El Pasado es una Serpiente Enroscada.

Hay muchas maneras de demostrar el verdadero afecto que sentimos por otra persona. Querer a alguien no significa depender de cada respiración del ser amado, ni siquiera simboliza la fusión perfecta entre mundos, cuerpos y espíritus. Vasiliki sabía eso muy bien.

Pero, mientras oía hablar al señor Nott, se daba cuenta que quizá la concepción significaba una cosa muy diferente para aquella familia. Para ella, el solo hecho de amar a Theodore Nott no significaba más que un sentimiento que revolvía sus sentidos. Dependía del compromiso, el grado de lealtad al que estaba sometida su relación, los que decidían hasta donde llegaría su intimidad.

Sin embargo, el señor Nott pareció decidido a emparejarlos desde que la conoció. Primero que nada, la miró de arriba a abajo apreciativamente, como si estuviera evaluando su calidad y cantidad. Luego, se la pasó haciendo una serie de preguntas a su hijo acerca de todo lo relacionado con ella, desde su pureza de sangre hasta su claridad de intenciones. Theo respondió lo más ecuánime y sucintamente que pudo, más eso no hizo que lograra esconder toda la verdad.

En ese sentido, Victoria tenía que reconocer que él tenía razón al decir que no quería conocer a su padre. El señor Nott era, en muchos sentidos, uno de los más desagradables y despiadados hombres que había tenido la oportunidad de conocer y aquellos ojos como pozos oscuros no se parecían en nada a los de su hijo. Lo primero que quiso fue que ambos muchachos se casaran para continuar con el linaje y casi sugirió la posibilidad de encerrar a Vasiliki como una posesión rara y preciada. En cuanto a su apellido, que salió a colación muy pronto, aquella mirada fría e inquisitiva la atravesó en toda su helada intensidad y casi cordial fue su tono al decir lo impensable:

- ¿Estás tan enamorada de mi hijo que estarías dispuesta a olvidar que yo envié a la tumba a tus progenitores? Me extrañas. O eres una joya rara y valiosa o definitivamente una de las chicas más raras que he conocido.

De no ser porque Theo la había puesto sobre aviso, Victoria se hubiera encontrado en una situación muy incómoda. Pero él le había hablado de todo lo sucedido y lo había expuesto a su juicio, no había maquillado ningún detalle. Si ella aceptó aquella entrevista es porque sabía que no existía otra manera de obtener la aprobación y el apoyo del señor Nott.

Que a ella le agradara o desagradara era una cuestión totalmente diferente.

- El pasado no me interesa- repuso tratando de eliminar la frialdad de su tono- Es el presente del que me hallo prendada.

- Muy bien- los labios del hombre se fruncieron a tal punto que se pusieron muy blancos. – Entonces no me queda nada más que enseñarte tu habitación.

Se puso en pie con garbo y ella contuvo la respiración para no lanzar el suspiro de alivio que tenía preparado. A su lado, Theo le dirigió una leve sonrisa y la acompañó tomándola de la mano. Al parecer, todo había ido bien, pero Vasiliki estaba segura que no quería tener muchas más de aquellas conversaciones con el amo de la casa.

Suspiró al hallarse sola con Theo, sentándose en la suntuosa cama de sábanas de terciopelo y acariciando la tela para hallar un momento de tranquilidad hasta que su compañero se aclaró la garganta.

- ¿Qué te pareció?- le preguntó sin moverse. Como aquello siempre era signo de dolor físico, Victoria lo analizó con ojo crítico.

- ¿Dónde te duele?- preguntó sin contestar aún la pregunta. Theo suspiró.

- Todo el cuerpo- dijo- Las bienvenidas de mi padre suelen ser… cálidas.

Vasiliki buscó el díctamo en las maletas pulcramente situadas debajo de la cama y lo hizo quitarse la camisa, obligándose a no soltar ningún sonido al advertir los latigazos de la espalda y los moretones en el pecho.

