Medidas desesperadas
La noticia de que tendríamos visitas le alegró el día a mi novia, se la ha pasado en la cocina preparando la cena. Está entusiasmada y no es para menos, desde un largo tiempo que no habíamos tenido quien viniera a nuestro departamento. La soledad que aflige al nuevo mundo es un problema más que se suma a lo horrendo del virus.
Mimi no se detiene a pensar que nuestra provisión tiene un determinado tiempo para rendir, ella está cocinando su mejor platillo que tiene en su menú.
En parte soy feliz de verla tan emocionada por nuestras visitas, pero, por otro lado, estoy nervioso de lo que Takuya nos pueda decir. Sé que esta cena es más que una simple reunión de amigos, su mirada me lo dijo y su porte lo reafirmo.
Mientras estamos alistándonos para la llegada de nuestro amigo finjo no tener preocupación, no serviría de nada amargar la velada a mi castaña cuando ni yo mismo se que sucede.
—¿Crees que le guste lo que les preparé?
—Por supuesto, eres una excelente cocinera mejor que… cualquier chef —estuve a punto de mencionar a su madre. Me alegro de no haberlo hecho, es un tema que aun atormenta a mi novia por las noches.
Observo el reloj sobre la pared y veo que ya es casi la hora de que nuestras visitas lleguen. Quedamos que a las ocho en punto, rompiendo con la regla del toque de queda que impuso el gobierno. Siendo Takuya un funcionario creo que él puede tener ciertos privilegios que los civiles carecemos.
"Ding, dong"
El timbre suena por cada rincón de nuestro departamento, Mimi me observa nerviosa y yo solo sonrió mientras voy atender el llamado en la puerta.
Por seguridad observo primero en la mirilla de la puerta para asegurarme que sean nuestros invitados. Y, efectivamente, son ellos.
—Bienvenidos —saludo al abrir la puerta.
—Buena noche, Matt.
Nos damos un abrazo fuerte, en verdad, igual que mi novia, estoy emocionado de ver rostros diferentes a nuestros vecinos; quienes cada vez lucen menos amigables.
—Matt deja te presento a mi prometida, Izumi Orimoto.
—Es un gusto —saluda una joven rubia de una belleza excepcional y cierto porte extranjero.
—El placer es todo mío —contesta a la presentación—. Pasen, Mimi está muy emocionada por tenerlos de visita.
Ingresamos al departamento pasando por el pequeño corredor y nos entramos a la sala donde nos espera mi castaña.
Las presentaciones y saludos no se hacen esperar, y una vez que todos nos conocemos nos sentamos en la sala mientras esperamos que la comida este lista.
Takuya luce normal mientras platica sobre como conoció a su prometida, no encuentro algún indicio de que este nervioso o preocupado, pero creo que eso es parte de ser del gobierno. Por su lado, la prometida de nuestro amigo es divertida y de un carácter fuerte. Nos agrada enseguida, y todos mantenemos una charla agradable que nos lleva hasta la hora de la cena.
—Espero les guste lo que he preparado.
En la mesa los diferentes platillos fueron colocados en el centro, el aroma que desprendían los guisados eran cautivadoramente exquisitos. Takuya e Izumi elogiaron la presentación de la cena que les brindaba mi novia, cada palabra fue una sonrisa esbozada por sus labios.
—Creo que no merecemos tal recibimiento —el castaño observa cada recipiente con su respectivo guisado—. Prometo reponerles lo que han gastado.
—No te preocupes, todavía nos queda para completar el mes —mi novia comenzó a servir en cada plato sus guisos.
—Deja te ayudo, Mimi —la prometida de nuestro amigo se levanta de su lugar a lo que mi novia agradece.
La cena transcurre de lo más normal, entre una buena charla y el vino tinto que tenía guardado desde antes de todo esto. Soy feliz de poder tener una excusa para beberlo.
Degustamos con gran placer cada platillo que nos preparó mi novia, nuestros invitados la felicitan y con un poco de pena mi castaña agradece. Nos quedamos un momento en la mesa para continuar nuestra plática, me da gusto ver como mi castaña se está llevando bien con la prometida de Takuya.
Cuando el reloj dan las diez las mujeres comienzan a levantar la mesa, y es cuando veo que Takuya me indica que pasemos al balcón de la sala. Mis miedos regresan al percatarme del cambio de semblante del castaño, sus ojos son como los de la mañana llenos de un nerviosismo latente.
Dejamos a nuestras mujeres platicar en la sala y nos retiramos al balcón. Afuera el viento sopla frio como presagiando las palabras que me tiene que decir el hombre a mi costado. Saca un par de habano y me ofrece uno que acepto con placer; esto es un privilegio que seguro no volveré a tener.
Cortamos las puntas con una guillotina y con un encendedor que luce muy caro me enciende mi habano para después proceder con el suyo. Degustamos un poco su sabor que es fuerte pero cautivador, no cabe duda que este simple momento sirve para relajarme un momento.
—Es una hermosa noche —expresa Takuya mirando el cielo nocturno de luna menguante.
—Son más hermosas desde que ya no hay tantos vehículos en las calles o industrias activas.
—Un pequeño gusto derivado de la muerte.
Ese comentario no me agrada en lo absoluto.
—El mundo ya no es el mismo, Matt.
—¿Qué es lo que está sucediendo, Takuya?
No estoy dispuesto aguantar esta incertidumbre que me está aniquilando por dentro. Necesito saber si mi novia y yo estamos en peligro, a pesar de que estamos en esta ciudad protegida.
Takuya da un par de probadas a su habano, parece como si el tiempo en ese momento estuviera congelado y no hubiera prisa por revelar nada. Me inquieta su actitud, indiferente de momentos. No sé qué pensar de todo esto, quizás solo soy un paranoico más en esta gran ciudad.
