Sirius Black.
Es tan difícil mirar a los ojos a las personas que quieres y no decirles lo lejos que estás de sus ideales. Amanezco cada mañana con el escudo de Slytherin en mi uniforme pero salgo y me reúno con las otras casas en el Ejército de Dumbledore.
En realidad mi rebelión no es contra mis amigos, sino contra esa vieja bruja que controla el colegio, contra un Ministro incompetente y este Hogwarts que parece caer en la decadencia sin que nadie haga nada por evitarlo.
Harry no es el único que contesta mal; me han llevado como cinco veces al despacho de la Umbridge, pero me niego a responder cualquier cosa que me pregunten. El colmo ha sido que hayan sacado a Harry del equipo de Quidditch y ya me duele la mano de tantas veces que yo misma me he abierto la mano con una plumilla.
Mientras tanto, mi abuelo me dice que me mantenga al margen. A él también lo han estado vapuleando mucho públicamente, quiero defenderlo y demostrar que mi única fidelidad es al colegio, si es que tengo que tener alguna. Pero últimamente no parece que mis elecciones tengan algún peso y además, ha sucedido aquel incidente con el pobre Arthur Weasley en el Ministerio de Magia.
Mi abuelo me pidió que fuera a vigilar a Sirius mientras los demás iban a San Mungo a visitaral padre de los pelirrojos. ¿Qué soy ahora? ¿Su nana? Pero no me niego, porque en el fondo creo que Sirius necesita compañía.
No es complicado llegar. Lo complicado es lo que me voy a encontrar ahí.
…
Vasiliki penetró en la oscura habitación, con cierto aire vacilante.
¿Sirius? ¿Estás aquí?-preguntó en voz alta. No recibió respuesta, pero supuso que había encontrado al dueño de la casa al escuchar lo que parecía ser rock muggle a todo volumen. Trató de ubicarla mientras seguía su camino hacía el fondo de la buhardilla.
Sonaba a The Rolling Stones…
Su pie topó con cristal, que hizo mucho estruendo al rodar lejos de su alcance y la chica contuvo un par de maldiciones.
¿Qué demo…?
Lumos-dijo, en cambio. Los bordes de su visión se aclararon y pudo ver a una alta y demacrada figura hecha un ovillo en polvorientos cojines de terciopelo, rodeada de botellas varias y dos bandejas de plata, torcidas en un rincón junto a una radio vieja, de donde procedía la música.
Lo que había pateado había sido una copa que ahora rozaba la bota del hombre dormido. A ella le asombraba que él no se hubiese despertado con todo el ruido que había, pero ahora, calculando el volumen de lo que el Black había ingerido hasta entonces, ella dudaba que al animago despertara con algo menos que un trueno. Recogió, pues, el desorden que reinaba alrededor del mago y, finalmente, se sentó enfrente de Sirius, con la mano derecha sosteniendo un whisky de fuego.
Ella se quedó ahí, bebiendo aquel whisky, esperando. No apagó la radio, consciente de que le gustaba lo que oía y, en su lugar, observó nuevamente al hombre dormido.
El lacio cabello le caía sobre la cara, que carecía totalmente de color. Las cerúleas mejillas estaban pobladas con una descuidada barba y las ropas estaban revueltas. A Victoria le dio la impresión de que él no las había cambiado en varios días y que a él le tenía sin cuidado. Varios botones de su camisa estaban desabrochados y algunos perdidos y el calzado estaba opaco y desgastado.
Con todo ello, la muchacha estaba sorprendida de que, aún así, le encontrara atractivo.
Quizá tenía que ver, pensó, con las rectas cejas, que le conferían un aire meditabundo. O, incluso, puede que tuviera que ver con la poderosa línea de la mandíbula, le dotaba de carácter a todas sus facciones. A lo mejor, aventuró la chica, eran los ojos, grises, magnéticos y penetrantes.
O quizá sólo era él, concluyó ella, bebiendo de la botella con natural parsimonia. Realmente, no importaba. No tenía ninguna oportunidad.
