Separados
Aturdida y confundida abro mis ojos, un chillido agudo en mis oídos me perturba mientra el sol acalora mi rostro por lo que tengo que ante poner mi brazo; puedo sentir la arena bajo mi cuerpo que comienza a introducirse en la ropa. Como puedo me incorporo para quedar sentada en lo que parece ser una playa, mi visión aun esta algo borrosa por lo que apenas puedo vislumbrar manchas blancas que se mueven de un lado a otro.
Una de las manchas blancas corre hacia mí con algo alargado y negro entre sus brazos, una vez a mi lado se hinca y me toma del hombro. Dice algo que no consigo entender, estoy muy aturdida y mi cabeza me late con insistencia. Es como si quisiera explotar en mil pedazo, pero antes de que eso suceda lo recuerdo. ¡Matt!
Sé que grito su nombre y la mancha blanca me quiere tranquilizar, me muevo al intentar levantarme e ir en su búsqueda. En la búsqueda de mi ahora esposo. La mancha blanca, que va tomando forma definida, me detiene y niega cualquiera de mis palabras.
—Tranquila —escucho al final la voz de la mancha, es una mujer—. Tienes una fuerte contusión.
—Necesito ir por mi esposo —digo, con una voz aguda que no es la mía.
—Te prometo que lo buscare —una segunda mancha se acerca—. Primero deja que te observe el médico.
—Necesito…
—Relájate —me dice el médico.
Veo con claridad a la mancha que se ha transformado en una persona, es una de esas fuerzas militares especiales que nos han escoltado hasta… recuerdo lo que ha sucedido y me estremezco. El helicóptero, los gritos, la huida, el barco. Elevo mi vista hacia donde la primera mancha me ha venido, en el mar puedo observar a la distancia unas nubes grises aterradoras. Pero pronto me doy cuenta que solo es mi imaginación, es un día soleado muy hermoso carente de cualquier atisbo de tormenta.
El médico me examina en búsqueda de cualquier otra lesión que pueda tener, pero no siento dolor alguno aparte de la cabeza. Entorno la vista y me doy cuenta que no estamos solos, hay mas militares y personas que venían con nosotros antes de la catástrofe. Los civiles están siendo agrupados por los soldados, se nota la preocupación de la situación en la que nos encontramos.
Busco con la mirada entre el grupo a Matt, pero no lo diviso por ningún lado. Siento miedo y una frustración con mi cuerpo débil al no responder a las órdenes de mi cerebro. Quiero correr, gritar su nombre por toda la playa; encontrarlo. La militar que aun sujeta mi hombro me mira atraves de su visor, pero eso no impide que pueda sentir su apoyo. Sé que me quiere decir que todo estará bien, que encontraremos a mi esposo pero no estaré tranquila hasta estar a su lado; entre sus brazos para sentirme segura.
—Ten, esto te ayudara —el médico me pasa una pastilla.
Me pasa una botella de agua para que me pase la pastilla con mayor facilidad, en tanto, me coloca una gasa sobre mi cabeza. Un aroma a aséptico llega a mi olfato lo que me ayuda a terminar de despertarme.
—Sora, necesitamos movernos —llega un tercer soldado.
—¿Los han localizado?
—Los comunicadores de largo alcance están fritos.
El soldado que primero me vino ayudar se muestra afligida, baja ligeramente su cabeza como para pensar lo que debían hacer. No tarda mucho en debatir lo que es el siguiente movimiento, y me estreso al pensar que nos tengamos que mover.
—Vámonos, hay un campamento cerca.
—Enterado.
—Mi esposo —digo, para recordarle su promesa.
La militar gira su rostro hacia mí y aprieta mi hombro.
—Necesito buscarlo.
—Tranquila, ven conmigo.
Me ayuda a levantarme y me lleva al grupo que es numeroso, me extiende el brazo para indicarme si no esté en el grupo. Pasó mi vista por el grupo con rostros irreconocibles, ninguno es mi esposo; ninguno es mi Matt. Niego con la cabeza mientras mis ojos se llenan de lágrimas por la preocupación de su paradero.
