DESTELLOS DE ESPERANZA

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Destino

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Por

Kuraudea.

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Sus orbes azules se abrieron lentamente tras percibir la luz solar entrar por la ventana de su habitación.

Bostezó.

Frotó su rostro e inevitablemente, volvió a dormir.

No era que él fuera de esos tipos que dormían mucho o se levantaran tarde. Por lo contrario, estaba acostumbrado a madrugar. Pues el hábito de supervivencia aún se mantenía consigo, desde los tiempos de los ataques de los androides y su desaparición. Ahora simplemente, su exceso de sueño se debía por un extraño malestar que surgió en su pecho. Era como una irritación, un reflujo o esas sensaciones de vacío, quizás añoranza. Pues sentía que de alguna forma su vida estaba incompleta. Y no sabía la razón.

No sabía explicar a ciencia cierta qué le ocurría.

Después de otros cinco minutos más de sueño; se le levantó por fin de la cama.

Él mismo se dio ánimos.

—Adelante.—suspiró.

Del respaldo de una silla tomó la toalla de paso y se fue a duchar.

...

Con los ojos cerrados jabonó su cabellera. Ésta desde algún tiempo adquirió un matiz azul, supuso quizás, que era muy normal que su cabellera cambiara de tonalidad. Pues factores como la edad, el agua, productos químicos de aseo, etc. Serían los posibles causantes de ello. La espuma brotó como turrón sobre su cabeza. Y ésta, como cascada, se resbalaba por su fornido cuerpo hasta llegar a la punta de sus pies.

Cuando salió de la ducha, sin pensarlo, y siendo su trayecto de años; se fue directo a la cocina. Pues estando en confianza, solo llevaba un pantalón suelto de color gris, mostrándose así, la desnudez de su pecho bronceado. La toalla en tanto, reposaba en sus marcados hombros y absorbía las gotas de agua que se escurrían de su cabellera mojada.

—Buenos días, mamá.—saludó.

—Trunks, buenos días.—le sonrió—Dormiste muchas horas, hijo. Ya casi son cerca de las doce del día.—observó su reloj de mano.

—L-Lo siento, mamá.—se sonrojó—En verdad no sé qué me pasa.—rascó su mejilla.

—Tranquilo, me parece bien que descanses.

Su adorada madre permanecía en la mesa del comedor. Saboreaba una taza de café bien cargada. Un periódico, en tanto, le hacía compañía junto con el sonido de la radio que informaba de las noticias matutinas de la Capital del Oeste.

—Toma asiento.—señaló.

Como buena madre le invitó una taza de café y en un plato de porcelana estaban dos piezas de pan tostado recién preparadas con mantequilla y miel.

—¿Cuándo termines de desayunar, podrías ir al centro de la ciudad hacer unas compras? Tenemos la nevera vacía.

—Sí—asintió. Y le dio una mordía al pan y un sorbo a la bebida.

De ahí, naturalmente, preguntó:

—¿Estarás ocupada con alguno invento?

La mujer negó y arrojó un suspiro.

—En realidad...sólo quiero darle mantenimiento a la máquina del tiempo.

—¡¿La máquina del tiempo?!—se sorprendió el muchacho.

—Aja.

—Pero mamá, hace más de siete años que no la hemos usado. No entiendo para qué quieres darle mantenimiento.

—Y ni yo entiendo el porqué, Trunks.

Y nuevamente, se presentaban esos signos extraños de querer hacer cosas aparentemente «innecesarias».

—Anda, que no se te haga tarde.

—Sí, de acuerdo—se apresuró a comer.

—Y vístete bien, quien dice que no te puedes encontrar a una bella chica por ahí—le daba de codazos la mujer.

El joven no tuvo otra alternativa que sonrojarse nuevamente.

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Acostado sobre la alfombra, sus brazos jugaban con las fichas que componían un enorme castillo. Y después, sin razón alguna, lo derribaba tan solo con tocarlo con la punta de su debo.

—¡Baaaaah!—hizo un gesto ridículo y sacó la lengua.

Dos pequeños seres reían sin parar. Y claro, él junto con ellos. Eran encantadores, los amaba. Pues llegaron cuando parecía que habían perdido todo, y pese a perder gran parte de sus vidas, sus bebés los salvarlos de ese vacío mortal. Sus días desde ese entonces lucieron llenos de felicidad.

