El demente y el salvador
Oponerse al escaneo seria como estar infectado, ambos nos llevarían a tener una bala entre ceja y ceja. Taka es el primero en pasar, como hace horas está limpio. Lo curioso fue cuando les mostro su pase especial, ese que le saco de la ciudad y le dio un lugar en el convoy militar. Esos hombres de armadura no les importo, ellos solo tenían una misión… llevar acabo la purga. Tengo el temor de que aunque no estemos infectados nos quieran matar, en este tipo de situaciones entre menos sanos existan los recursos que se requerirán se podrá distribuir mejor en los que se salven.
Mimi es la segunda en pasar, mi corazón se detiene y una gota de sudor me recorre por la espalda. El escáner marca que está limpia. Mi castaña suspira aliviada de no recibir una bala en la cabeza, y como una chispa eso la transporta a la muerte de su madre, lo se por el semblante que desdibuja su pureza.
— Vas tú.
Doy un paso hacia la mujer con el escáner, este es diferente al que usan los militares regulares. Este aparato tiene una aguja que entierran en mi piel sin piedad, extraen un poco de mi sangre y en un par de minutos da el veredicto. Estoy limpio.
— Todos limpios, señor.
La noticia no parece gustarle al líder de aquel pelotón. Juraría que le he escuchado gruñir molesto por estar sanos. Esto cada vez me inquieta más.
— Llévenlo con los demás.
— Sí, señor.
Un par de lo que llamare soldados, nos guían por un camino escabroso hacia donde sea. Quisiera poder irme de ese lugar, no me siento seguro con esos hombres y mujeres de armadura blanca. Me imponen, si un simple militar se da a respetar, estos sujetos los hacen ver como niños.
— ¿A dónde nos llevaran, Matt?
— No sé, pero tu tranquila — le rodeo con su brazo los hombros —, yo te protegeré de todo.
Algo dice en un susurro que no logro escuchar. Solo a atraigo más hacia mí para que se sienta segura, mientras yo no pierdo de vista a los hombres con armas. Lucen concentrados, miran a los costados constantemente y tienen bien sujetas sus armas, es como si estuvieran cazando; o puede que fuese al revés. Ya no estaba seguro de lo que estaban viviendo, el recuerdo de los cuerpos afuera del camión, la masacre de los soldados, todo resultaba tan surrealista.
Los soldados se detuvieron, nosotros igual, uno se giró y le apunto a Taka para que le acercara. Luego Mimi, y terminaron conmigo. Nos colocaron en una hilera cerca de ellos, nos catearon, percatándose que no traíamos nada de cuidado nos hicieron pasar por unos arbustos altos. Al salir de entre las ramas nos encontramos con un pequeño grupo de personas agazapadas en grupos de dos o tres personas. Si mis cálculos no son erróneos calculo que somos unos diez sin contarnos a nosotros tres.
— Aquí se quedaran.
— ¿Cómo? — algo en esas palabras no le pareció a Taka.
— Sigan ese camino y llegaran a Tokio — el soldado vio su reloj digital en la muñeca y apunto —: Tienen menos de un día, apresúrense si quieren vivir.
Las personas a nuestro alrededor al escuchar aquello se levantaron del suelo y comenzaron a mostrar su miedo. Unos lloraba otros gritaban, esperaban que esos hombres los cuidara y llevara a una zona segura. Esto era lo que sospechaba, lo que no me agradaba de estos hombres. Al ver el alboroto que se formaba los soldados nos apuntaron, estoy seguro que no dudarían en jalar el gatillo de ser necesario.
— Tengan piedad, esas cosas andan afuera — suplico una mujer.
— Denos un vehículo por lo menos — hablo un hombre
— ¡Cállense! — el soldado que dio la nueva disparo al aire para calmar el tumulto —. Nosotros no somos rescatistas, nuestra labor es otra y si no quieren que les pase algo malo será mejor que no digan más.
— Disculpen — Taka se le acercó con cortesía al soldado —. ¿Me permitiría unas palabras en privado?
El soldado no parece que cederá, pero de pronto algo en su comportamiento cambia. Al no poder ver su rostro supongo que Taka le ha enseñado algo, y como me da la espalda el castaño tampoco puedo apreciar que es lo que de su saco extrajo. Estoy tentado en acercarme, pero la compañera del soldado con el que habla el castaño nos sigue apuntando. Pronto se retiran un poco del grupo y hablan de algo, solo espero que ese castaño no nos vaya abandonar en este lugar. Tengo una mala espina.
