose casi al final del aula.

–Oye Christa–escuchó hablar a su compañera de clase.

–¿Qué pasa? –se dio la vuelta para poder escucharla mejor. A pesar de que se sentaba detrás de ella, no solían hablar tanto.

–¿Te gusta Reiner?

–¿Qué? –se rio un poco de la pregunta. Generalmente sólo hablaban de cosas relacionadas del colegio. Ocasionalmente de algo que les había pasado en días anteriores, pero nada como lo que le estaba preguntando. –¿Por qué lo preguntas?

–¿No te parece lindo? –Christa solo la miró sin saber que responderle. Nunca se había puesto a analizar a su amigo–Es sólo que te vi hablando con él en el patio y pensé que se veían lindos juntos–le dirigió una sonrisa.

–¿En serio? –preguntó sorprendida. ¿Cómo exactamente se habían visto para que dijera eso?

–Sí, él se veía un poco nervioso. Sólo por curiosidad, ¿de qué hablaban? –podía ver en sus ojos el deseo sincero de saber que le había dicho.

–Oh, él me preguntó si quería ensayar con él para la obra.

–¿Solos? –vio la sonrisa de su compañera hacerse más grande.

–No lo creo–respondió rápidamente.

–¿Qué te dijo exactamente?

–Si quería ensayar para la obra con él. Así que le dije que sí, que todos deberíamos.

–Vaya que malinterpretaste las cosas–la escuchó reírse–Apuesto que quería estar solo contigo.

Christa nuevamente solo la observó sin saber que decir.

–Aún no lo creo. Hablamos luego–le dijo mientras veía entrar al profesor, disculpándose por la tardanza.

La verdad es que ella no había malinterpretado la pregunta. Ella lo había entendido ni bien lo había escuchado. Simplemente decidió malinterpretarlo. Aunque tenía que admitir que no se le había ocurrido que Reiner le dijera eso con la intención de estar a solas con ella, sino con la intención de querer mejorar su actuación y evitar la carga a Ymir, que sólo tenía un papel secundario. Es por eso que le había dicho que les diga a los demás. Era mejor si todos mejoraban juntos.

Reiner.

Trató de visualizarlo en su mente. Él era alto, estaba en forma, era rubio, tenía ojos azules. No estaría sorprendida si alguien se sintiera atraída por él. De hecho, creía que su propia compañera había aceptado que era lindo. Era atento, amable y humilde… Pero él no era Ymir. Se detuvo de pensar unos momentos mientras su corazón se aceleraba levemente.

¿Qué él no es Ymir?

E instantáneamente, sin que lo hubiera pedido, la imagen de Ymir remplazó a la de Reiner. Ella era un poco más alta que ella, no era rubia pero le gustaba el color de su cabello y el cómo podía pasar sus dedos por el sin que éstos se vieran enredados. Tampoco tenía ojos azules, ni un color que fuera raro de encontrar, pero la forma de sus ojos junto al color de ojos que tenía actualmente de seguro podrían hipnotizar a cualquiera. Ella también era atenta aunque pareciera alguien distraída. Humilde a pesar de la mirada que te daba cuando recién la conocías. Graciosa y alguien fácil de hablar con la cual podrías contar siempre. Podrías hablar de lo que sea con ella. Si ella no conocía el tema, llegaría al día siguiente con algo más de conocimiento, ya que se había puesto a leer buscando información para poder hablar contigo nuevamente. El tono cálido de su voz. Su sonrisa.

Y antes de que pudiera continuar con el hilo de sus pensamientos, colocó una de sus manos en su mejilla y se dio cuenta de lo caliente que estaba.

No. No. NO. NOO.

Ella estaba jugando cuando dijo eso…

¿Y si no lo estaba?

Sacudió levemente su cabeza tratando de sacar esos pensamientos de su cabeza mientras ponía toda su atención al profesor.

