Tardaron sólo un día en descubrir la desaparición de Ginny Weasley y se inició la búsqueda. Nadie quería alarmar al Castillo, así que sólo fue La Orden del Fénix y los profesores los que se apresuraron en su búsqueda. Fueron Severus Snape y Rubeus Hagrid los que encontraron el pálido cuerpo desnudo empotrado en un árbol y con señales de violencia muggle. Era obvio que la habían torturado...
Se recogió el cadáver sin hacer comentarios, aunque Hagrid estaba llorando. Fue Snape el que tuvo que informarle a Dumbledore y se llamó a sus padres, haciéndose hechizos al cuerpo para revelar como éste había muerto. Pero no había pistas, ni nadie sabía por qué una chica que sabía la importancia de las reglas de Hogwarts se ausentaría en una noche como la anterior. Y era evidente que la habían atraído afuera porque, ¿De qué otra manera se habrían podido romper las protecciones del lugar?
Celebraron el funeral con toda la familia Weasley pálida como la cera, sin Molly Weasley, a la que tuvieron que sedar porque se puso histérica al enterarse. Mandaron a llamar a Charlie para que supiera la noticia y Bill parecía tan amenazador que nadie se atrevió a contradecir sus palabras. Ron miraba al vacío, incapaz de creerlo. Fred y George, por una vez, no sólo no sabían qué decir, sino que la pena y la rabia deformaban sus facciones en dolor. Harry estaba furioso, intentaba que le dijeran los detalles del asesinato para poder vengarse, pero sin resultado. Hermione lo abrazaba y lo hizo hasta que ambos consiguieron sacar su pena con lágrimas.
También se invitó a Neville y a Luna, ya que eran sus amigos. Se miraron todos, haciendo de su lazo uno indisoluble y fue entonces cuando la COmunidad Mágica y el Profeta fueron avisados de la verdad.
Al día siguiente, Albus Dumbledore tuvo que asistir a un interrogatorio y a una violenta entrevista con un insólitamente avergonzado ministro, que, aún así, se negó a reconocer la vuelta de Lord Voldemort y amenazó a Albus con despedirlo de su puesto. Esto llegó al Quisquilloso y por todas partes se oyó el sublevar de más de la mitad de la Comunidad Mágica.
Propusieron cerrar el colegio, pero los alumnos se negaron a irse. Hubo algunos que partieron en el tren al día siguiente, asustados, pero la mayoría se quedó. Se buscaba al o los culpables incansablemente.
Molly quiso llevarse a sus hijos, protegerlos de la maldad del mundo, pero, aunque con lágrimas en los ojos, ninguno de ellos aceptó irse. Tenían una deuda con su hermana y debían investigar quién la había asesinado. Pero, aunque realizaron varias pesquisas, ninguna estaba destinada al triunfo y al final, Ronald perdió parte de su alegría.
La casa de Slytherin estaba bajo la mira. Todos sabían que si algo tan terrible había sucedido, sería culpa de alguno de ellos, pero no podían probar nada y, silenciosos y discretos, los slytherin se pusieron de bajo perfil y siguieron con sus asuntos.
Volvían todos a estar rodeados de profesores que los acompañaban a las aulas y toda salida del castillo estaba absolutamente prohibida. Se pegaron cartes en todas las paredes de los mortífagos que todavía estaban fuera de Azkaban y también se hicieron públicas medidas de seguridad para evitar la catástrofe.
Myrdayr fue llamada al despacho de su abuelo al quinto día. Estaba pálida, aún así, por medio de la oclumancia que había aprendido de Severus Snape y que seguía practicando, consiguió mantener sus pensamientos a salvo, a pesar de esto aceptó tomar Veritaserum, la única manera en que podría decir la verdad (coaccionadamente) sin peligro para ninguno de los dos. Sin ceremonias, ocupó un lugar frente a su abuelo, cuya mano marchita lucía peor que nunca.
- Seré conciso. ¿Tuvo algo que ver alguno de tus compañeros en la muerte de la señorita Weasley?
- No hay nada que yo pueda decir al respecto.
- ¿Quieres decir que no sabes o que no quieres decirme?
- Quiero decir que no hice nada para lastimar a Ginevra Weasley.
- ¿Sabes si alguno de tus compañeros de curso tuvo participación activa en el asesinato?
- Ninguno de nosotros la mató.
- ¿Sabes algo de la identidad del asesino de Ginny Weasley?
- No sé quién la mató.
