Nunca se está preparado
La carretera estaba completamente desierta no nos encontramos con nadie sino hasta el retén cerca de una de las entradas a la ciudad de Odaiba. Hice menos tiempo del habitual debido a que pude meterle al acelerador, Mimi asustada me pidió que bajase la velocidad, pero, con la advertencia de mi amigo no quiero perder tiempo. Para evitar que se asustara mi novia he puesto de escusa que estoy ansioso por ver a mi familia, y no es mentira, con el tiempo que no hemos hablado me tienen preocupado.
— Supongo que el holograma que te dio Kousei servirá para pasar estos militares.
— Si, no te preocupes.
El retén es menos ostentoso que el de Tokio, supongo que se debe a lo que me dijo mi amigo. Uno de los soldados se nos acerca con rostro de incredulidad, tal vez porque este día no esperarían que alguien tuviera permiso para moverse por el país. Cuando tengo al hombre vestido de un tono entre gris y verde en mi ventana la bajo para poder hablar. Su semblante me es inquietante, no parece amigable.
— ¿Qué hacen ustedes vagando por la carretera?
.— Tenemos permiso — Contesto luchando por no titubear. Saco de la guantera el permiso que me ha dado mi amigo y se la demuestro.— Vea por usted mismo.
El soldado coge el holograma para verificar que este sea original. Lo mira por un largo minuto en donde pasa su vista del holograma a mí. Es un momento inquietante. Le pide a un colega que traiga en escáner con el que verifican la autenticidad de los pases. Coloca la parte con mica del holograma en una abertura del aparato negro que su colega le paso. Con un pitito y el encendido de la luz verde puedo ver que todo está en orden.
— Han de ser importantes para tener uno — Hablo el soldado que observaba lo que fuese que estuviera en la pantalla del aparato negro.— Podrán pasar, pero les advierto que la condiciones de su pase tienen vigencia.— Me entrega el pase mientras observa a mi novia.— Una semana, no más.
— Entendido, señor.
Los soldados nos abren paso para dejarnos entrar a la ciudad donde nacimos Mimi y yo. Mientras pasamos no hacemos contacto visual con nadie, sentimos que pueden ver nuestro miedo. Pronto nos estamos alejando del retén, la sangre vuelve a fluir por nuestros cuerpos.
— ¿Por qué nos han condicionado con una semana? — Me cuestiona mi novia.
— Kousei me ha dicho que así funcionan estos pases especiales — Miento, mi amigo nunca me menciono que tuviera fecha límite con el pase, solo me advirtió de la situación.— Una semana es más que suficiente.
— Supongo.
La ciudad mantiene una presencia militar muy inferior a lo que es Tokio. Y la vida se ve más ordinaria a lo que venimos acostumbrándonos. La gente anda por la calle con cubre bocas, eso no evita que podamos observar su miedo por la enfermedad. Por mi cabeza surge una frase que escuche decir a mi abuelo a mi padre. La vida sigue. Tal vez ni esta enfermedad pueda contradecir esas palabras.
— Mira, Matt — Con su dedo índice Mimi me apunta hacia mi derecha.
Varias personas se acerca a un punto sobre la puerta a una entrada a una lavandería. Mantienen su distancia, algo nada bueno a de estar ocurriendo. Una patrulla que ha visto lo que nosotros se dirige al grupo de personas, por la distancia no puedo ver que es lo que presencian. Los agentes policiacos lucen unas mascaras sofisticadas, imagino que el gobierno necesita proteger más a sus fuerzas para controlar a las masas.
— ¿Qué crees que suceda?
— Si te soy sincero, prefiero no saberlo — Aumento la velocidad para dejar la escena atrás. Seguir allí solo incrementara las ganas de saber que es lo que ocurre, y no estoy para perder el tiempo.
— Cada vez mi miedo se hace más grande.
— Tranquila, nuestras familias están bien. Ya lo veras.
Sé que las palabras de mi castaña van más allá de nosotros u seres queridos. Ella teme que la enfermedad se expanda por todos lados, que no deje a nadie sano. Seamos sinceros, tememos por nosotros mismos. No queremos morir de la manera en que lo hace la gripe silenciosa. Ir muriendo sin saber, y cuando te das cuenta sufrir todos aquellos síntomas. El solo pensarlo es aterrador.
