La chica miró al podrido vestíbulo con interés. Era la primera vez que visitaba la casa de Sirius, habilitada como el cuartel general de la Orden del Fénix apenas el día anterior y la leyenda viviente entre los magos de sangre pura, que siempre quisieron saber dónde vivía el heredero de los Black.

Tocó el cuarteado papel tapiz de las paredes y recorrió los pasillos oscuros hasta que la luz del salón le llamó la atención; en completo silencio, avanzó hacía allí.

Aparentemente desde hace un rato, la discusión se mantenía lineal. La figura de su abuelo parecía más alta desde allí, observó la muchacha, contrastando vivamente con la enojada y sombría silueta de Sirius, quien tenía las mejillas enrojecidas por las emociones.

Vasiliki admitía que era natural. Lo que había dicho su abuelo estaba lejos de ser lo mejor que el animago hubiera escuchado jamás.

- Hay muchas cosas por resolver, Sirius- había dicho Dumbledore- Entre ellas está el hecho de que ahora que Pettigrew ha huido, tu habilidad como animago ya no es un secreto y, por lo tanto, eres vulnerable a las persecuciones de los mortífagos. Por tu propia seguridad y hasta que no se aclare el asunto de tu inocencia, lo mejor es que te quedes aquí. Supongo que no te resultará fácil, empero, no veo mejor solución.

Allí fue donde las cosas empezaron a avivarse. Después de todo, Black había sido un fugitivo y aunque no había sido divertido, al menos había sido libre. Ahora le estaban diciendo que tenía que coartarse esa libertad, ¿Y por qué se creía que él iba a hacerlo de buen grado?

Aún así, escogió sus siguientes palabras con mucho cuidado.

- Supuse que me vería enfrentado a esta dificultad en algún momento. Pero también pensé que podrías ayudarme a encontrar… otra alternativa.

Todavía no había terminado de hablar y Dumbledore ya estaba negando con la cabeza.

- Lo siento, Sirius- respondió- No veo otra salida.

- Podría cambiar mi apariencia.

- Muy arriesgado, no hay una manera lo suficientemente radical de transformarte que sea completamente segura. Y sabes bien que hay mejores maneras de identificarte que sólo mirando. Es por ello que prefiero verte aquí, a salvo.

El tono de su abuelo se había hecho más firme conforme hablaba y por un momento Victoria experimentó un fuerte sentimiento de empatía.

Ella conocía esa sensación de estar atado de pies y manos. El argumento de "por tu seguridad" resultaba difícil de trampear incluso si el bienestar propio importaba tan poco.

Quizá por ello, miró a los ojos por primera vez a Sirius Black. Él le devolvió la mirada y Victoria pudo comprobar, sorprendida, cuán grises eran aquellos orbes llenos de rabia.

Él, se dijo la joven, no había perdido totalmente sus recursos.

Pero guardó silencio por un lapso considerablemente prolongado antes de responder.

- Muy bien- consiguió decir finalmente, con los labios apretados. Se dijeron más cosas, pero Vasiliki ya no escuchaba. Estaba pensando en tantas otras cuestiones…

- Victoria, ¿Vienes?- alcanzó a oír que le llamaba su abuelo- Aunque quizá quieras quedarte. Los Weasley y la señorita Granger llegarán hoy. Supongo que querrás hablar con ellos.

Ella respiró y se esforzó por esbozar una sonrisa. Aquel era el plan, pero le costaba mucho ceñirse a él.

- Seguro- respondió- Sin duda tendremos muchas cosas que decirnos.

De las cuales ella no sabía ninguna, pero sin duda se las arreglaría. Miró a Sirius y su boca hecha una fina línea y no comentó más. Albus Dumbledore le revolvió el cabello y se marchó junto con los demás miembros de la Orden, a excepción de Sirius y Remus, que la miró y le preguntó si tenía hambre.

