Abrió los ojos, mirando a su alrededor detenidamente, con la ceja arqueada. Intentando encontrar algo diferente que le hiciera saber que había funcionado, pero no. Seguía sintiéndose exactamente igual que antes. Bufó desanimada y volvió a salir fuera.

Pensando que aquello no iba a funcionar, enfadada con Gold y con ella misma sobre todo, empezó a caminar sin rumbo. Sin percatarse si quiera de hacia dónde se dirigían sus pasos.

- Eres idiota, Emma… En serio, ¡todas estas molestias por un simple sueño! – Se regañaba en voz alta ofuscada.

De repente, se detuvo en seco.

- ¿Qué demonios hago aquí? – Se preguntó anonadada.

Justo frente a ella tenía la cripta de Regina. Había estado andando hasta allí y ni siquiera había sido consciente de ello.

- Puede que la poción tenga algo que ver… - Murmuró. – Y ahora, ¿qué hago?

Un grito proveniente del interior de la cripta la hizo reaccionar.

- ¡Regina! – Y echó a correr sin pensarlo dos veces.

Al entrar encontró a la morena en el suelo, inconsciente. Se acercó a ella, y apoyó su cabeza sobre sus piernas.

- Oye… Regina. Reacciona, vamos. – Decía mientras intentaba reanimar a la alcaldesa que poco a poco fue abriendo los ojos.

- ¡¿Qué haces tú aquí?! – Preguntó inmediatamente, avergonzada de que la hubiera visto vencida de aquella manera. Eso no le habría pasado a la Reina Malvada. Se incorporó con rapidez.

- Despacio…

- ¡Estoy bien! – Gritó enfurruñada mientras se quitaba el polvo de esa falda negra de tubo que estilizaba su figura de una manera casi sobrenatural.

- ¿Qué te ha pasado? Estaba fuera, escuché un grito y te encontré…

- Yo he preguntado primero. – Contestó ésta entrecerrando los ojos con desconfianza.

- Estaba dando un paseo, simplemente. – Dijo la rubia desviando la mirada de Regina. Un extraño hormigueo comenzó a recorrerla por dentro.

- ¿Un paseo? – Volvió a preguntar sabiendo que aquello no era del todo cierto.

- Sí. ¿Es que no puedo ahora ni salir a dar una vuelta sin que tenga que haber otro motivo oculto? – La desafió con la mirada.

- Está bien. – Sentenció. - Vayámonos de aquí.

Ambas salieron de la cripta y comenzaron el camino de vuelta.

- ¿Me vas a decir que es lo que ha pasado ahí dentro? – Preguntó Emma, rompiendo el silencio incómodo que se había creado entre ellas.

- No ha pasado nada. Alguien me atacó por la espalda. Me pilló desprevenida.

- ¿Quién? – Preguntó preocupada.

- No lo sé… No llegué a…

- ¡Cuidado! – Gritó la salvadora viendo como su antigua enemiga tropezaba torpemente con un tronco.

Regina la miró desafiante de nuevo y Emma no pudo evitar reír.

- No le veo a gracia… - Masculló en un burdo intento de aguantarse la risa.

- Será mejor que te acompañe a casa…

Un poco más tarde, en la puerta de la mansión Mills.

- Bueno, mi trabajo como guardaespaldas acaba aquí. – Bromeó simpática la rubia. Regina le devolvió una sonrisa.

- No te vayas. – Dijo ante el asombro de Emma. – Quiero decir, entra. Tenemos que averiguar quién ha sido el desgraciado que me ha atacado por la espalda y sobre todo, para qué.

Emma asintió con la cabeza. Los sentimientos se le mezclaban. Sentía una extraña alegría que no conseguía comprender, preocupación por lo que había pasado, y algo más que no lograba describir pero que le ponía la piel de gallina. Sin más preámbulos, ambas entraron en la casa.

Regina fue directamente a servirse una copa y le ofreció otra a la sheriff que sorprendentemente aceptó.
Estuvieron un buen rato indagando, haciendo conjeturas de lo que podía haber pasado y todo les señalaba a la misma persona… El ser oscuro. Pero, ¿por qué iba a actuar de esa forma Gold? No era su estilo. Sin darse cuenta, las horas fueron pasando y la noche cayó.

- ¡Ya estoy aquí! – Gritó Henry mientras entraba como un huracán en el salón.

- Estoy aquí, hijo. – Dijo Regina desde el despacho.

Henry apareció corriendo en la entrada de la sala y al ver a Emma allí sonrió sorprendido.

- ¡Hola! No esperaba verte por aquí. – Comenzó a decir mientras se acercaba a abrazar a sus madres. – Va… ¿Todo bien? – Preguntó desconfiado.

- Claro que sí. ¿O es que no pueden tus madres quedar para charlar tranquilamente? – Contestó rápida la alcaldesa. Henry se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza.

Decidieron que no podían seguir con lo que estaban haciendo, que era mejor mantener a su hijo alejado de momento. Cenaron los tres juntos, como una familia normal y feliz. Cuando el chico se hubo marchado a dormir, Emma y Regina salieron al porche y se sentaron allí, antes de que la rubia decidiera que había llegado el momento de marcharse a su casa.

Se sentaron una al lado de la otra, a escasos centímetros de distancia. El perfume embriagador de Regina, endulzaba los orificios nasales de Emma, entrando en su interior. La morena se encontraba mirando al frente, el aire peinaba su pelo y Swan no podía quitar su mirada de ella. Tan bella, tan perfecta… Esos labios rojos tan extremadamente apetecibles… Estaba absorta por la belleza de la alcaldesa.

Sin darse cuenta su mano se apoyó sobre la de Regina, que descansaba apoyada en el suelo. El contacto hizo que sintiera de nuevo ese escalofrío tan particular. Ésta, al notar el roce de la rubia, giró la cabeza y se encontró con la mirada de Emma clavada en sus labios.

- Emma… - Dijo en voz baja.

- Dime. – Contestó sin quitar la mirada de su boca.

Se hizo el silencio durante unos leves segundos que parecieron eternos en el tiempo, hasta que Regina quitó su mano de allí y nerviosa, se incorporó.

- Creo que es tarde. Deberías volver a casa. – Comentó con frialdad.

Emma parpadeó fuertemente, como volviendo en sí, como si algo se hubiera apoderado de ella antes y se puso en pie también, con extremada rapidez, tanto que sintió un pequeño mareo que la hizo perder el equilibrio levemente. Regina reaccionó deprisa, y agarró a Swan por los brazos.

- ¿Estás bien? – Preguntó sin soltarla. Emma sintió como de nuevo se sonrojaba sin control.

- Sí… - Dijo tímida – Habrá sido la copa de antes. – Rió apoyando de nuevo sus manos sobre las de Regina que aún la mantenían agarrada. – Debería irme, sí. Mañana seguimos. – Y sin más, se marchó.

Continuará…