Pink Floyd tocaba justo en el momento en que Sirius despertó y la miró. Ella iba por su quinto trago y no conservaba muchas ganas de hablar. Él tampoco dijo nada, al menos al principio.
Se puso en pie, con aire agotado. Vasiliki pensó entonces que él no tenía dañado el cuerpo sino el espíritu.
¿Whisky de Fuego?-preguntó el animago entonces, señalando la botella- ¿Y dónde dejas la cerveza de mantequilla?
No me gusta-respondió la nieta de Dumbledore con calma.
Sirius siguió mirándola, con cierta gravedad. Los chispeantes ojos verdes de la bruja lo encararon con igual madurez y cierto desafío.
Ya veo-fue todo lo que Sirius agregó con suavidad.
Ella sonrió, satisfecha. Una de las cosas que más le gustaban de aquel hombre era su manera de mantenerse al margen de los hábitos de los demás, los aprobara o no.
Acabó su copa y se puso en pie, siguiendo al mago hacía la más iluminada sala de la enorme casa.
…
¿Y bien, Victoria?-inquirió Black sirviéndose su segunda copa de aquel ardiente licor- ¿Qué te trae a la inmunda casa de mi desaparecida madre?
Verde y gris volvieron a enfrentarse. Vasiliki debía admitir que no estaba muy segura de lo que era idóneo decirle.
Finalmente, concluyó que sólo quedaba espacio para la verdad.
No hay ninguna razón en especial. –suspiró- Simplemente Hogwarts es un lugar insoportable en estos momentos; es más, estoy segura de que, si regreso, Umbridge me invitará a tomar otra taza de té- los labios de la chica se torcieron en una mueca de desdén- Y creerá que soy tan tonta para no saber que el líquido tiene Veritaserum y que ella me odia por ser la nieta del director, no apoyarla a pesar de ser Slytherin y ser la única que ha tomado una decisión decente a este respecto.
Sirius sonrió.
Me alegra saber que mi compañía, por desagradable que haya sido últimamente, es mejor que la de Dolores Umbridge-
Yo la llamo Cara de Sapo-aclaró Victoria, empezando a sentirse achispada por la bebida- Y apuesto a que la odio mucho más que cualquier otra persona en el Colegio, con excepción de Harry, claro.
La atención del animago se redobló.
¿Qué le ha hecho esa vieja bruja a mi ahijado?-
En otro momento Vasiliki no se lo hubiese dicho, pero estaba cansada y había bebido demasiado.
Es cruel y retorcida-dijo- Obliga a los estudiantes que la desobedecen a escribir oraciones con su sangre hasta que éstas se marcan en la piel. Mira.-
Ella alargó una de sus blancas manos de largos dedos y reprimió un estremecimiento cuando él la tocó. Su tacto era una mezcla de delicadeza y algo áspero, que la hizo sentir extraña.
El hombre examinó su palma. En medio de la tierna carne se leía claramente la inscripción "No debo desafiar a la autoridad" profundamente marcada en color rojo.
La chica sintió su temblor al acabar de revisar sus cicatrices. Eso la serenó lo suficiente como para mirar a su anfitrión con profunda seriedad.
¿Umbridge te hizo esto?-preguntó Black con enfado- ¿Y a Harry?
Vasiliki asintió.
Voy a decirle un par de cosas a ésa…-dijo Sirius, poniéndose en pie. Justo allí, en ese momento, cuando él estaba apenas aliñado y furioso, Victoria sintió como una descarga eléctrica llegaba a su cuello y se derramaba por su espalda.
Él no le había soltado la mano.
Yo creo que fue por esa razón que Harry no te lo contó-opinó Vasiliki- No merece la pena que te arriesgues por Cara de Sapo. Además, estoy bastante segura de que tu ahijado le dará su merecido a esa demente. Él es así, ya sabes.
Sirius estaba tan tenso que su contacto ya no era suave. Sus encallecidos dedos apretaban la mano de la muchacha con tanta fuerza que ella podía ver lo rápidamente que empalidecían sus nudillos. No obstante, aguantó la presión sin quejarse. Al fin, Black pareció percatarse de lo que estaba haciendo, porque la soltó.
