Al enterarse de que habría un baile por Navidad, toda la casa de Slytherin se puso en guardia. Sabían que era una buena ocasión para lucirse en público, la cuestión era a quien pedirle acompañante… y por qué.

Los chicos estaban al pendiente, por primera vez, de cada movimiento de las chicas. Siendo ellos de una casa tan elitista y apartada de Hogwarts, era obvio que la mayoría sólo tenía las opciones de escoger a alguien de su propia casa o, en su defecto, alguna guapa chica de Beauxbatons; pero hasta ellos admitían que no resultaba una empresa fácil ofrecer una invitación a una extranjera y así los diez se repartían a los diez.

La tensión se sentía en el aire.

- Pues yo ya sé a quién llevaré- dijo Draco muy pomposamente, seguro tras su desilusión por no haber podido humillar a Potter- Le pediré a Daphne o a Pansy que sean mi pareja de baile. ¿Quién sabe? A lo mejor me llevo a las dos.

- Déjanos algo, Draco- protestó Blaise, seguido por la extraña risa de Theodore.

- Daphne no está disponible- informó- Le acabo de pedir que sea mi pareja.

- ¿Qué?- se escandalizó Draco y entonces fue el turno de Blaise de reír alegremente.

- A ver si Pansy no te da calabazas- lo previno Theo con una sonrisa y los chicos se pusieron a pelear.

- ¿Tú con quién vas?- le preguntó un desconfiado Draco a Zabini.

- Con Anne- dijo él con naturalidad.

- ¿Ah sí? ¿Ya se lo has pedido?

- ¡Anne! ¡Hey, Anne!

- ¿Qué pasa, Zabini? ¿Alguna de tus bromas?

- No, para nada. ¿Quieres ser mi pareja de baile?

Una mirada evaluativa, una sonrisa discreta y un sí alegre.

- ¿Lo ves? Muy fácil

Y luego el desesperado turno de Gregory y Vincent de encontrar pareja. Pero al final ninguna chica quería ir con ellos y decidieron que hacían mejor pareja entre ellos que con cualquier chica.

Una impaciente Pansy que no había podido esperar que Draco decidiera invitarla y finalmente se había adelantado ella, recibiendo un sí porque no había otra opción.

Y una desconcertada Daphne, que le decía a Victoria que Theodore le había pedido no que fuera su pareja de baile, sino que no se comprometiera con nadie más. Sus risitas escondidas, y el retorno solitario de Vasiliki a la Sala Común, sólo para encontrarse la más extraña de las escenas. Millicent Bullstrode llorando desesperadamente en la entrada y contándole a un extrañamente tierno Blaise como una chica lo había rechazado, diciendo que no era adecuado que una chica fuera con otra niña.

Y Blaise contándole su gran secreto, como había sido rechazado por un niño que ambos conocían cuando él era más pequeño y no sabía lo que hacía.

Vasiliki salió corriendo de allí. No por lo que había escuchado sino porque lo había escuchado. Y no quería interrumpir semejantes confidencias.

Luego estar con Theo en la Torre de Astronomía y recibir la más sorprendente de todas las preguntas.

- ¿Quieres ir al Baile de Navidad conmigo?

- Pero… ¿No se lo habías pedido a Daphne?

- No, le pedí que no se comprometiera con nadie más, eso es distinto.

- Pero a Draco le dijiste…

- Exacto. No quería chismes alrededor de mi decisión. Además, era la única manera de mantenerlo alejado de ella.

- ¿Pretendes dejar a mi amiga sin pareja?

- Para nada. Mañana, un amigo mío de Durmstrang le pedirá ir al baile con él.

Y una mirada azarosa, una pausa aparentemente interminable y una aceptación dicha con suavidad.

Entretanto, queda el castillo preciosamente decorado, los elaborados planes de todo para que salga perfecto, citas dadas a escondidas entre los pasillos del Colegio, aprender a bailar, risas entre clases, la presión de los exámenes…

Y finalmente el gran día. Los campeones al frente con sus parejas y sus sonrisas nerviosas, la sorpresa de la pareja de Krum (Hermione Granger, oh Merlín. Y se ve que da envidia), los piropos para los otros campeones y la campeona.

Luego, más atrás, la fila de los Slytherin. Draco con su túnica negra de terciopelo y llevando a una radiante Pansy de la mano. Siguen Blaise y Anne, los dos presuntuosos, petulantes, uno vestido de verde botella y la otra con un ostentoso vestido rojo sangre.

Millicent no está, sólo dos personas en la fila saben por qué. Siguen los dos mozos solitarios, como dos cantos rodados y una sorprendida Daphne (vestida de blanco) de la mano de un apuesto chico de Durmstrang de ojos grises, cabello oscuro y porte espléndido.

