DESTELLOS DE ESPERANZA

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Por

Kuraudea.

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~Adaptación~

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El arduo trabajo de padres, al menos, por esta noche, había terminado. Sus bebés no les daban tiempo ni de respirar. Pero, sin importar nada y pese a todos sus desvelos; estaban felices.

Su vida se retomó dentro de la sencillez de los pueblos situados a las afueras de la Capital del Oeste. La decisión de querer llevar una vida aparte de sus «otros» era lo más viable. Aunque de cualquier forma existían sus riesgos y quizás, conforme a los años aparecerían ciertos obstáculos para ellos.

Pues cosas tan sencillas como tramitar documentos burocráticos, traería consigo problemas de falsificación de nombre y personalidad ciudadana, aunque así no fuera en realidad. Sin embargo, sería tan ilógico el hecho de tener que explicar tanta odisea que, para su mal, la sociedad ni siquiera recordaría nada de lo Black. Pues ellos, en sus mentes, solo tenían grabada la desgracia de los sucesos de hace 7 años atrás: El ataque de los androides.

¿Y qué hacer con sus vidas? ¿Cómo dirigir ahora a su familia?

Pues él había sido el responsable, en parte, de tal consecuencia.

El pecador.

Su noble acción, para los dioses, había cobrado otro significado más grave: El pecado.

Pero no, era mejor ser catalogado como tal, que vivir bajo la escoria de la peste verde.

—Eso nunca.—susurró.

Estaba tan seguro que si la misma situación se repitiera mil veces, él habría actuado igual.

Al menos, después de tanta desgracia, tenían un hogar digno donde vivir. Y todo se lo debía a su madre que le proporcionó una buena dotación de artículos: casa, comida, vehículo y claro, dinero. Una fuerte cantidad de dinero que, administrándolo correctamente, les abastecería por muchos años.

¿Entonces por qué vivir tan limitados?

La razón era muy sencilla, pues «Trunks Brief» ya existía. Y no podían haber dos. Pues «el otro» era el único heredero de la Capsule Corp, y su apellido, por desgracia, era muy conocido.

En la adaptación de su nueva vida, tuvo que hacerse de otra firma, para salir de algún contratiempo. Lo bueno que contada con dinero en efectivo, y su monto total, no estaba bajo una institución bancaria, sino, qué problema habría sido. E incluso, por cuestiones legales, seguro y hasta contactaban al «verdadero» portador del apellido de la línea Mirai.

En el parto de Mai, se vio con la necesidad de cambiar su nombre para llenar los requisitos y papeles necesarios. Pues con la pena no le quedó de otra alternativa que adoptar el apellido de su fallecido maestro Gohan.


—Puede proporcionarnos su nombre, por favor.

—M-Mi nombre ...—bajó la mirada.

—¿Si...?—esperaba la respuesta la recepcionista de la clínica del pueblo.

El joven azul después de meditarlo unos instantes, contestó:

—Mi nombre es Son Trunks. —miró firme a la mujer.


Sentado sobre el borde la cama, y tan solo con un pantalón suelto como prenda. Su mente se hacía nudos entre tantos recuerdos; buenos y malos. Pensando también en futuros obstáculos que surgirían con el paso del tiempo. Miraba al piso, movía los dedos de sus pies. Y mientras tanto, sus brazos se apoyaban con el soporte de sus piernas.

Suspiró.

Volteó a su costado.

Y le consoló a sobremanera ver la cuna de sus hijos. Ellos dormían plácidamente; inocentes, bellos, sin saber las consecuencias y los problemas de la vida.

En tanto, la puerta del baño se abrió; llamó su atención y fijó la mirada hacia allá.

Con luz tenue, amarillenta, se vio alumbrada la guerrera quien lucía una bata larga de seda color rosa. Pues después de haber tenido un día cansado tomó un baño antes de ir a la cama.

—Trunks...

Lo nombró al sostener el marco de la puerta.

—Mai.

Se miraban entre distancia.

Ella apagó la luz. Y él para recibirla se puso de pie.

...

Frente a frente, al costumbrar su vista a la oscuridad, se observaron; acariciaron sus rostros.

—¿Te encuentras bien?—preguntó la madre de sus hijos con los orbes azabaches, brillantes y llenos de empatía.

—Estoy bien—contestó en susurros.

Pese a lo difícil que todo había sido, en este dolorosa y maravillosa adaptación; mostraron una sonrisa. Entonces, por mera inercia, por impulso loco, se abrazaron sentidamente.

Fuerte.

El apapacho que cualquier persona merecía para continuar en su rumbo.

Y con esa sensación de cariño que quemaba su interior, se despojaron de sus prendas e hicieron el amor frente a la creación que habían materializado ambos: sus hijos.

Sentidamente la mujer se vio sumergida en el bronceado cuerpo de su pareja con pixeles de varias cicatrices de lucha en su pecho y espalda, que ella, con sus propias manos había curado una por una en tiempos de guerra. Él hacía su trabajo, sus embestidas eran lentas pero firmes. Algunos de sus siseos y gemidos en conjunto eran bajos. Pues no pretendían despertar a los gemelos. Después de todo algunas cosas cambian con y sin hijos.

El arte fluyó por generosos minutos. Pues se necesitaban.

Necesitaban hacerlo cuantas veces fuera necesario.

Mostrarle al mundo en su lenguaje que ellos no era un plagio de nadie, sino eran los verdaderos, los únicos, los guerreros que hicieron que este mundo cobrara cordura, aunque no de la manera que hubiesen querido.

Pero había vida.

Paz.

Al llegar a lo intolerable, al clímax de su unión que, por suerte ambos gozaron de llegar a ese punto al mismo tiempo; el acto menguó.

Menguó inevitablemente con el gemido más sentido por parte del azul.

