Cansada, Vasiliki se levantó del suelo donde había estado esperando e hizo un gesto al perro que esperaba, quieto. Velado por la oscuridad, el can la siguió a través del Bosque Prohibido, allí donde el Sauce Boxeador era una barrera aparentemente impenetrable a las miradas curiosas.

Siguiendo el procedimiento correcto y dejando atrás las luces, los gritos y las incoherentes explicaciones de lo ocurrido en el laberinto, Victoria se adentró en la polvorosa estancia hasta que dio con la cama y se sentó.

Estaba pálida, se notaba que todo lo que había ocurrido la había sobrepasado. Inadvertidas para el perro que se convertía en el mago Sirius Black, lágrimas fueron secadas y escondidas.

- Y bueno- dijo el hombre con su voz ronca, sentado frente a ella- Ya ha sucedido.

- Sí- respondió Vasiliki- No como esperábamos, pero podría haber sido peor.

- Murió alguien- señaló Sirius con algo parecido a la rabia- ¿Qué podría haber sido más nefasto?

- Al menos, Harry está vivo.

Un largo silencio siguió a esta afirmación, uno en que ella apretaba los puños para mantener la calma y el brujo perdía sus ojos grises en las nieblas de un pasado que ya no podía asir.

- Tengo mucho qué hacer- manifestó el prófugo- ¿Qué necesitas?

- Un punto de apoyo. ¿Qué vas a hacer ahora? No puedes esconderte para siempre, Harry te necesita. Nosotros te necesitamos.

- Lo sé. Estoy trabajando en eso, pero podría tardar. ¿Y tú? ¿Cómo ayudarás a tu abuelo?

- Ya se verá. Por el momento tengo que enterarme de todo lo ocurrido y no hay mejor lugar que mi casa para llenarme de noticias. Pero tendré que elegir un bando tarde o temprano y esa es la elección más difícil de todas.

- ¿No lo tienes claro?

- Sé lo que quiero. Pero hay más que bandos entremezclados en esto. Hay personas, Sirius. Y situaciones peligrosas de las cuáles encargarse.

- Debería marcharme.

- Todavía no. ¿Cómo puedo contactarte a partir de ahora?

- Sabes dónde estaré, al menos estos días. Si algo cambia, te lo haré saber.

Sirius posó su mano en el hombro de Vasiliki. Tal vez no hubiera visto las lágrimas, pero podía ver su semblante triste y su porte caído.

- ¿Conocías a Cedric Diggory?- le preguntó.

- No. Pero era joven y estúpido, como todos los demás y estaba en un lugar que no debía estar. ¿Qué importancia tiene ahora?

Medio enojada, la muchacha se puso en pie.

- Ya estoy bien- dijo, con tono apagado- Lo siento. Será mejor que te vayas.

Black la miró un momento más pero asintió.

- Hasta luego.

- Claro.

Se convirtió en perro y desapareció bajo la llamada de la noche.

Caminó muy despacio entre los pasillos, esquivando la concurrencia y buscando con la mirada a alguien que no acertaba a encontrar. Al fin estuvo en el pasillo de piedra y murmuró la contraseña. Sentados, Draco, Blaise y Theodore la esperaban, apenas iluminados por la luz mortecina del lago.

Era obvio que sabían lo que había pasado. No parecían muy afectados y tampoco sorprendidos.

- ¿Dónde estabas?- preguntó Theo, poniéndose en pie para indicarle con una mirada que tuviera cuidado. Pero Victoria no necesitaba la advertencia e hizo un esfuerzo para sonreír.

- Fui a caminar un poco. ¿Todo bien aquí?

- Sabes que no- intervino Blaise- Ha comenzado.

Ella deseó preguntar qué había iniciado, tan sólo para oír la confirmación de lo que ya sabía pero fue Draco el que siguió.

- Es hora de que ocupemos nuestros lugares, nos quitemos las máscaras y sepamos en qué bando estamos. No puedes estar en terreno neutral por siempre, Blackmoon. El Señor Tenebroso ha regresado.

- Lo sé- dijo Vasiliki con calma- Lo he oído.

- ¿Y bien?- la apremió Draco- ¿Estás con nosotros o en nuestra contra?

Vasiliki lo ignoró momentáneamente, dirigiéndose a Theodore con una mirada intensa y concentrada.

