A primera hora de la tarde, Blaise le mandó una enigmática carta a la pelirroja hija menor de los Weasley. Cumpliendo perfectamente su papel, no dejó de mirar a la destinataria del mensaje durante toda la comida y en sus ojos había una súplica que hizo incomodarse a la muchacha. Pero ella no lo miró ni le respondió el mensaje, así que él tuvo que enviarle otro, a su debido tiempo, para que hablaran en los Terrenos del Colegio aquella noche.
Generalmente, era imposible salir del colegio por las medidas de seguridad, pero una persona es capaz de escabullirse cuando cuenta con habilidad y la hora no es demasiado tardía. Blaise se pasó el resto del día observando las vacilaciones de Ginny y evitando ahora su mirada, para obtener el efecto deseado.
Las clases pasaron sin ninguna sorpresa y al fin llegó la noche. Blaise informó rápidamente a Draco, Theodore y Victoria de lo que iba a suceder y los cuatro se prepararon para una escapada nocturna. El trato era simple: arrastrarían a Ginny al Bosque Prohibido, donde un mortífago esperaba y ya él se encargaría del traslado de la muchacha, en lo demás nada tendrían que ver. Para bien o para mal, la suerte de ella estaría echada...
La única duda es si Ginny aceptaría asistir a la cita. Pero aún así Blaise esperó paciente y descaradamente en el árbol que había escogido y contempló silenciosamente el camino y a las tres figuras que esperaban, apartadas.
Era esencial que todo saliera como correspondía.
La luna salió de los jirones de nubes, iluminando la escena como un pálido espectro del pasado. Blaise comenzaba a tener frío y a hastiarse y el tiempo transcurría, indiferente a su espera. Diez minutos, quince minutos tarde...
Justo cuando ya comenzaba a perder la esperanza de que la chica viniese, una sombra apareció en la niebla y una capucha fue dejada de lado para dar paso a los cabellos rojizos de una chica de grandes ojos castaños.
- Te has tardado- observó Blaise sin sonreír, advertía la zozobra que provocaba en su compañera y estaba tenso por lo que tenía que realizar.
- No estaba segura de venir- replicó Ginny, temblando por debajo de la capa. Blaise imaginaba lo mucho que le había costado decidirse, el rostro empapado en angustia y rabia, imaginando los mil y un escenarios posibles.
- ¿Caminamos?- preguntó señalando la hierba con un elegante gesto. La chica dudó pero, tras un instante de ferocidad en su mirada, asintió y aceptó la mano de Blaise en la suya. Él comenzó a hablarle de todo y de nada, porque era esencial distraerla y esperó el momento en que ella se cansara para interrumpirlo y que la acción transcurriera. Pero, al parecer, lo que ella escuchaba era de su agrado, porque se quedó en silencio mucho rato, hasta que Blaise no encontró más su voz y se calló.
- ¿Por qué querías hablar conmigo?- preguntó entonces la chica, introduciendo las manos en los bolsillos de la capa.
- Te he extrañado- señaló con naturalidad el muchacho y entrelazó sus manos con las suyas para que pudiera besarla, los ojos abiertos clavados fijamente en el árbol a sus espaldas.
El hechizo que hizo perder la consciencia de la niña fue ejecutado en absoluto silencio. Blaise sostuvo a la delicada figura entre sus brazos, con la misma indiferencia como si sostuviera un maniquí y esperó a que sus amigos salieran.
Éstos no tardaron ni un instante. Victoria, que fue quien lanzó el hechizo, guardó la varita y Draco efectuó otro conjuro, destinado a transportar por los aires el cuerpo desmayado. Theodore le echó una mirada fría a su prisionera y los cuatro se pusieron en marcha.
La niebla besaba sus pies y ellos esquivaban las ramas caídas para hacer el menor ruido. Todavía faltaba para el lugar de encuentro con el mortífago e interiormente se preguntaban quien sería el que se encargaría de la situación. Anduvieron en completo silencio unos instantes, la figura esbelta de Ginny flotando, los cabellos de fuego revoloteando a su espalda y luego se detuvieron, allí donde el hombre o mujer tenía que aparecer.
Esperaron. La luna iluminaba el bosque y las criaturas terrestres que pasaban a su lado sin molestarlos y sus respiraciones eran tan fuertes que eclipsaban los otros sonidos. Estaban nerviosos, nadie podía descubrirlos o tendrían problemas. Pero no había nada que temer y al final el aburrimiento se instaló en sus pupilas y luego el cansancio, haciéndolos sentarse apiñados bajo la sombra de un abedul.
