Ir a casa es una obligación

Tres años después.

Me despierto en la calma de la noche. ¿He dicho calma? Cuando esa palabra ha tenido menos sentido que ahora. Me siento sudoroso y noto mi respiración agitada. Volteo mi rostro para poder observarla, sigue a mi lado durmiendo plácidamente. Me da gusto, hace tiempo que no lo hace y quien la culparía. Acomodo la cobija para cubrir su hombro, esta noche en especial hace mucho frio.

— Duerme bien, amor.

Me recuesto de nuevo en mi pedazo de cama y posó mi mirada en el ventilador del techo, sus aspas dan vueltas a una velocidad hipnotizaste. Mis pensamientos comienzan surgir, los recuerdos se quieren a poder de mi sueño; lo logran. Ya llevamos cuatro meses encerrados en nuestro departamento, todo debido a esa maldita enfermedad que nos juraron habían controlado. Cuanta mentira, ahora resulta que se está volviendo presentar y esta ocasión no solo en Australia.

A mi mente se vienen los lugares que en el noticiero han dicho que se han visto casos. De Asia son: China, Japón, Rusia y la India; Europa tiene a Alemania, Portugal e Inglaterra; América es el lugar con menos lugares: Estados Unidos, Brasil y Colombia. Eso no exenta a los demás a confiarse. El peligro está ahí, frente a nosotros latente esperando atacar. Suelto un suspiro, temo por el día que esto se le salga de las manos al gobierno. Me obligo a dejar de pensar, cierro mis ojos y me tomo mi tiempo, pero logro conciliar el sueño.

—Amor, despierta — La voz de Mimi se va filtrando por mis oídos hasta mi cerebro. Toma su tiempo, y varios llamados para captar que me están moviendo del hombro.— Matt, despierta.

— ¿Qué sucede, linda?

— Ven a ver esto — Su voz preocupada hace que mi somnolencia acabe y de un salto me dirija hasta la ventana de la habitación que da vista a la ciudad.

Los que ante mis ojos se presenta no es más que algo de lo que alarmarse. Si bien ya desde hace tiempo en la ciudad se podía notar una fuerte presencia de policías y algunos elementos militares resguardando cada rincón, ahora todo empeoraba. La guardia nacional se estaba haciendo presente. Un par de helicópteros sobrevuelan sobre nuestro edificio y pudo distinguir que se dirigen a la presidencia.

— ¿Crees que haya ocurrido algo malo?

La pregunta me resulta un tanto ridícula, ya todo estaba mal; espero no empeore. Tomo del hombro a mi novia y lo aprieto fuerte, pero sin dañarla.

— Supongo que hoy tampoco podremos ir a la universidad — Bromeó, quiero aligerar la tensión que la presencia militar ha producido.

— Ahora más que antes necesito ir a Odaiba.

— Créeme, yo también.

Desde hace tiempo que hemos tenido esa idea, volver a casa y vernos con nuestros seres queridos. Las llamadas no bastan. Necesitamos verlos frente a frente y cerciorarnos de que se encuentran sanos. Lo malo es que el mundo se ha cerrado, ya no existen los vuelos internacionales; no existen ya los aeropuertos. Los gobiernos se han puesto en cuarentena, muy apenas se puede viajar dentro del país, y no cualquiera lo puede hacer. Todo está vuelto de locos.

En mi interior siento esa ansiedad que surge con el encierro, seguir en este pequeño apartamento me comienza afectar. El pensamiento de mi padre, madre y hermano se hace presente en mí. Hace ya más de una semana que no hemos podido tener una video-llamada, incluso una telefónica, en estos momentos es difícil. Imagino que las líneas están saturadas. Debemos ir a Odaiba.

— Creo que podré hacer algo.

Mi novia me voltea a ver con ese rostro angelical que ni este peligro logra erradicar. Ella es mi motor en estos momentos.

— ¿Cómo? En estos días son muy pocos los permisos para poder ir de una ciudad a otra — Mimi no logra ocultar su emoción reprimida.— No basta con decir que tienes familia en otro lugar.