Mi cuerpo tiembla al pensar en que algo malo le pudiera haber sucedido, me aterro al tener fugaces recuerdos de lo ocurrido. Aprieto mis manos en puños al recordar que nos tuvimos que separar, siempre cuidando de mi él se sacrifico y me tuvo que dejar en manos de estos hombres. En la orilla del mar veo los botes salvavidas en lo que hemos llegado aquí, varios intactos y otros destrozados por el agua.
Me recrimino por mi cobardía, por mi debilidad que obligó a mi esposo a dejarme ir por mi bien a costa de la suya. No lo merezco, mi castigo debería ser atrapado por los rabiosos como tantos cayeron la noche anterior. Y con el recuerdo de mi madre, y el soldado que le disparo me derrumbo.
—Hey, no te rinda aun —la soldado se hinca a mi lado— Hay un segundo grupo, por alguna parte de esta playa, puede que este con ellos.
Ese pequeño atisbo de esperanza hace que levante mi cabeza y mire a la mujer a mi lado, si hay una posibilidad de encontrarlo con vida lo tomare; no seré débil, debo ser fuerte por él. Sé que Matt no me querría aquí tirada lamentándome, acumulo la arena entre mis manos y la compacto con fuerza.
—Ven, seguramente el te espera.
—Sí.
Me levantó con su ayuda cuando un par de soldados salen del bosque, uno que por todo lo sucedido no me había dado cuenta que existía a nuestras espaldas.
—Sora, regresan los exploradores.
Los recién llegados corren como si su vida dependiera de ello, se acercan a la militar a mi lado; seguramente es la líder.
—Reporte.
—Esta zona está plagada —dice uno—. Apenas y conseguimos perderlos.
—¿Cuántos son?
—Demasiados —contesta el otro, que es una mujer.
—Demonios.
—Deberemos rodear —el hombre se aceró a su líder, extendió su antebrazo y una pantalla dibujo el terreno circundante—. Los rabiosos se dirigen a este punto, si nos dirigimos a este los evitaremos.
Sora, como escuche que le llaman, se queda mirando la pantalla por varios segundos. Ser una líder, que muchos dependan de tus decisiones no ha de ser para nada fácil. Un error y todos pereceremos. ¿Quién quiere cargar con ese pesar? Solo pocos, y mi rubio es uno de ellos.
—Sé que Tai irá al campamente —dijo, pero para sí misma—. Bien, vayamos por ese punto.
—¡Todos en movimiento! —gritó uno de los soldados.
El grupo fue dirigido por los militares, Sora me indica que me una y me pierdo entre los cuerpos y rostros desencajados. Nadie a mí alrededor parece mejor que yo, el miedo se marca en sus miradas y no los culpo. Seguramente estoy igual que ellos, pero con una fortaleza por encontrar a Matt sano y salvo en el otro grupo.
Veo que un par de soldados llevan una persona en sobre una tabla, no puedo alcanzar a ver su rostro pero si su brazo. El reloj en su muñeca del brazo que cuelga me es familiar, y no necesito hacer mucha memoria para saber de quién se trata. Me abro paso entre las personas que parecen haber perdido la esperanza de vivir, y llego hacia donde está el hombre en la tabla.
—¡Takuya!
Veo al castaño inconsciente sobre la tabla, los militares no me dicen nada al ver que lo conozco. Siguen caminando y yo junto a ellos, es lo único que me queda de mi vida pasada como para alejarme de él. De pronto, como un fogonazo, recuerdo a Zoe.
La busco con la mirada entre las personas que circulan por la playa, pero caigo en cuenta que si estuviera con nosotros seguramente estaría junto a su prometido. Espero que nos reunamos con el otro grupo antes de que despierte; y por nuestro bien, que nuestras parejas estén en aquel grupo.
Nos adentramos en el bosque, jungla o selva no consigo distinguir bien la diferencia de esos ecosistemas. Caminamos por varios minutos sin descanso, los soldados que llevan a Takuya son suplantados por otros dos cada cierto kilómetro. Me da alegría saber que no están dispuesto a dejar a nadie, lo que dista mucho de lo que concia de ellos. Observo al pie del grupo a la líder y sospecho que se debe a ella que nadie es dejado, pude sentir su amabilidad atreves de ese uniforme que la hace parecer un robot.
