Draco no sabía muy bien cómo había ocurrido. Estaba pasándola muy bien con Pansy, la verdad, besándola un poco tras un par de desilusiones, cuando le dio calor y decidió ir por algo de beber.
Al final había decidido quedarse solo. No era una decisión que tomara a menudo, pero caray, Blaise parecía muy ocupado con Anne y hace tiempo que había pasado el momento de reclamarle a Theodore su mentira, pues éste había desaparecido en compañía de Vasiliki.
Él podía presumir de lo que estaban haciendo todos, los conocía demasiado bien. Y si, quizá Draco estuvo haciendo algo parecido pero se estaba cansando. Pansy era una chica grandiosa, claro que sí, pero en los últimos minutos se había dado cuenta que no estaba enamorado de ella.
Cuatro cervezas de mantequilla más tarde, decidió que estar solo le venía bien para pensar. La noche era agradable y llena de estrellas…
Fue entonces que la vio. Haciendo muecas al ser pisada por un mocetón más alto aunque quizá menor que ella, una preciosa muñeca fingía que se divertía entre la gente.
Por supuesto, había oído hablar de la hermana pequeña de Daphne, incluso las había visto pasear por el colegio del brazo y con idéntica sonrisa encantadora. Pero hacía dos años él no le habría prestado atención a una de primero y estaba demasiado ocupado con sus cosas como para verla después. No fue hasta percibir una lágrima en uno de sus ojos verde claro que él se detuvo en medio de la pista, olvidándose completamente de su pareja de baile.
A él no le gustaba que las niñas o las mujeres lloraran. Aunque podía llegar a ser un patán y un chico mordaz y arrogante que gustaba de afilar sus armas cada que le convenía, también tenía su lado caballero, concebido y moldeado por su madre, Narcissa. Por tanto, uno de sus tantos códigos es que jamás permitía que una mujer llorase o la atacaría por ningún motivo (por algo no le había devuelto el golpe a Hermione Granger el año pasado, puede que fuera una asquerosa y una sangre sucia pero también era mujer) y así Draco, el héroe de la noche, fue a rescatar a la muñequita de su torpe pareja de baile.
Le pidió que bailara con él con una gracia que le hubiera granjeado amigos si tan sólo él hubiera trabajado en su actitud. Pero a veces Draco hacía las formas de manera inconsciente y fue sólo gratificante ver a aquella niña sonreír.
Le preguntó su nombre. Ella dijo que se llamaba Astoria y bailó con él lo que restaba de la velada.
Y puede que resultara grosero y desconsiderado, pero Draco se sintió mucho más cómodo con aquella niña que con Pansy en cualquier otro día. Y así, cuando acabaron de bailar, fueron a dar un paseo y comenzaron a platicar. El chico no supo ni cuándo ni cómo, pero acabó robándole un beso y puede que más que eso. ¿Qué importaba? No pensaba aprovecharse de ella.
Para cuando quiso darse cuenta, ya estaba enamorado. Lo que sí es que no pensó que tanto para que, años después, aquella muñequita se convirtiera en su esposa y tuvieran un hijo, Scorpius.
Aunque claro, eso pertenece al futuro.
…
Blaise siempre había sido considerado como un ligador de primera. Era joven pero había heredado la legendaria belleza de su madre y mucha de su soberbia, por lo que solía caminar con petulancia por los pasillos del colegio, consciente de las miradas. En cierto modo, a él le había gustado forjarse esa fama, que le permitía acercarse a quien quisiera mientras mantenía lejos a las personas que a él le interesaban.
Pero lo cierto es que él era más sensible de lo que daba a entender y sólo Millicent, la huraña, tosca compañera de curso, sabía hasta qué punto. Nunca antes le había contado a nadie que hubo un tiempo, cuando era pequeño y curioso y apenas se entendía a si mismo, que estaba enamorado de Draco Malfoy. Pero sí, lo estuvo y sólo la amistad de ambos chicos les permitió continuar su vínculo después de que Zabini se hubo confesado con su mejor amigo. Por supuesto, eso pertenece al pasado, Blaise sabe que confundió cariño con amor y ha dado vuelta a la página.
Aún así, sabe también que, por muy bien que le caiga Anne, no es su primer amor ni nada parecido. Se divierte, ella también, ¿Por qué no?
Pero un día, quizá, el Casanova deje de andar de flor en flor y se asiente finalmente, para ser un poco más solitario pero también un poco más feliz.
Quizá.
…
Daphne siempre consideró que había estado enamorada de Draco desde la primera vez que lo vio. Y es que, a pesar de los muchos defectos del rubio, resultaba difícil no experimentar semejantes sentimientos, ya que éste era humano y mostraba una parte más suave con aquellos que estaban dispuestos a esperar un pedacito de su ser.
Así pues, ella no pudo ocultar su rabia y frustración en cuanto comprendió las intenciones de Theo al mentir acerca de su invitación. ¿Acaso estaba buscando dejarla sin pareja?
Pero al día siguiente del deplorable incidente recibió una rosa roja y un mensaje de un desconocido que le pedía ir al baile y conoció a aquel chico de Durmstrang, de modales un poco toscos pero una gran sinceridad. Muy pronto el gesto triste de ella se convirtió en una grande sonrisa y se sentía como una princesa mientras recorría toda la pista con su acompañante, jugando vanidosamente a ser la más esplendorosa de las chicas.
Cuando su acompañante le pidió un beso, Daphne se lo dio complacida. ¿Por qué no? Hoy estaba feliz y era una alegre ocasión…
Languideció en los brazos de su pareja.
…
Al principio, Pansy no pudo negar que se sintió muy enfadada cuando Draco la abandonó para "buscar bebidas" pero ella era una chica decidida y no se quedaría esperando a su "príncipe" mientras todos los demás disfrutaban de la noche. Al notar que llegó a un punto en que el baile parecía ser grupal, se unió al grupo y festejó salvajemente, olvidadas sus rivalidades y su dignidad. Si hubo chicas que le sisearon- después de todo, Pansy Parkinson tiene enemigos- pero en general la muchacha bailó y cantó y se divirtió con todos los demás.
Al final se encontró flirteando con varios chicos y sintiéndose el alma de la fiesta. Bien por ella, porque una de las cosas que no se sabían de ella era su secreto deseo de destacar en todo lo que emprendiera.
Al menos en aquella ocasión, lo había logrado.
