Vasiliki estaba arreglando sus cosas para salir de clase de Pociones cuando Draco se acercó. En la mano traía un sobre lacrado en verde y en el rostro una de sus sonrisas más marcadas.

- ¿Qué necesitas?- le preguntó ella sin mirarlo, sentía que el encuentro con Sirius le escocía la piel, un escozor de culpa sacudía su alma. Pero, ¿Por qué? Lo único que había hecho era conversar.

Pero quizá, deberíamos empezar a hablar de significados…

Su compañero prefecto la observó con disimulo y luego le puso el sobre en la mesa. Parecía seguro de sí mismo y eficiente.

- Va a haber una fiesta en mi casa para Navidad. Me gustaría que estuvieras ahí.

No le costó mucho a ella esbozar una sonrisa. Sabía que Draco celebraba una fiesta todas las Navidades e invitaba usualmente a compañeros más grandes, pero también sabía que una invitación era más que eso: las conversaciones que tenían lugar en su hogar versaban mucho sobre Artes Oscuras y pequeños secretos que no se ventilaban más allá de sus rejas.

- ¿Por qué ahora?- le pregunto, sin tomar ni dejar el sobre- ¿Por qué yo?

- Creo que ya lo sabes- repuso él y se alejó sin decir nada. Vasiliki sentía como su corazón se hacía cada vez más pequeño y tomó la misiva preguntándose a qué la ataba un compromiso como ese.

Pero la fiesta era de etiqueta y no pensaba faltar. Mientras cerraba la mochila, ella se dio cuenta que en verdad quería estar allí.

¿Por qué? ¿El sentimiento de culpa tenía que ver con ello? ¿Theo había recibido una invitación?

Más, quizá, se dijo, debía empezar a terminar con las suposiciones precipitadas.

Era hora de crecer un poco.

La fecha esperada todo mundo estaba arreglándose para acudir. Parecía que toda la casa de Slytherin había sido invitada al gran Acontecimiento y aunque nadie parecía querer ir a casa, sin duda no pasarían la navidad en el colegio, con una Suma Inquisidora de reglas estúpidas y un montón de deberes por hacer. Las vacaciones serían cortas, pero muy dulces y mientras se miraba en un espejo practicando su sonrisa, Vasiliki no se imaginaba en qué otro lugar podría estar.

Se puso los aretes, el collar y el anillo en forma de serpientes y se observó con ojo crítico. El cabello estaba perfectamente peinado y suelto, las gasas vaporosas de su vestido se amoldaban a sus recién descubiertas curvas y las joyas resplandecían con suavidad, dándole un toque de color a tanto blanco.

"Showtime" pensó y descubrió la ligera sombra de un muchacho en el quicio de su dormitorio, mirándola.

- ¿Cómo has entrado?- no se le escapaba que para entrar al dormitorio él debió saber la contraseña pero no podía imaginar que nadie se la diera.

- Pansy me dijo cómo.- le dijo su compañero con seriedad.

- ¿Y bien? ¿Sólo te has colado para ver como me arreglo?

- Quería hablar contigo antes de ir a la fiesta- dijo Blaise con voz sorprendentemente clara.

- ¿Qué pasa?- preguntó inmediatamente, poniéndose en guardia.

- Sabes bien que esta invitación no ha sido fortuita, ¿Verdad? ¿Qué todos esperamos más de ti que tomes algunas bebidas y practiques tu sonrisa como hace un momento?

- Resultas grosero, Blaise. ¿Nadie te ha enseñado lo incorrecto que es espiar a una dama y más en su dormitorio?

- Contéstame.

- Sí, lo sé. Llevo sabiéndolo desde principios de año.

- ¿Ya has decidido? Porque Theo parece muy emocionado.

Bajo la tela, Vasiliki estaba temblando.

- Ya lo sabrás- le dijo- ¿Puedes salir ahora para que pueda terminar de arreglarme?

La piel oscura de Zabini relucía en la tenue luz y su expresión parecía más definida que nunca.

- Recuerda- le dijo- Que todo lo que tú decidas será contado a partir de ahora.

Cuando él se fue, ella sintió muchas ganas de escapar.

