Disclaimer:
Demashitaa! Powerpuff Girls Z y sus personajes no me pertenecen.
Solo la trama.
Capitulo 6: Palabras adecuadas
No hay marcha atrás. Ya tome una decisión, sea buena o mala. Aun así no me siento la misma emoción de antes, sigo con la preocupación de dejar a mi esposa sola. El día de ayer tuvimos una discusión, en la cual, ella termino ahogada en llanto.
Momoko tenia razón, debí haberlo consultado con ella, como la pareja que somos. Pero me limite a ignorarla y a aceptar la oferta de mi primo, no tome la tome en cuenta y ahora me siento culpable.
Ya no puedo llamar y rechazar el trabajo, por varias razones, una de ellas: Mi primo ya quedo de acuerdo con Fuzzi, el dinero ya ha sido pagado y mi lugar en el trabajo ya tiene fecha de inicio. Si me niego armare un lio, y le traeré problemas a Randy. Por otro lado me preocupa mi esposa, no puedo irme aun, no sin antes disculparme y arreglar las cosas entre los dos. No me quiero ir dejando una discusión entre nosotros.
En estos momentos me encuentro preparando mi mochila con todo lo necesario para emprender el viaje, debo cerciorarme que no falte nada, ni siquiera mis documentos, tales como mi acta de nacimiento, IFE, entre otros. Al final observo una foto de mi esposa y la guardo en la bolsa de mi pantalón, cuelgo la mochila en mis hombros y salgo del cuarto.
Me detengo en un cuarto el cual yo mi esposa consideramos cocina, solo se encuentra una mesa cuadrada para máximo cuatro personas, una estufa de gas, por suerte tenemos un refrigerador, y una pequeña repisa donde guardamos los alimentos que no requieren congelación. Recorro mi vista por todo el cuarto y cerca de la puerta, recargada en el marco de ella, me encuentro con la mirada de quien lastime no hace mas de un día.
Observo con detención su rostro: sus ojos aun reflejan señal de llanto, el brillo de sus obres rosas ya no se encuentra más, solo un tono opaco rodeada de lagrimas retenidas en ella. Sus labios se encuentran deshidratados y tiritan con descontrol como si estuviese en una helada en pleno mes de Diciembre. Nunca la había visto tan mal. La expresión llena de alegría no se encuentra mas, no tiene la misma juventud enmarcando su rostro... se ve demacrada, resultados del llanto,la preocupación y el insomnio combinado. Aun así esta de pie frente a mi con otro vestido diferente, su pelo humedecido y sus manos entrelazadas así mismas.
Con dificultad forza una sonrisa en su rostro y se acerca a mi para pasarme de largo y tomar asiento en unas de las sillas de la cocina, me ínsita a tomar asienta a su lado. Con pasos temblorosos me acerco y tomo asiento junto a ella, la observo nuevamente y en mi mente trato de buscar las palabras adecuadas para iniciar una nueva conversación que fuera parte de la misma que dejamos a medias solo que en esta ocasión, sin lastimarla nuevamente; no las encuentro y suelto un suspiro el cual ella escucha a la perfección.
- Entonces, ya es hora- Habla por primera vez, si hay algo que le molesta es el silencio prolongado. Nunca le gusto la incomodidad que provocaba el silencio en las conversaciones, así que evitaba que el silencio fuera el dominante en una situación como estas.
Deforma inconsciente le agradecí por haber roto el silencio. No me había percatado de mis palabras hasta que ella asintió con la cabeza y con sus delicadas manos roso las mías y recargo su cabeza en mi hombro y me abraza tan fuerte como puede. Esto siempre lo hacia cada vez que sentía miedo, o cuando se sentía sola o triste. Respondo a su abrazo también con fuerzas pero no las suficientes como para lastimarla. - Perdóname- Digo a mi esposa.
- Se que lo hiciste por nuestro bien. No fue maduro de mi parte gritarte, perdón- Solloza en mi regazo y siento sus tibias lagrimas empapar mi pecho. Recorro mi mano hacia su cabeza y la acaricio para calmarla un poco, sus sollozos logran disminuir un poco. y doy un beso casto en sus labios.
