- ¿Así que fuiste tú? – Preguntó hecha una furia mientras entraba como un huracán en la tienda de Gold.
- Hola señorita Swan… - Contestó el ser oscuro con cara de pocos amigos. - ¿A qué te refieres?
- ¡No me vengas con tonterías, Gold! ¡Sabes perfectamente a qué me refiero! – Gritó alterada.
Gold empezó a reírse mientras se acercaba a Emma con paso firme. Con una sonrisa maléfica, se quedó a escasos centímetros del rostro de la sheriff.
- Sólo pretendía ponerte las cosas un poco más fáciles…
Emma no entendía nada. ¿Gold sabía que sus preocupaciones tenían que ver con Regina? ¿Estaba ayudándola a abrir los ojos? Aquello no tenía ninguna lógica. ¿Qué sacaba el oscuro con todo aquello? Él no hacía nada sin obtener un beneficio propio.
- ¿Qué? – No pudo pronunciar nada más. Estaba realmente descolocada.
- Mira Emma… De sobra deberías saber, que siempre ando un paso por delante. Me sorprende y no gratamente, que pensaras que no sabía nada respecto a tu… secreto.
Emma sintió que se le congelaba la respiración. Le pareció que el tiempo se había parado y esos segundos de silencio que hubo tras aquella "confesión" se le hicieron eternos. Parecía una pequeña niña asustada, allí inmóvil sin saber cómo reaccionar.
- ¿Todavía no sabes que es lo que te pasa con Regina? – Preguntó irónico mientras volvía a su mostrador. – No te preocupes, no voy a contar a nadie tu secreto… No me beneficia y no me toca a mí descubrirlo…
Emma seguía allí, intentando asimilar la situación con un nudo en la garganta que le dificultaba respirar. Notaba como su corazón galopaba con fuerza tras su pecho y la boca se le secaba.
- Vamos, Swan… Te quedan pocas horas para que el efecto de la poción acabe, no deberías estar desperdiciándolo aquí, conmigo, ¿no crees? – Sonrió desafiante.
Sin mediar palabra alguna, Emma se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta. Agarró el pomo y lo giró para salir de allí. Ya no sabía si le hacía tanta gracia aquella situación.
Divagando en sus propios pensamientos, confundida y asustada como un cachorrito abandonado, se dirigió a su casa, suplicaba para sus adentros que Killian estuviera allí. Necesitaba verlo. No había respondido a esa última pregunta de Gold en voz alta, pero sí en su interior, y no podía aceptarlo. Su corazón le pertenecía a Hook, no podía ser de otra forma.
Mientras tanto, en la cripta…
Regina se encontraba allí, después de lo que había pasado con Emma. Su cara reflejaba tristeza y confusión y en su mente empezaron a pasar los momentos que había vivido con ella, su antigua enemiga desde que decidiera mantener a raya en su interior a la Reina Malvada. Esa lucha continua con su propio yo oscuro empezaba a hacerle dudar de si merecía la pena.
Justo en ese preciso momento, aquel sueño que se hizo realidad en su porche, volvió a su mente disipando la oscuridad que comenzaba a aparecer.
- Emma… ¿Qué es lo que nos está pasando?
De vuelta a casa de la sheriff…
- ¡Amor! – Saludó sonriente Hook que esperaba en la puerta.
- Killian… - Una triste sonrisa se dibujó en sus labios y corrió a abrazar a su pirata.
- ¿Qué te ocurre, Emma? – Preguntó algo confuso por la efusividad de aquel encuentro. Ésta se limitó a mirarle a los ojos sin dejar de sonreír y le dio un dulce beso en los labios.
- Tenía ganas de verte. – Dijo después. Ambos sonrieron y agarrados de la mano, entraron en la casa.
Se sentaron en el salón, uno al lado del otro, con sus manos entrelazadas. Mirándose a los ojos y sonriendo como dos enamorados.
- Sé que estos días he estado un poco rara… - Comenzó a decir. – Lo siento, de veras.
Hook puso su mano sobre la mejilla de Emma, acariciándola con su dedo pulgar.
- Sabes que puedes contar conmigo siempre. Puedes contarme cualquier cosa. Siempre voy a estar a tu lado sí es lo que tú quieres. – Volvió a besarla.
La verdad es que Emma se moría de ganas por contárselo todo, pero sabía que si lo hacía podría hacerle daño y eso es lo último que quería. Prefirió no decir nada al respecto y disfrutar un poco de su compañía y cariño, sólo un poco. No se olvidaba del efecto de la poción.
Una hora más tarde…
- Que deliciosa sorpresa… - Dijo Gold sonriente.
- Déjate de zalamerías, Gold. No te pega nada… - Contestó Regina cruzada de brazos. Empezó a caminar desafiante hacia el mostrador y apoyó sus manos en él inclinando su cuerpo hacia delante. – Ya sabes a qué he venido.
- Tal vez puedo hacerme una ligera idea.
- No perdamos el tiempo entonces, sabes que es muy valioso.
- ¿Vienes a mi tienda a exigirme, Regina? Qué poca consideración por tu parte.
- Gold… No juegues conmigo. – Dijo enfadada. – ¿Por qué estuvo Emma aquí? Empieza a contarme todo lo que sepas o…
- ¿O qué? No me hagas reír por favor… Las amenazas no funcionan conmigo… No olvides quién soy. – Salió del mostrador para ponerse frente a frente con la alcaldesa, sin nada que estorbara entre los dos.
- Y tú no olvides quién soy yo, Rumpel… No me pongas a prueba y comienza a hablar si no quieres que Bella se entere de tu… "pequeño secreto". – Sonrió con picardía.
Los ojos del ser oscuro se entrecerraron, llenos de furia y asombro a la vez. Bufó asqueado y luego soltó una carcajada.
- Está bien, si quieres jugar… Juguemos.
Continuará…