- Necesito hablar contigo- dijo- A solas.

Blaise y Draco se miraron, como si ella hubiera dicho algo que esperaban oír. Theo asintió y ellos se apartaron, Zabini deseándoles las buenas noches.

La Sala Común quedó en completo silencio. Dónde estaban los demás, era un misterio, aunque quizá estuvieran fuera todavía, comentando el suceso de la noche o, por qué no, buscando capas oscuras que combinaran con el atuendo de mortífagos.

Oh Merlín… mejor no pensar en eso.

- Tu padre- fue lo que primero que alcanzó a articular la muchacha- Estaba allí, ¿Verdad? Con los demás encapuchados, asistiendo a su renacimiento.

- Sabes que sí, nunca he negado sus lealtades. ¿Por qué me lo preguntas ahora?

- ¿Estarás a su lado? ¿Lo apoyarás? Necesito saber a qué atenerme.

- No tengo elección.

- Esa no es la respuesta que esperaba escuchar.

- No tengo otra. Lo lamento.

Se miraron a través de un abismo que parecía insoslayable. En los ojos verdes de la muchacha había un asomo de llanto, pero Theo tenía la mirada tan tranquila que ella comprendió, ya había tomado sus decisiones y estaba en paz con ellas, fuera cual fuera el resultado que resultara de las mismas.

- No quiero separarme de ti- declaró de pronto Vasiliki- Ni ser tu enemiga ni preguntarme en qué compañías andas mañana.

- Bien. Yo tampoco lo deseo. ¿Eso qué significa?

- No puedo apoyar a Voldemort, Theo. No puedo esconderme por siempre ni pretender que todo está bien. Hoy murió un muchacho, mañana, ¿Cuántos más? Y me niego a tener las manos manchadas de sangre de inocentes.

- Nadie es inocente.

- No es momento de filosofías. ¿Realmente retomarás el legado de sangre por principios en los que no crees?

- No me uniré al bando opuesto. No puedo y lo sabes.

- ¿Draco? ¿Blaise?

- Draco se ha plantado al lado de su padre. Blaise… no lo sé. Quizá se vaya de aquí en cuanto pueda o nos apoye en las sombras. Tampoco depende de él.

- ¿Pansy, Daphne, Anne? ¿Millicent?

- Millicent tiene un sitio en las hordas oscuras. Pansy es partidaria, Daphne no se ha pronunciado y Anne cree en los preceptos de sangre, aunque puede ser igual que Blaise. ¿Qué es lo que intentas? ¿Saber cuántos apoyan a quién te hará más fácil la decisión?

- No puedo abandonar a mi familia.

- Ni yo a la mía. ¿Dónde nos deja eso?

Vasiliki se dejó caer en un sillón y escondió el rostro entre las manos durante los segundos suficientes para obligar a las lágrimas a volver a su garganta.

- Dame tiempo- pidió- No es fácil.

- Nadie dijo que lo fuera. Pero tú sabías cómo eran las cosas desde el principio y aún así seguiste adelante. Es hora de tomar las elecciones difíciles y nada de lo que pueda decir o hacer te facilitará las cosas. Ni a mí, dicho sea de paso.

Ella suspiró.

- ¿Un año?- preguntó- ¿Tenemos un año?

Nott se sentó a su lado y contempló las llamas vacilantes de la chimenea. Era evidente que la conversación se le hacía igual de amarga, pero en algún momento tenían que hablar del tema, ahora, no en las vacaciones, cuando el silencio entre ambos se haría espeso como el muro de hormigón y frío como el invierno.

- No lo sé- respondió- El Señor Tenebroso se mueve rápido.

- Pero aún no cuenta con las fuerzas suficientes para ser una oposición, ¿Verdad? ¿Cuánto tiempo crees que se tarde?

Ahora fue el turno de él para suspirar.

- Muy bien- dijo, juntando sus manos heladas y mirándola- Tienes un año. Para escoger si te quedas y peleas conmigo o contra mí.

- No me dejas muchas opciones.

- No tengo más. Ni ganas de seguir discutiendo. ¿Vendrás mañana a la Torre de Astronomía? Aquí no se puede hablar con libertad.