- ¿Estuviste en el Bosque Prohibido la noche en que la asesinaron?
- Sí.
- Seamos claros. ¿Viste algo de lo sucedido?
- Sí.
- Pero afirmas que no le hiciste daño.
- Así es.
- ¿Qué hay acerca del asesino? ¿Era hombre o mujer?
- No lo sé.
- ¿Sabías que ella iba a morir?
- No.
- ¿Ginny Weasley fue llevada al bosque contra su voluntad?
- No puedo adivinar sus pensamientos en esa noche.
El director suspiró. Las respuestas de Victoria, que había sido cuidadosamente entrenada, eran cautelosas y dejaban escapar poca información. Podía asegurar que no había mentido en lo absoluto y que sabía lo que había pasado, pero nunca conseguiría sacarle una sola palabra del asunto. Inquieto, volvió a reconsiderar sus acciones. Era muy peligroso confiarle a una presunta mortífaga (por mucho que fuera su nieta) toda la situación acerca de su plan para destruir a su señor, pero, por otro lado, si algo le pasaba a él, tenía que tener un lugarteniente más inesperado que el profesor Snape para encargarse de las cosas. Por muchos años, la colaboración de Victoria, aunque pequeña, había sido útil para la Órden del Fénix y debía reconocer que sus aportaciones habían sido agudas e inteligentes. Pero no debía olvidar que ya no pertenecía a su bando así que, ¿Era prudente informarle acerca de sus intenciones? ¿Era lo suficientemente ducha en oclumancia para guardar el secreto? Y sobre todo, ¿Querría ella participar activamente en contra de Lord Voldemort?
Jugueteó con el anillo de su mano herida y la miró seriamente.
- Sabes la dificultad de la situación. Sabes que no estoy cruzado de brazos y que haré algo en contra de esta maldad. ¿Querrás ayudarme?
Victoria seguía bajo la potente poción de la verdad.
- Haré lo que pueda- dijo, inclinando la cabeza.
- ¿Harías el Juramento Inquebrantable si yo te lo pidiera, en voto de silencio?
- Sí así me lo pidieras, sí.
En los ojos verdes de la muchacha no había nada inquietante y parecía sincera, así que Albus llamó al profesor Snape y juntos pronunciaron el Juramento Inquebrantable. Luego el profesor, aunque con ojos inquisitivos, desapareció: fuera cual fuera la verdad que Albus Dumbledore iba a contarle a su nieta, él no estaría enterado.
Más tranquilo, Albus Dumbledore se sentó de nuevo en su despacho y descargó sus confidencias sobre Myrdayr. Le contó las clases particulares con Harry, le enseñó los recuerdos sobre Tom Riddle y le habló de los horrocruxes, incluyendo lo que había pasado con Harry cuando éste era un niño. Sobre ella caía la responsabilidad de conseguir que Harry llegara a su destino y ayudarlo lo mejor que pudiera. El director le recordó que él moriría al finalizar el año y que a partir de allí, el Niño-Qué- Vivió quedaría completamente solo. Victoria prometió hacer lo que pudiera para que Harry tuviera éxito y al final su abuelo le deseó suerte.
Después, hablaron del futuro. Myrdayr no podía confesar con franqueza lo que hacía en el lado de Voldemort y tampoco traicionaría a Draco hablándole de su misión pero Albus Dumbledore ya lo sabía y le pidió que ayudara a Draco con su labor. Aunque por el momento no se cerraría Hogwarts y ni siquiera sucedería en caso de que el director muriera, era necesario seguir como si nada ocurriera. Surgió entonces la posibilidad de que el director le tendiera la mano a los Malfoy a través de su nieta, pero ésta negó con la cabeza. Tal y como estaban las cosas, cuando era evidente que todos sabían demasiado, era muy peligroso. Pero ella prometió que cuidaría de sus amigos y, con estas palabras, se retiró.
La información con la que contaba podría haber destrozado todos los planes del "Bien" y llevar a la segura victoria del señor Tenebroso. Pero su abuelo había sido astuto, impidiéndole toda manera de comunicar la verdad y ella hubiera tenido que dar la vida por esos secretos. Pues bien, no era una fanática ni estaba convencida de la causa que defendía, así que bien podía hacer lo que pudiese para preservar la vida de los gryffindor que querían terminar con Tom Riddle.
¿Si creía que era arriesgado? Por supuesto. De hecho, había una gran posibilidad de que fracasaran todos sus esfuerzos pero honestamente, eso ya no era asunto suyo.
