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~Forbidden Valkyria~
La peor parte de su trabajo es llegar tarde a casa. Hoy no fue una excepción. Apuró el paso. Es uno de esos días en los que prefiere estar sentado en el sofá, mirando una estúpida y desabrida película de acción, con un final predecible, que observar a jóvenes en plena etapa de pubertad alardeando la cantidad de chicas con las que se han acostado, o anhelan hacerlo. Realmente necesita unas vacaciones. Está a punto de perder la carente paciencia que jamás tuvo, y para honestos, odia la rutina. Sin embargo, no todo es malo y patéticamente aburrido en su vida.
Cuando camina a casa, piensa en ella. En lo bien que se ve con su camisa color negra luego de quitársela para hacer el amor. Con sus largas y suaves piernas, abrazándolo, dormida en su pecho, pequeña, extasiada. Esa boca, cursi, ¿no?
¿Quién lo creería? Un tipo serio, frígido e intolerante al afecto, apático, desviando la cabeza hacia pensamientos perversos que le hacen erizar la piel, y claro, dejarlo con las ganas de hacerla suya en cada oportunidad que tenga.
Abre la puerta del departamento que comparte con su compañera. Las luces están apagadas, seguramente tardará un rato en venir a casa, enciende una lámpara. Por lo general, está ocupada en esa tediosa oficina, arreglando las cagadas que su melodramático jefe comete. Deja el bolso en la mesa ratona. Libros y cuadernos que necesita para el trabajo están allí, apilados y a la vez, desordenados. En conclusión, es un completo desastre.
Suspiró con pesadez. Supone que tiene que aguardar otra noche más, es por eso que se tiró totalmente desganado y cansado en el sofá, estúpidamente cómodo.
Intenta, en vano, descansar sus ojos, puesto que oye susurros en la habitación. Subió las escaleras pensando que estaba allí, quizás, saliendo de la ducha y por eso no lo había escuchado entrar. Abrió la puerta.
- ¡Mierda, Mukuro! ¿Qué haces?- gritó completamente asombrado y con los ojos abiertos de par en par.
La mujer abrazaba una maleta, compungida, mientras sollozaba.
- ¿Qué crees? No puedo seguir con esta mentira, Hiei. No puedo fingir ser la novia perfecta cuando no lo soy-
- ¿De qué hablas?- se sentó a su lado, en la cama, apoyando una mano en su hombro, ella se la quitó rápidamente.
- Me voy. Lo lamento - acarició su mejilla, quizás, sería la última vez que lo haría.
Un minuto de silencio para procesar la situación. El pelinegro retomó, tragando fuerte y esperando que a pesar de que la respuesta fuera la cruda realidad, sea la más honesta.
- ¿Quién?-
- Mi jefe -
Hiei se limitó a asentir con el cabeza, abatido. Quería que todo lo que estaba viendo fuese producto del cansancio y estrés del trabajo. Esa respuesta realmente le había roto el alma en mil pedazos. No podía dejar de recordar las ocasiones en las llegaba tarde, y él, debía soportar todas sus protestas gracias a ese desagradable tipo.
Ideaba en su cabeza escenas de su, ahora, ex prometida, gimiendo y saboreando el sexo de otro hombre que no fuese él. Increíble la serenidad con la que estaba manejando todo esto. Quería romperle la cara a ese patético ser con sus propios puños, estaba con furia, desbordante furia.
- Hiei, yo...-
Intentó abrazarlo y que las cosas se calmaran, sin embargo, se puso de pie bruscamente y cogió una foto de la mesa de noche. Mukuro estaba besando su mejilla, felices.
- Toma...llévatela junto con todo lo que es tuyo. No quiero volver a ver tu latosa presencia en esta casa, ni siquiera a un kilómetro de ella-
La pelirroja hizo amague de esbozar una palabra, pero ciertamente las circunstancias no lo ameritan. Era mejor cerrar la boca e irse cabizbaja. Tomó la fotografía y se marchó, no sin antes mirarlo por última vez a los ojos. Él la ignoró. Los errores que uno comete pueden hacerte odiar o amar a una persona, y en este caso, Hiei comenzaba a aborrecer a una mujer, que en su momento, creyó que podía convertirse en su futura esposa. Hoy es merecedora de ser olvidada. Dejar todos esos recuerdos en un cajón, bajo mil candados, tirar las llaves al fondo del mar, y rehacer su vida. Es hora.