Una luz verde apareció entonces en el horizonte y una figura enmascarada apareció en el límite del bosque, sin prisa, caminando con garbo. Ninguno de los slytherin se movió y nada se veía, excepto a Ginny suspendida, entre los arbustos y la niebla.
La silueta llegó entonces a su destino y pudieron ver los cabellos blancos que sobresalían de la máscara. No dijo su nombre ni los saludó; tan sólo hizo un movimiento y un susurro y los ojos de Ginny estaban abiertos, mirando directamente a Blaise con esa acusación muda que él no pudo rehuir y que recordaría toda la vida.
Fue sólo un momento, en que una especie de luz apareció en aquellos ojos castaños y pudieron contemplar silenciosamente un alma que no tardaría en escaparse; pero entonces hubo otro susurro y otra luz verde, más intensa y el último suspiro se escapó de la chica pelirroja, un sonido silbante y profundo que perduró en el ambiente más de lo que sus jadeos de asombro.
Intentaron levantarse y se encontraron atónitos, enmudecidos por la oscuridad. El hombre los observó en su ventajosa posición escondida y los saludó con un gesto hasta que todos bajaron la mirada, curiosamente avergonzados, como si no pudieran haber comprendido qué había sucedido o por qué. Pero el hombre no se detuvo en sus movimientos: tomó el cadáver entre sus brazos como si fuera una amante, ejecutó una vuelta de baile y pareció esfumarse su figura, como si en verdad pudiera desaparecerse en Hogwarts.
Volvieron a estar solos, los cuatro jóvenes y la luna. La muerte los había sorprendido tanto que no sabían qué decir ni qué hacer. Interiormente, quizá estuvieran esperando la acción y majestad de un cuento, allí donde el dolor no cabía ni tampoco la maldad. Theodore fue el primero en levantarse, sereno, frío y ayudó a su esposa a ponerse en pie, indicando a los otros dos que lo hicieran también.
Blaise parecía despejado de toda esperanza. Su alto cuerpo temblaba y sus manos no cesaban de sacudirse en el sollozo que no podía soltar su cuerpo. Era la primera vez que veía morir a alguien e interiormente sabía que nunca podría haberse preparado para ese momento, ese minuto interminable en el que una persona parecía más presente y sólida que nunca para luego desaparecer sin ningún sonido, ni una palabra. No comprendía; una parte de él había considerado insignificante preguntar por qué, pero la acusación de aquellos ojos lo condenaba irremisiblemente y ahora el tiempo no podía ser manipulado para borrar su acción.
Él era tan culpable como si hubiera levantado la varita, su primera víctima había caído bajo las alas de la depravación. Blaise se preguntó si podría perdonarse, mirarse al espejo de nuevo y hacerlo otra vez, esta ocasión participando activamente, pero no había respuesta, ni en su interior ni en la apagada mirada de sus compañeros.
Regresaron por donde habían venido, hasta que Draco los detuvo para abrazar a Blaise. Era la primera vez que lo tocaba desde que se habían besado y Zabini sentía una inesperada liviandad, un confort que no tenía derecho a esperar. Se aferró a su amigo y comenzó a llorar, sintiendo en su hombro la mano de Theo y en su mano las caricias de Victoria. Poco a poco, dejó de temblar y los cuatro se abrazaron, sellando el pacto de su complicidad y alejando el fantasma del miedo.
El amanecer los sorprendió frente a la chimenea, alzando sus copas en salud de la fenecida y jurando guardar silencio acerca de lo que habían presenciado. Luego, uno a uno, se fueron a dormir, Blaise quedando al último, observando las llamas.
¿Podría haber hecho algo para cambiar su destino? ¿Debió haber interrumpido el asesinato? En el nombre de Merlín, ¿Qué había escogido?
Ante sus ojos se abría el abismo del mundo y la corrupción se adueñaba de su piel. ¿Realmente quería ese legado? ¿Podía retroceder?
Escondió la cara entre sus manos y aspiró el aire puro de la mañana. Luego fue a darse un baño, sintiendo como si una especie de suciedad estuviera apoderándose de su corazón.
"Lo más terrible" pensó "Es que lo volvería a hacer"
Pero interiormente nunca olvidaría las miradas de los muertos que lo perseguían y al final dejó de escaparse de su escrutinio. Al asesinar, nos vemos desnudos frente a la frágil vida, comprendiendo el espíritu efímero de la existencia, sabiendo que nuestra mortalidad nos asesina con la misma voluntad con la que deseamos vivir.
Blaise se acostó y pronto el sueño le arrebató la culpabilidad para hacer frente a las preguntas del mañana.
