¡Feliz año 2016!

Teniendo de excusa estas fiestas, hoy os traeré los capítulos 15 y 16, y en menos de una semana tendréis otro más ^^

Espero que disfruten estas fiestas y ¡que tengan un grandísimo año!

DISCLAIMER: En este fanfic se utilizan tanto personajes como lugares que corresponden a Tite Kubo (Bleach).

Tengo permiso para la utilización de los nicks (de ámbito público todos) que aparecen en el relato correspondiente a terceros.

Original es la trama y algún que otro personaje y escenario creado por mi mismo.


Capítulo 15. Partes

Un torbellino empezó a alzarse, quitando del escenario todo el polvo del aire.

Entonces todos se quedaron boquiabiertos.

Tore paró el cohete con su palma desnuda de la mano izquierda.

Seguía reluciendo como una estrella.

Entonces, de su traje verdoso sacó lo que sería su zampakutou.

-Lord, te dije que eso no me iba a hacer nada.

Los ojos de este se entumecieron.

Lord quedó paralizado.

(Pensamientos de Lord) – Una explosión de ese calibre le tendría que haber dejado hecho polvo. Es imposible. Es imposible…

-¡Es imposible! ¡Armagedón de fin de año!

Lanzó todo lo que tenía, los dos cohetes, todas las bombas de su pecho y para finalizar de su palma hizo salir un láser de pocos dedos de diámetro muy condensado.

El tiempo se paró.

Tore se posicionó al lado de Lord.

Y en una milésima de segundo lo partió por la mitad.

Luego explotó el ataque de Lord.

La explosión fue tal que cada cual se guareció como pudo.

-Excelente. Continuemos nuestros asuntos.- Intervino Porlakh agarrando la zampakutou de Tore.

-¿Y con él qué hacemos?- preguntó Tore sediento de sangre.

-Déjalo estar, todavía nos hace falta.

-¡Bankai! ¡Sorano Hikaru (Claro Cielo)!- gritó Nori con todas sus fuerzas.

De cada punto luminoso de la tela que quedaba destrozada por el suelo se levantaron infinidades de columnas de un dorado intenso, de gran altura y dimensiones.

Ikkaku quedó callado, asombrado.

-¿Pero qué?

-No te extrañes tanto. Esta es la forma de mi bankai. Sé que en tu división no están muy bien vistas, pero a mí me parecen mucho mas dañinas que las físicas. Sorano Hikaru es un bankai puramente de Kidoh. Estas columnas hacen transpasar, reflejar y dirigir a donde yo quiera mis ataques tanto kidoh como físicos. –Nori ponía cara de sabio.- Si no lo comprendes, observa. Hadou 4, Byakurai.

En ese instante disparó este Hadou con una potencia comparable a la de un capitán hacia una de las columnas.

Esta lo absorbió al momento y de una de las columnas cercanas a Ikkaku apareció el Hadou 4 impactándole por el costado.

El ataque impactó de lleno.

Ikkaku se dolía, no de la mala suerte de que le hubiesen alcanzado, si no por la suerte de tener a tal adversario enfrente. Una sonrisa que penetraba mas en su rostro.

-Verdaderamente la suerte ha estado de mi lado cuando has aparecido tú y no otro por la puerta.

-¿Suerte?, si tu lo quieres llamar así a mi me da igual, yo solo voy a pasar esta prueba y descansar un rato.

Ikkaku empezaba a enseñar los dientes cada vez mas y mas.

-¿Ya estás hablando de terminar? No me fastidies, ¡yo me voy a divertir de lo lindo contigo!

-Hermano, ¿sabes en dónde estamos? –preguntó Yukiyuma a Swrt.

-Ni idea, esto es una sorpresa también para mi.

Era un descampado con un bello prado de flores de diferentes colores.

Una leve brisa hacía a ese lugar el paraíso soñado por muchos.

Pequeñas colinas que en sus pies resguardaban lagunas de hermosa paz.

Un ruido sonó de repente.

-¡Me cagoen…!

Pum!.

De la puerta salió disparado Arjen montando un alboroto increíble.

-¿Pero qué está ocurriendo?- no pudo callarse Swrt al escuchar el estruendo.

-¡Jo-¡ Menudo costalazo.

-¿Arjen?- Yukiyuma se adelantó hacia él.

-¿Estas bien?

-Si, no pasa nada.- Arjen se incorporó levantándose, quedándose absorto por la preciosidad del paisaje.- ¿Esto es real?

-Eso parece.

De repente apareció Matsumoto, sentada en aquel prado idílico.

-Soy la subcapitana de la 10ª División, Rangiku Matsumoto. En aquél cobertizo de allí está vuestra última fase, -señaló una pequeña casita blanca.- Entrad y llegaréis a ella.

Los tres, con otros pocos que entraron por la misma puerta, se quedaron atónitos.

Una prueba de esfuerzo, una prueba de valor… No. Solo tenían que andar.

-¿Soy yo solo o me parece demasiado fácil, Swrt?- Le murmuró Arjen al oído mientras caminaban.