Jadeantes, sonrojados, se miraron a los ojos. Pues desde que sus hijos habían llegado a este mundo, un deseo tan inexplicable les había llegado a la par. Una atracción sexual se arraigó con más fuerza durante la adaptación de su nueva vida y durante y después del embarazo de Mai.

Tal vez, al ver que eran capaces de crear vida, quedaron fascinados. Y descubrieron el maravilloso significado de cada una de sus uniones.

El amor.

La vida.

La esperanza; materializada por ellos.

Y pese a lo amargo de los obstáculos: La felicidad.

El viajero del tiempo tenía los antebrazos justo a los lados del rostro de su mujer para hacerse suporte.

Su hijo, por cosa de la nada suspiró fuerte. Y ambos, con ese instinto paternal voltearon hacia a la cuna.

Al regresarse la mirada. Su sentir fue tan grande que él no pudo más, tenía que decirlo.

—Te amo tanto.

La mujer se sonrojó aún más de lo que estaba; mostró la ligereza de una sonrisa.

—Tu y ellos son la razón que me hace estar de pie.—frotó su nariz en el rostro de la azabache.

Y Mai, en tanto, acarició su cabellera como siempre solía hacerlo.

Trunks recostó su rostro sobre sus pechos blancos. Éstos había crecido una talla más de lo normal, pues fueron fuente de aliento de los gemelos durante sus primeros meses de vida. Acarició sus pezones con el pulgar. Ya no era suaves como antes, sino ahora eran ásperos; finalmente estragos y signos de la maternidad. Por fortuna, su cuerpo regresó a su estado natural, seguida bella, hermosa. Y sin importar cómo estuviese, él la amaba.

—¿Es mucho pedir siete días de abstinencia?—preguntó la mujer sin dejar de acariciar los mechones.

—Solo porque estabas en tu periodo—contestó tras esbozar una sonrisa.

Nuevamente uno de los gemelos suspiró fuerte.

El instinto de madre le hizo voltear inmediatamente.

—Tranquila...Solo están respirando "aire", Mai.—lo dijo en son de broma.

—"Qué gracioso eres, Trunks"—contestó irónica.

Él rió.

—Me gustaría que cada vez que me levanto en las noches también despertaras. Te garantizo que ni te das cuenta.

—Eso es lo que tú crees—besó su frente—Pero bueno, tengo oído de madre y no velador.

Trunks esbozó una sonrisa.


Las sábanas eran tendidas sobre cuerdas que se sostenía de varios troncos de unos árboles. El viento, era fuente vital para garantizar que las prendas se secaran. Pues se miraban manipulas por las ráfagas del aire; se movían de arriba abajo.

A su espalda estaba su hogar. Una casa-cápsula de la CC de buen tamaño y de color amarillo, aislada, e incluso del pueblo más cercano.

Tras suspirar secó el sudor de su frente con el antebrazo. Y solo basto ponerse de lado para que sobresaliera un pronunciado vientre, causante de agotarse con facilidad y de varios insomnios por las noches.

Su manos se deslizaron por su vientre y mientras miraba el horizonte, su cabello negro, largo, se revoloteaba con el aire.

Pensó que pese a lo difícil de todo, había valido la pena.

¿Qué hubiese pasado sino hubiese rejuvenecido otra vez? Tal vez ni a Trunks habría podido ayudar en la guerra de un año contra Black/Zamas. Pues un cuerpo físico de más de 50 años no era tan competente para luchar.

Entonces, comprendió que en la vida todo lo que pasa, no son simples casualidades. Ahora pese a no estar al lado de Su Excelencia y su fiel amigo Shu, tendría la dicha de ser madre.

Tendría la satisfacción por siempre de haber luchado junto a él.

—Su excelencia—susurró al mirar al cielo.

Era lógico, los extrañaba. Pues desde el día de la explosión que ocasión su muerte, otra mujer nació; una guerrera.

—Mai.

Ella volteó de inmediato al escuchar su voz.

—Trunks...

—No te sobre esfuerces, deja eso y ven descansar.

Sus ojos se pusieron cristalinos.

—Sí—asintió.


—Trunks...—apretó su cabeza víctima del recuerdo.

—¿Sí..?—respondió a su llamado y buscó su rostro.

—Nada.—sonrió.

—Hay que dormir.

Ella asintió a su orden.

—En verdad es buena idea, Trunks. Solo nos quedan dos horas de descanso—lo decía por los gemelos.

Y ambos finalmente rieron sin remedio.

...

Se cubrieron con sábanas, se acomodaron de lado. Él le regaló un beso en la mejilla.

Ambos con la vista hacia la cuna, suspiraron.

Y así, cada noche, cada momento, cada instante. Reafirmaban que pese a todo, había al menos, una convicción para ser felices.

Querían vida.

E hicieron vida.

Y una vida feliz tendrían.

FIN.

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¡Hola, feliz año! Que la hayan pasado bonito, mi gente. Yo inicié el año con un poco de inspi, verán me desperté a las 6am, estaba lloviendo y un destello brincó en mi mente y aquí estoy, escribiendo como loca. Como les dije en el Shot anterior, lo que me encanta de destellos es lo espontáneo que son, se plasma la idea y la viva imagen en mi mente y ¡ZAZ! Surgen. Ojalá les haya gustado.

Ahora sí les prometo que mañana me pongo a terminar el capítulo 8 de Flor Artificial n.n

Un beso enorme.

Gracias por sus rws y por pasarse a leer.

Schala, querida, mi Trunkera favorita, me dio mucha alegría el fic de Al Final que tuvo una dedicación para mí, tal vez este OS es demasiado sencillo para lo que escribiste del Toki Toki, pero en serio, lo hice con mucho cariño para ti. Un beso.

Saludos a todos.

Kuraudea.