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Afuera no se podía oír ni una sola alma. Son las cinco de la mañana y todavía no amanece. Los faros de la calle encendidos y algún que otro auto desvelado que pasa haciendo un poco de bulla. Hiei seguía sin dormir, de hecho, no pudo hacerlo desde que Mukuro se fue hace unas pocas horas, y por más que lo intentaba no podía sacársela de la cabeza.
Quiso ordenar los pensamientos, comenzando por poner en una caja las pertenencias de la mujer. Indudablemente no vendría por ellas y quemarlas no era una opción viable ya que no se encontraba en sus cabales y probablemente prendería fuego el departamento.
Tomó su teléfono, dudoso. La única persona que podría estar despierta a estas horas y lúcida es su amigo Kurama. Un bar tender de Tokio, pelirrojo y atento. Ambos fueron juntos a la preparatoria, y desde entonces, se convirtieron en grandes amigos. Es uno de los pocos que entiende su mal carácter y su extraño humor.
- ¡Hiei! ¿Eres tú?- la voz del muchacho se oía alegre.
- Si...- contestó sin muchas ganas- Kurama...no sé cómo empezar...- rió amargamente.
- ¿Qué pasa? ¿Sucedió algo malo?-
- Algo así. No es momento para hablar de eso, sólo quiero irme de aquí-
- No te preocupes. No hace falta ni que llamaras. Puedes venir cuando quieras-
- Alistaré algunas cosas-
La confianza que le tiene a ese hombre, que con tan solo unas pocas palabras, hacía falta para que Kurama supiera, que el momento por el que está atravesando Hiei, es pésimo.
"¿Qué se siente cuando la persona que amas rompe tu corazón en mil pedazos? Me destrozas por dentro. Sacas mi alma, la lastimas, la apuñalas y luego pretendes que no sucedió absolutamente nada. Para añadir sufrimiento, me pides perdón y te marchas"
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Los días pasaron, él quiso procesar un poco la situación antes de largarse de ese maldito apartamento insufrible. Encendió el auto, un bonito y oscuro A4. Había armado unas maletas ligeras para largarse de ese triste departamento. Kurama le ofreció su casa, pero él se negó. Necesitaba su espacio y estar tranquilo, aún cuando el "zorro", como le gustaba llamarlo, casi no se hallara en el lugar. Acordaron que le ayudaría a encontrar un apartamento en Tokio donde se sintiera cómodo y en paz.
El viaje era largo, pero la tranquilidad de ir escuchando música y contemplar el paisaje no se la entregaba nada más. Encendió la radio mientras conducía.
"When you feel so tired, but you can't sleep. Stuck in reverse. And the tears come streaming down your face. When you lose something you can't replace. When you love someone, but it goes to waste. Could it be worse?..."
- ¿Qué es esto?- se preguntó indignado y cambió la emisora.
"You see her when you close your eyes. Maybe one day you'll understand why. Everything you touch surely dies. But you only need the light when it's burning low. Only miss the sun when it starts to snow. Only know you love her when you let her go..."
- ¡No!- volvió a buscar.
"Hey there, Delilah. Don't you worry about the distance. I'm right there if you get lonely. Give this song another listen. Close your eyes. Listen to my voice, it's my disguise. I'm by your side. Oh, it's what you do to me. Oh, it's what you do to me..."
- Carajo...-
"And I wanna be there when you're. Coming down. And I wanna be there when you hit the ground. So don't go away. Say what you say. Say that you'll stay. Forever and a day, in the time of my life. Cos I need more time, yes I need more time. Just to make things right..."
- ¡Basura!-
"See the market place in old Algiers. Send me photographs and souveniers. Just remember when a dream appears. You belong to me. And I'm always so alone without you. Maybe you'll be lonesome, too?..."
- ¡Demonios! ¿Qué no hay nada bueno para escuchar?- ya exasperado, cambió otra vez de emisora.
"Wins a broken heart. One that broke apart. Shattered from the start. Are you there?Do you read me? Are you there? I don't feel you anymore..."
- Maldita porquería...- espetó molesto, absolutamente todas las canciones le traían recuerdos absurdos de su ex novia.
"I was cryin' when i met you, now i'm tryin' to forget you. love it sweet misery. i was cryin' just to get you, now i'm dyin' 'cause i let you. Do what you do down on me..."