-Seguro que hay trampa, pero bueno, primero vamos a llegar. Luego ya veremos cómo cambian las cosas.

-Soy el subcapitán Grecefar de la 5ª División, y habéis sido los mas desafortunados al encontraros conmigo.

-¿Que quieres decir?- dijo Galky, pero en un momento empezó a contar, por esa puerta habían pasado mas de diez aspirantes.

-Veo que lo entiendes. –Grecefar sonreía viendo las caras de sus invitados.- Bienvenidos a mi mundo… Bueno, mejor dicho, al de mi zampakutou. Larga vida hacia el infinito, Paradokkusu (Paradoja).

La estancia, un habitáculo no muy espacioso de paredes azules completamente y de suelos y techos blancos empezó a abrirse.

Las paredes y techos desaparecieron plegándose por la mitad.

Aparecieron en el cielo, donde a sus pies se levantaba el superpoblado centro de Tokio.

-¿Pero qué?¿Cómo es posible?- Una mayoría intentaba buscar respuestas a este extraño suceso.

Se miraban unos a otros.

Galky quedaba impasible.

-¿Vas a dejar ya de jugar con nosotros?

-¿Cómo? – La pregunta de Galky cogió inesperado a Grecefar.

-Tu zampakutou no está desenvainada, esto debe ser un mero efecto de la sala.

-Interesante, veo que lo has notado, pero y si ya la hubiese liberado antes de vuestra llegada ¿qué pasaría?

-Que ya nos hubieras dicho cómo salir de aquí para avanzar.

(Pensamientos de Grecefar) – Es avispado, muy bien, entonces creo que habrá que empezar.

-Está bien, empecemos la prueba. ¿Veis las lamparitas de allá arriba?- En ese instante pasaron del cielo al interior de una mansión con un montón de escaleras. –Cogedlas, al hacerlo pasareis directos a la última prueba. Y ahora si. –dijo refiriéndose a Galky desenfundando un poco su zampakutou.- Larga vida hacia el infinito, Paradokkusu (Paradoja).

La zampakutou, junto con su funda y empuñadura, se tiño de un negro mas oscuro que el vacío del universo. Un impulso de color oscuro invadió la estancia atravesando a los presentes.

En ese instante, Grecefar desapareció.

Sin perder tiempo los presentes empezaron a subir esas tremendas escaleras que terminaban en las lámparas.

-Aventurero, cuando tú digas.

Zero asintió con la cabeza mirando hacia este, al igual que Urahara, Hanamisu y los demás.

Aventurero asintió.

Shira se preparó para lo que le esperaba mientras que Oomaeda seguía comiendo.

-¡Conviértete en cristal, Ginzuishou!

Y con los mismos símbolos que antes atrapó a Oomaeda ante el asombro de Shira.

-¿Qué intentas hacer con eso?- Preguntó Shira tocando la capsula donde estaba Oomaeda.

-Los verdaderos planes nunca se cuentan.

Aventurero se acercó a toda prisa junto con otros dos hacia Shira.

-¡Llamas, viento, aviva el incendio que perpetran los impuros, sal, muestra de fuerza, agua, que revives el fuego del infierno, sal por nuestra carne, brota, vive, aflora en nosotros, Jaula hirviente, Ginzuishou!

De repente los otros dos se apartaron.

Aventurero dibujó rápidamente los dos símbolos y los estampó contra el suelo.

Una jaula de cristal de grandes dimensiones apareció rodeando a todos los presentes.

-¡Urahara7, ahora!

En ese preciso instante Urahara7 mostró su máscara Hollow.

Era cuadrada, con dos crestas en la parte superior de la cabeza. Decorada con dientes que parecían de tiburón y un aspecto parecido al cráneo de un ave, tenía dos marcas tribales negras y verdes saliendo de los lados de la boca hacia las orejas.

-¡Cero de la esmeralda perdida!

Urahara7 abrió la boca donde se formó un pentágono verde muy brillante.

Disparó.

De cada lado salió una parte del cero.

Podría decirse que eran 5 disparos para un solo cero.

Este dio al techo de la jaula que empezó a derretirse anclando al suelo por el cristal fundido que se solidificaba a todo lo que tocaba.

Llovía cristal.

Con un gesto de sus manos Aventurero deshizo lo que protegía a Oomaeda

Shira con una velocidad supersónica esquivaba cada gota en el aire.

Ganaba terreno. Así no podrían conseguir su objetivo.

Surcando una sombra por el cielo uno decidió ir a parar a Shira.

-Roberret, ¿Qué haces?- exclamó Zero.

-Coged las bolsas, yo la retengo.

Hanamisu se lanzó hacia Shira. Desenvainó su zampakutou y comenzó a enfrentarse a una Shira que intentaba evitarle.

-¡Capitán Hitsugaya, el enemigo es muy poderoso, han vuelto a la zona que patrullábamos y se han cobrado mas de la mitad de las fuerzas especiales!- Simca llegó a avisar a Hitsugaya.

-Tranquila. Ellos atacarán. Pero no ganarán.