El niño es tan hermoso que te dan ganas de llorar. Nació con el cabello rizado de los Nott en tu tono plateado, con las cejas gruesas y esa adorable expresión meditabunda.

Sin embargo, cuando abre los ojos, descubres el azul eléctrico de tu abuelo y esos labios tiernos poseen tu curvatura. La nariz es de Theo, así como la barbilla.

Lo acunas entre tus brazos; no llora, nunca lo hace. A tu lado, con esa expresión de dulzura que nunca admitirá, Blaise te pregunta cómo es posible que haya llegado semejante criatura a tu vida. Haces que lo sostenga en sus brazos y su sonrisa vuelve a ser reluciente, a pesar de la pálida cicatriz que afea su otrora perfecta mejilla.

Draco está fascinado con el bebé, no ve la hora de tener a su propio muchacho. Pero para Astoria no es fácil, no tendrá hijos hasta más adelante.

Cuidas de tu hijo con amor, quizá con demasiado sentimiento, tienes miedo de hacerle daño, te despiertas a medianoche con miedo a que sea herido. A veces ni siquiera puedes dormir, odias los cuchillos y cualquier objeto punzocortante y arropas a Laurie excesivamente.

Podrías superar eso, lo sabes, pero ese lado insano de tu esposo no tarda en salir a la luz. Una parte de él ama a Lawrence con locura, la otra lo odia por separarlo tanto de ti.

Mientras el niño crece, demuestra cuanto te adora y cuanto detesta a "papi". Theo tolera la situación pero no tiene otro modelo que no sea el de su padre y es duro e inflexible con Lawrence.

No dulces, no arrumacos, su lado afectuoso es demasiado tímido para que el niño comprenda. Además, sigue esa ridícula competencia de ambos por ti y, justo cuando creías estar del otro lado, tu hijo tiene cinco años y Theodore quiere "entrenarlo". No te lo cuenta pero Theo a veces mira al niño y ve maldad. Y hasta Blaise está de acuerdo en eso, pero jamás lo aceptarías así que nunca te lo dicen.

Comienzan las peleas y tu ansiedad crece. En junio de ese año el asunto es llevado a la autoridad mágica y ambos son sometidos a evaluación y más tarde declarados inhabilitados como padres.

Lawrence termina siendo criado por "tío Blaise" y tío "Draco".

La epifanía ha terminado.

Te quedan las cartas y las fotografías cada mes. Lloras cada vez que adviertes cómo crece tu hijo alejado de ti y Theo te consuela con ese amor que es lo único que no tiene dividido.

Te abraza, ambos se funden y no tardas en quedar embarazada otra vez. Pero lo pierdes y es tan doloroso que te rehúsas a hablar de ello. Theodore está tan desesperado que te ofrece pelear por el muchacho y regresarlo a casa con tal de que vuelvas a sonreír.

El dolor se va atenuando y, a pesar de que no desaparece, se hace soportable. Llegas a pensar que es mejor así, Draco y Blaise parecen encantados de cuidar a Lawrence por ti...

Sabes que tu pecado es amar más a Theodore que a tu propio hijo, pero es mejor así.

...

Han pasado catorce años. Theodore es profesor de Pociones en Hogwarts y tú eres auror. Al principio planearon que fuera al revés, pero necesitas un lugar donde descargar energía. Tu esposo te da informes regulares de Lawrence, al que tuvo el placer de enseñarle sin decirle quién era él y saben que él es tan buen estudiante como ustedes lo fueron alguna vez.

Blaise ha triunfado con su banda y está casi siempre de gira, aunque siempre tiene tiempo para ustedes. Lo adoras porque es él y porque es el consentido de tu hijo, Blaise también modela en Italia y nunca se casó porque, para qué negarlo, Draco es el amor de su vida.

Amor que por cierto, si que ha fundado una familia. Malfoy vive con su madre y su esposa, trabaja en un alto cargo en Gringotts, le va mejor que a ti ahora que se ha quitado la etiqueta de mortífago, aunque no el tatuaje. Con Astoria tuvo un hijo llamado Scorpius, que cree que tiene un hermano mayor al que admira muchísimo.

Millicent se ha casado con otra muchacha, Emer Faraday y es jugadora mundial de ajedrez. Anne es tan alocada como siempre, pero adoptó un chiquillo, que llamó con profunda pena Gregory. Irá junto con los demás al aniversario de la muerte de Voldemort, en casa de Draco.