Taka de momentos no voltea ver, el soldado solo escucha y asiente en algunas cosas. No me quiero aventurar ni crearme falsas esperanzas, lo único que quiero es sacar a mi novia de toda esta locura y volver a casa en Tokio. En una última mirada hacia nuestra dirección, Taka termina la charla y ambos regresan al grupo.
— Hoy están de suerte — hablo el soldado con tono despectivo —. Mandare unos de mis hombres para que los acompañen a un campamento cercano, allí los transportaran a Tokio.
La noticia provoca nuevas lágrimas, unas de felicidad y esperanza, sonrisas y mucho agradecimiento. Esa gratitud está mal dirigida, si estos soldados nos acompañaran es porque Taka los ha convencido de alguna manera. Lo que me sigue inquietando es la relevancia de ese hombre como para que pueda manipular a los soldados. Tengo que averiguar su verdadera identidad y propósito para salvar a desconocidos.
(-)
El campamento está a dos horas según el soldado que nos va dirigiendo. Somos custodiados por cinco, tres van en la retaguardia y dos en la parte posterior de la fila en la que vamos. Mimi no se me ha despegado en ningún momento, de vez en cuando me pregunta como estoy, si me canse de que este tan cerca o si no quiero caminar solo. Prefiero tenerla cerca, es la mejor manera para cuidarla en estos momentos, separarnos seria aumentar el peligro de que si se desata el caos nos perdamos uno del otro. No pienso permitir que suceda eso.
Seguimos caminando a paso rápido, estos soldados quieren dejarnos en el campamento lo antes posible, les somos una molestia. Entre un grupo y otro hay un par de metro de separación, por lo que no puedo escuchar que platica el grupo que va a delante. El grupo de atrás está un poco más separado, es el momento para hablar con Taka.
— ¿Me dirás como es que hiciste para que no nos dejaran a nuestra suerte?
El castaño no se inmuto en lo absoluto ni hizo intento de ver si alguien me había escuchado. Seguimos caminando, pero no le pierdo de vista.
— Verás, use mis influencias — hablo en voz normal.
— Eso creo que ha sido obvio, pero, ¿Qué tipo de influencias tienes?
Antes de responder se volvió para ver si nadie les escuchaba, cada quien estaba en su propio mundo de problemas como para estar al pendiente de los demás.
— Soy hermano del presidente.
— ¿Cómo? ¿Del presidente Kanbara?
Asintió verificando que nadie prestara atención. Solo Mimi fue la que escucho la noticia, se separó un poco de mi para poder ver al joven castaño que lucía un poco nervioso. En el rostro de mi novia apareció ese semblante que indicaba que había reconocido al aun llamado Taka.
— Tu verdadero nombre es…
— Takuya Kanbara.
La verdad es que yo no lo reconozco, nunca me he puesto a investigar la vida de nuestro actual presidente. En oposición, mi novia por su profesión conocía todo sobre la política y eso conllevaba a saber la familia del presidente. Ahora todo tenía sentido, Takuya hermano del presidente, tenía un pase especial que ningún militar podría pasar por alto, por eso estos soldados de blanco nos guiaban… por eso sabia sobre la purga.
— La verdad es que Taka se me ocurrió al quitar la u y la y de mi nombre.
— Algo sutil.
— Sí.
— Dime, y, ¿qué ganas con salvarnos?
Mimi me apretó la camiseta a lo que yo instintivamente me volteé hacia ella.
— Él es un representante de los derechos humanos — Takuya asintió —, tiene fundaciones altruistas y es uno de los hombres más respetados por la ONU.
— Creo que eso que dicen es cierto — Matt se volvió al castaño —. Solo sabes cómo es en verdad una persona que está en tiempos de crisis.
— No me quiero dar de salvador ni nada por el estilo — el castaño desvió sus ojos para no enfrentar el azul eléctrico del rubio —. Pero si está en mí poder ayudar a otros no dudare en hacerlo.