Ella nunca había estado antes en la casa de Draco Malfoy. Sabía que sus padres poseían una de las más envidiables fortunas de los magos, pero jamás pensó que todo pudiera ser tan… reluciente y caro. Se quedó mirando asombrada la decoración y la espléndida iluminación y, comparándolas con su humilde casa en el Valle de Godric, comprendió que no tenía oportunidad alguna. Su abuelo, se dijo irónicamente, definitivamente no había querido quedarse con nada más que gloria.

Abandonó el sitio donde se apilaban los pretenciosos trasladadores y ascendió la amplia escalinata con el sobre en la mano. Arriba, esperaba un rubio guardia, que miró su invitación con detenimiento antes de dejarla pasar.

El vestíbulo y el salón eran igual de regios y mejor iluminados. Los ventanales daban paso a vistas maravillosas y todos parecían estar en su ambiente, tomando algo. Al fondo de la habitación, estaban los anfitriones, radiantes y haciendo gala de una sonrisa, un gesto no muy practicado entre los Malfoy.

- Tienen una hermosa casa- elogió Victoria copiando su actitud y acercándose para saludar. Madame Malfoy parecía una mujer muy hermosa y educada y aunque los fríos ojos grises del señor Malfoy la escudriñaron sin pudor alguno, no dijo una palabra. Narcisa la besó en ambas mejillas y Victoria le ofreció su mano a Lucius. El intercambio fue hecho sin más problemas y le fue entregado su antifaz diamantino.

- La máscara viene bien- expresó la señora Malfoy a lo que ella correspondió con un ligero asentimiento. Era hora de buscar a Draco, se dijo, y hacerle partícipe de su nerviosismo.

Se internó entre la multitud, oyendo la delicada música y charló un poco aquí y allá. Estaba más insegura de lo que trataba de aparentar y tropezó un par de veces. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué había ido? En un determinado momento la invitaron a bailar, ofrecimiento que ella declinó con cortesía y siguió moviéndose hasta alcanzar las sombras. Le dejaba el protagonismo a figuras como Pansy y Anne, pero en verdad, ellas no estaban por ningún lado.

De pronto, mientras buscaba un modo de escapar lo más lejos que pudiera, ocurrió: una mano interceptó sus movimientos y una figura vestida con capa y lujosa camisa la besó. Ella se debatió, porque sabía que no era Theo y al final el chico se separó y se río sonoramente.

- ¡Blaise!- se quejó ella- ¡Me has asustado!

Y también sorprendido, por lo que a ambos respectaba, pero Zabini se limitó a reír otra vez y delinearse los labios.

- Quería saber cómo habías conquistado a Nott- le explicó y le lanzó otro beso- No lo haces mal, Lune Noire. Pero ahora, ven por aquí.

Le señaló un pasillo escondido por una cortina y, por un momento, Victoria miró atrás, hacía la reconfortante multitud. Pero no tenía opciones, se recordó y, firmemente, emprendió el camino que había escogido, bajando luego unas escaleras. No sabía adónde iba, sólo tenía consciencia de que Zabini no le haría daño, aunque la oscuridad fuera otro cantar.

No había ruido ni señal alguna de fiesta, pero Blaise guiaba con seguridad. Pasaron dos puertas y llegaron a una balaustrada de cristal. Debajo, todo el quinto curso estaba esperando, impaciente, y miraron a ambos a través de máscaras de diferente manufactura.

- Bienvenidos- dijo un rubio ángel sentado sobre un trono de basalto- Bienvenidos a mi casa… y a la reunión que aquí aguarda. Espero que encuentren todo de su agrado.

La figura río y todos se despojaron de sus máscaras. La mayoría vestía de oscuro y con un estremecimiento, Victoria descubrió que era la única que vestía de blanco.

- Espero que entiendan por qué estamos aquí- continuó Draco con un poco de gravedad- Todos y cada uno de nosotros buscamos la fidelidad al señor Oscuro por diferentes razones. Blaise lo hace por entusiasmo, Daphne lo hace por conveniencia, Pansy y Anne por convencimiento, Vincent, Gregory y Millicent por lealtad, Theo por lazos familiares, yo lo hago por convicción… y Victoria, tú lo haces por amor, ¿No?

Paralizada, Victoria asintió únicamente.