Vasiliki asintió y él la besó en la frente, para luego irse a su dormitorio. Pero aunque ambos se acostaron boca arriba en las sábanas para buscar a las estrellas que sabían que no estaban ahí, primero Theo y luego Victoria, ninguno de los dos pudo dormir.

Eran jóvenes, arrastrados a una guerra en la que no creían, pero cada uno respetaría las decisiones del otro con la férrea seguridad de que apoyarían lo que tenían que hacer incluso aunque eso les costara una relación que tardó tres años en ser consolidada.

La chica pronunció la contraseña con voz monótona, dejando que la gárgola de piedra se abriera y el fénix la llevara tan arriba como se podía. Ni siquiera se sorprendió cuando vio la luz del despacho de su abuelo prendida y se deslizó entre las sombras como si ése fuera su elemento natural.

Él no tardó en discernirla y le lanzó una sonrisa reconfortante desde el fondo de su barba.

- Pasa- le dijo- Imaginé que vendrías. Perdona que no te haya recibido antes, he tenido muchas ocupaciones.

- Lo he notado- señaló Vasiliki con todo el aplomo del que era capaz, sentándose en la silla que Albus Dumbledore señalaba. Allí, se tomó su tiempo para estabilizar su respiración antes de mirarlo fijamente.

- El regreso de Voldemort lo cambia todo- manifestó finalmente con voz ahogada y parecía que ningún retraso podría haber en su discurso, llegando rápidamente al grano.

El mago se irguió en toda su estatura y prendió una de las velas, aunque no era necesaria.

- Así es- respondió- Y sabes que tenemos que estar en pie de guerra.- la observó cuidadosamente- ¿Dudas?

- Las tengo- confesó Victoria, hundiéndose en el asiento, apesadumbrada- Sabes que te apoyo, abuelo, pero personas que amo no lo hacen. ¿Qué debo hacer? ¿Debo alejarme de todos para apoyar a una causa u otra?

Una especie de suavidad llenó al director, quien se sentó.

- No tienes qué hacerlo si no quieres- le dijo, posando su mano sobre la de la niña- Quizá sea demasiado para ti.

Aunque apenada, Vasiliki negó con la cabeza.

- Quiero ayudar en todo lo que pueda- pronunció- No tengo dudas de lo que debo hacer, sino de lo que dejo atrás. Es duro, ¿Sabes? Que te digan que debes estar a favor o en contra.

- Lo sé- manifestó Dumbledore- Has crecido y has desarrollado tu propio camino, Victoria. Pero llega un momento en la vida que debes dejar de seguir a los demás y tomar tus propias decisiones, por tus propias razones. Es todo lo que puedo decirte.

La niña había estado peleando tan duramente por no ponerse a llorar que estallar en lágrimas la sorprendió tanto como a él. Los dos podían contar con los dedos de una sola mano las veces que ella se había derrumbado por cualquier razón en los catorce años que llevaba de vida.

Pero claro, pensó Albus, ella todavía era joven y las lágrimas fluyen con facilidad.

- Lo amo- barbotó- Y sólo tengo un año y luego lo perderé.

Comenzó a sollozar suavemente y Albus se levantó para rodearla con los brazos hasta que el estallido pasó y ella pudo respirar suavemente.

- ¿Es el señor Nott?- preguntó delicadamente, secándole la cara con la manga de su túnica.

Ella asintió y luego se río.

- Pensarás que exagero- dijo- Porque soy todavía una niña y quizá no sepa lo que siento. Pero mis sentimientos son fuertes y pensar que podría no volver a verlo es un peso que no deseo a nadie.

- No pienso eso- refutó el anciano- Los sentimientos son veleidosos cuando no han plantado raíces, pero no soy un abuelo incompetente. Te he observado tanto como a Harry, al que tanto envidias en silencio, y quizá más, aunque no lo creas. Y también lo he observado a él y sé lo que sienten el uno por el otro, aunque sea precoz manifestarlo así. No creo que haya nada pasajero allí, pequeña.

- Pero al parecer- objetó la ojiverde estremeciéndose- No siente por mí lo mismo, si no es capaz de abandonar su causa por estar conmigo.

- No seas egoísta- fue el dulce reproche- Él está envuelto en una situación mucho más difícil. Tener un padre como el suyo tiene sus repercusiones y a veces nuestro bando no está a elección.

