Cuando eran niños, Draco, Blaise y Theodore jugaban a vendarse los ojos y andar por altos techos con la única ayuda de las instrucciones de los otros dos. El juego dejó de serlo cuando Theo cayó de una altura de 3 metros y se rompió el brazo debido a un mal consejo de Blaise, pero eso no los detuvo, jugaban con el miedo, excitaban sus sentidos viendo qué tan lejos podían llegar, confiando entre ellos como no confiaban en nadie más.

Cuando eran niños y todo les parecía fácil, habrían dado la vida por el otro sin dudarlo un instante. En ese tiempo, sabían el verdadero valor de las cosas y el mundo estaba lleno de posibilidades. Ahora seguían jugando a caminar a ciegas, guiándose por el consejo del otro.

"Cuidado" decía Blaise y le hacían caso porque, ¿Qué opción les quedaba? Pero ya no había excitación porque ahora las víctimas eran humanas y un paso en falso significaba la muerte. Eran jóvenes y tenían mucho por aprender pero Voldemort no daba respiros, era implacable, quería resultados, no excusas.

Estaban solos, lo sabían bien y eran temerarios porque no tenían otra cosa qué ofrecer.

Constituían un equipo.

Draco no soportaba matar, Blaise odiaba torturar y Theo era poco diplomático, así estaban buscando continuamente una manera de hacer las cosas.

Draco era un as dirigiendo operaciones delicadas, tal como demostró en Hogwarts, Blaise corregía posibles fallos, Theodore analizaba eficazmente el alcance de cada mortífago y elegía qué empleado del Ministerio convenía hechizar.

Le resultaron bastante útiles al señor tenebroso.

Y no eran los únicos, Myrdayr se ganó pronto una reputación interrogando prisioneros, era capaz de obtener la verdad incluso sin veritaserum a mano, así que, en esos meses de pesadilla, era Draco el que decidía el plan para atacar algún lugar sin dejar rastro, con un Blaise frenando las ideas más descabelladas y fortificando las que servían, Theo eligiendo qué personas podían acompañarlas y quiénes no y al final, era Myrdayr quien hacía recuento de lo conseguido.

Voldemort parecía desesperado por alcanzar a Potter. En cuanto Snape y Yaxley regresaron, repasaron el plan por enésima vez y, para desesperación de los padres de Malfoy, Draco iría, junto con los otros, en la comitiva para atraparlo.

Que era peligroso, nadie lo dudaba, pero necesitaban manos para hacer aquello y era una oportunidad como cualquier otra de probar a los novatos, con excepción de Crabbe y Goyle, que estaban preparándose para partir al Colegio.

Al fin llegó el día. Victoria no podía ir con ellos (tenían que volar y ella no estaba preparada para eso) pero abrazó a los demás como si se le fuera en ello la vida.

Después, bajó a las mazmorras. Las visitaba a menudo, sobre todo después de que atraparan a Ollivander y, a escondidas de los demás, les pasaba alimentos, algunos dulces, un poco de conversación. Al principio, el hacedor de varitas no confiaba en ella pero su voz tranquila y sus continuas atenciones lo volvieron más blando.

Él no quiso decirle por qué el señor tenebroso lo había atrapado, más allá que, de ese modo, pudiera controlar la manufactura de los más importantes artefactos mágicos. Ignoraba que ella lo sabía, porque los había espiado. Pero empleó sus tácticas para lisonjearlo y pronto tuvo acceso a clases sobre qué era lo indispensable en una varita y por qué, cuáles eran las más confiables y cuánto extrañaba Ollivander su casa.

De todas las cosas que a ella le tocaban en suerte, la peor era, sin duda, tener que convivir con los demás. Durante años, sus amigos habían sido un todo en conjunto, contando con una jerarquía muy bien estipulada y que seguían casi inconscientemente. Pero, en la casa de Draco, las cosas habían cambiado y, lo quisieran o no, ahora debían estar supeditados a los otros según su lugar en el séquito de Lord Voldemort, siguiendo órdenes que hubieran preferido desoír y haciendo como si no escucharan los insultos y las preguntas insidiosas.

Theodore, que eran tan frío y práctico que no se sabía cuál era su punto débil, lo llevaba mucho mejor que los demás, con su rostro inexpresivo ante cualquier tipo de pulla. Draco era constantemente protegido por su madre y Blaise era solamente halagado por su bello aspecto, pero de todos, era Myrdayr la que peor lo llevaba. Detestaba a Bellatrix, a la que sabía culpable del asesinato de Sirius y despreciaba a Colagusano, que le parecía más rastrero que la rata en la que se convertía. Ambos lo sabían y aunque Pettigrew no podía meterse con ella, Lestrange continuamente buscaba la manera de acosarla, de hacerla sentir mal.

Aquel día no fue la excepción. En la mansión sólo quedaban Lucius (que estaba en constante deterioro tras su salida de Azkaban) Narcissa (nerviosa y pálida, temía por su hijo, era natural), Bellatrix (impaciente, aburrida, dando vueltas una y otra vez por allí) y Myrdayr. Los demás se habían marchado a perseguir a Potter, dejándolos a los cuatro en un frío vacío que ninguno sabía cómo disipar. Lucius se disculpó inmediatamente, diciendo que estaría en su habitación, donde probablemente se hundiría en un sueño inquieto del que no quería despertar, Narcisa habló sobre preparar la comida y marchó a la cocina y quedaron las otras dos mujeres, una más tensa que la otra, mirando el reloj con insistencia, como si su paso fuera infame.