- ¿Por qué hace esto?- preguntó al borde de la rabia- ¿Es que acaso no es suficiente con ese entrenamiento tuyo?

- Quiere probar mi resistencia- respondió Theodore sin expresión- Ay, eso está frío.

- Tranquilo, seré rápida- empezó a curar lo más apresurada y eficazmente que podía, esparciendo su magia en caricias suaves y leves como las de una mariposa. Al acabar, selló el frasco de díctamo.

- No sé cuánto más podré aguantar verte así- dijo ella seriamente- ¿Es necesario flagelarte de esa manera?

Nott, que estaba ajustándose la camisa, le sonrió.

- No lo sé- se sinceró- Estoy demasiado acostumbrado para saber si es o no normal. ¿Me vas a responder o tendré que esperar toda la noche?

Vasiliki suspiró. Verlo hecho pedazos la hacía sentirse como cristal todo el tiempo.

- Es… terrible- respondió finalmente- Y me da miedo. Pero es tu padre, ¿Qué quieres que te diga?

- No me dices nada nuevo- Theo la miró a los ojos- ¿No encontraste ni algo pequeño que pudiera redimirse en mi padre?

Ella quiso mentirle y decirle que había algo que le había agradado de aquel hombre. Pero ¿Qué podía decirle? ¿Qué lo único que agradecía del señor Nott es que lo hubiera tenido a él, a Theo?

- Yo…

Theodore se río.

- No te preocupes- le dijo con serenidad- Siempre he sabido la clase de persona que es mi padre, así que no te lo reprocharé. Pero, ¿Qué opinas de todo lo que dijo? ¿Nada te fue por lo menos un poco aceptable?

- ¿Qué parte debería ser placentera? ¿La parte donde me dice que no debo salir de casa, donde me trata como producto vacuno o la parte en donde confiesa que es el asesino de mis padres?

- No, señorita. Hablo del c-a-s-a-m-i-e-n-t-o. ¿Tanto te desagrada la idea de compartir la vida conmigo?

Vasiliki se sonrojó vivamente.

- No había pensado en ello- reconoció- ¿Me estás proponiendo matrimonio?

Al chico le brillaron los ojos.

- Todavía no- replicó- Y menos si dices que no.

- Yo no dije…- Vasiliki se calló. Él la había atrapado.

- Así que reconoces que hubo algo de lo que dijo que llamó tu atención. ¿A qué más le pones peros?

- No diré nada hasta que venga mi abogado. ¿Trata de acorralarme, señor Nott?

Theodore la besó.

- Por supuesto que no- negó- Sólo quiero ponerle un anillo en el dedo.

En la casa había tanto silencio que se habría asustado de tener una razón más fuerte. Las luces estaban apagadas, a excepción de la chimenea y hacía más frío de lo que cabría esperar para la estación. Vasiliki subió quedamente las escaleras y finalmente hubo señales de vida al final del pasillo. Caminó hacía la tintineante luz y la recibió el ondear de una capa oscura.

- ¿Nombre?.- preguntó el hombre de cabellera oscura.

- Vasiliki Victoria Blackmoon Dumbledore-

- ¿Primera nota de tu examen de Pociones?

- Extraordinario. ¿Dónde queda el cuartel general de la Órden del Fénix?

- En Grimmauld Place, Londres.

- Recibí tu mensaje. ¿Cómo se encuentra?

- Hasta hace unas horas, muy cansado. Ahora está despierto y quiere hablar contigo.

La chica esbozó una vacilante sonrisa.

- Vamos- dijo y el profesor Snape la guió por el corredor hacía la puerta entreabierta. Con miedo de lo que iba a encontrar, Victoria dejó que la puerta se abriera sola.

- ¿Abuelo?

- Pasa- señaló una voz cansada, apenas reconocible.

Ella miró al profesor Snape, quien asintió y volvió a perderse en la oscuridad de la casa.