- Sí, eso creo- repuso Vasiliki, no había hablado con su exprofesor de Defensa con las Artes Oscuras desde hacía dos años. Él le sonrió bondadosamente y fue a la cocina. Quedaron Sirius y ella.

- ¿Y bien?- acertó a preguntar Vasiliki, acercándose- Sácalo.

- ¿El qué?- replicó a su vez el animago, luciendo enfadado todavía.

- Percibo tu enfado a metros de distancia, Black. Sácalo todo.

- A veces eres tan descarada conmigo que me pongo a pensar qué he hecho para darte semejante libertad para conmigo. ¿Es que no puedo pensar por mi cuenta?

- Eso es elección tuya. Yo sólo quiero ayudarte a dejar de guardar las cosas en el fondo de tu pecho.

- Quizá no esté tan molesto como pareces pensar. ¿Por qué iba a estarlo? Después de todo, es por mi bien- la amargura de su voz era perceptible.

- Porque odias este lugar- respondió con seguridad la muchacha.

- Deja que me guarde algunos secretos- esbozó una sonrisa amarga y se marchó al comedor con las manos en los bolsillos.

Atrás, la muchacha sonrió.

..

La llegada de Ron y Hermione atrapó a Vasiliki en la cocina, leyendo el Profeta con ojos muy atentos. Era la única que esperaba abajo, ya que Sirius se había encerrado con Buckbeak y sus ojos verdes los miraron de arriba abajo, evaluando.

- Buenas tardes- saludó, correcta, bebiendo de un café ya frío, pero sin ninguna sonrisa- Son ustedes Ronald Weasley y Hermione Granger, ¿Verdad?

A pesar de las muchas sospechas que pudiera o no albergar Ron, éste asintió y le tendió la mano.

- ¿Victoria Dumbledore?- la chica se la estrechó.

- Prefiero que me llamen Vasiliki, si no te importa. Y aquí tenemos a la alumna más brillante del curso, si Harry no se equivoca- la risa bailoteó en el fondo de sus ojos.

- No es nada- se ruborizó Hermione, tímida- Sacaste más porcentaje que yo en la mayoría de las materias. Ehm… ¿Y Sirius?

- En la bodega, alimentando a Buckbeak. ¿Quieren comer? Remus dejó unos sándwiches.

- Estoy lleno, gracias- declinó Ron, sentándose a sus anchas en la cocina. Hermione lo imitó y Vasiliki, tras beber un poco más, volvió a mirarlos con su particular manera incisiva.

- ¿Y Harry? Tenía entendido que vendría también.

- Después- respondió Ron- No sé por qué, pero no puede abandonar a sus tíos hasta pasado el verano. Aunque no sé por qué no, son un asco.

- ¡Ron!- se escandalizó Hermione- No deberíamos hablar… pero bueno, supongo que ya lo sabrás, ¿No?

Miró ansiosamente a la chica, que asintió sin comprometerse. Un silencio denso cayó sobre la mesa hasta que Vasiliki río suavemente y cerró el periódico, que dobló con cuidado antes de cruzar los brazos.

- Harry ha hablado un poco de ustedes, pero la verdad es que no los conozco y ustedes tampoco a mí. ¿Les parecería bien un poco de conversación? Estoy particularmente aburrida, con un mago encolerizado y un querido lobo que camina por allí.

Los observó alentadoramente y Hermione fue la primera que se atrevió a tomar la oportunidad que le ofrecía ella.

- La verdad es que es natural nuestro desconocimiento mutuo- repuso- Eres de Slytherin y nosotros no solemos llevarnos con esa casa.

- Lo he notado- posó su cabeza sobre una mano- ¿Cómo es ser Gryffindor? Llegan tantas habladurías a nuestra Sala Común que no se sabe qué creer.

- Bueno, depende de lo que quieras escuchar.

- ¿Dónde es su Sala Común?

- Buen intento, pero eso es secreto. ¿O nos dirías el emplazamiento de su casa, acaso?

- Ya lo saben. No me miren así, sé sumar dos más dos. ¿Intentos de Crabbe y Goyle en segundo año? Por favor, eso huele a ustedes.