- ¿Ya extrañas a Nott?- preguntó la voz arrogante y grave de Bellatrix. Victoria, que estaba mirando hacía la puerta donde habían desaparecido los otros, y con los puños apretados, no respondió.

Bellatrix paró su compulsivo andar y de pronto se hallaba detrás de la muchacha, haciéndola sentir su mano helada y haciéndola erguirse.

- ¿Crees que se marche al otro lado, como tu querido abuelo? A mí no me engañas, Dumby... eres una traidora, puedo olerlo en tu sangre.

Apartó los cabellos plateados de la muchacha y seguía tan cerca que podía oír su respiración. Victoria contuvo la suya y miró hacía el techo, no podía permitirse perder el control.

- No sé de qué hablas- fingió indiferencia y trató de deshacerse de aquel contacto, pero no lo logró. Bellatrix la aferraba del brazo y se lo torció.

- Tanto tiempo has fingido estar de nuestro lado, pero puedo notar tu disgusto cuando paso cerca de ti... ¿Te incomodo, querida? ¿No me querrías... más cerca?

La boca estaba en su cuello y ella jaló de su larga cabellera hacía atrás. Victoria se reprendió por ser tan estúpida, sin duda la mujer había estado esperando un momento de debilidad y soledad, algo que no se atrevería a hacer (o quien sabe, era muy impredecible) si Theodore estuviera allí.

- ¿Y tú qué?- siseó, si pudiera estar frente a ella, le escupiría. Estaba temblando de rabia- ¿Cómo te sientes ahora que tu adorado señor oscuro no te quiere a su lado como antes? Creo que simplemente estás celosa, Lestrange. Ahora, suéltame.
La mujer no la soltó.

- Te estoy vigilando...

Myrdayr suspiró y descargó todo el peso de su pierna izquierda en uno de los tacones de Bellatrix. Ésta lanzó un rugido felino, bajando sus defensas momentáneamente, pero Victoria ya se había dado la vuelta y la apuntaba con la varita.

- Dame una razón, Bella- le dijo, acercándose y mirándola con tal frialdad que hasta la bruja se sorprendió- Dame una razón para matarte y lo haré encantada, lo apruebe o no tu querido señor.

La bruja alzó las manos en señal de paz y soltó una risita. Luego, se largó.

...

- No deberías provocar a mi hermana, Victoria. Es peligroso.- declaró serenamente la bruja de cabello rubio mientras cortaba zanahorias. Era una cosa extraña, verla cocinando, cuando evidentemente la actividad estaba muy por debajo de su alcurnia, pero parecía que Narcissa disfrutaba con esos pequeños placeres, la asombrosa cotidianidad de ser ama de casa, utilizar su tiempo libre para liberarse de las cadenas que la apresaban todos los días.

- No soy yo la que busca problemas- Victoria se concentró en mover con la varita el contenido de un bol lleno de papas, mirando a la mujer por encima- Es cierto que no me cae bien, pero no estoy demostrando hostilidad en lo absoluto.

- Mi hermana siempre ha temido la competencia- reveló Narcissa tras limpiar elegantemente el cuchillo y empezar a cortar otros tipos de legumbres- Eres la primera muchacha que se une al señor tenebroso desde que éramos jóvenes y el hecho de que seas tan bonita e inteligente sin duda la ha prevenido. Me temo que mi señor ya no nos prodiga tanta atención como antes y sin duda Bella te cree una amenaza.

- Yo no estoy buscando ascender en el escalafón. Estoy harta de esto-le temblaban las manos, pero se obligó a empuñar la varita con decisión- ¿No estás cansada, Narcissa? ¿De fingir que te importa lo que no podría ser menos?
La mujer miró a su alrededor con inquietud.

- Debes tener cuidado con lo que dices- la previno- Las paredes tienen oídos y rebelarte contra tu destino no servirá de nada. ¿Acaso no te uniste a esta causa por convicción?

- Me uní por la misma razón por la que sigues aquí- Victoria abandonó su labor y tomó las manos de la bruja entre las suyas- Amo a un hombre. ¿Cuántas heridas pueden dar testimonio estas palmas? ¿Y cómo soportas la ignominia de tu familia? No eres una mujer vulgar, Narcissa Malfoy. ¿Por qué esconder tu cabeza y pretender que nada está sucediendo?

Las facciones de la rubia se ablandaron y no se soltó del contacto.

- Eres amable, Victoria- dijo- Más de lo que esperaba cuando fue mi hijo el encargado de matar a tu abuelo. Pero no sabes de lo qué hablas ni tampoco deberías estar diciéndome esto.

Callaron un momento, oyendo como Bellatrix se desplazaba con furor por la casa. Cuando se hizo el silencio, Victoria susurró:

- Si hubiera una manera de salir, de escapar, ¿La tomarías?

Con cuidado, sin pronunciar una palabra, la mujer asintió.

- Es todo lo que necesitaba saber- Victoria sonrió- Gracias.