- No quiero que empezamos a discutir por quien tiene la culpa, también debí haber hablado contigo y no haber actuado por instinto- Al final de cuentas es la verdad, la emoción me cegó y hable de mas con quien no debía.
- Perdón por haberte dejado dormir toda la noche en la sala, necesitaba estar a solas.
- Lo se- Sonrió para hacer que se sienta mejor a lo cual ella sonríe también.
- Lo pensé toda la noche y debo afrontar la realidad, estamos mal económicamente y las cosechas no son abundantes como antes. Debemos dinero, por suerte no se lo debemos a los bancos de ser así ya nos hubieran embargado hasta la ropa- Me mira a los ojos con tristeza, en ellos refleja preocupación. -No pienso dejarte ir con la culpa. Solo te distraerá, será una carga en ti, una carga mental que te ira consumiendo de poco a poco distrayéndote de todo peligro por solo pensar en mi. Y no quiero eso, no quiero que estés con el pendiente, y por consecuencia no prestes atención a tu alrededor y puedas m-morir en el trayecto.
- Estas siendo demasiado considerada conmigo... ¿Pero que hay de ti?- Ella se suelta de mi agarre e ignorando mi pregunta se dirige a la estufa a calentar una cacerola que contiene sopa.
- Solo promete cuidarte, se que no es fácil cruzar. He oído sobre los peligros, recuerdas al sobrino de Annie- Asiento con la cabeza.
Recuerdo muy bien a ese muchachillo travieso, al cumplir la mayoría de edad decidió ir al gabacho para estar con su abuelita después de la muerte de su madre. Tuvo la suerte de no perder el pie a causa de la picadura de un escorpión, casi termina con el pie apuntado por arriba del chamorro.
- Casi llego moribundo, suerte que ya lo estaban esperando y la gangrena no fue tan grave- El silencio volvió a llenar la cocina. - Solo quiero que llegues con bien- Su voz era como un susurro.
Coloca el plato frente a mi y agrega unos trozos de zanahoria y papa cocida en mi sopa. Yo solo me dispongo a esperar para que comience a comer conmigo el desayuno... nuestro ultimo desayuno juntos.
- Me cuidare. Pero, prométeme que no sufrirás en mi ausencia. No quiero el siquiera pensar tu tristeza, tu preocupación hacia mi...
En ese momento escucho un fuerte golpe en la mesa. - ¿COMO NO ME VOY A PREOCUPAR POR TI? ¡ESO ES IMPOSIBLE!- Grito repentinamente que me asuste y por instinto sobresalte de mi asiento tosiendo con dificultad a causa de la comida atorada en mi garganta.
Y ahí fui yo y mi bocota. Hable sin pensarlo, no planeaba lastimarla aun mas con mis palabras. En parte tenia razón como no preocuparse por mi, yo por el contrario no quería eso. Vi como inhalaba y exhalaba conteniendo la rabia. Si había algo en lo que no fuera bueno, seria en momentos como estos.
Como un cobarde me quede en silencio, tratar de explicar el porque de mis palabras no tenían explicación. Solo la mire fugazmente, y dándome la espalda se alejo unos pasos de mi. Solo alcanzaba a oír palabras indescifrables de su parte. Mientras a algunos están enojados, traumatizados o nerviosos les suelen dar tics en el ojo. En Momoko su caso es diferente... a ella simplemente le suelo por refunfuñar en otro idioma. Simplemente algo extraño.
Salí de mis pensamientos al sentir una mano estrujar mi brazo. Al levantar la vista, choque con su mirada: esos ojos color rosas que suplicaban ayuda, en su mirada no había furia o tristeza solo arrepentimiento. Con pasos apresurados sale de la cocina, yo me levanto de mi asiento y la sigo hasta nuestro cuarto.
Antes de entrar en el la veo salir con una pequeña caja. Me toma de la mano y me lleva hasta la salida. Los rayos del sol me enceguecen por unos segundos y por inercia los cierro un momento, cuando los abro veo a mi esposa con cara de melancolía. Ella solo se dispone a abrir la caja y de ella saca su lazo rojo y me lo da.