...
Del diario de Victoria, dos noches después.
La muerte de Ginny Weasley fue tan rápida y cortante que no sé cómo no pudimos preverla. Al menos yo no lo hice pero, ¿Por qué iban a pedirnos que la raptáramos si no era para asesinarla? Ninguna información valiosa se escondía en su ser, los demás sólo la veían como a una chiquilla, una traidora a la sangre que no podía ser más que un señuelo del caos que estaba a punto de desatarse. No sé por qué, lloré su muerte, aunque apenas la conocía. Recordaba esas tardes en la Sala de los Menesteres, oía su voz bromeando y mirando a Harry con amor y entonces me preguntaba qué hubiera pasado si yo estuviera en su lugar. Me di cuenta entonces que el legado de un mortífago es la sangre y el dolor y ante esta realidad me puse a llorar como una niña. Theo me acariciaba los cabellos y me decía que lo que sentía iba a pasar. Comprendí que él si sabía lo que iba a suceder y no intentó detenerlo porque estaba preparado. A veces pienso que él es el más roto y fuerte de todos nosotros, aquel que es capaz de mirarte a los ojos y pronunciar una maldición imperdonable, que es capaz de abrazarte para consolarte y luego salir a hacer lo que debe hacer.
Cuando dejé de llorar, él estuvo hablándome. Me dijo que no sería la única muerte que contempláramos y debíamos templarnos y aceptar la realidad. La marca en mi brazo izquierdo ardía como una llamarada y sus palabras escocían pero esto fue lo que escogimos. Pude haberme negado y haber huido pero me quedé y Theo también. El propio Blaise no tenía ninguna obligación con nuestro bando pero se quedó porque en el fondo, necesitaba amigos. Yo... me pregunté qué se sentiría el quitar una vida, ver como se desvanece ante tus ojos y saber que tú se la has arrebatado. El asesinato es la peor injusticia de todas, el peor recurso que podemos esgrimir. Y ahora que sé que es lo que debe hacer Draco, ¿Realmente podrá... hacerlo?
¿Somos tan crueles que le quitaremos su inocencia, lo despojaremos del velo de sus ojos sólo para ver como se hunde en la miseria? ¿Podrá Blaise perdonarse? ¿Podré yo?
Theodore me besa con esa hambre desvalida que nunca he podido resistir. Mientras lo hace no dejo de pensar en lo que diría Sirius. Seguramente él condenaría nuestra pequeña aventura, me reprocharía haber sido tan débil. Pero la culpa se ha ido lejos de mi alcance, seducida por las caricias de alguien a quien amo. No parece como si fuéramos a cambiar en realidad. Mañana sin duda morirá alguien más y deberemos aceptarlo o retirarnos.
En esta montaña rusa en la que estamos, debemos aceptar lo bueno y lo malo. Sin duda la búsqueda de Ginny será terrible. Todos se preguntaran dónde está, sus padres llorarán y temerán lo peor, aunque aseguren que todo está bien. Los gemelos se enfadarán y clamarán por venganza, pondrán sus vidas en riesgo para hacer justicia a su hermana. Puedo ver a Ronald en silencio, guardando su rabia, alimentándola. A Harry, el siempre héroe, sacrificándose para salvar vidas y a Hermione con su inseguridad bullendo de sus heridas como un líquido espeso. Bill y Charlie lamentarán no haber compartido más con su pequeña hermana pero, ¿Acaso alguna de esas acciones la traerá de regreso a la vida?
Tendida junto a Theo lo miro y me pregunto qué haría yo si lo perdiera. ¿Me volvería loca, una asesina despiadada? ¿Podría continuar respirando? Todos los días, lo observo hasta quedarme dormida, con miedo de que al amanecer desaparezca. Y lo rodeo con mis brazos, siempre temiendo, aspirando su aroma para que sólo sea mío. En cualquier momento, podríamos desaparecer y nadie nos recordaría. Pero quiero pensar que mi abuelo tiene razón y puedo hacer algo por desvanecer las sombras. Traicionar al señor Oscuro es peligroso.
Pero, ¿Cómo continuar en esta espiral de violencia? No tengo el estómago para continuar ni el camino para retroceder.
Me queda el exilio.
...
En la cama, sin poder dormir, está Draco. Ahora que por fin sabe lo que es ver a alguien morir y saber que esa persona no va a regresar, su propia tarea se hace más amarga aunque sabe que no puede dejar de cumplirla, si desea ver vivos a sus padres. Ya no tiene más deseos de ser parte del ejército de Voldemort pero tampoco puede perdonarle la vida a Albus Dumbledore.