Doy vuelta en la siguiente cuadra, frente a nosotros se levanta un edificio de departamentos en donde viven la madre de Mimi. Hemos ido primero allí por la cercanía a la entrada de la ciudad, yo he de esperar un poco más para saber de mi familia. Bajamos del automóvil, caminamos hasta la entrada del edificio. Nadie está en la recepción. Nos dirigimos al elevador, la soledad del edificio contrasta con las calles de la ciudad. Aprieto el botón del piso al que nos dirigimos, el quinto, y las puertas se cierran seguidos del jalo hacia arriba.
En menos de diez minutos ya estamos tocando el timbre del departamento de la madre de mi novia. Es en el momento en que noto a mi castaña temblar ligeramente que recuerdo que su padre no se encuentra en Japón. Él trabaja en los Estados Unidos, una distancia muy considerable de lejanía, y con los cierres de viajes internacionales se ha quedado en aquel país. Lo que le suma más frustración y miedo a mi novia, que hace meses no sabe nada de él. ¿Por qué nos estarán aislando hasta en las comunicaciones? Es estúpido pensar que la enfermedad afecte a los artículos electrónicos.
— ¿Quién? — Se escucha del otro lado de la puerta.
— Soy yo, mamá.
No es necesario decir más, las puertas se abren para dejar ver a una mujer de unos cuarenta años. Madre e hija se dan un dulce abrazo. A mí también me toca uno el cual con aprecio recibo. Un sentimiento de incomodidad se hace presente en mi pecho, a la altura del corazón, es como si este sintiera la necesidad que este abrazo fuese dado por mi propia madre. La señora Tachikawa nos pasa a la sala donde nos ofrece una taza de té mientras me invita ha encender el televisor. Un acto más de cortesía de los viejos tiempos ha que pueda ver algún tipo de programación que no sea solo noticieros.
— Mamá, ¿Qué ha sucedido en este tiempo? — Mimi comienza a entablar conversación con su madre apenas y esta toma asiento en el sillón frente a nosotros —. ¿Has tenido sabido algo de papá?
Con esto de que el internet, las líneas telefónicas ó cualquier fuente de comunicación falla tiene a miles de personas angustiadas. Y como lo espero, la madre de mi castaña da una respuesta negativa.
— Nada hija, al mismo tiempo que perdí contacto contigo lo tuve con tu padre — El rostro de mi novia se tensa, la comprendo, quiero decirle unas palabras que la animen, pero su madre se me adelanta —. Tranquila, hija. El se encuentra bien, me ha dicho que en Estados Unidos la seguridad está muy bien implementada y están logrando eliminar los casos de infectados.
La voz me delata que no es verdad lo que la señora ha dicho, seguro que las cosas no han de marchar bien en aquel país, pero aun así Mimi parece creerle. No la culpo, en estos casos es más fácil creer que el cielo es rosa si eso te libera de la trágica verdad. Estoy seguro que yo mismo caeré en los saberos dulces de la ignorancia, si el caso se presentara.
— Disculpe, señora— Aprovecho el momento del silencio para hablar—. ¿De casualidad sabrá algo de mis padres?
La señora Tachikawa se quedó un momento en silencio, uno que me parecio largo y agonizante. Que una persona se tome su tiempo para responder en la mayoría de los casos son por malas noticias.
— No te podría decir con certeza — La madre de mi novia no logra mantenerme la mirada, esto solo me hace sentir peor —. Hace un par de días el sector donde viven tus padres fue… como decirlo… prohibido.
— ¿Prohibido?
La señora toma la mano de su hija y la aprieta como queriendo contener lágrimas. Por mi parte lucho por contener un grito, tomarla de los hombros y sacarle la información de una buen vez.
— Se encontró un caso…
Esa frase cortada de golpe me helo la sangre, Odaiba, una de la ciudades catalogadas como limpias, ya tuvo un infectado. No puedo evitar temblar de los nervios, mis pensamientos rondan en lo que mi familia podría estar viviendo. Temó por saber que ellos fueron los infectados, y de no serlo que se contagiaran posteriormente. Por lo menos mi hermano esta en un lugar seguro, pienso al recordar su paradero. Sacudo mi cabeza para evitar que la preocupación tome control de mí.
— Hijo — La mano de la señora Tachikawa me devuelve a la realidad.— Escuche que a los que vivían en esa zona los han reubicado, claro si mostraban estar limpios.
— ¿Me podría decir dónde?
— En el antiguo estadio Fijikawa.
A mi mente se viene el enorme estadio que se construyó en nuestra ciudad para unos juegos olímpicos. Supongo que han usado aquel lugar tan amplio para mantener a la gran cantidad de personas que vivían en mi sector. Ruego porque mis padres se encuentren en aquel lugar, necesito verlos saber que están bien. Me giro a mi novia que está fijando su atención en mí, puedo ver en sus ojos una sombra de miedo. Sabe lo que voy hacer, y lo entiende porque no me detiene cuando me disculpo y salgo del departamento.