Cuando hemos caminado varios kilómetros conceden un descanso que no me gusta, por mi seguiría hasta en la misma noche sin parar. Pero al ver a las demás personas, y lo tenso de los militares no puedo evitar sentirme egoísta. Creo que ese es el único sentimiento junto al miedo que quedará para la posteridad en la humanidad.
Los soldado en turno dejan a Takuya sobre el terreno más parejo que encuentran, y yo me quedo sentada a su lado. No pienso dejarlo, no hasta que encontremos a Zoe para que lo cuide ella misma.
—¿Cómo te encuentras? —la militar líder se me acerca y me extiende un termo con agua.
—Preocupada.
—No te culpo —toma lugar a mi lado, se quita su casco y puedo ver su rostro dulce y a la vez aguerrido. Su cabellera es de un rojo intenso como su mirada, pero no puedo evitar dejar de sentir su amabilidad—. Yo igual estoy preocupada por los míos.
—¿Hablas de los soldados del otro grupo?
—Sí.
Su postura, y esos ojos opacados por la preocupación solo me indican que está enamorada. Puedo distinguirlo por que son los mismos ojos que yo he de tener, y que muchas veces me he visto en el espejo.
—¿Lo conoces?
—Sí, es un buen amigo —digo—. Gracias a él salimos de Tokio.
—Lástima que no salió como estaba planeado, ¿eh?
Asiento con amargura, para estas horas del día deberíamos ya estar arribando aquella ciudad-fortaleza que nos protegerá de la locura del exterior. O eso se supone que será aquel paraíso que tanto se nos ha prometido.
—Bueno, descansa porque en cinco nos movemos.
—Bien.
Veo partir a la pelirroja que se vuelve a colocar su casco, dibujo una media sonrisa al pensar que tengo su apoyo.
A mi costado escucho un quejido y me giro de inmediato hacia Takuya que está recobrando la conciencia. Me arrimo a su tabla de madera y le sonrió de la mejor manera que puedo, se que en este momento no soy la mejor para fingir que todo está bien pero debo hacer un esfuerzo.
—Takuya.
—¿Mimi?
Se nota confundido como es normal en alguien que se a golpeado la cabeza, coloco una mano sobre su pecho y le cuento lo que ha sucedido. En todo momento luce perdido en algún punto sobre mi cabeza, no parece ser el mismo. Sus ojos han perdido ese brillo, y se comienzan a llenar de lágrimas que pronto son derramadas.
—Debería estar muerto —dice, con un fervor que aterra.
—¿Qué dices?
—No merezco vivir —irrumpe en llanto.
—Espera, no te pongas de ese modo —lo quiero tranquilizar—. Zoe, debes ser fuerte por…
—La perdí, Mimi —me sujeta con fuerza de los hombros, me está lastimando—. La perdí para siempre, jamás la volveré a ver.
—No, no, seguramente esta con el otro grupo.
—No —niega con la cabeza—. Ella está muerta.
La noticia me impacta a tal grado que siento la sangre helarse dentro de mis venas, mis ojos los abro a tal punto que siento el aire entrar en ellos. No puedo con el rostro desencajado de Takuya, con su dolor por la pérdida de su amada. Y, como si ese fuese la noticia de lo ocurrido de mi Matt, irrumpo en llanto.
¡Nuevo capitulo!
Bueno, como habrá podido leer este capitulo esta centrado en Mimi. Creí justo que era momento de que leyeran sobre lo que piensa, y lo que esta viviendo ahora que esta separada de Matt. Aun no se responden las preguntas de lo que rodea toda la situación, del como llegaron y que sucedió antes de la playa. Eso será en el siguiente capitulo.
Debo decir una triste noticia, estos ya son los últimos capítulos. Calculo que después de este solo quedaran unos cuatro capítulos y finito. Pero no se preocupen, solo disfruten de la lectura y nos leemos en la siguiente n.n
Sin más por decir
Au Revoir.
