El cuarto curso estaba sentado en la desierta Sala Común, lamentándose de sus excesos la noche anterior, algunos sentados en lugares nuevos, otros ocupando sus lugares especiales. Hasta Gregory y Vincent estaban allí, con cara de sueño. Millicent parecía haber llorado de nuevo, pero, aún así, tranquila. Oían como Theodore les leía el pasaje de un libro mágico que había salido hace poco y esperaban con emoción; la voz del chico se filtraba en el silencio igual que un cuchillo entre maderas. Nadie hablaba, pero el pasaje se acabó y Theo cerró el libro. Sentado junto a Vasiliki, estaba reflexivo. A pesar de que los demás lo escucharon, cada uno semejaba estar sumido en sus propios pensamientos.

- ¿Jugamos a algo?- preguntó Pansy, aburrida. Se estaba pintando las uñas y era la única que estaba más que satisfecha de cómo le habían ido las cosas en el baile. Para nadie fue un secreto que hizo todo bien, por una vez.

- ¿Qué quieres jugar?- era la primera vez que Draco se dirigía a ella en toda la mañana y su voz era apagada, muy diferente de su afilado tono de siempre.

- No sé, lo que sea. Estoy aburrida.

- ¿Ajedrez?- propuso Blaise. Por alguna razón, ignorando su habitual sillón junto a Draco, estaba lo más lejos posible de Daphne, que, a su vez, no dejaba de mirarlo.

- Sólo jugarían dos- repuso Pansy, enfadada. Vasiliki sonrió.

- Podemos empezar con eso y ver jugar. Luego podríamos hacer otra cosa, ¿Por qué no?

- Yo te reto, Blaise- dijo Draco medio bromeando. Todos estaban al corriente de que eran los rivales cotidianos pero, para la sorpresa de la mayoría, Millicent habló. Nadie sabía que ella sabía jugar.

Pero claro, había muchas cosas que no sabían de su huraña compañera de casa.

- No, prefiero jugar yo. ¿Blaise?

- Por supuesto. Siéntate.

Los otros ocho se arremolinaron alrededor de ambos, de nuevo, inconscientemente, adoptando los lugares que creían adecuados y no cambiaban. Sólo Theo había abandonado su posición junto a Draco y con la mano de Vasiliki en la suya, se inclinaba hacía delante, esperando.

- ¿Quién crees que gane? – le preguntó a la chica en voz baja. Ella no había perdido la sonrisa y le apartó un mechón del rostro con naturalidad.

- Millicent- dijo y ambos se enfrascaron en el espectáculo.

Al principio, nada se perfiló para apoyar la opinión de Victoria. Blaise jugaba agresivamente al ajedrez mágico y siempre estaba decidido a ganar, como cualquier Slytherin. Recorrió el tablero comiendo la mayoría de las piezas de su compañera y ésta se limitó a permitírselo, adoptando una posición precaria de defensa. Pero, de algún modo, había un solo momento que Bullstrode esperaba, porque de pronto las cosas cambiaron y fue Blaise el que se encontró al borde del abismo, con dos torres bien colocadas y un peón convertido en reina quién sabía cómo. El chico perdió, con una mueca de asombro y respeto y tiró de buena gana su rey en señal de esta derrota.

- Nadie me había ganado antes- asumió él, todavía pasmado- Ni siquiera Draco.

Era verdad. Si tan sólo hubiera habido un torneo de aquel "deporte", Blaise habría tenido uno de los más altos puntajes, pero, al parecer, había encontrado una digna rival. Ésta se limitó a esbozar una frágil sonrisa, rara en ella.

- Espero haberte enseñado algo- y el curso entero estalló en aplausos, haciéndola sonrojar. Al parecer, los raros halagos hacía algo que la muchacha hacía, era el mejor remedio para su ánimo decaído.

Aún así, quedaban ocho compañeros por entretenerse.

- ¿Y ahora qué haremos? ¿Un minitorneo de ajedrez?- preguntó Pansy con marcado desdén que hablaba de su opinión a esa idea.

- Tengo una botella aquí, vacía- anunció Draco- ¿Esta vez si jugaremos a preguntas indiscretas? La otra vez estábamos demasiado bebidos y preguntamos cosas muy estúpidas.

Lo pensaron. En otro momento, no habría sido buena idea y lo sabrían pero no tenían nada que hacer aquel día.

- Está bien- dijo Daphne por los demás y se alejaron de los sillones para hacer un círculo en la mullida alfombra verde oscuro.

- ¿Quién empieza?- preguntó Theo.

- Yo- dijo Draco con una sonrisa socarrona. Antes de empezar, todos hicieron un conjuro que los obligaba a decir la verdad (parecido al veritaserum pero no tan demandante y no era una sustancia).

