Decisiones complicadas

Estoy encerrado desde hace quince minutos dentro de mi automóvil. Sujeto con ambas manos el volante, lo aprieto con fuerza; por mi mente solo aparece la conversación con mi madre. Mi padre tiene más de una semana de desaparecido, según el relato de mi madre ya tenía tiempo con comportamiento extraño, y una noche fue al mercado para jampas regresar. Siento tensos los músculos de mi cuerpo, no necesita decir palabra más para darme a entender lo que sospecha que en verdad sucedió. Él seguro se contagió y prefirió alejarse de su ser querido antes de exponerlo. Pero su huida solo significaba algo peor, algo que si las autoridades supieran… No lo puedo ni imaginar. Le darían caza. Estoy tan absorto que no me percato de la presencia al otro lado de mi ventanilla, y si no es que da un golpe fuerte en el vidrio nunca lo haría.

— ¿Si, oficial?

— ¿Por qué no se ha retirado? Tiene más de veinte minutos nada más adentro de su auto.

Reaccionando a las palabras del policía volteo a ver el reloj del estéreo, me doy cuenta que tiene razón; me he quedado bastante tiempo pensativo.

— Lo siento, es solo que me duele haber visto a mi madre encerrada — Miento.

El oficial se queda un momento observándome, analizando cada facción en mi rostro como queriendo notar mi verdadera preocupación. No quiero imaginar lo que harían al enterarse de que un infectado anda rondando por la ciudad libre esparciendo el virus. Ruego porque nuestras suposiciones sean erróneas, que mi padre no esté enfermo con la gripe y que solo se haya ido por temor ó lo que sea.

— Bien, pero será mejor que se retire — La ruda voz del oficial me devuelve al automóvil —, casi es la hora del toque de queda.

— Entiendo oficial.

Pronto estoy conduciendo hacia la casa de la madre de mi novia, pero mi mente sigue en el estadio. En mi madre. Su situación complica mis planes, es más que claro que ella no saldrá de allí de buenas a primeras. Su estadía en el estadio es indefinida, su cuarentena apenas acaba de iniciar; yo solo tengo unos días para volver a Tokio. Es cuando recuerdo la advertencia de mi amigo, el que debo volver antes de una semana pues se cerrara la entrada a la capital. En un rojo desato mi frustración, mi impotencia al poder ayudar a mi madre. Golpeo tan fuerte el volante que mis manos duelen. ¿Qué debo de hacer? No la puedo abandonar, es mi única familiar ahora. Con mi padre desaparecido y mi hermano en las montañas, ya no me quedaría nadie.

No se cómo, pero he llegado al edificio de departamentos donde me espera Mimi y su madre. Llego antes del toque de queda por lo que me percato como la gente se va corriendo a sus casas para que no los agarren las fuerzas de la ley fuera de horario. Me adentro al gigante de acero y hormigón, me dirijo al elevador que me llevara al piso deseado y advierto como las personas son desconfiadas unas con otras; un par se sube el ascensor conmigo, separados unos de otros. En este día el contacto es un taboo. En el piso dos baja una rubia que me mira antes de pasar por las puertas que se cierran tras su salida. El siguiente en bajar soy yo, no me torno para ver al señor tras de mí. Cuando las puertas se comienzan a cerrar puedo escuchar cómo le da un ataque de tos: mi piel se estremece.

— Es bueno ver que has regresado — Me saluda con auténtica alegría Mimi quien me da un fuerte abrazo.

Es justo lo que necesito en estos momentos, sentirla así tan cerca me hace olvidarme de todo. Su perfume me embriaga y me lleva a lugares mejores que este, en donde solo ella y yo vivimos y somos felices. Cuando nos apartamos mi novia repara en mi desconsuelo, y ni es que lo quiera ocultar. Se ve dudosa en si preguntar lo que me he enterado al buscar a mi madre, no quiere empeorar la situación en caso de que la noticia fuese mala.

— Hijo, ¿Qué tal te ha ido? — La madre de Mimi sale de su habitación, por su semblante, se encontraba dormida — ¿Has encontrado a tus padres?

— Si — Contesto con una sonrisa fingida —, se encuentran bien por fortuna. Lo malo es los tendrán encerrados por unos días.

— Lo suponía — La señora se me acerca y toma la mano de una manera dulce y maternal —. No te preocupes, verás que todo saldrá bien.

Vuelvo a fingir una sonrisa, que lucho para que no parezca mueca; si supieran la verdad de los hechos. Sé que no puedo engañar a mi novia, ella finge creerme para no alertar a su madre, pero dado el momento le tendré que revelar la conversación con mi madre y lo que esta me ha pedido que haga. Me obligo a no recordar aquello, no es momento.

— Dejen les hago la cena — La señora Tachikawa se va en dirección a la cocina seguida de Mimi que se ofrece para ayudarle —. Si deseas puedes prender el televisor, hijo.

— Gracias.