Lentamente, volvió a su Sala Común y les contó a Blaise, Draco y Theo que su abuelo no tenía idea de lo que había pasado pero no cejaba en averiguarlo. Les dijo lo que ella había comentado y les recomendó que se apresuraran en sus planes, pues, tal como estaba la efervescencia de Hogwarts, ya no les quedaba mucho tiempo.
Blaise asintió aunque como ya había cumplido con su primera tarea, poco le quedaba por hacer. Draco, cuya piel parecía grisácea, se derrumbó en una silla y sólo Theo la miró a los ojos.
Ella sabía lo que él quería. "¿Hay algo que no nos has dicho?" preguntaba esa mirada. Pero no podía decir nada y sólo sonrió.
El destino se les echaba encima.
...
El agua fría cayó sobre él como una llamarada helada. Temblando por algo más que eso, Draco dejó que el líquido lo absorbiera y destruyera su pena y su angustia. Las cosas eran más difíciles de lo que él pensaba y las constantes amenazas sobre la vida de sus padres, lo que él más temía, no hacían nada por ayudarlo. Había estado trabajando en el armario en la Sala de los Menesteres desde que el año empezó, trabajando codo con codo con Borgin pero no estaba ni muy lejos ni muy cerca de conseguir su objetivo. La verdad es que, a estas alturas, se sentía muy solo. Sus amigos lo apoyaban, pero no se encontraban en su situación: Blaise, mal que bien, había logrado lo que le habían mandado y aunque no paraba de decirle que deseaba ayudarlo, no tenía nada que perder. Theo no le decía nada, pero interiormente lo presionaba para hacer las cosas más rápido y era duro hablar con Myrdayr, incluso si ella nunca se lo había echado en cara, ambos estaban perfectamente conscientes de que el objetivo era su abuelo.
Además, Severus Snape, con quien en el pasado siempre se había apoyado, ya fuera para clases, problemas y confidencias, no dejaba de preguntarle qué era lo que estaba haciendo y cómo. A veces Draco sentía que estaba rodeado de lástima, era un fardo inútil al que le habían dictado una misión imposible. Y aparentemente, estaba cayendo bajo, pues su estallido en el baño donde solamente Myrtle la Llorona pudo escucharlo lo había hecho convertirse (o eso pensaba) en la más patética persona que existía sobre la Tierra.
Cuando acabó de llorar, se fue, prometiendo volver. Y día a día, cuando la necesidad de ponerse a llorar se volvía más fuerte, masoquistamente se negaba el alivio de las lágrimas, más bien, abría el grifo de agua y se metía bajo él, esperando que el torrente de agua se llevara lo que ya no se atrevía a decir, abandonando todo lo que amaba.
Incluso se había distanciado de Astoria, quien no podía comprender sus vacilaciones y miedos. Aunque inteligente, la muchacha era demasiado fría y práctica para su gusto, agitaba sus adorables rizos y balanceaba sus pestañas mientras le decía que todo saldría bien, que era demasiado sencillo. Él tenía que admitir que su relación no estaba saliendo como él esperaba. Y mientras, el tiempo transcurría y lo carcomía por dentro...
Oyó un ruido, mientras él estaba apoyado en los mosaicos y se incorporó bruscamente.
- ¿Has terminado?- la familiar voz de Blaise se escuchaba al otro lado de la puerta- Tienes que ir a desayunar, ¿Sabes?
Interiormente, deseó mandarlo muy lejos, pero no confiaba en su voz.
- Ya iré- capituló y buscó a ciegas el shampoo.
No hubo respuesta al otro lado de la puerta y Draco decidió que no tenía tiempo para aquellas tonterías. Comenzó a enjabonarse el cabello, masajeando furiosamente el cuero cabelludo y cerrando los ojos para no llenarse de espuma. Oyó algo lejanamente, pero no prestó atención: el baño era un ritual, una manera de eliminar la culpa y la angustia que contaminaban su ser.
- Estás tan hermoso como recordaba. Quizá más.- la voz, seductora, masculina y más cercana de lo que él creyó posible, casi lo hizo saltar. Tragó un poco de la sustancia que coronaba su cabeza y tosió.
- ¡Blaise!- dijo, sintiéndose acorralado- ¿Qué demonios haces aquí?
