Bajó la ventanilla, se subió las gafas de sol, echando su pelo hacia atrás, y respiró profundo. La humedad y el olor a mar golpearon su cara, su pelo se alborotó, olía hasta el salado del mar.

"Mmmm", susurró Eliza.

"Por dios Eli, sube esa ventanilla que salimos volando", dijo Raven mientras rectificaba con el volante el bamboleo que había dado el coche.

"Déjala Rae, que está en su momento zen", dijo Octavia desde el asiento de atrás, mientras se agarraba a uno de los pasamanos.

"De verdad, O, es que desde que se ha vuelto una mística, todo lo tiene que interiorizar...el cantar de los pajaritos, el runruncito de la olas...hasta el aire pegajoso!", teorizó Raven

"Eli? Eli? Estás ahi?... La hemos perdido O, La ha dado un subidón de oxígeno y se nos ha quedado en el sitio" , siguió hablando Raven.

"Rae, deberías disfrutar más de las pequeñas cosas", dijo Eliza distraída.

"No me vaciles Eli, que tu antes no eras así. Eras tan práctica como yo. Ahora andas con el rollo hierbis éste, y no te va Eliza, no te veo, te falta chispa", dijo Raven

"Déjala Rae, no la agobies", medió Octavia.

"Agobiarla? Pero si desde entonces vive en su universo hipersensorial, parece que va drogada todo el día.", dijo mirando de reojo a O.

"No te estarás drogando, verdad Eli?", preguntó Raven alarmada girándose hacia Eliza.

"No hace falta drogarse para darse cuenta que como este momento, no habrá otro", respondió Eliza tranquilamente.

"Buuff", resopló Rae, "Por favor, diosito, devuélvenos a la Eli de antes, la loca del coño que vivía la vida sin más", recitó Rae hacia el cielo. "Yo es que este rollo de filosofía barata..."

"Déjalo ya Rae", cortó Octavia. "Y haz un poquito de caso a Eli, vamos a disfrutar de la semana, que para una que tenemos de vacaciones...desde la uni que no coincidimos para irnos de vacas, vamos a quemar Italia!", exclamó Octavia

"Bueno, bueno, que O se nos viene arriba! Yo esta semana no la aguanto, entre la hierbas y la sobre-excitada, me voy a dar al alcohol, caipirinha ven a mi!" dramatizó Rae.

Rieron las tres en el coche, se habían echado mucho de menos. Es cierto que seguían manteniendo la amistad, pero ya no vivían juntas y esos momento de compañeras de aventuras los extrañaban más de lo que podían reconocer. Por suerte, su próximo trabajo, Thumper, las había reunido. Octavia, como ayudante de producción, no dudó en proponer a Raven como jefa del equipo de cámaras, su amiga se estaba haciendo un nombre en el mundillo, gracias a su habilidad para tratar el color y el enfoque, además siempre estaba inventando para crear innovadoras escenas, estaba segura de que haría un gran trabajo y que así el rodaje ganaría en calidad.

La llegada de Eliza fue otro tema. Hacía ya un año de lo de Peter, y todavía seguía tocada. Llegó a estar varios meses sin trabajar, después sólo aceptaba pequeños papeles en obras de teatros o intervenciones fugaces en series y películas. Decía que la vida ya no era para ella, así que se desconectó del mundo. Empezó a desarrollar otro de sus talentos, la música. Era ya habitual de las jam sessions del underground califoriniano, siempre con su guitarra, acababa dando mini conciertos acústicos que enganchaban hasta el más reacio. Se estaba empezando a correr la voz, y ya tenía a sus groupies que incendiaban twitter cuando la avistaban en algún garito. No sabía por qué, pero su cabeza había entrado en un estado de paro mental, en evasión continua. Y para eso la música ayudaba, y también para no tener que relacionarse mucho con la gente, nadie nuevo la interesaba, era feliz en su mundo de pajaritos, música y trabajos esporádicos para mantenerse a flote. Éste de Thumper era un excepción, pero porque Octavia y Raven insistieron mucho, y bueno, porque haría de agente infiltrada...y un papel así le atraía mucho, destaparía su lado más cabroncete.

"Ésa es la playa!" - Gritó Eliza, "Vamos, seguro que sigue el mismo chiringuito". Raven se apartó de la carretera y aparcó en unas dunas contiguas a la playa. Era bastante larga y ancha, de arena negra y contigua a una cala de rocas a la que sólo se podía llegar nadando. Ella se había empeñado en ir allí, era donde veraneó los primeros años de universidad, cuando todo era distinto, cuando era una "loca del coño", como decía Raven, y al estar en Italia le apeteció volver antes de meterse en la vorágine del rodaje.

"Esta noche promete", se entusiasmó Raven. "Vamos chicas, que se note que la fiesta ha llegado!" Y se lanzaron a la playa. Arrancaron con una ronda de mojitos, luego otra...y todo bien hasta que cortaron con unos chupitos de vodka negro...Raven y Octavia desaparecieron en algún momento de la noche con el camarero, Wick, y Eliza estaban tan borracha y agotada, que acabó dormida en la playa, al amanecer.