Hecho esto, finalmente, Draco tomó la botella y la giró. La boca de la botella (de whisky de fuego, vacía) apuntó a Daphne y la parte de atrás, a Pansy.

La rubia enarcó una ceja.

- ¿Quién robó mi bufanda y mis pendientes el año pasado?- preguntó. Su interlocutora dudó.

- Querías preguntar eso hace mucho, ¿Eh? ¡Que bien aprovechas la oportunidad, Greengrass!

- Responde la pregunta- dijo Theo, sereno.

- Yo. Pero Gemma me retó.

- ¡Tú…!

- Que siga el juego. – Daphne hizo lo propio con la botella. La punta apuntó esta vez a Blaise y la "cola" a Theo. El chico de piel oscura mostró todos sus dientes en una sonrisa encantadora.

- ¿Por qué llevaste a Lune Noire al baile en lugar de Daphne?

Theodore se sonrojó y miró a otro lado.

- ¿Nott? Vamos, responde. No es un delito, ¿O sí?

- Porque estoy enamorado de ella- respondió finalmente el chico con embarazo y sin más, tomó el recipiente para girarlo. Esta vez tocó al revés: Blaise tenía que responder y Theo qué preguntar.

- Ufff, que miedo- se burló Blaise, más sus ojos lo delataban. Nadie había hecho comentario alguno sobre la confesión de Theodore pero todos sabían que éste tenía muchas armas para saber cómo vengarse.

- ¿Con quién pasaste la noche? Y me refiero a con quién compartiste la cama, ¿Eh? Nada de darle vueltas a las cosas.

Blaise se puso serio. No parecía dispuesto a contestar.

- Mis labios están sellados- indicó.

- Pero no tus piernas- señaló Pansy con malicia. – Vamos Blaise, le sacaste la verdad a Theo, te toca.

Daphne desvió la mirada de forma tan inoportuna que los otros chicos se dieron cuenta. Draco abrió mucho los ojos y Anne soltó una carcajada.

- ¡Y yo que pensé que te lo habías pasado bien con ese chico de Durmstrang!

Prudentemente, la chica no hizo comentarios y la botella volvió a girar.

Le tocaba a Vasiliki preguntar… a Draco.

- ¿Estás enamorado de alguien?- preguntó, con un poco de guasa. Era algo sabido por Slytherin que Malfoy siempre proclamaba a viva voz sus conquistas, porque nunca se enamoraba, y lo molestaban mucho por su "corazón de hielo". Así que realmente Vasiliki no esperaba una respuesta.

Pero ahora le tocaba a Malfoy sonrojarse.

- - dijo-

- ¿De quién?- preguntaron todos.

- ¡Es sólo una pregunta por turno!

Ahora todos hicieron que la botella girara y a Millicent le tocó hacerle la pregunta a Draco. Éste trató de escapar, pero nadie lo dejó.

- ¿De quién estas enamorado, Draco?

- Te respondo si me dices cómo se llama la chica que te gusta.

- Así no funciona el juego

- Entonces no contesto.

- Se llama Sullivan, Magda ¿De acuerdo?

- … Estoy enamorado de la hermana de Daphne.

Todos voltearon a ver a la susodicha, que parecía atónita. Pero siguió en sus trece de callada y el juego continuó.

Ahora Blaise le preguntó a Anne, mirándola de ese modo que hacía ver que estaba planeando algo. De pronto río. Sabía cuál era su punto débil.

- ¿Qué chisme nuevo nos escondes, Sally?

Anne miró a Victoria, desesperada y ella negó con la cabeza, pero el conjuro presionaba a la chica, que suspiró. En el fondo se moría por contarlo y ambas lo sabían.

"La que se va a armar… Harry va a matarme" pensó Victoria.

- ¿A qué no adivinan qué vi? O mejor dicho a quienvi.

- ¿Qué?- preguntaron todos.

- ¡Harry Potter estaba besando a Hermione Granger afuera de su Sala Común!

El silencio más denso se instaló en la Sala Común. ¿Habían oído bien? ¿Y qué iban a hacer con eso?

La risa cruel de Pansy se dejó oír.

- Lo sabía- dijo triunfal- Era de esperarse.

- ¿Por qué no lo hablamos con Rita Skeeter?- propuso Draco, con los ojos grises encendidos en perverso deleite- Seguro que la noticia le encantará.

- Seguro- anticipó Pansy.

Los Slytherin empezaron a fraguar la conspiración y Victoria tuvo ganas de esconder el rostro entre las manos.

"Sí" pensó "Si Harry no me odiaba antes, seguro lo hará ahora. Estoy acabada, ¡Acabada!"

Nadie, excepto Theo, se dio cuenta de su zozobra, pero ya era muy tarde.