— ¿Recuerdas ha Kousei?

El rostro de mi novia coloca ese semblante pensativo característico de ella, se muerde el labio inferior y se cruza de los brazos. Sé que no lo recuerda enseguida debido a que lo conoció hace ya poco más de dos años.

— Si, ¿no es el militar fortachón de la fiesta de tu hermano?

— Correcto, bueno, no te quise decir nada hasta que todo estuviera en orden.— Los ojos marrones de mi novia comienzan a tener un brillo especial.— Bien, ahora si te puedo asegurar que podremos ir a Odaiba. Kousei es de alto rango y me entere que el cuida la salida principal de la ciudad.

— ¿Podemos ir a Odaiba?

— Sí.

Me da un gran abrazo, se lo mucho que desea ver a sus padres y hermano. Por supuesto, yo por igual estoy ansioso de ver a mi familia. Le digo que podemos ir a Odaiba tan pronto mi amigo me dé una llamada para confirmar nuestra salida. Por el momento volvemos a la rutina de nuestros días; leer, ver las noticas — que es el único programa que transmiten solo con otro de qué hacer si te ves con un infectado —, hoy me toca cocinar y por fortuna la consola de videojuegos aún tiene juego en línea lo que ayuda a pasar el tiempo.

No recibimos la llamada sino hasta cuatro días después de que le di la noticia a mi novia. No empacamos mucho, solo lo esencial. Entre menos llevemos no llamaremos la atención. Kousei me ha dicho que debemos estar exactamente a las doce del día para que el este y nos dé el pase sin que nadie cuestione. A las once ya estamos en el automóvil, de nuestro departamento hasta la salida principal que ha puesto el gobierno nos tomara unos cuarenta minutos, pero ese punto es muy concurrido. Mucha gente quiere buscar a sus seres queridos ó creen tener un mejor para ocultarse de la enfermedad.

— Estoy nerviosa.

—Tranquila, todo saldrá bien — Aprovecho que esta el semáforo en rojo para tomarle de la mano.— Mi amigo me aseguro que el mismo nos dejara pasar.

Conduzco por unas cuantas calles más. El radio está transmitiendo el típico noticiero que informa sobre la fuerte presencia militar en la ciudad. Se supone que no hay de alarmarse, que solo es una medida preventiva para evitar cualquier peligro en la ciudadanía. Si, como no. No puedo creer aquello, seguro algo está sucediendo y no lo quieren decir. Como sea, no digo nada para que Mimi esté tranquila.

Cuando por fin arribamos a la salida de la ciudad podemos ver una gran fila de vehículo, la gente se comienza a desesperar. Pero no sucede mucho porque los militares ya tienen completo control sobre esta zona. Los tanques, jeeps de guerra, todo el armamento militar se impone. No comprendo porque todo este despliegue de tropas, se supone que los casos están controlados. Las noticias indican que solo en una ciudad al norte de Japón se ha presentado el caso de la gripe. Sé que quieren controlar la enfermedad y que no se propague, pero no me da buena espina el comportamiento del gobierno.

Busco por donde pueda brincarme la fila de autos. Veo que puedo pasar por el arcén y así me dispongo a cruzarlo. La gente en sus vehículo, y lo que no, me voltean a ver con cara de recelo. Pronto ya estamos cerca del retén, un grupo de soldados que nos miran llegar nos detienen. Tranquilizo a Mimi y le digo que pronto vuelvo. Me bajo del vehículo para ir junto con el grupo de militares.

— Señor le pedimos que vuelva a su vehículo — Habla con voz firme el de en medio. Son cinco en total; todos armados.— Hoy no hay pase, le pedimos de favor que regrese a su casa.

— Si, entiendo, pero hágame el favor de llamarle al general Kousei.

— El General no está disponible en estos momentos — Habla el primero al a derecha del que hablo.

— Enserio, es importante.

Los soldados no parecen tener sentimientos pues dos de ellos me apuntan mientras que el primero que hablo me solicita de forma "amable" que de vuelta y me vaya a casa. No necesito ver el rostro de mi novia para saber que esta ajustada y preocupada. Yo lo estoy. Vuelvo a solicitar que me dejen hablar con su general, les digo que es mi amigo: no aparecen creerme.

