Sus manos empezaron a recorrer el cuerpo desnudo de la rubia. En pleno silencio, escuchándose solo el canto de los pájaros que revoloteaban en el exterior, y sus respiraciones aceleradas. La habitación en penumbra.

Sus labios se posaron en el cuello de Emma para besarlo con dulzura mientras su mano izquierda agarraba uno de sus pechos con sutileza.

- Regina…

- ¿¡Cómo!?

Los ojos de Emma se abrieron de golpe, siendo consciente de la metedura de pata que acababa de cometer. Su cara se descompuso y empezó a sentir un dolor en la boca del estómago.

- Killian, no…

- ¡Emma! – Dijo incorporándose con brusquedad, poniéndose de pie al lado de la cama, comenzó a caminar nervioso de lado a lado. - ¡Soy consciente desde aquella mañana que algo pasaba, pero esto ya me parece demasiado! ¿Por qué has tenido que nombrarla en este momento? ¿¡Por qué!? – Gritó enfadado y dolido.

- Yo no sé… No sé qué me pasa… - Se incorporó a medias en la cama quedando sentada sobre sus piernas, tapándose con las sábanas el cuerpo desnudo. – Sé que es chocante que la haya nombrado pero no…

- ¡Deja las excusas! Porque no son más que eso… ¡Excusas! – Continuó gritando y después de lanzar una mirada fulminante dirigida directamente a los ojos de la sheriff, cogió su ropa y salió corriendo dando un portazo tras de sí.

Emma se quedó allí sentada, mirando la puerta, confundida. Sintiendo que tendría que llorar por lo sucedido pero las lágrimas no brotaban. Se disculpaba consigo misma, diciéndose que la culpa era de la poción pero bien sabía que no era cierto, esa poción no la obligaba a nada, sólo le mostraba lo que ocultaba en su interior y ya estaba claro, tenía sentimientos hacia la Reina, o al menos una atracción brutal que la traspasaba.
Volvió a recostarse, haciéndose un ovillo entre las sábanas, con gran estupor, pensando cual debía ser su siguiente paso. Quedaba poco para que desapareciera el efecto, y estaba convencida de que sin él, no sería capaz de hacer nada.

- Vamos, Emma. Échale cojones. – Se dijo en voz alta y se incorporó de la cama. Se metió en la ducha y se preparó para dar ese siguiente paso dirección Regina.

Antes de salir del baño, se quedó mirándose al espejo, a sus ojos. Dándose el valor que necesitaba para afrontar sus sentimientos. Dio un golpe con ambas manos en el lavabo y abrió la puerta.

- ¡Regina! – Gritó sorprendida al ver a ésta sentada en su cama revuelta aún.

- Hola, Swan… - Dijo la morena con un tono tan serio que Emma sintió que su alma se encogía dentro de sí. Luego se puso en pie y se dirigió hacia la rubia con paso firme.

¡Zas!

- Regina… - Comenzó a decir sorprendida mientras posaba su mano en la cara que acababa de bofetear su antigua enemiga.

- ¿Por qué me lo ocultaste? ¿Acaso era más fácil usar a Gold en vez de hablar conmigo como dos personas adultas? – Preguntó enfadada mientras se daba la vuelta.

Emma se abalanzó sobre ella y la abrazó desde atrás. Sintió como su corazón comenzaba a galopar salvaje en su pecho. Al sentir el contacto de la rubia, Regina volvió a girarse ágil intentando deshacerse de los brazos de la sheriff pero no funcionó. Sólo sirvió para tener frente a frente a la salvadora, rozando su nariz con la de ella. Su respiración se entrecortó. No pudo pronunciar palabra a pesar de su enfado, era como si todo se hubiera parado y sin previo aviso, los labios de Emma se posaron sobre los suyos. Suaves, dulces… No pudo evitar cerrar los ojos dejándose llevar, disfrutando de aquel extraño pero delicioso beso casi prohibido.

- No sabía cómo contarte lo que me pasaba, porque ni yo misma lo sabía… - Dijo la rubia, sin soltar a la alcaldesa. – Todo empezó con un sueño…

- ¿Cómo? – Preguntó Regina sorprendida, abriendo los ojos como platos y ahora sí, librándose de las garras de Emma. - ¿Un sueño? – Dijo mientras se alejaba y se sentaba en la cama, como si un mareo se hubiera apoderado de ella. La sheriff empezó a caminar despacio hacia ella, y se puso en cuclillas frente a ésta, posando sus manos en las rodillas de la morena.

- ¿Estás bien? – Preguntó preocupada antes de continuar con la conversación.

- Sí… - Se limitó a contestar. Clavó su mirada en los ojos de la salvadora, luego levantó una ceja invitándola a contestar su anterior pregunta.

- ¿Recuerdas aquel momento en tu porche, el día que pensamos que a Henry le había ocurrido algo?

- Claro que lo recuerdo, no hace tanto de ello y no tengo mala memoria. – Medio bromeó intentando hacer menos tensa la situación.

- Ya lo había vivido…

- ¿Cómo? – Sus ojos se entrecerraron confusos.

- Había soñado con ello en varias ocasiones. – Continuó diciendo.

La cara de Regina cambió. Acababa de ser consciente de que ambas habían compartido el mismo sueño y aquello la había dejado aún más confundida de lo que ya estaba. No entendía su significado. Emma se percató de que había algo que ella tampoco sabía.

- Qué… ¿Qué ocurre? – Preguntó mientras posaba su mano con dulzura sobre el rostro de la morena, haciendo que la mirara de nuevo a los ojos.

- Ese sueño… Yo también lo había tenido…

Ahora eran los ojos de Emma los que se abrían como platos sorprendidos.

- Me estás diciendo que… ¿Tú también sabías que aquello iba a pasar? ¿Conmigo? – Preguntó finalmente.

- ¿Cómo que contigo? – Preguntó de nuevo desconcertada.

- Yo sabía que eras tú la de mi sueño. – Sentenció la rubia.

Regina la miró y se puso de pie nerviosa. Acto seguido se desapareció sin avisar entre la humareda púrpura.

- ¿Qué es lo que he dicho? – Se preguntó con cara de circunstancia, y allí se quedó posando sus dedos sobre sus labios, sintiendo aún aquel beso. – Necesito averiguar qué es lo que acaba de pasar aquí. – Se puso su chaqueta y salió veloz por la puerta de casa.

Continuará…