DIOOOOOOS SIENTO LA DEMORA! han sido varias semanas, y lo siento de veras, la universidad me tenía de las mechas y no podía avanzar mucho en nada :( pero ahora soy libre! (y tengo dos días para terminar este reto D:) así que bien, aquí vamos. Agradeco vuestros reviews, y espero de aquí a mañana tener listo el final :3
gracias, y una vez más, lo siento.
3. El Entrenamiento.
Los siguientes días pasaron rápidos para Sherlock y John. Se levantaban temprano, entrenaban por las mañanas y en las tardes corrían otros cuantos kilómetros en las calles de Río, reconociendo el terreno en el cual se realizaría la competencia; identificando las calles con pendiente más pronunciada donde seguramente deberían hacer un mayor esfuerzo para mantener sus ritmos. Sherlock estaba corriendo a una velocidad menor de 2 minutos y 20 segundos por kilómetro, y John estaba cercano a esa marca, con 2 minutos 30 segundos por kilómetro. John seguía publicando de vez en cuando fotografías de los entrenamientos, del grupo que los acompañaba no solo a ellos, sino también al resto de los competidores. Pero siempre con Sherlock en las fotos, lo que hizo que con el pasar de los días, la prensa volviera nuevamente sus ojos a la relación de ambos maratonistas. Relación que de todas formas, era solo un tema más en medio de todas las otras cosas que sucedían fuera de las competencias; deportistas enrollados con gente de otros países, nadadores que tenían sexo en los camarines, o atletas como el famoso jamaicano aquel que se había ido de fiesta hace algunos días. Lo de Sherlock y John era solo una especulación más.
Esa tarde de sábado se habían juntado todos a celebrar, faltaba tan solo una semana para que finalizaran los juegos, y la comisión de Inglaterra se había reunido en el gran salón del hotel donde alojaban para hacer un pequeño festejo por las medallas obtenidas durante los días que habían pasado. John aprovechó de conversar con varios de sus compañeros de otras disciplinas, procuró no beber alcohol como hacían los otros deportistas que ya habían finalizado sus pruebas, y conversó largo rato con Molly Hooper; gimnasta que luego de años de esfuerzo, había obtenido por fin su primera medalla olímpica en barras paralelas. Sherlock estaba en un rincón, evitando perder la cordura ante Lestrade que le recordaba que el lunes comenzaba su dieta especial y que debía comenzar a regular los entrenamientos a fin de llegar en óptimas condiciones al domingo siguiente. Irritado, Sherlock se apartó de él, argumentando que quería hablar con Molly. Cuando llegó junto a John, saludó a la pequeña gimnasta con un torpe abrazo que a ella la dejó algo embobada y su amigo de inmediato aprovechó la situación y tomó una selfie de los tres, donde Sherlock salió mirando a cualquier lado. La subió a su instagram y volvió a guardar su teléfono en su chaqueta deportiva. La fiesta terminó pronto, pues el domingo sería un día cargado de actividades que comenzaban temprano y varias finales para gran parte de los deportistas británicos.
Sherlock y John subieron junto a Lestrade hasta el piso donde se hallaba el cuarto que compartían juntos, el entrenador dormía en la habitación contigua a la de sus pupilos. Se dieron las buenas noches y entraron a su cuarto de hotel. John fue al baño, mientras Sherlock tomaba su laptop y revisaba desde ahí las redes sociales del rubio, como era su costumbre. Desde la conversación que habían tenido hace un par de semanas, Sherlock y John se miraban un poco más, y John solía lanzarle indirectas a su amigo, como si de un juego se tratase. Sherlock había sabido responder, y parecían solo bromas en medio de los entrenamientos. Revisó algunas noticias en internet y vio que hace un par de días una pareja de lesbianas se había comprometido luego de la final de rugby femenino de los JJOO. Todos parecían aprobar el hecho y celebraban el amor de ambas mujeres. Sherlock cerró rápidamente la tapa del laptop y se quedó sentado en la cama sin hacer nada, en tanto que John volvía del baño y se comenzaba a desvestir para acostarse. La mente de Sherlock de pronto había hecho una especie de cortocircuito, pensando si debía preguntar o no lo que tenía en mente, hasta que finalmente habló sin filtro alguno, como solía hacerlo siempre.
-¿John, que significan todos estos… gestos que has tenido durante estas semanas aquí conmigo?
John se quitó la camiseta y se quedó ahí estático, mirando a Sherlock sin pestañear. Finalmente había sido descubierto en su intento de llamar la atención de su amigo. Se sintió expuesto, y no solo por estar sin camiseta, sino porque también estaba a punto de entrar en una conversación que no esperaba que se diera hasta mucho tiempo más.
-Em… ¿Qué gestos, Sherlock? –su amigo puso los ojos en blanco- no creo que debamos hablar de esto a una semana de la carrera, tenemos que estar bien en todo sentido de la palabra y …
-¿Lo que me vas a decir debería molestarme o destruirme, algo por el estilo? – Sherlock parecía tan indiferente, y John recordó lo apático que era a veces su amigo. No consideraba mucho las emociones de quienes le rodeaban, simplemente actuaba como le parecía mejor. – No me va a causar nada, John. Lo sabes…
-¿Te incomoda que me haya estado portando más…cercano contigo estos días? –preguntó con cautela el rubio.
