hola! cómo va todo? los estudios me tienen en modo angustiado jajaja pero aquí estoy! Espero sus sugerencias y comentarios 3
2. La Motivación
- ¿Qué es lo que te motiva a correr más de 150 kilómetros semanalmente?
-Demostrarme a mí mismo que puedo superar mis límites. Sé que mucha gente cree que es absurdo mantenerse corriendo durante tanto tiempo, pero a mí me llena de vida sentir el viento en la cara cuando voy en el camino, superar obstáculos, me siento vivo… es algo maravilloso.
-¿Y a ti Sherlock, que te motiva entrenar para correr un maratón? –la presentadora le dio una sonrisa coqueta al atleta.
-Que John siempre me sigue el paso. –contestó con sencillez.
-Con justa razón creyeron que éramos pareja… –bromeó John dejando su laptop a un lado del sofá. Estaba junto a Sherlock en una habitación de hotel cerca de la Villa Olímpica en Río, y debían presentarse a las 8am en el gimnasio para los primeros entrenamientos de cara a la maratón que correrían en tres semanas más, y que estaba dentro de las últimas competencias de los JJOO. Eran las 6am, y mientras desayunaba huevos pasados por agua, John se había dedicado a mirar un video en Youtube de la última entrevista de ambos en BBC radio antes de volar a Brasil. Sherlock en tanto estaba sentado en el piso, solamente con unas ajustadas calzas de spandex que le llegaban a la mitad del muslo, estirando la planta de sus pies, ocupándose de cada uno de sus dedos. Solamente miró a John sin expresión alguna cuando le hizo ese comentario. Desde esa tarde de soledad en Escocia que Sherlock estaba consciente de que se sentía atraído por su amigo, le gustaba, como quieran llamarlo. Lo cierto es que simplemente se había remitido a desechar la idea al fondo de su mente; tener sentimientos más allá de la amistad y el compañerismo por John no le ayudaría a ganar una carrera. Recordar sus estiramientos, la rutina de entrenamiento, los litros de agua que debía beber, lo que debía comer durante las siguientes semanas o las horas que debía dormir antes de una carrera, eso era relevante. John se movió por el departamento algo perezoso y luego de terminar su desayuno, se hizo de sus zapatillas favoritas. Mientras se las abrochaba Sherlock le habló.
-¿No es algo temprano para salir en busca de…garotas?
John rió incómodo mientras seguía inclinado hacia sus pies. Sherlock solía hacerle comentarios sobre la conducta que había adquirido luego de terminar con Mary, al enrollarse con cuanta chica o chico le pareciera atractivo. Porque además de ser un excelente deportista de élite, John era todo un casanova, además de asumido bisexual solo ante el pequeño grupo de cercanos que le rodeaba. (Llámese Sherlock, Lestrade y unos pocos parientes)
-Solo quería salir a correr por la playa, Sherlock. Siempre he querido ver salir el sol por el mar… ¿vienes? – John se puso un holgado polerón con el logo de Nike encima y se dirigió hacia la puerta sin esperar respuesta. Sherlock le siguió sin decir nada, tomó un poco de ropa rápidamente y se fue vistiendo mientras bajaban en el ascensor del hotel. John le miraba de reojo por los espejos del pequeño cubículo mientras Sherlock se colocaba primero unos shorts encima de las calzas de spandex, que por cierto dejaban poco a la imaginación. Acto seguido se puso una sudadera encima, cubriendo los maravillosos y fuertes pectorales. ¿Maravi…qué? John arrugó la boca disgustado por esa palabra que había cruzado su mente y miró hacia arriba, donde el ascensor indicaba en que piso iban. Sherlock era su amigo de infancia, era extraño pensar de él así.
Corrieron un poco por la costanera, a la vista de algunos curiosos trasnochados y unos pocos medios de prensa que andaban por el sector, listos para cubrir el primer día oficial de competencias luego de la inauguración. Pararon al notar que el sol comenzaba a salir por el mar y Sherlock se adelantó corriendo por la arena hacia el mar, una vez había visto amanecer por el mar cuando fue de vacaciones a una playa en el este de Inglaterra, pero esto se sentía diferente, tan solo con pensar cuando océano había por delante mientras el sol surgía por el horizonte. Mientras tanto John, que se había quedado atrás, tomaba su teléfono y sacaba algunas fotos con la silueta de Sherlock entre el sol naciente, el mar y la arena. Escogió una foto y la subió con un breve saludo "¡Hermoso amanecer, vamos por el primer día de entrenamiento!" guardó su móvil y de regreso al hotel, Sherlock lo retó a subir corriendo hasta el piso 18 que era donde se alojaban. Por supuesto que el rubio llegó poco después que su amigo, pues no tenía esas piernas largas, perfectas y tonificadas… basta John, corta. Uno no piensa así de los amigos de infancia. Sherlock podía subir peldaños de tres en tres, y no se había mareado en el piso 10 de tantas veces dar las mismas vueltas por las escaleras de emergencia. Aún así, llegaron de buen ánimo al gimnasio y la mañana de entrenamiento fue provechosa.