Me dejo caer en el primer sillón de la sala y solo para pretender tomo el control del televisor y lo enciendo. La imagen es solo esos rectángulos de colores, lo que me indica que no hay programación en estos momentos. Ante la falta de distracción los recuerdos se abalanzan sobre toda mi cabeza, no puedo evitar recordar la petición de mi madre. Aprieto con fuerza el control remoto, no puedo creer que esté considerando hacerlo, ¿Cómo demonios lo podría hacer? Es algo que ni debería pasar por mi mente, pero sus palabras suenan con fuerza en mi interior. Aun la puedo ver frente a mí, separados solo por esos gruesos vidrios para evitar el contacto, y hablando por el intercomunicador.

##

— Dejadme, no te preocupes por mí — Suelta mi madre una vez que le he revelado por qué estoy en la ciudad y lo que me dijo mi amigo. Le he contado que vine para llevármelos a Tokio.

— ¿Cómo puedes decir eso? No te voy abandonar…

— Tienes que hacerlo, hijo. Yo ya no tengo salvación — Esa mirada que me dedica, ese rostro sepulcral me deja atónito. Impactado. Sus palabras suenan vacías, derrotadas. No lo dice, pero ella cree estar infectada —. Sé que lo sabes, y espero que entiendas que tu vales tanto para mí que prefiero saber que estés tu ha salvo que en esta ciudad esperándome.

Deseo tanto gritarle, poder atravesar este maldito vidrio y tomarla para llevármela de una vez. Cierro mis manos en puños, doy un golpe a la mesa que sobresalta a mi madre y la mujer que nos vigila. Hasta el momento hemos hablado en susurros, que por fortuna el intercomunicador no aumenta el sonido, pero ya no me importa que me escuchen; necesito que mi madre me diga que se va conmigo. No lo soporto más y exploto.

— ¡No te voy abandonar!

— Pero, hijo…

— No lograras que me vaya sin ti — La mujer de vestimenta extraña da un paso hacia el teléfono que tiene a su derecha, esta lista por solicitar apoyo en caso de requerirlo —. Es… no puedo… madre.

No dice nada, solo se me queda mirando de una madera tan especial como solo una madre puede hacerlo. Me siento como un niño de siete años. Los recuerdos de cuando he visto esa mirada florecen, y solo los recibía cada que de pequeño sufría un accidente y mi mamá venía a socorrerme. Esto solo me hace sentir peor.

— No temas, yo estaré bien.— Su voz dulce quiebra por completo mi espíritu.

— Madre.

—Regresa a la capital, llévate a Mimi y su madre — Colca su mano sobre el vidrio, yo la imito dejando la mía justo donde la suya —. En estos tiempos se deberán tomar decisiones complicadas, hijo. Nunca dudes para que logres sobrevivir. Se fuerte, continua y jamás mires para atrás.

##

Me quiebro ante ese último fragmento de mi memoria. Es el consejo de una madre que vela por el bienestar de su hijo antes que del suyo. Puedo sentir rodar por mi mejilla una lágrima, la limpio de inmediato, no quiero que Mimi ó su madre me vean llorar. Eso las alarmaría. La imagen del televisor sigue mostrando lo mismo, decido apagarlo ya que no tiene sentido que este encendida si no habrá nada que ver. Desde el control presiono el botón de power y la pantalla queda completamente negra. Me levanto y me dirijo al balcón; necesito un poco de aire fresco. La ciudad está en calma, una aparente y traicionera. Por supuesto que en estos tiempos ya no existe la quietud y seguridad que antes se tenía. Todo por culpa de un maldito virus.

La cena pasa de lo más normal con algunas platicas de la señora Tachikawa. Mimi por su lado no me quito de encima la mirada, solo pretendiendo estar en la conversación contestando vagamente a su madre. Ahora que estamos en su cuarto, ella acostada en su cama y yo sobre puñado de cobijas en el suelo sé que en cualquier momento me preguntara lo sucedido en el estadio. Me quedo quieto con los brazos debajo de mi cabeza que observa el techo pintado en un tono aperlado. Con la luz de la ciudad filtrándose por la cortina de la ventana hace que el cuarto parezca más iluminado.

Sé que esta noche no podré dormir, mis pensamientos y sentimientos no me lo permitirán. Esta será una noche larga, pero como lo he sospechado no estaré solo. Puedo sentir como Mimi se acomoda en su cama, supongo en una posición en la que podrá verme.

— ¿Ya me dirás lo que en verdad sucedió?

Lo sabía, Mimi me conocer a la perfección, sabe que no he contado algo sobre mi ida al estadio. Me quedo quieto en mi lugar un par de minutos, mi castaña me da el tiempo que requiera. Cuanto la amo. Suspiro y me doy vuelta para quedar boca abajo y de esa manera poder quedar frente a mi novia.

— Mi padre ha desaparecido.

— ¿Cómo es eso posible?