Entretanto, Vasiliki ya había hollado la habitación y encontrado a su pariente mirando por la ventana, una mano envuelta en vendajes y la otra sosteniendo una poción espumeante. El anciano le sonrió e hizo un ademán para que la puerta se cerrara detrás de ella.

- ¿Qué tal te encuentras?- inquirió amablemente, dejando el brebaje en una mesa cercana.

- Mejor que tú, seguro. ¿Cómo se te ocurrió semejante locura?

- En su momento, me pareció razonable, había motivos que justificaban mi acción. No tuve cuidado.- dijo serenamente.

- ¿Cuáles motivos? ¿Algo como el suicidio?- ella sostuvo con delicadeza la mano herida para examinarla, dándole la luz repentinamente al anillo de plata que tenía en el dedo anular.

- Necesitaba saber algo- replicó el anciano y se inclinó para que sus ojos azules pudieran mirar mejor la sortija- ¿Te has casado?

Un bonito rubor coloreó las mejillas pálidas de la chica.

- Fue una ceremonia privada- informó acariciando la marchita mano para evitar mirar a su abuelo- Lo siento mucho, sé que debí de haberte avisado. Pero sólo estuvimos nosotros y los testigos...

- A veces se me olvida cuán parecida eres a tu madre-expresó Albus Dumbledore con amargura- Hermosa, inteligente y, por lo regular, sensata. Pero en cuanto el amor les llegó, les sorbió la cabeza. ¿En qué estabas pensando, Victoria Dumbledore? ¡Tienes sólo quince años!

- Y podría morir en cualquier momento-los ojos verdes atisbaron a los azules- No tengo la vida comprada. Y a juzgar por tus acciones, tampoco te importa mucho. Dime, ¿Cuánto tiempo tienes hasta que la maldición me robe otra persona amada más?

Ahora fue el turno del hombre de desviar la mirada.

- Un año- susurró- Pero ya soy un hombre viejo, alguien que vivió su vida plenamente. En cambio tú... ¿Y qué pasará si no es como tú esperas? Theodore Nott no es una persona sana y tal vez ni siquiera conveniente para ti. Debiste de habérmelo dicho.

- Un año. ¿Sabes? Tú podrías, por una vez, haberte sincerado conmigo. Pero no, siempre has hecho lo que has querido y que los demás se arreglen como puedan. Supongo que no podría ser peor... no me contestes. En cuanto a mí... sólo el tiempo lo dirá. Es doloroso entender, eso sí, que no puedes estar feliz por mí. Al menos él no me ha dejado sola.

- Eres injusta, he dedicado mi vida a ti. Te he cuidado y quizá no he sido el mejor abuelo, pero lo he intentado. ¿No es suficiente?

Sonriendo con tristeza, Vasiliki negó con la cabeza.

- Tú dedicaste tu vida a muchas cosas, abuelo, pero no a mí. No te preocupes y no digas nada más, que no quiero discutir. Me has llamado, ¿Cierto?- se sentó frente a él-¿Qué necesitas? ¿O sólo querías verme antes de que el caos estallara?

- Sé que siempre has querido saber acerca de tu pasado-el anciano tosió y luego la miró intensamente.

- ¿Hora de las revelaciones? No sé en qué puede servirme eso ahora.

- Te aclarará más de lo que imaginas y más de lo que me gustaría. ¿Escucharás la historia?

- ¿Por qué no?- se repantingó en el sillón- Cuéntame.