Echo un vistazo a la ciudad ligeramente iluminada, bajo mis pies, en la calle, no hay ni un alma que no sea militar sobre ella. Esto ya no es vida, pero, por más loco que parezca, prefiero estar aquí que afuera siendo uno de esos monstruos.
—La situación no está bien, amigo —habla con pesar—. Estamos perdiendo contra el virus, y cada vez más ciudades están cayendo.
—Pero las noticias…
Niega con su cabeza y entiendo lo que me quiere decir.
—¿Todo el mundo?
—No tenemos cifras seguras, pero creemos que para este momento más de la mitad de la población está infectada.
—Eso es un número alarmante.
—Solo es la punta del iceberg.
Nos quedamos mirando un momentos cara a cara como tratando de decir lo que las palabras temen.
Desvió mis ojos y los paso hacia el horizonte obscuro. Parece como un abismo, la boca de un feroz lobo hambriento. Y sé que dentro de esa fiera se encuentra mi hermano, quiero ser positivo y creer que aun con vida y no convertido en esas cosas.
Mi única familia está pérdida, y yo disfrutando de esta supuesta vida. La culpa me roe por dentro con despiadada crueldad. Pero el cruel soy yo por no haber intentado de algún modo ir por mi hermano. Ya no sé ni qué hacer ni sentir.
—El virus no tarda en llegar aquí.
—Sí, no habrá manera de detenerlo —el castaño arrastra las palabras como rendido ante la verdad—. Pero no me preocuparía solo por eso.
—¿Qué quieres decir?
—El gobierno ha tomado una decisión inhumana —su voz no transmite esperanza alguna—. Una que no estoy de acuerdo, es ruin y despiadada.
Mi sangre se detiene a tal punto que no la siento fluir por mi cuerpo, mi piel se eriza y me congela. Ni el viento helado es rival para mi temperatura corporal. Takuya me tiene en al pendiente, no quiero ni respirar como si eso evitara la mala noticia.
—¿Qué harán? —le incito a continuar.
—Llevaran a cabo el protocolo "Exterminación".
Mis oídos apenas y captan su explicación banal y con falta de detalles. Pero no es necesario que de la información con lujo de narración, solo basta con saber que el gobierno lanzara misiles a las ciudades infectadas y otras que muestran inicios.
Un acto cobarde que raya en la maldad, y lo peor es que a las ciudades como la nuestra que esta "segura" se dejaran a su suerte. Takuya deja en claro que solo pocas ciudades serán trasladadas a ciudades fortificadas. No son muchas en el mundo, y la más cercana esta en China. El problema es que cada país ve solo por los intereses de los suyos.
Japón está condenado.
—No todo es malo —Takuya saca algo de su chaqueta. Una credencial holográfica, me recuerda aquella que nos salvo en el pasado—. Solo algunos tendremos el privilegio de ir a una de esas ciudades.
—Tú eres uno de ellos —una rabia fluye por mi cuerpo al pensar que dejarán morir a su gente. El gobierno nos abandonará como si fuéramos solo una bolsa de desperdicio.
—El mundo es cruel, amigo, y la única ética en este lugar vil es el azar.
Quiero sujetarlo del cuello y asfixiarlo hasta que muera, demostrarle sus palabras con acciones. Una idea fugaz cruza mi mente, si el muere este pase es de nosotros, pero me doy cuenta de mi crueldad y egoísmo.
—Los aprecio mucho, ustedes son de los pocos amigos que tengo —me extiende la credencial para que la tomé.
Me quedo un par de minutos observando aquel pedazo de plástico duro, la salvación de mi novia y el mío propio esta a centímetros de mi. No puedo tomarlo, observo la ciudad y pienso en los miles de millones que morirán.
—Es tuya, amigo, no dudes —con su otra mano sujeta la mía y me coloca la credencial—. Para estos momentos ya no existe la compasión ni remordimiento. Solo queda velar por los tuyos, y ustedes son de los míos.
Quiero agradecer pero no sale palabra alguna de mi boca. Estoy atónito de todo esto que no sé cómo actuar. Mi cuerpo tiembla y mi mente no procesa.
—Pasado mañana, viernes, los helicópteros salen del punto marcado en el holograma —Takuya entiende que no puedo en este momento hablar por la revelación—. Salen a las diez de la mañana, lleguen antes de las ocho.
—¿Somos muchos? —logro articular.
—Suficientes para tener que hacer dos viajes —me aprieta la mano con fuerza—. Quiero que seamos de los primeros.
Solo puedo mover mi cabeza en forma afirmativa.
—No empaquen mucho, viajen ligeros. No queremos llamar la atención de la gente.
La culpa me vuelve a triturar por dentro, soy consciente que esto no está bien. Morirá tanta gente mientras yo me voy a una ciudad fortificada en China. Es egoísta, pero cuando escucho la voz de mi novia entiendo lo que Takuya quiere decir.
El mundo que conocíamos ya no existe, y aun antes uno solo velaba por los suyos. Ahora, en estos tiempos, ver por los tuyos es lo único importante. La ética y la moral han muerto junto con el mundo antiguo; el virus los erradico.
—No lleguen tarde.
—No lo haremos.
He vuelto con un nuevo capitulo después de mucho tiempo. Espero que aun haya personas que quieran leer esta historia, ya que con tanto tiempo sin nuevo capitulo pues se han de ver olvidado de esta jajaja. Estamos por entrar a momentos críticos de la historia y un momento revelador jajaja. Ojala disfruten de este capitulo y nos leemos pronto.
sin más por decir
Au Revoir.
