DISCLAIMER: En este fanfic se utilizan tanto personajes como lugares que corresponden a Tite Kubo (Bleach).

Tengo permiso para la utilización de los nicks (de ámbito público todos) que aparecen en el relato correspondiente a terceros.

Original es la trama y algún que otro personaje y escenario creado por mi mismo.


Capítulo 26. Recuerdos -Perdido-

Las fuerzas de los rebeldes se iban debilitando al saber que su cabecilla había caído.

Poco a poco los shinigamis fueron ganando terreno hasta el punto de hacerles huir como cobardes.

-Capitán Ukitake, la zona del distrito del oeste está controlada.- Llegaba Kuchiki verdaderamente agotada.

-Muy bien, descansa. –Se paró unos segundos pensativo. - ¿Y qué se sabe de la situación en las demás regiones afectadas?

-¡Están bien! ¡No te preocupes Jushiro!

Unas sandalias aparecieron delante de él.

Fue alzando la mirada hacia la cara de la persona quien había contestado.

-¿Kukaku?- Se asombró Rukia.

Con un tremendo poder, y una tremenda sonrisa, Kukaku Shiba junto con su hermano Ganju aparecieron al frente del capitán.

-Entiendo.- Salió de los labios de Ukitake.- Bienvenida, Kukaku.

-¿Bienvenida? ¿Cómo que bienvenida? – Le preguntaba sin parar Rukia a un Ukitake que se dirigía hacia el lugar donde descansaba Hitsugaya.

-Rukia, los Shiba han conseguido controlar la situación en los demás focos. Con que sólo uno hubiera fallado el Seireitei ya habría caído. Seguramente el Capitán Hitsugaya estará de acuerdo conmigo de devolver el prestigio quitado al clan Shiba.

Hace menos de una hora.

-Lo has matado. Definitivamente le has quitado la vida a tu propio padre… -Shira estaba conmocionada con la frialdad con la que había actuado Porlakh.

Porlakh se volvió hacia su hermano y lo intentó reanimar.

El impacto fue tal que no se acordaba ni de su nombre.

Entonces fue a hablar con Hitsugaya a un lugar alejado.

-Querría, si puede ser, que mi hermano se quedase con vosotros. Posee un gran poder, y ahora que no recuerda quien es ni de dónde viene puede cambiar su vida a una con amigos y con buenas esperanzas.

-¿Pero qué pasará cuando recuerde quién es?

-Ya habrá cambiado para el bien.- El sentimiento de felicidad de Porlakh se hacía parecer al de un diablo.

-Por mi vale, pero empezará desde la parte baja de la división si antes pasa la prueba de acceso, nada de favoritismos.

-Ni mucho menos… Lo dejo en tus manos.- Y con un tono maléfico se retiró.

Justo antes de entrar en la batalla Porlakh le dijo unas cosas a Leonel:

-Hermano, si alguno perdiera el conocimiento en esta batalla, la siguiente vez que nos encontremos recordaremos estas palabras, así que tendremos que ir al pequeño descampado del bosque del norte para realizar nuestro plan. Ya sabes, yo llevaré a gente muy capaz en el combate, tú lleva los preparativos para la transformación a Astro.- Sonriendo fervientemente.

Leonel afirmó fervientemente con la cabeza.

En donde estaba descansando Hitsugaya corría una brisa fresca, increíblemente apacible, perfecta para echar a volar las dudas y preocupaciones.

-¡Hitsugaya!

-¿Capitán Ukitake?

El capitán de la 13ª División lo saludaba desde la lejanía con una felicidad increíblemente afable.

-¿Un caramelo?

-No, gracias.

-Venga, Toshiro. A veces hay que evadirse de la realidad por unos instantes para quedarse en paz con uno mismo. ¡Abre la boca!

[…]

-¿Ves que está mejor así? – Ukitake se sentó a mirar el cielo al lado del capitán, que tenía cara de enfadado mientras se comía el caramelo obligado (era de fresa).

-¿De qué querías hablarme, Ukitake?

-Desde la ejecución de Aizen hemos tenido dos grandes batallas en las que cada vez hemos ido perdiendo a mas y mas de los nuestros.- Le exponía tranquilamente Ukitake.

-Si, eso es cierto.- Hitsugaya se apenó.

-Y tú no eres el mismo desde la muerte de la subcapitana Hinamori.

Hitsugaya empezó a odiarse por sentirse impotente aquella vez… En aquel momento.

-Esta vez ha caído Soi Fong, y Kyoraku está gravemente herido. ¿No crees que va siendo hora de no esperar mas al sucesor de Yamamoto y tomar el mando entre los únicos tres capitanes vivos que quedamos? Hay gente muy capaz para ayudarnos a llevar el Seireitei.

-Cierto. –Hitsugaya estaba pensativo.- Me he enterado de que el clan Shiba ha ayudado a nuestras tropas en los demás distritos. Creo que sería de muy mala educación no devolverles la gloria y el esplendor que un día se les arrebató.

-Estoy de acuerdo.

Pasado un rato de silencio en el cual ambos capitanes se sumían en la brisa que soplaba livianamente, Ukitake decidió volver con su división.

-¡Ukitake!- Saltó Hitsugaya.- Tengo que contarte una cosa bastante importante.

Ukitake atendió mientras Toshiro le contaba lo que había hablado con Porlakh.

-¿Podrías adoctrinarle tú? A mí se me hace muy difícil al saber que toda su familia es de traidores.- Terminó diciendo Hitsugaya.

-Sin problemas, pero entonces ¿por qué lo aceptaste?

-Compasión, uno de mis dones que mas odio.

-No, estas mintiendo. Le has dado una segunda oportunidad a ese chaval, poder cambiar desde un pasado oscuro a un futuro de esperanza. Eso no es compasión, es creencia, buena fe. Hitsugaya, nuestro futuro se torna difícil, sé fuerte.

