DISCLAIMER: En este fanfic se utilizan tanto personajes como lugares que corresponden a Tite Kubo (Bleach).
Tengo permiso para la utilización de los nicks (de ámbito público todos) que aparecen en el relato correspondiente a terceros.
Original es la trama y algún que otro personaje y escenario creado por mi mismo.
Capítulo 17. Perder
Una estocada que la partió literalmente en dos partes.
Shira caía ante la mirada de Oomaeda.
De sus labios podían escucharse sus últimas palabras:
-Sal de aquí.
El cristal iba atrapando poco a poco a los que miraban para atrás.
-¡Aventurero, vámonos!- Gritaba Zero al lado de Oomaeda.
-Roberret, espero no volver a verte. – habló Urahara7. – porque si nos volvemos a encontrar espero que hayas rezado para morir dignamente.
-Eres increíble, me sigues llamando por ese estúpido Nick.- Hanamisu lo miraba de reojo.- Mi nombre es Hanamisu, grávatelo en la frente Urahara7.
Este lo miró desafiante y desapareció al coger la bolsa de patatas correspondiente.
Solo quedaban media docena de almas allí, entre las que solo tres no eran atrapados por el cristal.
Los gritos de auxilio ambientaban la zona.
Hanamisu bajó al suelo a ver el cadáver de la capitana.
-¿Y tú eres una de más alto rango? El gotei 13 ha caído demasiado bajo ascendiéndote.- Hanamisu se giró hacia Oomaeda.- Dame una bolsa.
-Ni soñarlo.- respondió con la boca llena.
-Mira Ribingu, mas carne. Vamos a trocearla.
Y con un espléndido shun-po se posicionó en la espalda del subcapitán y con un ataque similar, ascendente intentó matar a Oomaeda, quien en el último momento consiguió esquivarlo.
Oomaeda se fijó en Hanamisu.
Una sombra diabólica salía de detrás suya.
(Pensamientos de Oomaeda) - ¿Pero cuánto poder tiene? No puedo hacer nada, ha vencido a mi capitana, no tengo ni la mas remota posibilidad.
Oomaeda empezaba a tiritar hasta que se susurró a sí mismo:
-Puedo hacerlo, puedo hacerlo.
Los ojos se le iluminaron con una rabia propia de un rinoceronte enfurecido.
-¡Te voy a partir en pedacitos!
El silencio se hacía en la plaza.
Todos pendientes de Lynn y Mica.
-¡No se va a morir!
Una voz se oyó desde atrás.
-¡Irly!- exclamó Mica.
Estaba hecha polvo pero buena de salud.
-Todos los vizards hemos salido de shinigamis de distintas divisiones, no se vosotros, pero la cosa es que yo salí de la 4ª División, y mi especialidad era curar las heridas internas.- Decía entre suspiros.- Apartaos, la sanaré en un momento.
-¿Cuál era tu rango?- Se atrevió a preguntar Yukiyuma.
Irlanda se detuvo un momento.
Prosiguió.
-Era la antigua subcapitana de la 4ª División.
-Pero si la subcapitana ha sido Isane desde que me alcanza la memoria.- siguió Arjen
-Renuncié dos días después de mi nombramiento. Me tiñeron de traidora. ¡Tuve mis razones para dejar el puesto!- decía mientras curaba a Lynn, ya con lágrimas en los ojos.
-¿Y esas eran…?- Dijo Arjen sin cortarse un pelo.
-Mi abuela falleció y uno de mis hermanos fue raptado. Pedí que me dejasen investigar, o por lo menos visitar mi casa, pero llegaron los informes de traición de algunos shinigamis y por miedo a una guerra me enjaularon, por así decirlo, en el cuartel de la división a la espera de ordas de heridos. Así que me destituí yo misma escapándome al mundo humano. No pasó mucho tiempo hasta que encontré a Urahara, capitán de aquel tiempo de la 12ª División. Él me dio este poder extra. Y ahora quiero volver, por eso estoy aquí, para que me perdonen y acepten el por qué de mis acciones.-terminó entre sollozos y un mar de lágrimas.
Arjen se sentía mal consigo por haberla hecho llorar.
Entonces una puerta se abrió en el medio de la plaza.
Galky se encontró con otro cartel, en este ponía:
Almas errantes viven en la profundidades de la cueva. Cuando antes salgas mejor. La cara de la chica llora, caíste de las escaleras, enfréntate al exterior.
(Pensamientos de Galky) -¿Cómo?, ¿qué me enfrente al exterior?
Galky no entendía muy bien esa última frase, pero sin demorarse siguió el camino.
La cueva daba a una sala con escaleras por doquier.
Suelo, techo, paredes, esquinas, todo escaleras.
Delante suya se alzaron poderosos hollows hambrientos.
Galky empezó a subir escaleras huyendo de los hollws.
Subía, bajaba, pero no se daba cuenta de que siempre estaba en la misma zona de la sala.
Miró al cielo, vio una abertura… La salida.
-Esa es, en efecto, la salida de esta prueba. –La voz de Grecefar se oyó de nuevo.- Solo puedo decirte una cosa: piensa.
-¿Qué piense? Se me echan los hollows encima, ¡no tengo tiempo para pensar!