Sus palabras fluyeron tan sinceras que el rubio se culpó por dudar en las acciones del castaño. Tal vez en momentos tan horroroso como los que vivimos podrían existir personas buenas dispuestas a ver el prójimo. Reconozco que yo no puedo darme ese lujo, yo tengo que sacar a Mimi de este lugar y si para eso tengo que sacrificar a otros no lo dudare. Sonrio amargamente al pensar en lo que me diría mi castaña si pudiera leer mi pensamiento, seguro me reprocharía y hasta una bofetada recibiría.
Seguimos caminando con el grupo, unos ruidos a lo lejos hace que nos juntemos unos a otros. Los soldados de blanco están muy tensos, no comprendo bien que es lo que está sucediendo, pero tengo una idea escalofriante. Por mi pasa el recuerdo de hace unos años cuando vi aquel video. Ese hombre asesinando a su mujer, ese rostro desfigurado, la saliva saliendo a chorros por su boca… rabia… eso era, Takuya le explico que la nueva enfermedad la denominaban con esa palabra. Las personas infectadas se volvían rabiosas, perdían el control de sí mismos y volvían a un estado animal.
Todo eso eran conjeturas que se hacía con lo que vio y le revelo el hermano del presidente. Miro a su novia que estaba asustada, nunca fue muy valiente, pero, ¿en estos momentos quien lo era? La locura estaba desatada, estamos en un punto de la historia que marcaría al mundo como nunca.
— ¡No se queden atrás! — grito uno de los soldados que iban al frente.
Apretamos el paso más por los soldados de la retaguardia que por ganas. Nos van casi empujando, esto me hace creer que estamos cerca de su campamento. Le doy ánimos a mi novia para que avance más rápido, no somos los últimos, pero no me gustaría que lo fuéramos.
— Seguro estamos cerca — Takuya nos indica en un susurro.
— Eso mismo pen…
No puedo terminar, gritos seguido de disparos hace que nuestras sangre se congele. Elevamos la vista para ver al grupo que va más avanzado en la colina, los soldados están disparando a sombras entre los arbustos. El pánico se desata, uno de los que van delante de nosotros sale corriendo hacia nuestra posición. Apenas da dos pasos cuando una figura sale de su costado y lo lanza al suelo. Lo que presenciamos nos deja atónitos, lo que parece ser una señora esta encima del hombre tratando de morderlo. El hombre regordete forcejea luchando por su vida, y sin pensarlo me lanzo ayudarlo.
Suelto por un momento a mi novia, doy tres pasos y ya estoy cerca de la trifulca. Hago para atrás mi pierna, tomo fuerza y lanzo la patada que da en el costado izquierdo de la demente. La mujer cae a un costado adolorida, aullando de dolor. Takuya se me acerca y levantamos al hombre que tiene magulladuras. Los soldados pronto llegan y disparan a la mujer que está en el suelo tratando de incorporarse.
Asustado me vuelvo a donde deje a mi novia, sigue allí parada, presenciando con ojos pelados la matanza. Corro hacia ella y la tomo en mis brazos, no la volveré a soltar. La verdad no sé qué hacer, ni a donde hacernos, estamos en medio del bosque y el peligro está por doquier.
Los soldados no ordenan que nos agrupemos. Lo hacemos. Los gemidos, aullidos y alaridos se escuchan cada vez en mayor número y fuerza. Son muchos y estamos siendo rodeados.
— Tenemos que correr — anuncio uno de los soldados.
El grupo no cuestiona la orden y todos empezamos a correr uno a lado del otro. Me siento como una presa que trata de huir de un cazador. Siento el cuerpo temblar de mi castaña, está entrando en estado de shock, sus piernas parecen ceder. Debo animarla para que continúe. Estamos cerca de poder saliera de este lugar, no podemos caer ahora. Los aullidos aumentan como queriendo apagar mis pensamientos, erradicar ese positivismo que me quiero creer. Y como si supieran que los ruidos no me hacían flaquear algo sale de las sombras lanzándome lejos, y separándome de mi castaña.
¡Séptimo Capítulo!
Seguimos haciendo sufrir a nuestros protagonistas, no salen de una cuando entran en otra. Ojala que todo esto les guste, y les emocione. Ya estamos ante el final de lo que será el primer arco argumental de Pandemia… espero que lo que se avecina les agrade n.n
En fin, nos leemos pronto y espero sus reviews con ansiedad… por cierto, gracias por sus comentarios, son el motor de esta historia n.n
Sin más por decir
Au Revoir.