- Era sólo un joven cuando conocí a Gellert Grindelwald. Era sobrino nieto de la encantadora Bathilda Bagshot, a la que conoces y en ese tiempo yo tenía ideas muy diferentes a las que tengo ahora. Yo pensaba que debíamos someter a los muggles por su propio bien y estaba imbuido en mi propio solitario y brillante mundo. Era una persona inteligente, ya ves, con un hermano rebelde y una hermana pequeña cuya magia la había vuelto loca hacía años. Estaba cansado de todos ellos, me sentía realmente infeliz, pues aunque le tenía afecto a mi familia, no sabía lo que eso significaba. La llegada de Gellert al Valle significó todo para mí y aunque no debería decírtelo, te lo diré: estaba profundamente enamorado. Hubiera seguido a Grindelwald adónde él quisiera ir, a pesar de saber exactamente qué tipo de persona era. Supongo que intenté justificar lo que tenía ante mis ojos y lo hice durante aquel verano, al menos hasta que Aberforth me abrió los ojos a la realidad. Yo quería viajar y buscar la manera de abrir al mundo a personas como Ariadna, mi enferma hermana y creía sinceramente que lo lograría si me esforzaba lo suficiente. Pero Aberforth me dijo que no podía hacer esas cosas y cuidar de la pequeña niña a la vez, que era demasiado inestable para viajar. Me enseñó la verdad que tercamente intentaba ignorar y oí sus recriminaciones dichas con su voz alta y enfadada. Al contrario que yo, él entendía el valor de la familia y trataba de demostrarme mi lugar y eso enfadó mucho a Gellert. Le dijo que no sabía lo que hacía, que estaba deteniendo a su brillante hermano. Ariadna oyó la discusión y acudió, estaba alterada. Sólo quería ayudar, estoy seguro, más no tenía idea de lo que estaba haciendo y nosotros estábamos demasiado enojados para detenerla. No sé cómo pasó ni cuál de los tres muchachos fue el que lo hizo, pero mi hermana estaba muerta...

- la voz de Albus estaba rota y Vasiliki no retiraba su mirada de la suya, pero no le dijo nada, no lo juzgó ni para salvarlo o condenarlo, sólo escuchaba

- Siempre he querido pedirle perdón por lo que hice, por lo ciego que resultaba. Pero al final las cosas sucedieron de ese modo y nada pudo cambiarlas. Gellert escapó, ya tenía antecedentes en su país y en su colegio y no quería que una experiencia así truncara sus planes. No volví a verlo hasta el duelo, justo cuando resultaba vergonzante seguir negándome a pelear la amenaza que él resultaba para todos los que lo rodeaban. Pero en esos muchos años que estuve separado de él, estaba demasiado afligido y solo para consolarme. Aberforth me odiaba sinceramente, mi padre estaba en Azkaban, mi madre y mi hermana estaban muertas... No sé si te sorprenderá, pero conocí a una mujer. No he dicho su nombre desde que murió, pero era hermosa y buena y me quería a su manera. Supongo que traté de hacerla feliz en la medida de lo posible, aunque es cierto que no podía amarla como ella deseaba ni darle lo que realmente necesitaba. Se quedó embarazada y tuvo una hija, por la cual murió. Tu madre.

Victoria no sabía si quería seguir escuchando o si realmente deseaba saber lo que por años había preguntado incesantemente, más ya no había elecciones posibles. Fijó la vista en su deteriorado abuelo y él continuó.

- En cierto modo, nunca amé a nadie como a esa niña que creció tan rápido y a la que no se podía contener. La llamé Antara y heredó de mí el intelecto, la determinación de hacer lo que creía y los medios para hacerlo. Tenía los ojos muy azules, la risa clara y el cabello castaño, no había nadie que pudiera detenerla. Se quedó en Ravenclaw en Hogwarts y durante años no me preocupé excesivamente por su destino, hasta que se graduó. Estaba lista para entrar en el Ministerio y muy contenta, tenía muchos planes. Para celebrarlo, la hice realizar el viaje que nunca tuve oportunidad de realizar. Estuvo en el extranjero unos tres meses y me escribía cartas a diario. Pero cuando regresó, me mostró el anillo.

Señaló la mano de Vasiliki y sacudió la cabeza. Seguramente, los recuerdos lo ahogaban.