— ¡Bajen sus armas! — Se escuchó una voz autoritaria tras los soldados.

Enseguida, sin cuestionar obedecen. Se abren para dar paso al general, mi amigo este caminando frente a mi pasando entre sus soldados.

— Yo me encargo de esto — Los soldados erguidos hacen su saludo y aceptan la orden de Kousei. Se marchan dejándonos solos.— Amigo, es bueno volver a verte.

— Lastima que sean en estas circunstancias.

— Si, es una pena.

Me pide que me suba al auto, me apunta con el dedo a donde debo de llevarlo y que allí el me vera. Ante la molestia de los presentes conduzco el vehículo hasta el punto que me ha dicho mi amigo. Hay bullicios, no les parece que alguien tenga privilegios. Cuando un grupo de soldados me piden que me detenga, lo hago. Kousei me pide que me baje de nuevo.

— Ten — Me dice cuando estoy frente a él; muy cerca. Me entrega disimulado el pase holográfico que me permitirá salir de Tokio y entrar a Odaiba. Este pase es uno muy especial.— Amigo, ten mucho cuidado en tu viaje.

— Claro, no te preocupes.

— No, no entiendes — Las facciones duras de su rostro me hace sentir un escalofrió en mi espalda. Algo no anda bien; ya lo suponía.— Están ocurriendo cosas extrañas, aun no me han dicho nada, pero presiento que no es bueno lo que me dirán. Debes tener cuidado, ve por tu gente y regresa pronto a Tokio.

— ¿Regresar pronto?

— Lo único que sé es que este lugar será el más protegido en todo el país.— Me toma del hombro y lo aprieta fuerte. Puedo ver sobre mi amigo a mi novia que nos mira pensativa y temerosa.— Temó que pronto ya no dejen viajar ni con pases a otras ciudades, si no estás aquí para cuando eso suceda, me temo que no podré ayudarte.

— ¿Tan mal está la situación?

— Es me temo, amigo.

Suspiro fuerte ante la nueva amenaza. La decisión de ir a Odaiba ahora me resulta poco favorable, pero necesito ir a ver a mi familia. Ellos valen más que mi seguridad, y se que Mimi pensaría igual si supiera esto que ocurre.

— Mira, si no es porque vas a una ciudad segura como lo es Odaiba, y que aprecio a tu familia jamás te dejaría salir — El tono de mi amigo solo hace que incremente mis dudas.— No pierdas tiempo, ten cuidado y mantente sano.

— No temas, regreso en dos días.

— Bien, ahora vete — Suelta el agarra de mi hombro y se de media vuelta.— Tienen el holograma, déjenlos pasar.

Me subo al automóvil justo en el momento en que los militares mueven una valla metálica para dejarme pasar. Conduzco lento, mi interior esta dudoso.

— ¿Todo bien. Matt?

— Si, no te preocupes.— Le dedico mi sonrisa más sincera.

No puedo negar que temó que pueda ocurrir algo malo mientras viajamos a Odaiba. Temo por lo que podamos encontrar, por lo que nos pueda suceder. En estas épocas se vive con el miedo, y te debes acoplar a él si quieres avanzar. Pasando el complicado reten acelero, emprendo el viaje a nuestro lugar de nacimiento. El tiempo está en nuestra contra, y en mi mente esta volver a Tokio antes de que se agote.


¡Bienvenidos!

Es bueno ver que ha llamado la atención este nuevo proyecto que tengo. Espero lograr traerles una buena historia llena de emociones. Sé que este capítulo es tranquilo, pero importante. Pronto comenzara lo bueno n.n

Les agradezco sus comentarios y palabras de ánimo. Sé que no hay que dejarme llevar por los reviews y de esa forma lo haré con esta historia que tengo tantas ganas de escribir. Nos vemos en el siguiente capítulo y los leo en los reviews!

Sin más por decir

Au Revoir.