Suspiró sonrojado.

Era hombre pleno, feliz.

Pues nunca pensó que «ambos» fueran capaces de crear tanta belleza al doble.

»¡Puuuul! ¡Puuuul!.

Su pequeño hijo, tan parecido a su padre en todo aspecto, le exigía en su idioma que otra vez formará el castillo de fichas.

—¿Eh...? ¿Otra vez...?

»¡Puuuuul!

—Está bien, está bien.

Nada que ver el carácter con su adorada nena. Ella era tan tranquila que por general se la llevaba dormida.

—Trunks...

Padre e hijos voltearon hacia arriba.

—¿Qué pasa, Mai?

La guerrera sonrió y le entregó una lista.

—¿Podrías hacer unas compras en la cuidad? Necesito vegetales, pañales, leche para los niños.

—Sí, como digas.

Acercó su rostro a sus dos «bolitas» y se despido de ellas.

—Ahora vuelvo.

El pequeño muy astuto jaló de sus cabellos.

Y el muchacho no evitó sonreír.

—Sí tan solo me soltaras fuera más fácil—dijo entre risas.

Después de safarse de las garras de su hijo, le dio un beso a su adorada esposa. Pero antes de salir, cubrió su rostro con la pañoleta roja.

—Vuelvo en seguida—asintió.

—Ve con cuidado, Trunks.

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Los tres integrantes de un equipo, se mantenía listos sobre una aero-moto amarilla. Con la mirada buscaban a su siguiente víctima mientras permanecían escondidos en un callejón.

Eran tan sigilosos que no dejaban de ser muy buenos ladrones.

Los tiempos eran difíciles. La Capital del Oeste después de los ataques de los androides, ya no fue la misma. Y bueno, tenían que ingeniárselas para buscar el pan de cada día.

Para su fortuna, un pez gordo se aproximaba con varias bolsas llenas de comida.

—Pescado, carne, sopas...—el chico le daba un visto a sus compras. Pues tenía el temor de haber olvidado algo.

Los tres pares de ojos con antifaces, brillaron y sonrieron con maldad.

—A la cuenta de tres—indicó la mujer que mantenía su mano firme en el acelerador.

»Uno

»Dos

»Tres

La moto pasó sobre la acera de la banqueta a buena velocidad. Y las bolsas que llevaba Trunks le fueron arrebatadas por unas manos verdes y las otras, si lo le fallaban, eran las patas de...

—¿Un perro?—parpadeó confundido.

Pero debido al impacto, el muchacho fue a dar al suelo.

De inmediato levantó su rostro para divisar a los rufianes.

—¡Hasta nunca, PERDEDOR!—lanzaron su frase triunfal entre risa—¡Ja,Ja,ja!

El joven frunció las cejas.

—¡OIGAN MALDITOS!—se levantó de prisa y fue tras de ellos.

Al descubrir que el chico corría demasiado rápido y que podía alcanzarlos fácilmente. El enano verde ordenó:

—¡QUÉ ESTÁS ESPERANDO, MAI! ¡ACELERA!

—Como usted ordene, Su Excelencia.

»ROOOOOM

Se metieron entre calles interfiriendo en el tráfico. Los claxon comenzaron a pitar y hacer un gran escándalo.

»¡Fuera del camino, idiotas!—gritaban algunos conductores.

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—¿Pero qué escándalo es este?—dijo el viajero del tiempo desde las alturas con bolsas de mandado en mano.

»¿Se tratará de algún asalto?—pensó para sí mismo.

¿Y ...si echaba un vistazo?

Pero recordaba que Mai siempre le decía.

»No interfieras en nada, Trunks.

¿Y si alguien estaba en problemas?

Pues esa naturaleza justiciera no le dejaba ignorar del todo lo que estaba observando.

—Solo será un vistazo.

Bajó a tierra, escondió entre los arbustos su mandado y se fue como buen espía al lugar de los hechos.

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—¡Te dije que te detuvieras!—alcanzó Trunks la parrilla trasera de la moto y la hizo volar.

El perro junto con el marciano verde salieron disparados por los cielos.

—¡AAAAAHHH!

Y la mujer, encapsuló todo lo que pudo y corrió.

—¡Detente!

—¡Jamás!—le gritó la de antifaz.