Luego de los estiramientos de rutina, que normalmente les tomaban más de 20 minutos, Lestrade los puso en las corredoras fijas a calentar un poco, estarían así durante los primeros cinco días antes de salir a reconocer el suelo de Río. Luego de cumplir con los 5 kilómetros en menos de 18 minutos, se dedicaron a hacer algo de pesas y ejercicios de resistencia colaborativos, siempre bajo la atenta mirada de Greg, quien les iba dando instrucciones. Quizás el único altercado había sido cuando Sherlock se preparaba a hacer pesas, cuando notó que Sally, la asistente de Lestrade, había puesto 10 kilos de más para que levantara. Sherlock estaba listo para recriminarle su actuar, cuando John solo le puso una mano en el brazo y lo detuvo. Sherlock simplemente miró a John, aún enojado por la broma que le habían querido jugar y desistió de todo intento de desquite.
Mientras almorzaban, John aprovechó de revisar las notificaciones de su teléfono móvil. Muchos mensajes de amor, admiración y buenos deseos colmaban su última imagen subida a Instagram. Por entremedio había algunos comentarios solicitando que saliera del clóset, cuestionando si era luna de miel u otra cosa, y que afortunado era John de poder ver salir el sol junto a una belleza como Sherlock.
-¿john? –la voz profunda de Sherlock lo sacó de su estado lacónico mientras miraba fijamente el móvil- estás sonrojado ¿qué estás mirando?
El rubio simplemente sonrió incómodo y guardó su móvil.
-Tu madre me escribió para que cuidara de ti, que evitaras lesiones. –mintió. Sherlock lo miró raro, evidenciando que sabía que era mentira. No hizo más preguntas y siguió picando su porción de pollo con papas.
Si bien el cuarto de hotel tenía una sala espaciosa, había solamente un cuarto con dos camas y un balcón que dejaba ver la playa. John cayó rendido en su cama, pues después de almuerzo, Greg había seguido con los entrenamientos, pasando de los 5 a los 10 kilómetros, con pausas cada 2 kilómetros para elongar e hidratarse. Bajaban de la trotadora, y John tomaba bebidas isotónicas, mientras Sherlock prefería solamente tomar agua. Pese a que era parte de la rutina desde su infancia, John estaba bastante cansado.
Quedó boca abajo y ladeó un poco la cabeza hacia la cama contigua, que estaba vacía. Sherlock apareció a los pocos minutos con una toalla blanca en las caderas, dejando en vista sus oblicuos. John volvió a sentir que le subían los colores al rostro ante esa imagen. ¿Qué demonios le pasaba? Había visto así a Sherlock desde que eran niños; en los camerinos de la escuela, en la academia de atletismo y en los entrenamientos del comité olímpico en Londres. Lo que sí, solo le había visto los glúteos, que con los años se habían vuelto tan firmes y pálidos como el resto de su cuerpo, no había mucho de que sorprenderse.
-Deberías darte una ducha, John. Has de estar tenso y sudoroso -¿Qué? John hundió su cara en la almohada. Sherlock se refería al largo día de entrenamiento que habían tenido, pero John lo tomó por otro lado. Se puso de pie rápidamente, y escondiendo la cara de Sherlock saliendo por el otro lado de la cama, se encerró en el baño.