¿Cómo es que Umbridge te hizo esto?-preguntó con brusquedad, volviéndose a sentar.
Porque le negué todo lo que ordenó- respondió Victoria- Desde contarle los planes de mi abuelo, de los que cree ella estoy enterada, hasta unirme a su Brigada Inquisitorial, denunciar a mis compañeros, espiar a los Gryffindor y decirle adónde podía irse con sus notas en clase de Transformaciones.
El semblante de la Slytherin tenía una expresión de sombría satisfacción que suscitó la risa nerviosa del mago.
¿En ese orden?-se burló, aunque su mirada seguía siendo oscura- Vaya, para ser una Slytherin, eres demasiado rebelde. No lo creí posible en una pariente de Albus Dumbledore.
Tengo mis momentos-respondió ella, impasible ante la pulla- Y no me arrepiento de ello-
Una leve chispa se encendió en los ojos grises. Sirius llenó nuevamente las copas de plata y le volvió a sonreír.
Brindemos por ello-replicó entonces.
…
Al cabo de un par de horas, Vasiliki pensó que se estaba extralimitando un poco. Junto con Black se había acabado la botella de whisky y estaban empezando otra de un licor nuevo y ambarino cuyo nombre conocía, pero ya había olvidado. Sirius incluso había dado muestras de su arte en la cocina al darse cuenta que la chica no había comido y, en aquel momento, la estaba divirtiendo con sus anécdotas del pasado.
Pero, muy dentro de ella, allí donde su mente no había sido obnubilada por el alcohol, sus complicados sentimientos por el exconvicto estaban aflorando, y esa misma consciencia le gritaba "¡Oye, estás bromeando con Sirius! ¿Qué saldrá de esto?"
Vasiliki ignoró aquella voz por un rato más llegó el momento en que se dio cuenta que necesitaba espacio.
Será mejor que me vaya-sonrió para ambos- El profesor Snape me mataría si supiera que estoy aquí.-
Dio un par de pasos hacía la que creía que era la puerta, empero, estaba más mareada de lo que esperaba porque se tambaleó.
Sirius, que se había levantado para acompañarla, consiguió atraparla antes de que cayera y se río.
Creo que no estás en condiciones de ir a ningún lado-dijo- Será mejor que te sientes un rato.
Victoria deseó responder, más dominar su lengua ya no era cosa fácil. Su cuerpo se sentía de mantequilla entre los brazos de Black y su particular aroma, mezclado con otras cosas, la ponía nerviosa.
Lo siento-consiguió articular finalmente- No sé…
Ella intentó encontrar un punto de equilibrio. Él giró con ella y ambos tropezaron.
Las rodillas de Vasiliki rozaron la raída alfombra. Sirius todavía la sujetaba y la chica comprendió, con horror, que la repentina calidez en su cintura era causa suya.
Hey-le dijo el animago- Quédate quieta o de veras te vas a caer.
Su voz ronca era más suave. Vasiliki sentía su cálido aliento acariciando su cabello y no comprendía como es que él estaba tan tranquilo cuando ella no podía siquiera recordar dónde estaba o lo que estaba haciendo.
Cerró los ojos. Más allá de la borrachera, estaba asustada. ¿Se daría él cuenta de lo rápido que le latía el corazón?
Pasaron algunos minutos. Él aflojó su presión cuando advirtió que la chica podía ponerse en pie sin ayuda.
¿Mejor? –preguntó. Victoria asintió. No se atrevía a hablar, no confiaba en su voz. Cuando Sirius la soltó, fue directo hacía la puerta, poniéndose el abrigo y abriéndola.
Luego volvió a mirar a su anfitrión con una sonrisa.
Gracias por todo, Sirius-expresó sinceramente- Fue muy divertido.
Se despidió con un gesto, mientras él le sonreía de vuelta.
La chica regresó a Hogwarts. En cambio, Black volvió hacía el interior de la casona para darse una ducha muy fría.