/

El sol de medio día picaba y la piel le ardía. Habían pasado sólo 5h, apestaba a alcohol, le pesaban los ojos y tenía una puñetera taladradora en la cabeza. Eliza se incorporó y deambuló hasta el chiringuito intentando encontra Raven, pero no hubo suerte. El cuerpo la ardía y la resaca la tenía rota, pfff, pidió algo de comida, recogió la bolsa de la playa, se quitó el vestido que llevaba y en su bikini blanco se fue nadando hasta su cala de rocas...necesitaba estar sola. Ya las buscaría luego otra vez.

Como esperaba, no había nadie, comenzó a pasear por la poca arena que había hasta que las olas acariciaron sus pies, se dio un largo baño en el mar. Disfrutando de su cuerpo mecido por la olas, se sentía fuerte, se sentía bien. Qué maravilla, rodeada de un silencio sólo roto por el murmullo de las olas y los sonidos del puerto a lo lejos. Se tumbó en la toalla y dejó que el sol, brillante en un cielo azul despejado, la secara. El olor a sal en su piel, sus sentidos estaban muy excitados...definitivamente, le gustaba vivir la vida así, a su puñetera bola. El crujir de sus tripas la hizo salir de su ensoñamiento, cogió el sandwich y la ensalada que había comprado y los devoró. Hasta los alimentos tenían mejor sabor. Se quedó dormida boca abajo en la toalla mirando el azul-verdoso al mar.

Tres cosas la despertaron de su sueño. La sensación de dos grandes manos que se apoyaban en sus caderas, la sensación de que alguien se sentaba a horcajadas sobre su culo y un susurro:

"Por los viejos tiempos, Princesa"

Y las grandes manos emprezaron a recorrer su espalada, la agarraban el cuello, las clavículas y bajaban por su espalda hasta que con cada una de ellas agarró una nalga y comenzaron a masajear su culo. Su cuerpo se extremeció al instante, primero asustada, después de excitación. No pudo evitar que se le erizara toda la piel y comenzó a sentir calor entre las piernas. A pesar de tener las manos tan grandes, era capaz de moverlas con dulzura, eso la volvia loca. No dijo nada, no se movió, solo esperó. Las manos ahora revolvían su pelo rubio, que placer...volvían a bajar por su espalda, agarraban su culo con fuerza hasta que volvieron a sus caderas, tirando un poco de ellas.

"A cuatro patas", oyó a una voz ronca de excitación.

Obedeció. En cuanto se incorporó notó su miembro erecto, duro, rozándose entre sus nalgas. Suspiró.

Con sus grandes manos agarrando sus caderas, empezó un movimiento de vaiven de su culo contra su sexo, su miembro cada vez más duro por el roce con las nalgas.

Clarke empezó a notar como la iba moviendo y golpeando lentamente. Hacía ya mucho tiempo...empezó a notar la humedad entre sus piernas. Notaba como los pechos botaban en su top del bikini. Aumentaba el ritmo. Sus pechos botaban más. Notó como el pecho izquierdo saltó del bikini rozando el pezón con la tela del top. Se le erizó del todo y se puso duro, muy duro. Gimió. Aumentaba el ritmo. Sintió como una mano tiraba del top y la liberaba de la prenda. Sus pechos libres, y gimió más. Aumentó el ritmo. Le escuchó gemir, escuchaba los golpes...pensó que se iba a correr sin que ni siquiera la tocara. Su miembro cada vez más duro y grande. Notó como la cubría por la espalda y empezó a tocar sus pechos, pellizcando sus pezones duros. Empezó a gemir sin control. Y la llegó el olor que la recordó a los veranos de universidad, escalofríos recorrían su cuerpo. Aumentaba el ritmo. Deslizó su mano de los pechos a su estómago, apretándola contra él. Continuó bajando, jugueteando con el pelo de su pubis. Introdujo un dedo entre sus pliegues, y le escucho suspirar de placer.

"Siempre tan dispuesta"

Empezó a hacer círculos con su enorme dedo alrededor del clítoris. Se iba a desmayar. No sabía cuando había dejado de sentir las piernas, la recorrian olas de placer por el cuerpo, sentía el orgasmo crecer dentro de ellas. Se iba a correr. Pero el movimiento paró, su mano desapareció de su sexo y notó como se despegaba de ella. Empezó a controlar la respiración hasta que notó su miembro en la entrada de su sexo. Las grandes manos volvieron a sus caderas y volvió el lento vaiven.

Un fuerte tirón, y la penetró. Con fuerza. Profundo. Duro. Una vez tras otra. Clarke sintió como sus paredes hacía fuerza sobre su miembro y como un gran orgasmo nacía dentro de ella.

Abrió los ojos y vio el Mediterraneo, el sol brillante, en un cielo azul, cayendo sobre el horizonte, y no lo pudo aguantar más.

Después, escuchó un grito ahogado y como caía desplomado a su lado.

"Lo echaba de menos", dijo Finn

"Sigues igual", dijo ella viendo como se quitaba el condón. Y sintió una punzada en su pecho, quizás algo se estaba perdiendo. Quizás no podría pasar de puntillas por la vida, como intentaba últimamente, quizás no era un plan tan bueno como parecía.