Ya por la tarde, antes de comenzar el ensayo, ella estaba hablando con Sasha y Reiner acerca de lo aburrido que había sido su día. Y luego vio a Sasha correr para saludar con un abrazo a Ymir. Sus miradas se encontraron y la saludó con la mano y luego desvió la mirada. No podía comprender a cabalidad porqué lo hacía. En todo el día había deseado verla, sin embargo cuando lo hacía rápidamente miraba hacia otro lado. ¿Estaba asustada de lo que podía ver en esos ojos? Ciertamente ya los había visto antes, ¿por qué tendría que ser diferente ahora?

¿Por qué dijiste eso anoche? Todo estaba tan bien.

Pero independientemente de si era una broma o no, ella no temía lo que pudiera encontrar en esos ojos. Tenía miedo de saber lo que podría sentir una vez que los viera.

Todo el ensayo hizo lo mismo. Evitó la mirada de Ymir, pero para que no fuera tan obvio decidió hacerlo con todos, cobijándose en el libreto que tenía en mano, simulando estar leyendo sus líneas cuando en realidad ya se las sabía todas de memoria.

Al terminar el ensayo decidió salir rápidamente y para su suerte la profesora había llamado a Ymir. Así que se despidió de sus amigos antes de que Ymir pudiera salir. Alegó que se sentía cansada y que debía volver rápido.

En verdad se sentía cansada, pero no necesariamente tenía que volver rápido. A la distancia pudo ver su casa y se sintió feliz. El peligro había pasado, y por lo menos mañana ya no se comportaría de la manera que lo había hecho hoy. Hoy pensaría bien todo lo que había pasado. Pensaría más fríamente, con madurez. Hablarían por mensajes y resol-

–Oye–escuchó la voz y se detuvo de repente haciendo que un cuerpo la empujara ligeramente hacia adelante– Lo siento Christa, no era mi intención empujarte.

–Ymir–soltó una risa nerviosa mientras sacaba rápidamente su celular antes de darse la vuelta– ¿Cómo estás? –le preguntó, "sorprendentemente" concentrada en la pantalla de bloqueo de su celular.

–Estoy bien, ¿qué estás haciendo? –pudo notar la confusión en su tono de voz.

¿Qué estoy haciendo exactamente?

–Estaba viendo la hora–dijo rápidamente, dándose cuenta que esa excusa no requería tanta atención de su parte.

–Se está haciendo tarde ¿no? Tal vez no deberías sacar tu celular, podrían robártelo–escuchó el tono de preocupación en su advertencia.

Esto es estúpido. Pensó para sí misma y levantó la mirada sin miedo. En el momento que sus ojos se encontraron, Christa se puso un poco nerviosa.

–¿Vamos?

–¿D-Dónde?

–A tu casa–Christa debió quedarse en silencio por más segundos que lo esperaba porque luego agregó: –Estabas yendo a tu casa, ¿cierto?

–S-Sí, claro–se dio la vuelta reanudando la caminata mientras intentaba no correr. Ella estaba demasiado nerviosa.

–Pero tengo que irme rápido, me dieron tarea–dijo soltando un suspiro.

–¿Por qué no me dijiste ayer que tenías cosas que hacer? –le preguntó un poco más tranquila.

–No sabía. Mejor dicho, no lo recordé.

–Bueno, entonces deberías hacer todas tus tareas antes de ir algún lado–le dijo a modo de regaño. Ymir se rio en respuesta.

–Me parece buena idea–le contestó deteniéndose frente a su puerta–Tal vez debería hacer todas mis tareas lo más rápido que pueda.

–¿Por qué? –le preguntó un poco confundida.

–Porque si tú o cualquiera me pide salir a pasear o hacer algo, y yo tengo que hacer tarea, ¿no crees que sería lamentable? Me perdería toda la diversión.

–Pues de hecho sí–le respondió entre risas.

–Entonces, manteniendo mi palabra, debería irme–se despidió de ella y se fue.

Christa se quedó en la puerta de su casa por unos minutos y se rio de sí misma. Hizo todos sus deberes y sonrió satisfecha al final de cada uno de ellos. Se preparó para ir a dormir más tranquila de lo que había estado todo el día. Ella se había preocupado por nada. ¿Por qué tenía miedo? Se rio y logró conciliar el sueño. Sin embargo parecía que su mente estaba decidida a mostrarle la respuesta.

