Extrañas Vacaciones.
Vasiliki arrojó precipitadamente los guantes y anunció que las recámaras estaban listas.
- Bien- aplaudió Sirius distraídamente.- Así podrás dormir en una de ellas.
La chica parpadeó. Cuando anunció que se quedaría el resto del verano, su anfitrión no pareció muy contento pero su actitud semejaba haber cambiado ¿Sería por todo el lío que, para variar, Harry había armado?
Y aún así, a Sirius se le veía de buen humor, casi relajado.
- ¿Qué?-le preguntó.-No me mires así, ahora me dirás que no deseas quedarte- suspiró falsamente- Mejor ven y ayúdame con este crucigrama, vamos.
Ella se acurrucó cerca de él y pensó en todo lo mucho que todo había cambiado.
...
Harry llegó a tiempo para la última reunión y Vasiliki lo vio subir las escaleras sin hablarle. Resultaba desusado que una chica de su edad perteneciera a la Orden del Fénix, pero así era y no sólo porque la mayoría de los presentes no tuviera autoridad alguna para impedirlo. A aquellas alturas, todo aquel con un poco de información podía participar y ella tenía mucho que decir a raíz de su estancia en Slytherin.
Ya se había acostumbrado a las miradas de sorpresa cuando la oían hablar y ahora se llevaba bien con la mayoría.
Sin embargo, y a pesar de todo el secretismo que envolvía a los presentes, no se estaba diciendo nada nuevo, más que algunas teorías culpando al Ministerio de lo que le había sucedido a Harry.
- Resulta muy conveniente- expresó Kingsley- Ahora que han desacreditado a Dumbledore, anunciar la vista de Harry. No me sorprendería verlo en los titulares de mañana.
- Oh, yo no lo creo-replicó Vasiliki- Harán una nota, quizá, plagada de burlas o, como mucho, una distraída mención y quizá no digan nada hasta saber el resultado. Pero todos sabemos que Harry metió la pata y ahora debe resolverlo.
- No tuvo elección- manifestó Sirius calmadamente.
-¿No?- se mofó el profesor Snape entonces- ¿Qué hacía tu ahijado recorriendo las calles a esa hora? Rara la ocasión para un paseo e inútiles nuestros esfuerzos de protegerle. Al final, hace lo que quiere.
- Creo que estamos desviando la conversación-repuso la profesora Mcgonagall apaciblemente- ¿Cómo van los nuevos reclutamientos?
-No muy bien- admitió Tonks- Pickford no deja de decirme lo chiflada que estoy.
- Las guardias son otra cosa-replicó Moody- Hemos atrapado a un par de curiosos y "el arma" está a salvo.
- Yo me refería a los duendes- aclaró Minerva- ¿Alguna nueva?
- Ragnok sigue en contra de los magos- dijo Bill apesadumbrado.
Y así siguió la reunión: informes largos y difíciles dudas colectivas, votaciones, el repasar de los planes con ayuda de los planos, asignación de deberes. Y, al final, las calurosas despedidas y las ya consabidas invitaciones a cenar.
Cuando Molly Weasley empezó a preparar la cena, Vasiliki se sentó en un rincón y no dijo nada: le interesaba oír la conversación, y en cuanto la discusión se centró en Sirius y sus habilidades de padrino, rodó los ojos; ya sabía quien llevaba todas las de perder. Al fin se calmaron las cosas y pudieron empezar a informar a Harry, el objetivo principal de toda la conversación.
Victoria oyó con interés, vigilando sobre todo las reacciones del chico.
"Al menos, no está asustado"pensó y dijo que iba a dar un paseo al irse todos a dormir. Ni siquiera Molly se atrevió a impedírselo; la mujer había intentado adoptarla en cuanto llegó pero tuvo que cambiar de opinión porque Vasiliki no dejaba de rechazarla.
La muchacha se encontró sola y caminó mirando las estrellas. Extrañaba muchísimo a Theo y la Torre de Astronomía, pero él no le había escrito y ella no podía ser sincera totalmente con él.
Pasó la noche en vela, sentada en la hierba, hasta que George la llamó a desayunar.
Estuvo los siguientes días ayudando a descontaminar la casa y sin hablar con nadie hasta que Harry tuvo que ir al Ministerio. Le sonrió y le deseó suerte, pero, interiormente, estaba tan preocupada como los demás y se pasó la mañana distrayendo a Sirius para disipar su malhumor, que se volvió más marcado cuando Harry fue absuelto de todos los cargos. Al fin ella lo encaró en la lavandería.
- No puedes estar así- le dijo- Su lugar está en Hogwarts y lo sabes muy bien.
- Lo sé, no tienes qué decírmelo continuamente.
- Y entonces ¿Por qué te comportas como si te molestara?