- A Ron y Harry, en realidad. Mi poción multijugos salió mal.

- ¡Hermione!

- ¿Qué? Es verdad, además, ella ya lo sabía, Ron.

- Lo supuse. Estuviste en la enfermería una semana por ello, ¿No? Bueno, eso dice mucho de ustedes.

- ¿Cómo qué?- preguntó Ron a la defensiva.

- No les interesan las reglas a menos que puedan romperlas y son lo bastante osados para hacer lo que es necesario cuando es necesario. Imagino que eso debió haber sido un problema para ti, Granger.

- Llámame Hermione. Y no lo es, aprendí bien.

- Bueno, ¿Cómo es Seamus, Dean, Parvati, Lavender, Neville, un largo etc?

- ¿Cómo sabes los nombres de nuestros compañeros´?

Ella rodó los ojos.

- Cuatro años oyéndolos en clase, algo debía pegarse. Neville es el peor estudiante, Dean el que más tonterías dice, Seamus el más bromista después de Ron, Parvati y Lavender las más chismosas… uno aprende.

- ¿Y qué me dices acerca de tus compañeros? ¿Te divierten?

- Sí, ahora que lo dices. Malfoy tiende a hacer muy buenas comedias de ustedes.

Hermione le dirigió una aguda mirada.

- Te he visto con Nott- le dijo, quizá para molestarla- ¿Grandes amigos?

- Nott no es de tu incumbencia. De la de nadie, en realidad. Y no empecemos con secretitos, el tuyo es más jugoso que el mío, ¿Sabes?

Hermione se sonrojó hasta las orejas.

- ¿De qué habla?- preguntó Ron.

- De nada- dijeron las dos y Hermione le dirigió una tibia sonrisa.

- Bueno, al menos he aprendido a no tener discusiones con una Slytherin. ¿Cómo es estar en la casa verde?

- Cómodo. Interesante. Divertido, a veces. Pesado, otras.

Se quedaron callados largos instantes, hasta que Vasiliki tomó una galleta y se dirigió a Ron.

- Tienes una hermana menor, ¿Verdad? ¿Dónde está? Presiento que me llevaré bien con ella.

- ¿Ginny? Olvídalo, cualquiera que le hable a Harry y sea de su edad es un potencial enemigo.

Vasiliki se río.

- ¿Así que tenemos a otra enamorada de Potter? No lo sabía. Pero no te preocupes- agregó al ver su sombra de preocupación- Mis labios están sellados. Por cierto, me caen bien tus hermanos, Fred y George, ¿Vinieron?

- Todos están en sus habitaciones- intervino Hermione rápidamente- ¿De dónde los conoces?

- Hechizaron a mi gata una vez, hace tiempo. Son divertidos.

- ¿Eso piensas después de que hechizaran a tu gata? Si se lo hubieran hecho a Crooshanks los habría asesinado.

- Bueno, los tengo en mejor concepto. Repararon el daño.

- En fin. ¿Qué debemos hacer? El profesor Dumbledore no nos lo explicó.

- Limpiar la casa- la sonrisa de Victoria salió torcida- Y descubrir los secretitos de Grimmauld Place. ¿Preparados?

- Listos- dijeron unas voces a coro en la puerta- ¿Qué haces aquí, Dumbledore?

- Comiendo galletas- ironizó ella- ¿Qué hacen ahora, Weasleys? Tengo muchas ganas de descubrir sus nuevos inventos.

- Shhh, no nos delates. ¿Vienes a verlos?

- Claro- sonrió Vasiliki y se apresuró a seguir a los gemelos a través de los pasillos, dejando a Ron y Hermione, que se miraron.

- Ella es…

- Extraña.

- Sí.

- Pero genial, no parece tan mala persona.

- Sí, no parece partidaria de Quien-Tú-Sabes.

- ¿Por qué el cabello plateado? ¿Será veela?

- … no lo sé.