Tenía quince años cuando sucedió por primera vez. Estaba en un viaje de visita donde su prima. Ese día su prima había decidió hacer una fiesta en casa. Ella estaba bastante aburrida así que se dirigió a la terraza donde se encontraba otra chica. Generalmente ella no se consideraba sociable pero el aburrimiento y el alcohol que había decidido tomar a ocultas de su prima ciertamente le hicieron más habladora. Hablo bastante tiempo con aquella chica, lo suficiente como para saber que le gustaban las mujeres. En ese momento ella se había interesado más en ella, aunque Christa le había dicho una verdad incompleta cuando le había dicho que a ella sólo le gustaban los chicos. Ella nunca había estado con una chica hasta ese día. Siempre negaba ese lado suyo debido a los comentarios que escuchaba de los demás.

Seré lo que la sociedad espera de mí.

Pero en ese momento no le importó.

¿Quieres volver a entrar o quieres quedarte aquí? –le había preguntado la chica con una sonrisa amigable. La pregunta era una trampa y Christa lo sabía. Tal vez debería negarse a quedarse ahí. Volver con su prima que debió estar buscándola. Ir a su cuarto y dormir.

Creo que deberíamos quedarnos–se sorprendió por sus propias palabras pero se mantuvo firme.

¿En serio? –le preguntó con una ceja levantada–Tengo una vaga sospecha de me has estado mintiendo–se acercó a ella.

¿Q-Qué? –respondió nerviosa de la cercanía de la chica.

Veamos si mi sospecha es cierta–la chica se acercó más hasta darle un beso. Christa no la detuvo. Tal vez era momento de que aceptará ese lado suyo y dejar de pretender ser lo que la gente esperaba de alguien como ella. Así que se dejó llevar y correspondió el beso. Ella en realidad lo estaba disfrutando. Debería estar orgullosa de quién era. Debería decírselo a sus amigos. Debería-

¿Qué están haciendo? –se separó rápidamente de la chica y miró a su prima parada en la puerta con una mirada severa. –Necesito hablar con mi prima, deberías volver a la fiesta–le había dicho a la chica, quién ahora le dirigía una mirada que indicaba un "lo siento".

No. No estaba lista. Y probablemente nunca lo estaría. Vio a su prima acercarse y sintió las lágrimas formarse en sus ojos hasta que finalmente colapsó.

¡Lo siento! –le había respondido empezando a llorar mientras caía de rodillas–¡Lo siento! Soy una vergüenza para la familia.

El sólo haber dicho esas palabras, habían hecho que su llanto incrementara.

Tranquila Christa–la sintió arrodillarse a su lado mientras la envolvía en un abrazo–No te juzgo.

¡Lo estás haciendo!–dijo sin poder contener sus sollozos–Lo hiciste ni bien entraste.

Me tomó por sorpresa, sí. ¡Pero no te juzgo! –le había dicho apresuradamente.

Por favor, no se lo digas a nadie–miró directamente a los ojos de su prima y no pudo ver desagrado en sus ojos. Todo lo que veía era comprensión.

Sólo lo diré cuando estés segura.

¿Piensas que estoy confundida? –le respondió formándose la ira en sus palabras.

No dije eso–soltó un suspiro–Sólo lo diré cuando tu hayas dejado de negarlo. Christa, tú siempre estás hablando de chicos, nunca imagine que también te podían gustar las chicas.

Eso es porque también me gustan–le dijo empezando a calmarse.

No te juzgo–le dijo empezando a limpiar las lágrimas de sus ojos–Sin embargo, ¿no te gustaría poder hablar de ese lado tuyo también? Has debido querer decirlo por bastante tiempo.

Christa se quedó en silencio mientras ella misma se limpiaba las lágrimas restantes– Estoy asustada de lo que puedan decir.

Que importa lo que digan–había escuchado decir a su prima, lo cual la enojó más.

Pues quieras o no, sí importa lo que diga la gente–se levantó–Vivimos en sociedad y tú no puedes andar sólo por ahí. Las personas pueden cerrar muchas puertas y ventanas si lo desean. Te pueden aislar de todo lo que creías querer sólo con sus palabras.