- Ella estaba tan feliz que no pude mostrarle mis reservas. Yo no conocía a su esposo ni el por qué se habían casado tan rápidamente y cada vez que abordaba la cuestión, Antara rehuía mis preguntas. La presioné por meses hasta que me confesó que su nombre era Thomas Grindelwald, primogénito y único hijo de mi más encarnizado enemigo. Me dijo que no quería disgustarme pero que, al conocerlo, había sido como sentirse viva de verdad. Yo realmente traté de separarlos y hablé con el muchacho. Era un joven muy hermoso, con el mismo cabello rizado de su padre y sus ojos azules. Era como ver a su padre, pero tenía un talante muy diferente. Talentoso,tímido, serio. Supongo que salió a su madre, a la que nunca conocí. Y lo que son las cosas ¡Realmente me admiraba! No había ningún odio por lo que le había pasado a su padre, él dijo que lo entendía. Creció, o eso dijo, alejado de todo tema oscuro y su mayor ambición era trabajar para los suyos, de un modo muy diferente al que aspiraba Gellert. Pero en Thomas residía toda la arrogancia de su padre y también parte de su malevolencia e intenté hacérselo ver a Antara, sin resultado. Al final tu padre conoció a gente equivocada, partidarios de Voldemort y los escuchó y apoyó, por lo menos hasta que esperaron cosas de él, compromisos, trabajos. Para ese entonces tu madre ya estaba embarazada y pidió mi protección. Pero Thomas no quiso ni oír hablar de encerrarse y esconderse, nada de libertad coartada. Protegí a tu madre cuanto pude, pero no logré evitar que acudiera en auxilio de su esposo cuando el padre de tu propio esposo se encargó de la carnicería.

Los ojos de la chica se abrieron mucho. ¿Así había sucedido? ¿Tan rápido, sin explicaciones? Una vida efímera de porvenir más bien pálido. Todo se había ido con la misma facilidad con la que había pasado.

- Estaban muertos y quedabas tú. Yo sabía que Voldemort estaba buscando a los herederos de Grindelwald para añadirlos a su ejército, así que te cambié el nombre. Antara te había nombrado Myrdayr y tu padre Victoria. El nombre era extraño y único, tu marca de identificación. Myrdayr Victoria Grindelwald Dumbledore. Un nombre rimbombante y que atraía la atención de cualquiera que estuviera buscando. Así que me tomé mi tiempo para buscar un apelativo sustituto y te escondí tras Blackmoon, una vieja familia de magos sin heredero. Nadie podía probar que no fuese así, y de ese modo te protegí.

- ¿Así que por eso nunca me llamas Vasiliki? Vaya. Myrdayr. Extraño y no muy a mi medida.

- Antara estaba decidida a que te llamaras así. No sé por qué.

- Es irónico. Porque me has escondido quince años ¿Para qué? Ya sabes cuál es mi bando.

Albus Dumbledore suspiró.

- Acerca de ello, ¿Estás segura? Tú tenías amigos entre nosotros, gente a la que admirabas y protegías.

- Y no dejaré de hacerlo. Pero mi camino ha sido marcado hace mucho y la serpiente enroscada se muerde la cola. ¿Qué puedo hacer? No puedes tenerme partida en dos todo el tiempo. Y ¿Qué pasará cuando mueras?

El anciano la tomó de las manos, evitando, notó ella, rozar la sortija que le parecía tan mal símbolo.

- Sólo cuida tus elecciones- le rogó- Cuando muera, quiero hacerlo con la tranquilidad de que dejo atrás a una muchachita que sabe lo que hace. ¿Me prometes que te cuidarás? ¿Y qué no te traicionarás?

- Te lo prometo- le dijo Victoria en tono solemne y, levantándose, lo besó en la frente- Debo volver. Cuídate también, ¿De acuerdo? Volveré y hablaremos.

Albus Dumbledore la vio marcharse y una arruga de preocupación surcó su cansado semblante.

- Es tan joven... pero no más que Harry. Que cada quien labre su propio destino.