Refugio Prometido.

Estoy aturdido, mi cabeza de vueltas, me he golpeado con algo al ser lanzado. Como puedo trato de incorporarme, necesito lograr volver en mi para buscar a Mimi. El recordarla hace que abra mis ojos, lo que observo es caos. Gente corriendo por todos lados, soldados disparando a diestra y siniestra, y locos, muchos dementes atacando a mi grupo. Me asusta no divisar a mi novia y Takuya. Los buscos desesperado por todo el ancho del terreno, solo presencio muerte y sobrevivencia.

Me levanto al tiempo que escucho su grito. Doy pasos en falso, no he recuperado el equilibrio, pero mi novia me necesita. Uno de esos dementes con ojos desorbitados se me acerca de una forma amenazante, estoy dispuesto a luchar, no caeré esta noche. Me dispongo a pelear cuando una bala le atraviesa la frente dejando solo un hueco negro con decoración en rojo.

No busco a mi salvador, yo solo sigo caminando hacia donde escuche el grito. No me perdonare si algo le llegara a suceder a mi novia, no puedo perder a nadie más. Recupero un poco mi conciencia y puedo dar pasos más firmes. Sin embargo, alguien me toma por el brazo evitando que continúe.

— No seas estúpido — es uno de esos soldados —. Ir por ese lado es la muerte.

No me deja reprochar cuando un segundo soldado me toma por el otro lado y me tiran hacia la dirección contraria. Me sacudo, pero sigo débil por el golpe, les digo que necesito ir por mi novia. Eso no les importa. Incluso me parece peculiar que me quieran sacar de ese lugar, yo creo que con el ataque de esos dementes el trato con Takya expiro.

— Si, la amas — dijo uno con sarcasmo ante mis suplicas —. Entiende algo mocoso estúpido, en estos tiempos solo debes velar por tu vida — me toma de los hombros y me zarandea —. Así que deja de ser un estorbo y muévete.

— No pienso dejarla allá sola.

— Idiota.

Me da un golpe en el abdomen, lo suficiente fuerte como para hacer que cooperen mis piernas y me lleven por donde ellos quieren. Mi mente quiere ponerles un alto, no responden y siguen dejándose llevar. Estoy débil, la falta de alimento y los golpes me están sacando de la jugada. Solo puedo escuchar sonidos opacos de disparos, gritos, y maldiciones.

Me siguen arrastrando como si yo fuera el hermano del presidente, como si mi vida tuviera más valor que los demás. Me recrimino por mi debilidad, estoy dejando a mi castaña a su suerte.

Como si ese pensamiento tuviera vida propia me jala hacia delante, sacándome del agarre de los dos soldados que vociferan algo a mis espaldas. No les doy importancia y me dirijo a donde está el desastre. Busco con la mirada a mi novia, y solo veo a dementes en el suelo con sus víctimas siendo… devoradas.

Trato de que no me presten atención, parece que mientras tengan con que entretenerse yo no les importo. A lo lejos puedo ver como un grupo está tratando de rodear a los otros dos soldados, no me importan, sigo andando a donde escuche antes el grito de mi novia. Quiero gritar su nombre, pero me detengo al saber que eso solo hará que me noten los dementes. No puedo darme el lujo de perder esa oportunidad que me brinda la situación a mi alrededor, solo espero que mi castaña no sea uno de esos a los que están devorando.

Cuando lo pienso instintivamente me voy fijando en los rostros de las víctimas, ninguno es de Mimi o Takuya. Eso me da tranquilidad, una que se desvanece tan pronto la sentí. De nuevo, a lo lejos, puedo escuchar a mi novia gritar. No lo pienso, corro en dirección a donde el sonido provino. No me percato del ruido que voy haciendo, piso fuerte y he quebrado un par de ramas y hojas secas. Solo tengo en mente salvar a mi novia, nada más importa.

— ¡Mimi! — grito desesperado al escuchar como ella me busca.

Aprieto el paso sin procurar donde piso, rodeo un árbol cuando algo me salta encima y me lanza al suelo. Lucho contra uno de esas cosas, es una mujer baja y delgada, pero con una fuerza que me supera. Como puedo logro poner mi brazo derecho sobre su cuello para evitar que me muerda. Forcejeamos. Ella para morder y yo para sobrevivir. Mis fuerzas disminuidas van cediendo a las de la demente, centímetro a centímetro su rostro desfigurado, magullado y ensangrentado se acerca al mío. Su mandíbula desquijarada emanando saliva espesa ya está cerca de mi yugular. Cierro los ojos ante mi eminente final. Estoy muerto.