- Dándote lo que necesitas- dijo el muchacho con mucha naturalidad, despojándose de la bata que lo había cubierto hasta ese momento. Draco quiso hechizarlo, cerrar los ojos y gritar como una jovencita, pero en primera, no tenía su varita, la erección de Zabini era impresionante y santo cielo, gritar como una jovencita era indigno para alguien de su edad.
- ¿Qué carajo...?- empezó a decir pero la boca de Blaise ya estaba sobre la suya y su lengua ansiaba implacablemente un poco de él. Las manos del moreno lo empujaron hacía los fríos mosaicos y sintió que lo quemaban mientras Blaise profundizaba, aquella... cosa presionando su cintura.
Trató de deshacirse, de demostrar una vez más cuán lejos estaba eso de sus planes, pero aquellas manos subieron a su cuello y a su cabello y acariciaron y luego descendieron a su espalda y ahí se quedaron, abrazándolo, turbándolo.
- Ya Malfoy, sé que te mueres de miedo- dijo su compañero cuando finalmente dejó de besarlo- Y no por mí. ¿Cuándo aceptarás que me necesitas? Me estoy cansando de esperar.
- ¿Qué quieres decir?- su voz era un patético murmullo, bajo aquellos ojos castaños se sentía tan vulnerable aunque Blaise lo había visto desnudo sin ningún problema más de una vez y el murmullo del agua pronunciaba su nombre como una tierna caricia. Se cruzó de brazos, tratando de demostrar un poco de dignidad, pero no había nada que demostrar bajo la ducha.
- No lo quieres hacer, ¿Verdad? Matar a ese viejo está acabando contigo. Pero no te puedes echar atrás, así que, ¿Por qué no me dejas relajarte?
Él sentía que todo lo que sentía o había sentido era adivinado por su mejor amigo sin ningún esfuerzo. "Pero, maldito" pensó "¿Por qué diablos dejarme solo, hacerme pensar algo diferente por tanto tiempo"
No lo dijo. Aún así, su amigo estaba esperando respuesta, apoyando un pie en la puerta y sin los brazos cruzados, seguro de su belleza y también de su sexualidad.
Independientemente de si le gustaba o no, Draco no podía negar que Blaise era hermoso. En otros tiempos más felices, lo había envidiado, desde su oscura piel sin imperfecciones, su manera gatuna de caminar y la manera en que conquistaba a los otros sin siquiera esforzarse. Le habían llegado muchas invitaciones a Blaise de revistas para damas en las cuales posar y la manera en que Blaise usaba su cuerpo como el modo de alcanzar a los demás y conseguir lo que quería había sido su arma durante muchos años. Siendo honesto, Draco estaba más que celoso de muchas de sus conquistas.
Pero, ¿Aceptaría alguna vez la verdad? ¿Admitiría que más de una vez sus sueños habían sido poblados por más que la hermana menor de Daphne?
- Tu idea de relajación está lejos de resultar así- contestó, tratando de hacer que el temblor no volviera- ¿No podrías...?
- No- Blaise apoyó uno de sus poderosos brazos al lado de su cabeza, haciéndolo reprimir la intención de tragar saliva.- Sólo tienes una oportunidad y es ahora. ¿Alguna vez has sentido algo por mí, Draco?
Quiso negarlo pero sus ojos no se apartaban de los suyos y aunque se había aportado de la pared, todavía se sentía acorralado.
- Porque yo sí- susurró Blaise en su oído y lo único de lo que podía estar seguro Draco es que algo se había encendido en su cerebro y el cansancio había podido con él. Deseó pedir tantas cosas, pedirle que se apartara, salir de ese baño donde su ritual había sido roto, fingir que nada había pasado...
En su lugar puso una mano en el hombro moreno de Blaise. Tenía todas las intenciones de negarse amablemente pero pronto supo que si lo decía, sonaría tan falso que él lo despreciaría. Y no quería ser despreciado, y tampoco analizar por qué no.
- Tengo una novia- farfulló. Blaise siseó y pareció decepcionado, pero Malfoy no había acabado de hablar.
- No quiero que te vayas- eso fue más difícil de decir de lo que pensó. Zabini pensó lo mismo porque lo miró.
- ¿Por qué?- preguntó.
- Porque te he mentido- Cielos, como quería no mirarlo. Como quería... huir.
- Porque me ha gustado. La manera en la que besas. Y el modo en que me miras. Y no me hagas ser más cursi, joder.
Él se río.
- Esperé muchos años para esto, Draco- Blaise no parecía ni un poquito inseguro, que injusto. ¿Cómo podía estar tan tranquilo?- Visité muchas camas. Fingí mucho amor. Encontrándote en cada rubia sexy y en cada miligramo de ternura. ¿Qué vas a hacer con eso?