Pero-

Por favor, no se lo digas a nadie, ni hablemos más al respecto hasta que esté satisfecha conmigo misma–se empezó a alejar de ella– Aprecio que no me juzgues, pero te aseguro que no todas las personas lo harán–esperó a que su prima asintiera y se fue al cuarto que le habían asignado sus tíos.

Ya en el aquél cuarto nuevamente las lágrimas empezaron a formarse. Eventualmente fueron cayendo en silencio mientras Christa trataba de no hacer ningún ruido. Caminaba de un lado a otro pensando en lo que debía hacer. ¿Qué sería lo correcto? Espero que su prima entrara por la puerta, pero nunca lo hizo. Era lo mejor. No sería capaz de hablar con ella de nuevo. Al menos sabía que podía contar con su discreción y que ahora mismo le daría su espacio y que pretendería como si no hubiera visto nada. Se paró frente al espejo y vio sus ojos rojizos e hinchados. ¿Qué debería hacer? Rápidamente se limpió las lágrimas de su rosto y vio su expresión triste. Se acercó más al espejo y empezó a fingir una sonrisa.

Seré lo que la sociedad espera de mí.

Christa se despertó agitada e inmediatamente se levantó de la cama para ir por un vaso de agua.

¿Por qué había recordado justo aquello? ¿Cuánto había pasado? ¿Un año? Un año y seguía negándolo. Y tampoco se lo había dicho a nadie de sus amigos. En lo posible siempre había tratado de evitar hablar de esos temas. Para todos ellos sólo era una chica como cualquiera. Y entonces recordó porqué había sentido miedo en todo el día. Le estaba empezando a gustar Ymir.

Eso no puede ser. Pensó mientras lavaba el vaso y se volvía al dormitorio para dormir.

Ella no me gusta, ¿cierto?

Después de varios minutos se volvió a dormir nuevamente. Y una vez más su mente le daba la respuesta.

¿Te molesta? –escuchó la cálida voz de Ymir. Miró por unos instantes en sus ojos y luego desvió la mirada sin responderle.

Déjame preguntarlo de otro modo–y lo siguiente que sintió fueron las manos de Ymir en su cintura–¿Te molesta? –escuchó la pregunta en un susurro sintiéndose nerviosa ante su tacto. Aun así no le respondió.

Dicen que la tercera es la vencida–se acercó peligrosamente a ella. Finalmente Christa la miró nuevamente sólo para darse cuenta de que Ymir estaba a unos centímetros de su rostro. –¿Te molesta?

Nuevamente no respondió, aunque podía sentir su respiración agitarse debido a la cercanía de Ymir.

Ah bueno, si te molesta, ya no lo intentaré–la castaña se alejó y quitó ambas manos de la cintura de la rubia.

Sí, me molesta–vio el rostro de Ymir entristecerse mientras se preparaba para decir algo, pero Christa la interrumpió. –Me molesta el espacio que estoy creando entre nosotras.

Envolvió sus brazos alrededor del cuello de Ymir y se acercó a ella. Pudo observar a Ymir que lucía confundida y triste. Y luego, como algo que debió hacer desde un principio, la besó. Pudo sentir la sorpresa de Ymir, pero también pudo sentir su sonrisa. Luego unos brazos rodearon su cintura apegando más sus cuerpos. Aquel acto la estremeció mientras sentía como electricidad recorriendo su cuerpo. Sin embargo no le molestó aquella sensación, de hecho la disfrutaba y necesitaba más de ella. Así que lentamente tocó con la punta de su lengua los labios de Ymir. Sintió la sonrisa de Ymir hacerse más grande para luego hacer el beso más profundo. Se besaron perdiendo la noción del tiempo y el espacio. Y aunque Christa deseaba que el beso durará para siempre, ellas eran humanos que necesitaban del aire para vivir. Se separaron mientras recobraban el aliento.

¿Qué están haciendo?

Christa se despertó de repente. Puso una mano sobre su boca mientras recordaba aquél beso que se había sentido tan real.

No. Por favor, no.

Sin embargo, a pesar de que lo negaba, parte de ella deseaba volver a tener aquél sueño. Y sólo por unos segundos odio haber escuchado la voz de Reiner mencionando aquella pregunta.