- ¿No podrías protegerlo?- rogó ella agitando el cabello de plata- Temo tanto por él que casi no siento miedo por mi misma.

- Pues deberías. Lo que debes hacer no tiene facilidad alguna. Más no puedo prometer que protegeré al muchacho si él no se deja.

La niña se repuso tan rápido como había declinado y se irguió silenciosa y orgullosa en su asiento.

- ¿Qué debo hacer?- preguntó- Dímelo y me pondré a trabajar inmediatamente. Quizá pueda buscar un escollo en este lío y en este año del que dispongo, pueda ponernos a salvo, lo más que pueda.

El abuelo dedicó todavía un momento en una caricia en el rostro a Victoria y luego se apartó para darle su espacio.

- Por el momento, termina el año bien. Luego viajaremos un rato, me acompañarás. E iremos viendo lo que hay que hacer conforme surja. No te preocupes, ¿De acuerdo? Confío en que todo saldrá bien.

- De acuerdo. ¿Quieres que siga vigilando a Harry?

- De lejos. De cualquier forma, Sirius no le perderá la vista y en Privet Drive estará seguro.

- Pero no feliz- hizo notar la niña- ¿Seguro que no es mejor que venga con nosotros?

- Tampoco allí donde vamos estará totalmente resguardado. No, tengo fe en las protecciones mágicas. Y será mejor que vayas a dormir o te preguntarán por qué llegas tan tarde.

Vasiliki sonrió durante un momento y se puso en pie. Luego acudió a la puerta y ya allí se volvió para decirle:

- Nunca me dijiste que me vigilabas.

- Porque no lo hago. Sólo te cuido. Buenas noches, Victoria.

- Buenas noches, abuelo.

El mes siguiente estuvo lleno de sol, pero nadie podía poner paz a su corazón. Se celebró el último banquete y con ello una elegía a Cedric Diggory. Funestas nubes se apuntaban en el cielo despejado, demasiadas palabras dichas precipitadamente. Algunos viajarían fuera, otros empezarían a planear el resto de sus vidas.

Vasiliki intentó hablar repetidamente con Harry, pero éste se negó. Aparentemente, necesitaba estar solo y tras un par de intentos, así fue como ella lo dejó.

Blaise le informó a Victoria que su madre no apoyaría a los mortífagos abiertamente, pero que él los apoyaba y se despidió el último día. Draco parecía satisfecho ante el horizonte que se abría ante él, Pansy parecía firme seguidora suya y hasta la pálida Daphne estaba más del lado de Blaise que de la neutralidad.

Millicent no hablaba, como siempre, pero, tal y como Crabbe y Goyle, apoyaba a Draco en toda la extensión de la palabra. Sólo Anne calló pero Vasiliki sabía que lo que pensaba.

Y Theodore… parecía que, una vez dicha su postura, no quería hablar más de ello. Pasaba las noches hablando con Vasiliki en la torre de muchas y variadas cosas, pero no la presionó para tomar una decisión ni tampoco le preguntó qué pensaba acerca de cómo estaban sucediendo las cosas.

Se despidieron en el andén y él prometió escribir. Vasiliki sabía que no cumpliría su promesa, así que lo besó con profundidad para que se acordara de ella.

Luego cada quien se marchó por su lado. Quinto Año no sonaba tan prometedor.

Pero había que hacer frente a las cosas, ¿No?

Mirando al mago luminoso y viejo a su lado, Vasiliki se prometió ser fuerte y valiente.

Como sus padres fueron una vez.

Fin de Harry Potter y el Cáliz de Fuego. Sé que he omitido la segunda y la tercera prueba pero todo lo que necesitaban saber ya estaba en el libro y no me gusta repetirme. Espero que les haya gustado, el capítulo 51 tratará de tiempos más adelantados.

Saludos

Ivana Morgenstern

PD: Me salté un capítulo que va entre el capítulo del Torneo y el de Otros Bailes, que se llama Navidad. Si por alguna razón fanfiction no me cambia en media hora el orden de los capítulos y no puedo incluir Navidad de ningún modo publicaré el capítulo al final del fic. No se angustien, no tardaré, la historia está escrita en su totalidad y me llevará muy poco tiempo postearla toda.

¡Abrazos!

IVM