-No. –se apresuró en contestar su amigo- pero no sé que pretendes, te conozco y… soy tu amigo, no quiero… -Sherlock guardó silencio, meditando lo que iba a decir, pero prefirió dar pie atrás- no quiero que mañana sea un día malo, es una semana importante. –desvió el tema. John se colocó su sudadera a modo de pijama y se metió en la cama, asintiendo en silencio. Tampoco sabía como adentrarse en ese terreno nuevo que acababa de abrirse ante esa conversación.
Luego de un par de minutos, Sherlock apagó la luz del cuarto y se acostó en su cama dándole la espalda a John. A ambos les tomó horas poder conciliar el sueño. Se habían asomado en un terreno inexplorado para los dos, y ninguno estaba demasiado dispuesto a ir más allá. En medio de la noche, John se volteó y miró la silueta de Sherlock en la oscuridad, su cuerpo se alzaba lentamente en cada inspiración y se podían apreciar sus rizos contra la escasa luz que entraba por la ventana de la habitación.
-Es extraño sentirme atraído por ti, cuando nos conocemos de niños. Eres mi mejor amigo, y no perdería esto por nada del mundo. –susurró John. Suspiró y le dio la espalda a su amigo.
-Deberías correr el riesgo –le contestó Sherlock casi en un ronroneo.
El corazón de John se paralizó por un momento. No pudo dormir el resto de la noche.
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Última semana de entrenamientos, el tiempo corría tan o más rápido que los maratonistas. John y Sherlock estaban disminuyendo la intensidad de sus entrenamientos a fin de evitar lesiones el domingo, sometiéndose además a extensas sesiones de elongación en el gimnasio. Se miraban más seguido entre los dos, y Lestrade prefería dejarlos solos, pues se sentía realmente incómodo ante las miradas demasiado evidentes que a veces se daban. Casi se podía palpar el sentimiento de "algo" entre ambos. La semana pasó en un abrir y cerrar de ojos, ya era sábado por la tarde nuevamente, Lestrade se había retirado para poder conciliar el sueño lo antes posible, no se podía los nervios y tiraba constantemente de su cabello corto y gris, repasando una y otra vez la alimentación, hidratación y entrenamiento "suave" de sus dos maratonistas (que había consistido en correr tan solo 5 kilómetros los últimos dos días y nada durante el sábado). Sherlock estaba elongando sus brazos, mientras John (que se había peinado su cabello rubio a un lado con agua) hacía lo mismo a una distancia prudente de él. Estaban solos en la sala de ejercicios, entonces Sherlock, armándose de valor, tomó la iniciativa y se acercó a John. Quizás debían aclarar algunas cosas.
-John, antes de mañana quisiera decirte que… -el rubio se quedó quieto, sin expresión alguna- sé que no tiene mucha lógica decirte esto, pero… ¿podemos arreglar esto ahora? Llevamos casi tres semanas jugando a las miraditas, estoy un poco harto la verdad.
John tragó saliva.
-Siento haberte incomodado, Sherlock…sabes que yo…
Sherlock tomó el brazo de John y lo estiró hacia la espalda del rubio, acercándose a su rostro.
-No he dicho que me haga sentir incómodo que me mires distinto…
-¿Qu… qué haces?
-Te ayudo a elongar tus brazos, he notado que cuando pasas del kilómetro veinte el brazo izquierdo te molesta para mantener el ritmo… déjame ayudarte para que mañana no tengas ese incómodo problema – Sherlock le habló a John muy cerca de la boca, lo que hizo que al rubio se le erizara el vello de la nuca. Respiró hondo, algo nervioso y dejó que Sherlock comenzara a tomar su brazo izquierdo primeramente (que si era cierto que le molestaba a la altura del hombro después de una hora corriendo y moviendo los brazos) llevándolo hacia atrás y luego apoyando sus manos en sus hombros, haciéndole flexionar el codo. Sherlock y John se habían ayudado muchas veces en hacer ejercicios durante toda su infancia y juventud, así que al rato, John estaba tranquilo, con los brazos lánguidos siguiendo las instrucciones de Sherlock, quien luego tomó su otro brazo y repitió la acción. Pero entonces Sherlock apoyó sus labios en el cuello de John, y este sorprendido, se alejó. Sherlock se sintió algo descolocado. Habían estado jugando al coqueteo durante casi tres semanas, y ahora que Sherlock decidía tomar la iniciativa, John se había alejado rápidamente.
-¿invadí tu espacio personal? –murmuró
-No, es que Sherlock, es… no lo sé. ¿rápido? No… ¿Hablemos de esto en casa? digo… Londres, no es tiempo para hacer este tipo de cosas aquí… ahora
- ¿Por qué? Tú comenzaste esto, ¿Por qué das pie atrás así y prefieres esperar?
- Que conste que yo he sido el único, tú también has jugado a "miraditas e indirectas conmigo" ¿Qué pretendes, Sherlock, en serio? Sueles ser muy poco expresivo, pero diablos, que tu mejor amigo te ponga la boca en el cuello, es motivo de conversar algunas cosas, ¿no crees?