Sirius metió unos pantalones en la colada y suspiró.
- Albergaba la esperanza de pasar más tiempo con Harry, es todo. Ni siquiera tú puedes culparme por eso.
- No, y lo comprendo. Pero tu actitud despierta aflicción ¿No puedes ser feliz por él?
- Seguro-murmuró Sirius saliendo- Seguro.
Vasiliki no estaba nada contenta pero no dijo nada. Entretanto, tenía otras cosas por las cuales preocuparse.
El último día de vacaciones llegó su carta de Hogwarts y una reluciente insignia de prefecto. La miró, bastante incrédula y la escondió en cuanto escuchó que los prefectos de Gryffindor también se encontraban allí. Asistió a la pequeña fiesta con el mínimo de emoción y se alegró mucho cuando ésta acabó, se fueron a la cama y, al amanecer, a la estación.
Ésta despedía un aire tan agradable que Vasiliki se río cuando Sirius empezó a perseguir un par de gatos y le acarició el lomo como a un animal cualquiera, viéndole mover la cola. Subieron al tren y ella se quedó observando al can hasta que desapareció en la curva y fue entonces que ella recordó que era prefecta. Sin ganas, recorrió el andén en busca del vagón de los prefectos.
Draco era su nuevo compañero de prefectura y la saludó gallardamente. Ron y Hermione ya estaban allí, igual que Anthony Goldstein, Padma Patil, Ernie Macmillan y Hannah Abbott.
Recibieron instrucciones pero Vasiliki apenas escuchaba; pensaba en Theo.
- ¿Emocionada por tu nuevo cargo? - le preguntó Malfoy con una sonrisa incipiente.
- No especialmente- se sinceró ella- Es... más aburrido de lo que imaginé.
- Pero... imagínate los puntos que podemos quitar, uno por cada Gryffindor que veamos. Además, dicen que el baño es precioso... podrías llevar a Theo, ya sabes.
- ¿Lo has visto?- ella se aferró a sus palabras y él se río.
- ¿El baño?- preguntó con picardía, haciéndola contener la respiración.
- Claro que no. ¡A Theo!
Draco esbozó una petulante sonrisa.
- ¿Qué me das por la información y la posibilidad de salir de aquí?
- Cóbrame después- espetó ella, saliendo del vagón y perdiéndose en los pasillos.
Anhelaba tanto ver a Theo, oír su voz...
- Hey- le dijo un acento conocido- ¿A quién buscas con tanto empeño?
- Blaise- lo saludó con alivio- ¿Y Theo?
- Dos compartimientos más allá- señaló el muchacho- ¿Me dirás al menos cómo pasaste las vacaciones?
- Aburridas- sonrió ella y empezó a desplazarse. Blaise la detuvo con un movimiento.
- Ten cuidado- le dijo- No está de buen humor.
Ella asintió, pero no se detuvo. Abrió la puerta del compartimiento señalado.
- Hola- Theodore estaba solo- ¿Prefecta?
- Para mi desgracia- repuso ella y se le quedó viendo.
- ¿Cómo pasaste tus vacaciones?- le preguntó él con ligereza, como si se hubieran visto apenas el día anterior. Ella enmudeció.
- No me extrañaste ni siquiera un poco, ¿Verdad?- Theodore suspiró.
- Cada día- se dejó caer enfrente suyo- No escribiste.
Lentamente, él le enseñó ambas manos, vendadas. El silencio reinó de nuevo entre los dos.
- ¿Me vas a responder?
- Fueron largos días vacíos. ¿Qué quieres que te diga?
- La verdad. ¿Dónde estuviste? Visité tu casa.
- Tú... ¿En serio?
- La segunda semana de vacaciones.
- Estuve en Londres.
- ¿Con quién?
- Amigos.
- ¿Gryffindor?
- Entre otros. ¿Qué le pasó a tus manos?
- Cuchillos, alambres, otras cosas.
- ¿Hablaste con tu padre?
- ¿Acerca de ti? En realidad no quieres conocerlo. Merlín sabe que yo tampoco querría hacerlo pero qué le vamos a hacer, es mi padre.
Vasiliki miró por la ventana.
- Ya no sé qué decirte-confesó- No sé hacía donde marcha esta conversación.
- A ninguna parte. No tienes qué esforzarte, Victoria. Mi humor no es bueno.
- Me lo advirtió Blaise.
- El buen Blaise. Qué ganas de retorcerle la garganta y ver cómo se ahoga...
- Me asustas. ¿Qué es lo que quieres, de veras?
- No lo sé -admitió- Todo me irrita.
Vasiliki se puso en pie.
- Iré a hacer las rondas- anunció- Volveré después.
Se marchó, dejando a un Theo de labios fruncidos. No se sabía quien estaba más alterado de los dos.