Galky se giró y miró fijamente a los hollows.
Eran mucho mas numerosos, y puede que hasta mas poderosos.
-Nana, os toca a ti y a Saga traer mas luchadores de campo. Con un batallón de hollows no hacemos mucho. –ordenó simpáticamente Porlakh.
-Entendido. Pues si no hay nada mas, partimos de inmediato.- Rápidamente actuó Nana.
-¡Nana! – Porlakh la paró.- Trae de vuelta a Hanamisu, si puede ser vivo. Ha hecho un buen trabajo filtrándonos toda la información de los nuevos reclutas del Seireitei.
-Entendido. Nos vamos.
Nana y Saga salieron al momento con dos shun-pos rumbo al Seireitei.
-Simca, ¿quién es ese niño?
Hitsugaya estaba extrañado por la fuerza espiritual del chaval.
El chaval estaba tapado con capucha y túnica hasta el suelo.
-Me llamo Kim, y no soy un chaval. -Kim se quitó la capucha dejando ver un pelo rosa brillante como las estrellas en la noche.- Y vengo a luchar junto a vosotros contra Porlakh, Leonel, etc.
A Hitsugaya le pilló desprevenido y miró a Simca, pero ella no parecía haber tenido nada que ver en esto.
-¿De dónde dijiste que la salvaste?
-Estaba en el camino del bosque que ahora ha quedado despoblado, no la iba a dejar morir, capitán.- expuso Simca.
-Ya veo… - Hitsugaya quedó pensativo hasta que Kim interrumpió el silencio.
-Soy un Arrancar Definitivo, vengo del Mundo Humano a unirme a vosotros.
-Eso quiere decir que Porlakh y sus secuaces estaban reclutando.- Suponía Hitsugaya tapándose la boca con una de sus manos pensativamente.- Eres bienvenida, no sin antes decirnos el por qué de tus actos.
-Lo comprendo. Estoy harta de pelear por tonterías sin sentido. Estoy harta de servir siempre a los locos que supuestamente hacen el bien, pero siempre se corrompen haciendo mas mal del que los anteriores hacían. Además de que no tengo nada contra vosotros, y me parece injusto que quieran mataros a todos por la "igualdad" de almas. Creo que son razones con bastante peso para serviros.
-Pero no has dicho que quieres a cambio por tus servicios.
-Nada. Bueno, si me aceptáis estar con vosotros estaría genial, pero en principio, nada de nada. Me complazco yo misma.
-Por mi no hay problema, pero tendrás que pasar una prueba de las que se están sometiendo los nuevos reclutas, para ver si verdaderamente mereces la pena.
-Sin problemas.- terminó Kim bajando la cabeza.
Hitsugaya fijó ahora su mirada a Simca, quien se había apartado para dejarlos hablar.
-Simca. –Hitsugaya la llamó para que se acercase y susurrando siguió.- Mándala a la zona de Yumichika, y quédate a ver cómo se resuelve todo, luego me lo cuentas en un informe, o con tus propias palabras, da igual, ¿entendido?
-Ahora mismo.
Simca usó un shun-po, abrazó a Kim y se la llevó a donde le había dicho Hitsugaya.
Ikkaku con la herida en su costado se lanzó como un león hace con su presa.
Con las dos cuchillas de Ryumon Hozukimaru, haciendo un golpe descendente, atacó a Nori.
Pero este, sin inmutarse se metió en uno de esos pilares de su bankai, traspasándolo hacia la otra parte del campo.
-Te dije que ya he ganado. No hace falta alargarlo mas.
-Ni lo sueñes. Me voy a divertir contigo, y no me lo vas a impedir.
Nori calló.
Ikkaku se giró.
-Bakudō 61, Rikujokoro.
Nori alcanzó a Ikkaku de lleno.
Este inmovilizado intentaba librarse, pero hasta él sabía que era inutil.
-Te he dicho que he ganado, y seré generoso y te ganaré como los dos vuestra división queréis, con la zampakutou.
Volvió a entrar en una de las columnas, y apareciendo delante de Ikkaku desenfundó lentamente su espada.
-Te equivocas. Haber perdido contra ti ya es una deshonra para el capitán de la 11ª División.-decía ya vencido Ikkaku.
Nori con la punta de la katana alzó la cabeza gacha de Ikkaku.
-No digas eso. Yo puedo con un uno contra uno, pero cuando se está en medio de una batalla todo cambia. Es mas, en la que se avecina hay almas mucho mas poderosas que yo, no te quepa duda.- le explicaba Nori.- Y además, en vuestra división la pelea se termina cuando uno muere. No seas tan inepto como para aceptar la derrota si sigues vivo.
Y con una rapidez de mención le quitó la cinta roja que tenía que conseguir para pasar la que era su última prueba.
Una puerta se le abrió en un lado de la sala.
Cuando la iba a cruzar, Ikkaku, dolido por el sabor amargo de esa batalla habló.
-Qué cosa que me hayas dicho tú eso.- Ikkaku se alzó erguido, y girando la cara miró a Nori.- Hubo un hombre un día que me dijo exactamente lo mismo.-Quedó en silencio.- Gracias por recordarme el por qué elegí aceptar ser Capitán.
Y Nori con un gesto de despedida amigable pasó al otro lado.
