- Me moría de ganas de hacer esto, Regina…

La empujó contra la pared con fuerza, clavando su mirada en los pechos de la morena que rebotaron con el impacto. Fue hacia ella con furia, y agarró sus manos a los lados de su cabeza, inmovilizándola. Pasó su lengua por los labios de la alcaldesa a la que, sin poder controlarlo, se le escapó un pequeño gemido.

- Por favor, Emma… - Suplicó de forma poco convincente.

- Sé que lo deseas tanto como yo… - Susurró y comenzó a besarla apasionadamente.

Sus manos comenzaron a recorrer el cuerpo de la morena que cada vez estaba más excitada.
Posó la mano en su entrepierna y pudo notar la temperatura y la humedad de su sexo.

- Regina… - Susurró. – Me pone tanto que estés así…

Con sus ágiles dedos, se adentró bajo la ropa interior de la morena, y comenzó a jugar con su suplicante clítoris.

- ¡Mamá!

Emma abrió los ojos sobresaltada, en cuanto se dio cuenta de donde se encontraba su mano se sintió avergonzada. Estaba tan mojada… Y todo por culpa de aquel sueño. Intentó recomponerse, Henry estaba de visita.

- ¡Aquí! – Gritó desde la cama.

- ¿Te he despertado? – Preguntó desde la puerta de la habitación. Emma asintió con la cabeza con una medio sonrisa. – Ha pasado algo, tienes que venir a casa de los abuelos.

Su corazón se aceleró repentinamente y sin preguntar, se puso en pie lo más rápido que pudo.

Unos minutos más tarde…

- ¡Emma! – Gritaron al unísono Snow y David, que corrieron a abrazar a su hija.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó preocupada.

- Siéntate… - Dijo Regina, a la que no había visto al entrar.

Emma se sonrojó al oír su voz, y no pudo evitar recordar aquel sueño tan real y tan reciente que casi podía notar la humedad de la morena en sus manos. Acto seguido se sentó en una de las sillas.

- Gold se trae algo entre manos. – Dijo finalmente la morena.
- Cómo… ¿qué se trae algo entre manos? – Preguntó Emma suplicando que no tuviera nada que ver con ella.

- No lo sabemos.

Todas las miradas se clavaron en Regina la cual se encontraba de pie frente a ellos, con notable nerviosismo y con sus manos metidas en los bolsillos de su abrigo negro.

- Entonces… ¿Cómo sabes que trama algo? – Preguntó curiosa Snow.

- Porque he hablado con Bella. No os puedo dar más información de momento porque no sé nada, solo quiero que todos nos andemos con cuidado hasta averiguarlo. – Hizo un gesto con la mirada a Swan, invitándola a salir de allí y salió por la puerta.

-Bueno, entonces hasta que no sepamos que ocurre, actuad con normalidad pero estad atentos, ¿de acuerdo?

Todos asintieron casi al unísono y justo después desapareció de la casa también en busca de Regina que la esperaba fuera.

- ¿Qué ocurre? – Preguntó en voz baja acercando su rostro al de la morena.

- Aquí no. – Y se desaparecieron tras la estela de humo morado.

En la cripta…

- ¿Qué hacemos aquí? – Preguntó Emma un poco desconcertada.

- Aquí nadie nos interrumpirá. – Contestó seria Regina.

- Me empiezas a preocupar…

- Emma… - Agarró una de las manos de la rubia con fuerza. Ésta abrió los ojos sorprendida y su cuerpo empezó a temblar por dentro. – No creo que lo de Gold sea nada, hablando con Bella solo averigüé que en el momento en el que pasó lo de mi ataque, no sabía dónde estaba, pero no hay nada fuera de lo normal aquí… ¿No te parece raro? – Hizo un gesto con la cara mostrando incertidumbre.

- No sé a dónde quieres llegar… - Soltó su mano nerviosa y agachó la mirada. Algo le decía que "su secreto" ya no era tan secreto.

- ¿Por qué estás tan nerviosa, Swan? – Preguntó con un tono tan sexy que la rubia se ruborizó instantáneamente.

- No estoy nerviosa… - Se excusó y cómo si algo hubiera vuelto a cambiar en ella, clavó su mirada firme, en los ojos de la morena que reposaba a escasos milímetros de su rostro.

Durante unos segundos, el silencio fue sepulcral. Ambas inmóviles, mirándose fijamente a los ojos, notando sus respiraciones entrecortadas y rápidas. De nuevo la mirada de Emma se desvió sin control hacia los labios de Regina que en un auto reflejo, los humedeció con su lengua de una forma que a Swan le pareció tan sexy que no pudo evitar soltar un pequeño "ruidito".

- ¿Por qué fuiste a ver a Rumpel? – Dijo finalmente rompiendo el silencio.

- ¡¿Cómo!? – Preguntó sacudiendo su cabeza. Regina empezó a andar por la cripta y comenzó a decir…

- Sé que ayer fuiste a ver a Gold, a su tienda, justo antes de todo lo que pasó aquí después. Me parece realmente curioso tal casualidad… Por llamarla de alguna forma… ¿Qué me estás ocultando? – Preguntó enfadada y desafiante.

Emma se quedó sin palabras. No sabía que decir y unas irremediables ganas de escapar empezaban a apoderarse de ella. Se sentía acorralada y avergonzada. No podía decirle la verdad… ¿O tal vez sí?

- Regina yo… - Empezó a decir. – Si estás pensando que tuve algo que ver con aquel accidente…

- ¡Yo no estoy diciendo nada, Swan! – Gritó furiosa. – Y no tengo tu maldito don, pero sé que me estás ocultando algo. – Entrecerró los ojos y se dirigió de nuevo hacia la rubia peligrosamente.

Emma sintió que se quedaba sin respiración, perdió el control de su cuerpo y se abalanzó sobre la morena abrazándola con fuerza. Regina no supo reaccionar, con cara de asombro y sin entender la reacción de la sheriff, simplemente se quedó allí. Sin hacer nada. Dejando que aquellos musculados brazos la protegieran unos instantes.

- Disculpa, no sé qué me pasa… - Dijo Emma apartándose rápidamente. La cara de Regina hablaba por sí sola, la confusión se apoderó de su precioso rostro. Fue alejándose poco a poco caminando de espaldas, hasta que finalmente salió de allí.

- Emma…

Continuará…