Al final están Theo y Vasiliki. Ella trae guantes y un precioso vestido verde adquirido por su abuelo con todo el cariño del mundo. Debajo de los guantes, ella tiembla.

No está acostumbrada a estas cosas. Ni a ver a Theo enfundado en una elegante túnica oscura, el cabello perfectamente peinado y los ojos más grandes de lo normal. En cambio, él parece tan tranquilo como siempre.

Entran al Salón y bailan, se desplazan, parecen serpientes de verdad en medio de la multitud. Ríen un poco de la manera torpe de bailar de Harry y otros que en realidad no lo hacen tan bien y luego huyen en busca de bebidas.

Pero de pronto, Theodore parece necesitar aire y se marcha. Y queda Vasiliki, observando como Draco y Pansy se han puesto cariñosos atrás de una estatua, Anne y Daphne languidecen en brazos de sus parejas y Gregory y Vincent se divierten consumiendo más comida de la que ingerirán jamás.

La música suena y Theo no vuelve…

Hasta que ella va en pos de él. Sus delicadas zapatillas suenan en el suelo con claridad y no tarda en alcanzarlo. ¿Por qué él es así? ¿Por qué siempre necesita aislarse?

Simplemente… ¿Por qué?

Y así se lo dice.

- ¿Por qué?- le preguntó Vasiliki desde el umbral de la puerta- ¿Me invitarías a un baile en el que no querrías estar?

- Tal vez fuera la ocasión y no la actividad- replicó el joven, sin dejar de mirar las estrellas en la ventana, su silueta recortada en la semipenumbra de la habitación. Tras un vistazo, era fácil adivinar que el salón de clases estaba vacío. Solitario. Como él.

Victoria entró casi sin hacer ruido, acercándose lo suficiente para poder contemplar los rasgos de su acompañante sin tener que esforzarse. La luna los iluminó entonces a ambos, de semblantes blancos y contrastes opuestos, encontrándose finalmente.

- Me sorprendí cuando me invitaste- comentó Victoria amablemente- Y sigo preguntándome por qué. Y tú sigues sin responder.

Él le echó un vistazo, sin separarse de la ventana. Luego, apagada la colilla del cigarro, empezó a hablar.

- Estaba tan enojado, ¿Sabías? Cuando descubriste mi secreto. Siempre supe que pasaría, en algún momento. Pero imaginé que, de todos los que podían saber, sería cualquier otra persona. Blaise, quien no entendería pero no preguntaría. Draco, quien puede ser tan tonto a veces pero que es rápido, cuando quiere, astuto. Hasta Daphne con su sagaz, agradable mente. Y de pronto estábamos en la Enfermería y me mirabas de esa manera, como si lo supieras todo y yo estaba cubierto de moretones, mirándote, descubriéndote. Pensé que le dirías a alguien. A tu abuelo, al profesor Snape, a los demás. Y… simplemente no pasó. Te agradecí entonces, pero me sentía avergonzado. Aún lo estoy.

- ¿De qué?- susurró Victoria, escuchando, casi temiendo que cualquier palabra suya lo hiciese callar.

- De desear. No, de preocuparme. Por ti, por tus circunstancias. Por importarme. Los Nott tenemos ambiciones, objetivos. Renuncié a ellos hace tiempo, con excepción de la gloria y el crecimiento del espíritu. Pero te miro y ansío algo más. Y me siento avergonzado de esa sensación, de ese sentimiento. De amar. Y pretender ser amado.

- ¿Y?- preguntó ella en voz baja todavía.

- Bueno, pensé que ésta era una buena ocasión de saber. Si podía dejarte allí, sola entre la multitud, sin pensarlo más. Pero… aquí estamos.

La mano de Theo acarició su mejilla, dulce, suavemente. En sus ojos había un brillo de ternura y otro de una pasión intensa y no apagada. De nuevo, era ser mirada por dos personas diferentes, más Vasiliki no se apartó.

Sintió los labios de su compañero sobre los suyos y respondió de forma instintiva. Él besaba suave y luego dolorosamente, como cambiando de estilos y anhelos mientras la exploraba. La entrecerró en sus brazos como si no deseara soltarla y luego se hizo más gentil, menos posesivo.

- No puedo controlar mis instintos- reconoció Theo en ese momento, deteniéndose, como si todavía lo intentara- No puedo.

- Entonces no lo hagas.- repuso ella y piel se fusionó con piel, labios con labios, manos con manos, cuerpos con cuerpos.

Las palabras se hicieron indescifrables y silencio y oscuridad reinaron en la habitación, a excepción de la luz de la luna, callada testiga de dos serpientes danzando en soledad, sin nada más que ellos mismos y sus miedos y sentimientos.

Y quizá no sean los únicos que despierten con dolor de cabeza, sorpresa, confusión o simplemente una maraña de sensaciones que están lejos de las percepciones normales…