Conduzco por la ciudad, que a diferencia de cuando llegamos se ve más solitaria. Voy tan tenso que aprieto con fuerza el volante y mis brazos se entumecen. Mi preocupación y miedo aumentan cuando un pequeño convoy de tres patrullas y una ambulancia pasan a un lado de mí en dirección contraria. Evito pensar en que es lo que pudiera estar ocurriendo, fijo mi atención en la carretera.
Cuando llego al estacionamiento del gran estadio Fijikawa puedo observar el gran operativo alrededor de este lugar. Mis esperanzas de poder buscar a mis padres comienzan a mermar, más cuando para entrar un grupo de policías enmascarados me detienen. Les explico mi situación, les enseño mi pase holográfico como una manera de aumentar las posibilidades de que me dejen entrar, les veo dialogar; al final me dan pase. Me explican que las personas en el estadio aun cuando sus muestras de sangre y retina mostraron que estaban limpias las tendrían retraídas por un tiempo. Cosas de seguridad. Me parece perfecto, pero necesito ver a mis padres.
— No se te dejara entrar — Suelta el comisionado —. Dinos el nombre de tus padres, nosotros los llamaremos y si están te dejaremos verlos.
No opongo resistencia, mientras se comporten bien y me dejen ver a mis familiares haré todo lo que ordenen. Doy los nombres y solo me queda esperar. Me dejan en la zona de la taquilla, esta reacondicionada con varias sillas y en las taquillas reforzadas con un vidrio más grueso que el normal. Comienzo a sospechar su función. En mi espera me comienzo a llenar de valor repitiéndome que debo tomar lo que venga con fuerza; sea lo que sea.
— ¿Esta es su madre? — LA voz de una mujer, que suena como opaca, me despierta de mi ensimismamiento.
— ¡Madre! — no puedo evitar que mis voz salga un tanto chillona, pues frente a mí se encuentra la mujer que me dio la vía. De estatura media, ojos azules, tez blanca y con facciones europeas.
— ¡Hijo!
Mi madre se acerca al vidrio que nos separa. Como lo imagine, las taquillas son usadas para mantenernos separados. Quieren evitar cualquier contacto, y es cuando me doy cuenta que la mujer que me llamo esta vestida con esa vestimenta que utilizan los epidemiólogos.
— ¿Qué ha sucedido?, ¿Cómo estás?, ¿Mi padre está bien?.— Suelto una avalancha de preguntas, quiero evitar sentirme mal al no poder abrazarla.— ¿Cuánto tiempo estarán aquí?
— No lo sé, hijo.
No sé por qué, pero noto a mi madre retraída; ausente. Nos quedamos un par de minutos viéndonos atravesó del cristal, la mujer de vestimenta amarilla sigue cerca observando que no hagamos nada imprudente. La mujer frente a mi parece ceder y baja la mirada, parece ser que las noticias no acaban nunca.
— Yo estoy bien, hijo, estoy sana — Noto en su voz que algo anda mala ya que se comienza a desquebrajar —. Dicen que todo está bien, pronto nos dejaran ir.— Levanta el rostro y coloca su mano en el vidrio, yo la imito. La mujer de amarillo parece incomoda por la acción, pero no hace nada.
El silencio me agobia, y la mirada de mi madre no hace que sea más fácil esperar lo que pueda decir. Me mantengo firme, me repito que debo ser fuerte ante lo que pueda suceder. Me digo a mi mismo que en este nuevo mundo debemos prepararnos para las malas noticias, pero tan pronto pienso aquello mi madre habla. Sus palabras son bajas, como no queriendo que nadie más que yo las escuche.
— Tu padre ha desaparecido.
¡Segundo Capitulo!
Bueno, comenzamos a subirle un poco de intensidad ha la historia. Tratare de que se vayan adentrando en este mundo azotado por el virus, quiero que vayan viviendo como poco a poco todo va de mal a peor. Vaya, que sea realista la historia y que no de la noche a la mañana ya todo el mundo este infectado, claro que todo con su dosis de emoción. Espero lograrlo, y por mientras quiero saber que tal les pareció este capítulo.
Aviso que a partir de ahora responderé sus reviews por PM para evitarles tanto rollo al final de cada capítulo. Nos vemos en el siguiente!
Sin más por decir
Au Revoir.