"!Pum!"

Escucho el sonido del disparo tan cerca que podría jurar que el cañón estaba a milímetros de mi oreja. El peso de la demente cae sobre mi desplomada, sin vida. Abro los ojos lentamente para cerciorar que estoy en lo correcto; no estoy equivocado, la mujer está muerta. Me la quito de encima enseguida, su hedor es asqueroso. Apenas me voy a levantar cuando una melena castaña se pone en mi campo de visión. Es mi castaña.

— ¡Matt! ¿Te encuentras bien?

Me abraza fuerte, sus brazos son como las alas de un ángel. Y solo una sensación fría y metálica contrasta.

— Si, y, ¿tú?

— Si — respondo escueto al ver el arma en la mano derecha de mi novia.

¿Sería acaso que ella…? No puedo pensar nada porque llega Takuya con dos soldados para socorrernos. Me ayudan a levantarme y planeamos irnos de este infierno cuando escuchamos aullidos a nuestro alrededor. De entre los árboles, arbustos y pequeñas partes obscuras que la luz matutina del sol no ha tocado figuras demenciales nos rodean. Muchos son los que deje atrás destrozando los cuerpos de las personas que iban en nuestro grupo. Seguramente ya han terminado con ellos y ahora buscan nuevas víctimas con las que divertirse.

Estando rodeados los soldados, Takuya y mi castaña levantan sus armas apuntando a las cosas que nos miran con sus ojos inyectados en sangre, como un león estaría al acecho de su presa. Tomo de la mano a mi novia, que con su acto a respondido a mi incógnita, para darle fuerza en estos momentos donde todo terminara.

— Te amo, Mimi.

— Te amo, Matt.

Nuestras voces declaman lo que es inevitable, esta es nuestra despedida de un mundo que se derrumbado en la demencia. Solo nos queda esperar. Como olfateando nuestra derrota las cosas saltan hacia nosotros, los soldados y Takuya comienzan a disparar mientras mí novia y yo nos damos un dulce y último beso. El romanticismo no se pierde mientras ames a la otra persona.

Las ráfagas continúan con cuerpos cayendo al suelo a su decreto. Le quito el arma a mi novia y me uno a la lucha, quizás no podamos seguir viviendo, pero si puedo eliminar aunque sea un poco de la locura que embarga al mundo quiero hacerlo. Disparo una bala tras otra hasta que no me queda ni una en el cargador. Los hombres a mi lado también se van quedando sin balas, hasta que se dispara la última.

— ¡No me comerán! — grito un soldado sacando su cuchillo militar.

No puedo evitar pensar que está todo perdido, por uno que matamos aparecieron dos más, no había más que hacer. Sujeto a mi novia y le digo que cierre sus ojos. Sé que me obedece, siempre ha confiado en mí, supongo que ese fue su mayor error. Nos quedamos en silencio escuchando a esas personas infectadas acercándose. Todo es negro. No hay más que hacer. Todo está obscuro. Todo termino.

"!ARGGG!"

Todo se vuelve blanco y confuso. Escucho gemir de dolor a los infectados, nuevos sonidos de disparos están surgiendo por todos lados. Abro los ojos para encontrarme que los dementes están huyendo o cayendo muertos por toda la zona. Me giro para ver como detrás de nosotros unos jeep militares todo terreno están detenidos a unos metros de nosotros. Decenas de soldados con armadura blanca han arribado a nuestra posición y están eliminados a las personas infectadas, incluso las ya muertas en el suelo; no quieren dejar nada al azar.

El miedo de que nos puedan disparar fluye por cada parte de mi cuerpo. Y no se desvanece cuando pasan por nuestro lado sin reparar en nosotros, tal vez que estemos con camaradas suyos nos ha salvado, pero conociendo la forma de actuar de estas fuerzas militares no puedo confiarme.

— ¡Vengan! — nos grita una voz femenina oculta en la armadura blanca.

La soldado nos indica con su mano que la sigamos, los soldados a nuestro lado nos dicen que vayamos, ellos parece se quedaran luchando. Corremos hacia donde está la soldado y esto toma del hombro a mi novia, nos conduce hasta uno de los jeep que se ubican detrás de los que he visto.