Harry sigue en contacto, se ha tardado lo suyo en tener hijos con Hermione, pero ambos son dichosos ahora. Fred y George se casaron cada uno por su cuenta, el primero llamó a su hijo Ronald y el segundo llamó a su niña Ginevra.

Ese día, el aniversario, sales tarde, porque no te apresuras en arreglarte. Theodore ha prometido venir por ti a las cuatro, lo esperas pacientemente.

Suena el timbre y acudes a abrir, extrañada. Tu esposo tiene llaves, ¿Quién puede ser?

En el umbral está un perfecto muchacho al que conoces bien. Es bajo, como su padre, pero de huesos preciosos y delicados, ojos muy azules, sonrisa resplandeciente y cabello platino. Tu corazón palpita alocadamente. Oh, Laurie.

- Mamá- susurra y entiendes que lo sabe todo, de alguna manera. Abres los ojos para abrazarle, lo oyes llorar en tu hombro, estás tranquila, feliz, quieres decirle tantas cosas y él parece entenderlo todo sin palabras.

De pronto mencionas a su padre, en su rostro asoma una curiosa expresión. Te vuelve a abrazar y murmura el hechizo muy bajito.

Sientes tu vida escaparse, sabes que ha llegado el final, no lo lamentas, amaste mucho y no temes nada.

Tu último pensamiento es para Theodore, que se queda solo.

Y luego, todo, finalmente, es oscuridad.

...

Llevas esperando toda la mañana por ver a tu esposa lista. Haces tiempo, le compras una gargantilla para celebrar y paseas. Tienes hasta las cuatro y hay tanto qué resolver, tanto qué planear, en tu interior sigues tan emocionado como la primera vez que la besaste. Han pasado años, pero todavía la amas, lo harías todo por ella.

A las tres y media no puedes más, te apareces en casa, quieres sorprenderla. La llamas y como no aparece, vas a la habitación de ambos. Tu corazón se rompe de pronto y te quieres morir en el mismo momento en que ves a aquel muchacho ordenando flores en el pecho inmóvil de tu mujer.

Eres rápido en sacar la varita, pero nunca alguien desapareció tan velozmente. Te tambaleas, al borde del abismo y acabas arrodillado ante ella. Murmuras su nombre una y otra vez, ella no te responde.

Está tan pálida que sabes que se fue demasiado lejos para alcanzarla. Besas sus labios y su frente.

Es la sombra de Theodore Nott la que llega a casa de Draco y mira a los presentes con el rostro contorsionado de dolor. Miras a Potter y quieres llorar pero no encuentras lágrimas. Antes de desmoronarte, se lo dices.

- Mi hijo ha matado a mi esposa.

Draco y Blaise se adelantan sorprendidos, haciendo preguntas, requiriendo respuestas. Pero te has aislado de la realidad para protegerte, no volverás a ella tan fácilmente. Te sientas en una esquina, no volverás a hablar. Ellos acuden a tu casa a ver qué ocurre, hechizos revelan lo que ha ocurrido. Vuelven por ti, te obligan a beber alcohol, te quedas quieto.

Meses más tarde tu único interlocutor es el fantasma de tu compañera de vida. Te llevan a San Mungo, son amables, pero no te importa. Una noche su voz te despierta y acudes al mar, donde suena todo con mayor nitidez.

Llegas al fondo del dolor, las olas son misericordiosas. Recibes el olvido de la muerte como una bendición.

Tu vida ha terminado.

...

Acomodándose la corbata frente al espejo, su perfecta sonrisa no permite adivinar sus truculentas acciones. Al fin ha robado los poderes mágicos de su madre y sólo lamenta haber dejado con vida a su padre, hace años que sabe la verdad por encima de todas las mentiras. Aunque... quizá es mejor dejar que su padre sufra, siempre lo odió, siempre lo hará.

Es un ángel, pero uno perverso. Lo llamaron Lawrence, una pareja que se amaba con toda el alma, más de lo que podían amar a nadie más, esperando que ese hijo fuera la redención que ellos nunca obtuvieron para así.

Pero a veces el amor no es suficiente, no más que la verdad. Y ahora que él la sabe, que sabe cuál es su pasado y su futuro, ¿Por qué abandonar tan fácilmente?

Lawrence Grindelwald -desecha el Nott con desdén- que nombre más sublime. Oscuro fue Gellert Grindelwald, oscuro será él.

¿No es la oscuridad producto de más oscuridad? Termina de arreglarse y sale.

Casi todo está listo para su ascensión.

¿Quién lo seguirá?