No me presiones, parecía ser la respuesta adecuada. Déjame pensarlo, otro eufemismo para "Nunca". Pero el agua seguía cayendo de la ducha, haciendo que cada gota lamiera la piel del muchacho hasta ponerla de un extrañamente hermoso azul y el cabello negro de Blaise invitaba a enredar los dedos en él, los labios entreabiertos una fruta madura y los hombros ligeramente débiles.
Y Draco tenía frío, mucho frío. Avanzó un paso y luego otro. Abrazó a Blaise como él lo había hecho antes. Luego lo miró y alzó una mano, curiosa, suave. Acarició el cabello empapado, bajó hacía las mejillas y se detuvo en la boca, delineándola.
- Maldito seas- le susurró al oído.
- ¿Por qué?- preguntó él, sonriendo.
- Porque me gustas, Blaise.
Luego fueron muchos besos bajo esa lluvia artificial, brazos aferrándose a la vida del otro, jadeos, vulnerabilidad expuesta, caricias donde no había palabras.
Esa mañana ninguno de los dos fue a desayunar, ni a la primera clase, ni a la segunda...
Pero cuando empezó la tarde y Blaise estaba en su cama, durmiendo, Draco comenzó a sentirse solo de nuevo. Se levantó y se vistió y, en contra de su deseo, fue a ese baño, donde esperaba la patética fantasma.
Ella lo recibió con alegría, como un ángel de la caridad que sólo estuviera para ayudarle. Él empezó a contarle toda la verdad con voz entrecortada, llorando allí porque no podía hacerlo con su mejor amigo. Porque él siempre lo había admirado y bajar escalones en la espiral de su admiración era el peor golpe que podría recibir.
Pudo haber ido bien. Pero entonces vino Potter y lo arruinó.
Draco realmente no supo qué pasó, sólo sintió un intenso dolor y empezó a sangrar tanto que creyó iba a morir. Es una ironía, pensó, morir justo cuando había encontrado algo que creyó bueno. Hacía mucho que Draco no sentía cerca la felicidad, pero parecía que debía ser encontrada al final y luego sentir dolor para que no pudiera olvidarse.
Su lado pesimista lo encontró aceptable.
Pero no murió. Severus Snape (siempre tan entrometido) estaba allí por alguna razón que él no conocía y empezó a hablarle, a molestarlo con sus instrucciones con esa voz que tenía. Casi no podía escucharlo y quiso decirle que se callara, para que él pudiera cerrar los ojos y dormir.
Se despertó en la enfermería. A su lado estaban Pansy, Daphne, Theo, Victoria y... Blaise. Pensó que él podría haberse mostrado más emocionado pero se limitaba a observarlo sin decir una palabra.
Pansy y Daphne fueron mucho más efusivas, cubriéndolo de abrazos y chocolates. Los demás se limitaron a expresarle su apoyo, aunque se veía que temían por él, no por el ataque de Potter, sino simplemente por todo lo que estaba sucediendo.
Hablaron hasta que se hizo de noche. En todo aquel tiempo, Blaise no dijo palabra, hasta que todos se fueron. Entonces, finalmente, se sentó a su lado.
- ¿Me extrañaste?- le preguntó Draco con una sonrisa. De alguna manera, quería hacer sentir el ambiente menos frío, saber que Blaise se preocupaba.
- Hazme espacio- se limitó a decir Blaise hasta que él se movió de la cama. Entonces, sin preocuparle que pudiera entrar Pomfrey, que estuviera prohibido, que Draco estaba cubierto de vendas o que era de noche y todo estaba silencioso, Blaise dejó que su largo cuerpo entrara en contacto con la cama y su amigo y lo abrazó.
- Yo...-empezó Draco, sintiendo el sonrojo en sus mejillas. Pero Blaise no le permitió terminar.
- Dices muchas tonterías- afirmó- Sólo somos tú y yo, ¿Para qué finges? Extraño al Draco que eras, quiero que dejes de tener miedo. No es como si fuéramos a dejarte solo, ¿Sabes?
- ¿A qué le temes?
- No esperarás que una noche sea suficiente para decirte todos mis secretos, ¿Verdad? Ahora, duérmete.
Y por una vez, Draco le hizo caso y se quedó dormido.
Blaise, en cambio, tenía los ojos fijos en la oscuridad.