— ¿Quiénes son estos, cadete Takenouichi? — pregunta el conductor del jeep.

— Son los conocidos del presidente.

Me sorprende como es que la noticia del hermano del mandatario ha llegado hasta estos soldados. Aunque eso no explica cómo es que han llegado a nosotros, no creo que fuera suerte, algo había sucedido mientras estuve atolondrado. Pronto me viene a la mente los soldados que quisieron llevarme con ellos, puede que dieran la alarma una vez que se alejaron del peligro o en el momento. Puesto que el campamento ya estaba a nada de nuestro punto han podido mandar ayuda a tiempo.

No, no a tiempo. Veo los cuerpos de los hombres y mujeres que iban en nuestro grupo yacer en el suelo; todos han muerto. Nos suben a tras del jeep y veo que no todos murieron, hay una adolecente y su padre, y dos mujeres que no reconozco a simple vista.

— ¿A dónde nos llevan? — pregunto el muchacho de unos catorce años.

— Al único refugio seguro de Japón — contesto la soldado subiendo a la parte del co-piloto —, Tokio.

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Han pasado dos semanas desde que salimos de aquel bosque infernal. Dos semanas que pudimos llegar a Tokio, la única ciudad segura de todo Japón, pero no fue la excepción de la purga. Al llegar nos enteramos que todas las ciudades de Japón sufrieron de la llamada purga, una medida preventiva por el gobierno en un intento de eliminar a los infectados por el nuevo virus llamado La rabia.

No pudiendo guardar más el secreto de la verdad sobre el virus, dos días después de la purga, el presidente dio un mensaje a toda la nación. Informo que el virus muto, que la gripe se tornó en algo que nos afectaba en el cerebro y nos ponía en un estado similar a la rabia. Nos revelos que el mundo estaba siendo golpeado por esa infección. No dio muchos detalles, pero yo que he vivido en carne propia lo que es la rabia puedo decir que el presidente se ha quedado corto con su informe.

No explico que Tokio era la ciudad más protegida, la que sería cuidada de que entrara personas infectadas, que sería fortificada. Prometió a las demás ciudades que pronto mandaría por ayuda, y estarían seguras. Mentiras. Gracias a mi nuevo amigo, Takuya, sé que eso es mentira. El gobierno piensa dejarlos a su suerte, fortificaran la capital y todo aquel que este en la ciudad estará protegido.

Puedo ver como los militares trabajan noche y día colocando unas enormes placas metálicas por la periferia de la ciudad. No sé si la rodearan toda, sería una gran hazaña tomando en cuenta el tamaño de la capital.

El informe prosiguió con la noticia de que la purga fue un éxito, y que se disminuyó en un buen numero a los infectados — según el presidente el virus solo se transmite por fluidos corporales —, y termino con una una frase que me dejo pensando, una que no me convenció del todo. El presidente cerró con estas palabras: El tiempo curara está herida.

Sé que se refiere a que la humanidad se recuperara de este virus, de lo que provoco al exterminar a las personas contagiadas. De los traumas y perdidas que tuvimos en el proceso.

— ¿Le crees, amor?

Mimi me mira por debajo de mi pecho, en el que esta recostada. La acaricio. No lo creo, esas palabras del presidente solo son patrañas. Mentiras dichas para controlar a la población, para mantener un orden que ya no existe.

— No.

¡Octavo Capítulo!

Final del primer arco argumental de Pandemia. Nuestros protagonistas por fin han llegado a Tokio, han corrido con suerte y se lograron salvar… pero… ¿será por siempre? Bueno eso ya lo han de suponer verdad hahaha.

Pronto traeré el nuevo capítulo para entrar a la nueva trama de esta historia. Tenía pensado que fueran tres tramas para llegar a donde quiero, pero examinando bien mis apuntes creo que lo mejor es que solo sean dos. Así que dentro de unos ocho capítulos más tendremos el final de esta historia.

Déjenme saber que les pareció esta primera parte, si creen que le falta más acción, gore, escenas románticas, menos descripciones y más diálogos o viceversa… lo que sea denme su opinión para poder mejorar esta historia y poder entregarles algo que les agrade leer n.n

Sin más por decir

Au Revoir.