Es lo mismo que yo mismo me dije al recibir la noticia. De nuevo tomo un momento para ordenar mis ideas y así poder contar de mejor manera lo ocurrido. Empiezo contando la seguridad con la que tienen a las personas en el estadio, necesito alargar la historia, no quiero soltar lo importantes aun. Desgraciadamente no me toma mucho llegar al punto donde mi madre me explica lo de mi padre, nuestras sospechas y lo que podría ocurrir. En todo momento mi novia escucha atenta sin interrumpir, seguro tiene muchas preguntar, pero primero quiere escuchar. En el momento en que el relato llega al punto donde le digo porque he venido a Odaiba, me detengo. Me reincorporo para recárgame sobre mis codos, tomo aire y continuo. Mimi no me quita la mirada cuando acabo de hablar, no dice nada, solo extiende su brazo y con su dulce mano me comienza acariciar la mejilla. Me dejo consentir.

— Bueno, es mejor decirle a mi madre que nos quedaremos un tiempo — Su sonrisa es tan sincera que me siento culpable. No es justo que ellas se queden junto conmigo, se que se molestara cuando le diga lo que planeo.

— Ya lo pensé — Con mi mano sujeto la de mi novia, no quiero que la aparte; necesito sentirla —. Mañana tú y tu madre se irán a Tokio. Solo usen el pase holográfico y no habrá problema alguno, llegando a la capital busca ha Kousei…

— Ni creas que me voy de Odaiba sin ti.

Como lo imagine, no será fácil convencer a mi novia de que se vaya. Pero no importa cuán terca se pueda poner, yo ganare y así lograre dos de mis objetivos. Estoy por soltar mi argumento para convencerla cuando un fuerte estruendo irrumpe la quietud de la habitación. Al mismo tiempo Mimi y yo nos giramos hacia la ventana, que es donde suponemos provino el sonido tan aterrador. Sabía que esta calma era falsa, en estos días esa palabra con su significado se han esfumado. Nos levantamos, yo me acerco a la ventana pidiendo a mi novia que no se acerque; no vaya a suceder algo peligroso. Corro las cortinas y puedo ver como a lo lejos una gran bola de fuego brilla a lo lejos. Por la dirección puedo conjeturar que es lo que ha explotado; me aterro.

— ¿Qué sucede, Matt? — La voz temblorosa de mi novia es tragada por el sonido intenso de las sirenas de las patrullas que se dirigen hacia el lugar del acontecimiento — ¿Matt?

— Se trató de una explosión.

— ¿Explosión? ¿Dónde?

Estoy por contestar cuando la madre de Mimi entra despavorida a la habitación, está asustada por la explosión. Quien no, pienso. La tranquilizamos diciendo que estamos bien, que ha sido lejos de nuestro edificio. No les digo mi idea de que fue lo que explotaron, pero necesito corroborarla. Le solicito a la señora Tachikawa que encienda el televisor de la sala, estoy seguro que las noticias en estos momentos están dando transmisión de lo ocurrido. Querrán tranquilizar a la población, pues esto se les puede salir de las manos. Mientras la señora se retira detengo a mi novia para decirle mi suposición y con esto poder convencerla de que se vaya con su madre a Tokio.

— ¿El hospital general?

— Si, por la dirección del fuego puedo deducir que ha explotado el hospital — La tomo de los hombros y le calvo mi mirada —. La situación es riesgosa, tienes que irte de la ciudad con tu madre. No es justo que por mi tu familia pueda pasarle algo, yo no me lo perdonaría.

Los ojos castaños que me miran con atención parecen reaccionar a mis palabras, como queriendo ceder a la idea de irse. Pero pronto esa duda, ese momento de fragilidad se desvanece y es remplazada por un fuego especial. Sería un mentiroso si dijera que no me alegra saber que Mimi está dispuesta a estar conmigo en todo momento, pero temo por lo que pueda estar planeando. Veo como comienza a mover sus labios para decir lo que está pensando, pero otro estruendo la interrumpe. Volteamos a la ventana, las cortina no nos permiten ver hacia afuera por lo que creemos que hubo otra explosión en el hospital.

— Matt, Mimi, vengan rápido — El grito de la señora Tachikawa es tan aterrador que hace erizar los vellos de mi piel —. Rápido, tienen que ver esto.

Dejando inconclusa nuestra charla ambos nos dirigimos hacia la sala donde podemos ver a la señora parada frente al televisor. Sus ojos están llenos de pavor y lágrimas, tiembla ante lo que presencia frente a ella. Cuando poso mis ojos en el televisor comprendo la reacción de la señora, yo mismo comienzo a temblar. Siento mis piernas flaquear. No lo puedo creer. No puede ser. La segunda explosión no fue en el mismo lugar que el primero, que resulto ser — como suponíamos — el hospital general. Mis ojos presencian atónitos que la segunda explosión, el segundo estallidos provino del estadio Fijikawa. El lugar donde tienen a mi madre está envuelto en llamas.


¡Tercer Capítulo!

Y vamos avanzando con esta historia, ya comienzan las complicaciones y tragedias para nuestros titulares. Y aun faltan hahaha. Espero que les haya gustado este nuevo capítulo y me den su opinión en los comentarios. Quiero agradecer a los que estan leyendo esta nueva hisotria que escribo, saber que les esta gustando me anima a continuar. Nos vemos en el siguiente que estará más intenso que este n.n

Sin más por decir

Au Revoir.