Sherlock suspiró.
-Quiero que si llegamos a tener algo sea algo serio, real. No ser simplemente ser otra de tus conquistas o de los hombres con los que te enrollas en secreto para evitar el escarnio público…
John pestañeó un par de veces ante esa última declaración.
-Creo que debemos aclarar algunas cosas que yo no estoy entendiendo, Sherlock, yo…
-Y no entenderemos ahora, John. Es hora de dormir, van a ser las siete, mañana a las cinco tenemos que estar en pie. Vámonos.
Sherlock de pronto se había vuelto tosco y algo tenso en la repentina incomodidad que lo invadía. Había salido rápidamente del gimnasio y John tardó intentando calmarse y ordenar sus cosas, para luego correr detrás de él sin poder alcanzarlo. Cuando llegó al cuarto de hotel de ambos, lo encontró ya acostado. Era evidente que no diría nada más. El rubio fue a cepillarse los dientes, aún extrañado y sintiendo que la cabeza le pesaba con tantos pensamientos inconexos. Al salir del baño, simplemente se acostó y rápidamente se durmió, confundido por la reacción de Sherlock, y por otro lado, ansioso por la carrera de mañana.
El sol aún no había salido y Lestrade ya había entrado al cuarto de sus maratonistas para despertarlos. Sherlock y John se levantaron animados, comieron un desayuno rico en frutas, cereales y agua, y se vistieron rápidamente. Sherlock llevaba una polera técnica color azul, con la unión Jack en ambas mangas y muy ceñida al cuerpo, con unas calzas igualmente azules a la altura del muslo, diseñadas para evitar roces y molestias, además de las zapatillas que la federación olímpica les había provisto. John por su parte, vestía ropa más holgada, igualmente de color azul, peor que se le hacía más cómoda. Llegaron casi a las siete de la mañana al Sambódromo, lugar de salida y meta de la maratón y donde ya había bastante público y prensa esperando por la competencia que se iniciaría a las 9am. John tomó una fotografía a sus pies y a los de Sherlock para Twitter, y dejó su teléfono guardado con el resto de las pertenencias que había llevado. Eran 45 maratonistas de diversos países y el favorito para llevarse el primer lugar era un keniata. Aún así, Sherlock y John se sentían preparados para poder situarse en cualquiera de los tres lugares del podio. Aunque claro, Sherlock estaba más bien mentalizado para ocupar solamente un lugar: el primero.
Estiramientos, saltos varios a modo de calentamiento, un par de cremas en las pantorillas para evitar contracciones musculares por el camino y en el caso de John, parches analgésicos debajo de la camiseta sobre su hombro izquierdo, a fin de evitar el dolor que solía tener, además de bloqueador solar y gafas de sol, pues la mañana presagiaba ser calurosa. Sherlock se quitó las zapatillas para cubrirse las pantorrillas con un par de medias compresoras, las cuales facilitaban la recuperación muscular una vez terminada la carrera.
-¿En serio vas a privar al público de tus pantorrillas corriendo bajo el sol? –broméo John mientras se aplicaba un poco más de anti inflamatorios en su pierna derecha. Sherlock soltó una risita ronca.
-¿Qué significa esa risa?
-No le digas a Lestrade, pero tengo pensado superar al keniata. Pierde un poco de resistencia los últimos tres kilómetros por lo que he podido observar, puedo superar eso y ser más rápido. –dijo con determinación.
John se asustó.
-¿Estás dopado? –murmuró preocupado. Sherlock negó con la cabeza, y tomó el brazo de John, igual que la noche anterior, ayudándole a elongar. Los otros deportistas y entrenadores pasaban por su lado sin darles mucha atención, y algunos medios tomaban fotografías a lo lejos de ambos, desde las galerías del recinto. El sol ya había salido, y no había una sola nube en el cielo.
- Simplemente confío en mis capacidades, John.
-Lestrade te va a matar por sobre-exigirte.
-No me voy a sobre-exigir. Solamente daré lo mejor de mí, como siempre nos aconseja él –tiró del brazo de John hacia atrás, ganándose un quejido de su amigo.
-Suerte con eso. –masculló el rubio.
- Hagamos algo, si llego primero ¿podemos resolver nuestro asuntito antes de volver a Londres?
John guardó silencio mientras Sherlock terminaba de ayudarlo a elongar.
-Bien, hablaremos antes de llegar a Londres.
Sherlock le guiñó un ojo. Justo en ese momento, Lestrade los llamó para tomarse un par de fotografías para la prensa antes de ir a encajonarse. Quedaba entonces, tan solo una hora para el inicio de la maratón. Cuando pasaron las fotografías, se dieron la mano con otros maratonistas y caminaban a la pista bajo los flashes y cámaras de televisión, John le palmeó el hombro a Sherlock.
-Confío en ti. Lo vas a lograr, Sherlock.
-Lo sé.
Se posicionaron cerca de la línea de partida, y esperaron mientras los ojos del mundo se posaban sobre ellos.