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Detrás de un árbol el hombre fugitivo quedó impresionado al verse a sí mismo persiguiendo a la que ahora era su mujer. Pues recordó, que él y Mai se habían conocido en tiempos de guerra contra Black, pero, como se supone que en «teoría» eso no ocurrió.

Pensó:

—Con qué así nos íbamos a conocer entonces, ¿Eh?

Se le pintó una sonrisa en los labios. Pues ahora, como favor o por capricho, tenía que hacer que «ambos» hicieran contacto. Y más, por el bien de sus bebés, pues tenían y debían de llegar a este mundo también por parte de ellos.

¿Qué tal si desaparecían sus hijos?

—No, eso no.—negó.

De seguro su madre se pondría feliz al saber que tendría dos bellos nietos.

Mientras se miraba a si mismo correr detrás de Mai, susurró.

—Créeme, no te vas arrepentir, Trunks.

No cabe duda que cuando se está predestinado a estar juntos, no importa tiempo, realidad o espacio. El destino acomoda a las personas en el momento exacto y bajo las condiciones correctas. Como rompecabezas.

»Y el tiempo era ahora.

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La chica era sigilosa. Se le escapa de las manos muy fácilmente.

Hasta que se vio acorralada en un callejón.

—Te lo diré solo una vez más...Devuélveme mis cosas—estiró su mano para recibirlas.

La de antifaz sudaba la gota fría, no sabía qué hacer. Pues su única escapatoria era trepar el muro y seguir corriendo por los techos.

Y eso haría.

Le volteó la cara al joven azul y empezó escalar.

—¿Pero qué haces?—le reclamó, Trunks.

—Escapar, ¿Qué no es obvio? Los tipos como tú suelen llamar a la policía.

—No haré tal cosa si haces lo que te digo.

—¡NO!

Justo cuando llegó al límite para así impulsarse y subir; una mano apareció.

—¿Q-Quien eres?—preguntó Mai sorprendida.

Se trataba de un joven con el rostro tapado a la mitad con una pañoleta roja. Éste tomó su mano y negó con la cabeza.

Y sin pensarlo mucho, la soltó para que cayera al vacío.

El antifaz de su rostro salió volando, la gabardina se elevaba junto con sus cabellos negro. Y entre gritos, miraba la imagen de aquel hombre que en vez de «ayudarle» le aventó.

Cuando esperaba una muerte segura, cerró los ojos para recibir el impacto.

Pero eso nunca llegó.

Pues unos brazos la sostuvieron.

—¡¿Estás bien?!—preguntó el azul.

Ella abrió los ojos.

—¿Eh...?

Ambos se miraron a los ojos y rubores aparecieron en sus mejillas.

—S-Sí.—contestó. Después miró hacia el muro pero el hombre misterioso había desaparecido.

—Eres demasiado arriesgada, sabes. Te llevaré a casa, tal vez estés lastimada. Por cierto, mi madre cocina muy rico.

El estruendo de las tripas de la muchacha salió a relucir.

—¿Tienes hambre, verdad? Puedo asegurar que por ello robaste mi mercancía.

La mujer asintió apenaba.

Él la puso de pie.

—Bien, es por aquí. Sígueme. Después de comer iremos a buscar a tus amigos.

—E-Está bien.

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Satisfecho vio la escena.

—¡Bien!

Tomó sus cosas. Y antes de tomar vuelo volteó otra vez a ver a la pareja.

Y dijo:

—Te espera algo genial. Disfrútalo.

Y voló.

Pues moría por ver a su mujer y a sus bebés.

»Tu también sé feliz—le deseo suerte desde las alturas.

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Desde ese entonces. «Ellos» pudieron complementar una parte del vacío que sentían en su interior.

—Mi nombre es Trunks ¿Y el tuyo?

—Yo soy Mai.

FIN.

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Hola amigos. Aquí les dejo un destello Trumai. Me encanta esta antología, pues verán estas historias me surgen de la nada. Yo estaba muy feliz escribiendo el capítulo 8 de Flor Artificial y nada. Tuve que parar y hacerle caso a mi mente. Y pues esto nació de un chispazo n.n tenía rato pensado en cómo se conocerían la otra pareja de Mirai, y bueno, tal vez no es tan genial pero aquí les dejo mi versión.

Gracias a quien se pase a leer.

Feliz año 2017 para todos. Antes o después del 06 de enero lo veo en la actualización de FA. Besos.

Con cariño:

Kuraudea.