Esconde sus manos en la almohada y suspira. Sabe que mañana será otro día para averiguar cómo matarlo. Pero ahora, sólo quiere que sus sueños le hagan olvidar la tibieza de Blaise y sus lágrimas y su dolor. Se niega a si mismo la posibilidad de la verdad, de saber cuánto ama a su mejor amigo, cuanto desearía poder darle lo que él quiere.
Piensa en Astoria, la joven muchacha que debe estar durmiendo, sin saber los horrores que la vida aguarda, teniendo fe en él, creyendo que puede lograr cualquier cosa. Piensa en sus padres, que sólo desean lo mejor para él, en la soledad de su madre en esa gran mansión y en su padre, mirando las estrellas en Azkaban. No puede comprender cómo es que su padre aceptó semejante destino, por qué disfruta tanto torturando a la gente.
¿Él posee esa necesidad, ese disfrute por el dolor ajeno? Piensa en los Mundiales de Quidditch, como esos muggles fueron violentados y alzados en el aire para espectáculo de los otros. Él no participó pero lo hará más adelante. ¿Puede con ello? ¿Puede mirar a los ojos a su madre y no pensar en todas las personas a las que lastimo?
Pero ya no quedan opciones. No hay dónde huir ni con quién. Parece que, después de todo, el destino si existe y lo ha tomado de la mano para arrastrarlo y obligarlo. No son sus manos las que mataran a Dumbledore, piensa, lo hará el capricho de un deseo, la necesidad de un alma atormentada.
Cae en un sueño inquieto. Recuerda la última vez que vio a la muchacha asesinada, en la librería. En ese momento le pareció patética pero había algo... de majestuoso en su mirada, en la luz de sus ojos cuando murió.
¿Se puede encontrar la dignidad de una persona, su valor, cuando muere?
Entonces todos tienen derecho a vivir y con ese pensamiento, la consciencia de Draco se hunde en imágenes más felices.
...
Cuando le dijeron a Blaise que llevara a Ginny Weasley al Bosque Prohibido, me imaginé que era algún tipo de prueba, como a la que han sometido a Draco. "Ve" le decían "Has esto y prueba tu lealtad al señor Tenebroso" Supuse que en cualquier momento me probarían a mí también pero resulta que al final, fue un trabajo conjunto. Todos estamos involucrados en lo que pasó, hasta las cejas y es nuestro pacto de silencio la única defensa que tenemos. No alzamos la varita en contra de esa muchacha, es cierto, pero sabíamos lo que iba a pasar. Yo lo sabía y me pregunto si el hecho de que me importe tan poco es señal de lo poco humano que soy. Supongo que una parte de mí está congelada desde que mi madre murió, esa piedad y misericordia propias de todo ser decente, se me escapan. Ahora sólo puedo pensar en Victoria y sus besos porque de alguna manera su amor borra el crimen. En sus brazos olvido toda la oscuridad que reina mi vida, olvido lo mucho que odio a mi padre y todo lo que hay que hacer.
Soy despiadado y frío. Cuando esa chica murió y la luz huyó de sus ojos, no sentí nada, sólo me pregunté qué habría sentido yo alzando la varita, pronunciando el conjuro. Casi es una perspectiva interesante. Observé clínicamente cómo el cuerpo cayó y en qué postura, también observé al asesino sin poder dilucidar su identidad. Me hablé a mi mismo de las posibilidades, de las explicaciones que teníamos que dar. pero no sentí remordimientos.
Me sorprendió darme cuenta que Blaise si los sentía, se sentía responsable, culpable. Hasta Draco parecía alterado y Victoria lloró pero yo...
A veces pienso que hay dos personas dentro mí. Una lamenta la muerte de Ginny y la otra se regocija en la sangre. Ruego no tener que hacer daño a nadie porque sé que lo haré sin dilación.
Y quizá sea por ello que Voldemort no juzgó necesario probarme. Porque sabe que en el fondo, siempre he sido un mortífago y siempre lo seré. Siempre necesitaré esa inyección de adrenalina que me indique la fragilidad de la vida, ese mirar del último aliento.
Soy un monstruo, ¿Verdad? Por mi fascinación por la muerte, por mi apego a la vida. ¿Fui diferente alguna vez? ¿Puedo llorar?
Oigo la respiración de Victoria y me sumo en calma con ella. Mi única petición es no perderla, lo demás no me importa.
Ya vendrá el mañana. Y habrá otras muertes. Pero lo que haré es enterrarlas y no dejar que me persigan.
Ya vendrá el mañana. Y nos condenará.
Para siempre.