Mientras se daba una ducha fría para apaciguar el calor (el clima en Río era increíblemente extraño; frío por las mañanas como si fuera a llover y luego un sol maravilloso que llamaba a echarse mucho protector solar si venías de una ciudad donde el sol se dignaba a salir de esa manera apenas durante un mes) y a pito de nada, John recordó a la niñera española que había tenido en su infancia, cuando su madre decidió salir a trabajar. Cantaba una canción muy graciosa en su lengua máter "para hacer bien en el amor hay que venir al sur, lo importante es que lo hagas con quien quieras tú" John tenía solo 11 años cuando le preguntó a Remedios que significaba lo que cantaba; ella muy pícara lo cantó en inglés pero le dijo que no debía cantarlo frente a su padres porque podrían escandalizarse. John rió bajo la ducha mientras se acordaba de la canción. ¿Sería el efecto Latinoamérica o algo así que ahora lo hacía sentirse tan atraído a quedarse contemplando a Sherlock más tiempo de lo debido? Lo pensó un poco mientras salía de la ducha y se cepillaba los dientes mirándose frente al espejo. Podría ser extraño en un comienzo, pues Sherlock era su mejor amigo desde hace años. Pero ambos ya eran hombres adultos y habían pasado muchas situaciones juntos. Además, si Sherlock estaba al tanto de sus preferencias, no veía el problema si se dedicaba a mirarlo un poco más de la cuenta. Si su amigo se molestaba o se daba cuenta, echaría pie atrás y no insistiría. Debía enfocarse en la carrera, sí, entrenar y todo eso. Pero si podía aprovechar un poco el maravilloso paisaje latino que se le ofrecía ahora, lo tomaría, sobre todo si Sherlock estaba ahí con él. Salió animado del baño, Sherlock estaba leyendo un libro John Katzenbach sentado encima de su cama, e ignoró a John hasta que comenzó a mirarlo por encima de su lectura mientras el rubio se ponía el improvisado pijama que consistía solo en unos shorts y una camiseta blanca.
-¿Todo en orden? -preguntó.
-Sí, solo voy a dar las buenas noches por Twitter…
-¿Dirás que estamos compartiendo habitación? –Sherlock seguía enfrascado en su lectura, o fingiéndolo al menos.
John le miró con el móvil sujetado firmemente en las manos. Le sonrió.
-Eso sonaría algo extraño…
-De todos modos, la gente lo da por hecho. –concluyó él aún sin mirarlo. Se sentía un poco azorado con la plática.
- Nunca te lo he preguntado pero, ¿Te molesta que la gente piense así de nosotros? … digo… ¿qué crean que somos…pareja? – Sherlock se irguió ante la pregunta de John y le miró de reojo. Jamás le había importado mucho la opinión del resto, pero que John se lo preguntara directamente después de tantos años, le parecía raro. Cerró el libro y lo dejó en su regazo.
-El público y las marcas que te auspician no están al tanto de tu condición sexual John, desconozco el impacto que podría tener algo así, mientras que por mi parte como solo me ven contigo, nadie considera importante mi vida privada mientras siga ganando competencias. Además, nunca me ha interesado mucho la percepción que los otros tengan de mí…
-¿Entonces no te importa? –interrumpió John.
Sherlock volvió a mirar a John. Claro que no le importaba si podía estar junto a él, y aunque fuera solo una idea o una suposición, faltarían años y mucho trabajo de por medio de ambos para estar realmente en ese escenario. Esas ideas que había dejado tan en el fondo de su mente, de pronto resurgieron. Sherlock no respondió, solo le dio una tímida sonrisa y dio por finalizada la conversación al retomar su lectura y John volvió a su teléfono aún algo dubitativo mirando de cuando en cuando a su compañero.
Casi a las 2am, Sherlock despertó para ir al baño y a por un poco de agua. Volvió luego de darse un par de vueltas por la sala, y vio a John dormido de cara a él en la otra cama. Los cabellos rubios revueltos y la boca media abierta. Sherlock se recostó y tomó su teléfono, para volver a ver las redes sociales de su amigo.
/JohnWatsonUK "Buenas noches a todos, mañana seguiremos entrenando!" adjuntado a una selfie de John donde se alcanzaba a ver a Sherlock detrás de él, leyendo. Los cientos de comentarios deseándole suerte y que durmiera bien eran pocos, comparados con los tuits que señalaban que esta era la segunda foto que John subía con Sherlock en un ambiente más bien íntimo que meramente deportivo. Sherlock revisó la otra imagen de John y sonrió. Algo parecía decirle que este era el momento, y que John estaba queriendo quemarse un poco con el fuego que Sherlock guardaba desde hace algún tiempo por su compañero. No sabía como dar el siguiente paso, pero John ya había dado el primero; compartiendo y mostrando a otros que tenía estos espacios de intimidad con él, como si fuera algo natural. Quizás Sherlock intentaría apostar por entrenar la coquetería durante los próximos días, a ver si salía algo.
Sí, definitivamente estos serían sus juegos.
espero poder actualizar mañana jueves! Abrazos!