- Es imposible- Susurra.
- Lo se, se que es imposible- Trato de volver al tema de antes. - Solo no quiero verte como estas ahora, no me quiero ir dejándote en estas condiciones... o al menos no quiero que sufras todo el tiempo por esta decisión. No soy muy bueno con las palabras, pero al menos tengo la certeza... sabes a lo que me refiero.
- No es necesario que sigas hablando- Me hace callar con un beso. -, solo te confundes a ti mismo. Quien sabe cuanto tiempo dures haya. Pero cuando regreses quiero que... nosotros...
Espero a que respondiera algo, pero seguía sin pronunciar nada
Me limite a solo a permanecer en silencio igual que ella, tenia el claro presentimiento que si volvía a articular una sola palabra... no fuera a lo que se refería y seria solo para empeorar las cosas. ¿¡Que acaso esto ya se estaba convirtiendo en una rutina!? Herirla y quedarme callado, en verdad no estaba ayudando en nada.
-Lo menos que puedo hacer es acompañarte- Interrumpió mis pensamientos y entra a la casa para después salir con mi mochila y su bolsa.
La miro con agradecimiento. Son las mismas miradas que le dedicaba cuando éramos niños y ella me ayudaba a solucionar mis problemas cuando no tenia a nadie mas a mi lado o viceversa. Quisiera volver a esos tiempos. Aquellos en donde no existían este tipo de problemas. Ni modo, que se puede hacer ahora.
Tres horas despues... 11:00 am
Estoy en una central de camiones, a punto de subirme al autobús que me llevara cerca de mi "viaje" por el desierto. Donde me reuniré con otros hombres e incluso mujeres.
Siendo honesto conmigo mismo dude que las mujeres tuvieran el mismo destino que el mío. Pero siendo realistas adolecentes e incluso niños también arriesgarían sus vidas con tal de tener al menos futuro aceptable para ellos. Donde vivieran con una familia y eso seria mucho pedir.
- No quiero alejarme de ti- Habla con voz aterciopelada. Aun en estas condiciones su voz era como la de un ángel.
- Es por un buen futuro, para nosotros- Camino en dirección al autobús para guardar mi mochila, y preguntar a que hora saldrá el camión y después regreso para estar unos últimos minutos con ella; no quería desperdiciar ni un segundo.
No podía creer lo que había hecho, tenia la idea de besarla hasta detener el tiempo, donde solo existiéramos nosotros, ¡Nadie más! Permanecer ahí hasta volver a la realidad y encontrarnos con el mitote de las personas y niños jugando a los alrededores.
Pero no fue así; lo único que hice fue abrazarla como solía hacerlo, solo... que... esta vez me enfoque a agacharme un poco hasta quedar con mi cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón mientras mis manos en vez de estar rodeando su espalda, estaban entre recargadas a escasos centímetros de su vientre. Algo que ella noto y me miro desconcertada.
Creo que fue un deseo o una acción inconsciente de mi parte, algo que deseaba muy dentro de mi. Pero dentro de mi esta acción solo provoco una incomodidad no se como describirlo es una sensación que nunca había sentido antes y eso me asusto tanto como para ponerme los pelos de punta.
El grito del chofer me agarra desprevenido provocando un susto en mi. Lo veo con enojo y el solo se limita a decir que ya es hora. Antes de irme le pido a Momoko que cierre sus ojos, a lo cual ella obedece.
- ¿Te amo?- responde al ver darse cuenta que tiene sobre su cabeza mi gorra.-Prométeme que en cuanto llegues me llamaras por teléfono, por favor.
- Tenlo por seguro. Te entrañare- Y con esas palabras que me desgarran por dentro, me alejo de ella para subir los escalones y verla tras la ventana. Observo como su figura desaparece y varios llantos de mujeres logro escuchar desde afuera uno de ellos proviene de mi amada. Solo espero que nunca vuelva a sufrir como lo esta haciendo ahora, pareciera como si estuviera muer... ¡Olvídalo! eso no ocurrirá.