Y con estas palabras Ukitake se despidió, con una sonrisa, de Hitsugaya.

-Tore, el cebo está dentro, ¿Conservas los planos, verdad?

-Claro, Porlakh, ¿Es que aún no confías en mi? Llevo cien años sirviéndote desde que asesiné a Byakuya Kuchiki. Querría saber cuándo podrías otorgarme tu confianza.

-Si, lo siento.

Estaban en una cueva muy oscura. Únicamente estaba iluminada una mesa en el centro de ella.

Cinco personas se sentaban a su alrededor.

Porlakh y Tore estaban uno en frente casi del otro.

-Tienes doscientos años para encontrar a gente suficiente como para hacer eso, al igual que los materiales necesarios.

-Necesitaría un poco mas de tiempo. Algunas cosas son extrañas hasta en el Mundo Humano.

-Tranquilo, las encontrarás a tiempo.-Y con una mirada lo hizo asentir y callar.

-Migueltaker, Lord, Derogada, ¿cómo vais en lo referente a la regeneración de vida?

-Me temo que vamos mal.- Explicó Migueltaker.- La sustancia regenerativa no llega al 100% y cuando lo que no se regenera es algo interior el sujeto perece por segunda vez al instante.

-Vosotros sabéis que la vida de mi hermano, de vuestro líder de investigación, está en vuestro experimento, es decir, en vuestras manos.

-Si, claro.- Respondieron los tres al instante.

-Por vuestro bien espero que llegado el momento lo tengáis dominado.

-Por supuesto, Porlakh. No le quepa duda.- Terminó Derogada muy insinuante.

-Eso espero.

Un silencio sepulcral se hizo en la cueva.

-¿Y tú que harás en estos doscientos años?

-¿Yo? Ganarme la confianza de cierta persona.- En la mente de Porlakh se dibujaba la cara de Nana.- Ella nos será de mucha utilidad en el futuro.

Cada uno miraba a su alrededor.

-Nos encontraremos aquí dentro de 200 años.

Cada uno se tomo la noticia de diferente forma.

-Va a ser una larga espera.- Decía Migueltaker casi a carcajada limpia.

-Buena suerte.- Finalizó Porlakh.

Tres días después de la gran batalla, Leonel despertó.

-¿Dónde estoy?

-Es normal que te encuentres confuso, te distes un buen golpe en la cabeza.

-¿Y tú eres?

-Hanataro Yamada, encantado.

-¿Y… yo quien soy?- dijo bastante aturdido.

-Antes descansa, no te esfuerces todavía. El golpe en tu cabeza te ha conmocionado demasiado afectando al sistema nervioso. Relájate, no pienses en nada y duérmete. Al despertar te sentirás mucho mejor.

(Pensamientos de Leonel) – "No pensar" dice. Me despierto en un lugar desconocido, junto a un desconocido y siendo un total desconocido. ¡Cómo para no ponerse a pensar!

Mientras, en el campo de batalla, ya abandonado, los cuerpos de los rebeldes se convertían en carnaza para cuervos y demás aves carroñeras.

De pronto una luz azul resplandeció.

Del corazón del líder rebelde, que era lo que resplandecía, empezaba a salir una espesa niebla.

Entonces una regeneración increíble unió las dos partes del cuerpo.

La Hogyouku brillaba de una forma esplendida cuando, en un momento, se partió por la mitad.

Un líquido negro empezó a emanar de él dando lugar a la aparición de un ser con forma de humano.

-¡Por fin aire fresco para mis pulmones! Ese vejestorio tenía empolvados los conductos de respiración, no me creo que haya aguantado tanto en él.- decía a pleno pulmón mientras estiraba las articulaciones.

Era un ser que en nada se diferenciaba de una humana. Solo tenía una mínima diferencia interna, no tenía corazón. Sin contar que su pelo era azul y estaba desnuda en medio de una masacre que aun estaba en fase de descomposición.

-Esto apesta…- Y concentrando parte de su reiatsu lo hizo explotar un segundo a su alrededor. Todos los cuerpos, los pequeños matorrales, hasta las bacterias del aire fueron hechos cenizas en un visto y no visto.- Así mucho mejor.

Se sacudió su lindo cuerpo y como por arte de magia le apareció un vestido divino. De encaje, azul y negro por el vestido y azul con una chaqueta negra en el torso, parecía una ninfa de las aguas con esos cabellos y ese vestido.

-Bueno, ¡a divertirse!

(Conciencia del ser) –Sabes cuál será tu cometido, haz lo que te plazca, pero llegará el día en que tendrás que liberarme de esta prisión para seguir evolucionando. Tienes que matar a…

-Que si, vejestorio. Matar a Porlakh Aizen después de erradicar la existencia del Seireitei. Está todo aprendido y te lo podrías haber ahorrado, Orudo.

-No seas tan insolente, Etsuko, ahora no puedo hacer nada, pero recuerda que el poder de controlar el cuerpo en las siguientes fases lo tengo yo. Y te aseguro que no querrías ver como te autolesiono en medio de una batalla.- Expuso Orudo.

-Mira, a mi no me amenaces. Cuando llegue el día en que te libere, me libraré de ti, dalo por hecho.

-Me encantaría ver cómo lo haces.

(Actualidad)

-¿En dónde te encontraste la zampakutou?- Le siguió preguntando Hitsugaya.

-En el desierto donde se levantaba el antiguo bosque del distrito 50 oeste, capitán.- Valeskanari sin dudarlo se lo dijo.

(Pensamientos de Hitsugaya)-Entonces estaba en lo cierto. Habrá que tener cuidado con esa zampakutou…

Y siguió mirando a los demás presentes.