- Sabemos bien que no hemos sido llamados a cumplir con el juramento que hoy pronunciaremos, pero esta navidad hay cosas que debemos celebrar. ¡El señor Tenebroso ha vuelto! Y nosotros seremos sus fieles seguidores. ¿No es eso cierto?

Hubo un coro general y Draco extendió los brazos con expresión triunfal.

- Somos jóvenes, pero estamos plenamente seguros de lo que queremos. Nuestra causa es digna. ¿Pronunciaremos el juramento? ¿Nos rendiremos fidelidad? ¿Haremos lo que haya que hacerse?-

- Sí- respondieron los diez como uno solo y Draco, teatralmente, volvió su atención a la poción que se cocía justo en el medio de la habitación.

- Aquí- dijo- tenemos una muestra de la vieja magia, un hechizo de vinculación. ¿Hay alguien que niegue lo que vamos a hacer? Es justo el momento para echarse atrás, para pensarlo mejor y volver a la comodidad de vuestros hogares. ¿Alguien?

Victoria deseó decir "Yo" pero no sentía su cuerpo, ni confiaba en su voz.

- ¿Nadie? Bien, Blaise, trae la copa.

El aludido se movió ágilmente y trajo un cáliz de madera con incrustaciones de esmeralda.

- Repitan conmigo- dijo Draco con matices profundos- Juren conmigo, sean partícipes del gran cambio de la tierra. ¿Quién primero?

Todos dieron un paso adelante, excepto ella. Draco sonrió, llenó el cáliz y se lo acercó a Blaise.

- Juro- dijo, siendo seguido por Zabini- Que serviré con fidelidad a los propósitos de esta hermandad, seré leal a cada uno de los aquí presentes y llevaré nuestro ideal a las últimas consecuencias. Juro que protegeré con mi vida y mi magia a mis compañeros y no traicionaré las decisiones que sean tomadas por medio de consenso. Juro que iré en contra de aquellos que se proclamen como nuestros enemigos y no cejaré hasta que la última misión me sea encomendada.

Blaise repitió con solemnidad cada una de las cláusulas y luego, con una mueca, se practicó un corte en la mano para derramar su sangre en la copa. Luego lo hizo Draco y mirándose, ambos bebieron.

- Estamos vinculados- cantó Draco- ¿Quién sigue?

El pacto era por parejas aunque, evidentemente, quedaban resabios de fidelidad a todos una vez que se probaba su sangre en el espumeante cáliz. Vincent y Gregory se comprometieron después, seguidos por Pansy y Anne, Millicent y Daphne y al final quedaron Theo y Victoria.

Ambos se miraron. Los ojos de Theo relucían, muy negros, mientras se practicaba el corte en la mano y le extendió el cuchillo a su compañera. Ésta lo tomó por el filo y ambos hilos de sangre llegaron a la superficie de la copa.

Pronunciaron el juramento al unísono y bebieron al unísono.

- Está hecho- manifestó Draco en voz bien alta- No puede deshacerse.

Se tomaron de las manos heridas y él los hizo pronunciar un último juramento. Luego se soltaron, empapados en sudor, exultantes.

- Está hecho- repitió- No puede deshacerse.

Se colocaron los antifaces de nuevo y escogieron una pareja cada uno. Draco tomó la mano de Pansy, Blaise la de Daphne, Vincent la de Anne, Gregory la de Millicent y Theo la de Victoria.

La música empezó a sonar y empezaron a bailar como si fueran una única pareja, un antiguo vals…

Y con ello, la nieta de Dumbledore traicionaba en todo lo que creía y a todos a los que apoyaba por el más viejo de los juramentos y la más antigua de todas las razones.

Pero se le pidió escoger un bando y la magia la reclamó para sí.

¿Por qué? Le preguntó Victoria a un ausente anciano de ojos azules ¿Por qué pensaste que escogería en detrimento de lo que amo?

Terminaron de bailar y todos brindaron.

La nueva generación de futuros mortífagos se había alzado y esperaban a su señor. De todos, ya nadie podía permitirse la duda. Pero quizá, después, cuando las elecciones empezaran a pesar, todos tuvieron un momento para arrepentirse de la decisión que habían tomado.

Lo peor, verificarían los juzgados más adelante, es que, a pesar de sus crímenes, ni uno solo de ellos dijo sentirse mal por aquel juramento