- Perra...No hay nada mejor que MI música. Estúpida radio...-
Tomó el mando de la situación y puso un CD de esos olvidados en la gaveta del carro. Una buena variedad de rock pesado y canciones para olvidar a una bruja malvada.
Golpeaba sus manos contra el volante al ritmo de la canción de rock.
"Say your prayers little one. Don't forget, my son to include everyone...Tuck you in, warm within, keep you free from sin. Till the sandman he comes...Sleep with one eye open, gripping your pillow tight. Exit light enter night. Take my hand off to never never land…"
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- Y ese fue todo el trágico suceso de mi apestosa vida- comentó con sarcasmo.
Hiei bebió un trago de algo que parecía ser bastante fuerte. Kurama se apoyó en la barra pensativo.
- No seas así contigo, Hiei. Fue una maldita desgraciada, lo reconozco. Pero no tienes por qué sentir que tu mundo se ha ido a un acantilado-
- Deja de compadecerte de mí, zorro- bebió más, estaba ebrio- No necesito tu lástima-
- No siento lástima por ti. Y ya deja de beber, estás ebrio-
- No...estoy...hip...ebrio...hip...-
Kurama le quitó la bebida de sus manos-
- ¡Dame eso, Kurama!-
- Deja de comportarte como un alcohólico. Mañana tienes una entrevista y no quiero que te aparezcas oliendo a vodka- el pelirrojo ríe- Te llevaré a casa-
- ¿Puedo quedarme con la botella?...hip- inquirió con presunta inocencia.
- Ni lo pienses...- sentenció- "No te reconozco..."- suspiró con pesadez, se sentía extraño verlo de esa forma, tan decaído por una mujer.
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Caminaban por un pasillo repleto de casilleros. El calvo y ameno tipo a su lado le explicaba la situación.
- El profesor Jakimioto contrajo una terrible enfermedad, no me explicó detalladamente de qué se trata ni por cuánto tiempo, pero no puede estar en contacto con las personas, ya sabe...contagios y esas cosas- Hiei asintió.
- Necesito el trabajo, si es un mes o dos para mí está bien- su seriedad es una de las características más destacadas en él.
- ¡Perfecto!-
- Por cierto ¿cómo es el comportamiento en esta institución?-
- No se preocupe por eso. Nuestros estudiantes pueden ser engorrosos, pero no tendrá problema alguno. De ser así, me avisa inmediatamente- el sujeto le daba un toque de certidumbre a Hiei.
- Trabajé con alumnos desobedientes, así que supongo que tengo un poco de experiencia domesticando animales- el director ríe con ganas apoyando una mano en el hombro del pelinegro, éste lo acompaña incómodo por la estrepitosa risa.
- Comienza a caerme bien, señor Jaganshi. ¿Cuándo podría empezar?-
Hiei se pierde en una de las jóvenes que pasa al lado suyo, cargaba una mochila y el típico uniforme azul con falda tableada, corta. Hacen contacto visual por un segundo, luego desvía la mirada para contestarle al director. La peli castaña le guiñó un ojo y siguió su camino sonriendo juguetonamente.
- Ah...eh...Mañana mismo-
- Excelente, excelente- el director observó que Hiei se quedó mirando a la jovencita- No le preste atención, es un caso aparte...especial-
- Oh...entiendo...-
- Acompáñeme a la oficina...-
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Kurama le sirve una bebida fresca al pelinegro. El bar está con los clientes habituales, así que se pueden hablar con tranquilidad.
- ¿Cómo te fue? ¿Ya tienes el empleo?-
- ¡Saluda al monótono y tedioso profesor de siempre! Me enviaste a un colegio de niñitos humildes- dijo con ironía, Kurama se echa a reír, conocía su hosco carácter- ¿Qué es tan gracioso, zorro?-
- A pesar de todo sigues siendo un gruñón, Hiei. En eso nunca cambiarás-
- Lo cómico no te favorece, payaso- afiló su mirada.
- ¿Más?- ofrece llenar su copa.
- Deja la botella, se considerado, mañana es mi primer día-
- ¿Vas a convertirte en un alcohólico?-
- Probablemente-
- ¿Quieres ahogar tus penas en alcohol?-
- Quizás-
- ¿Vas a volverte un loco desquiciado?-
- Ya lo soy-
- Pórtate bien, demente-
- Nunca-
- No hagas locuras-
- Zorro astuto- se pone de pie.
- ¿A dónde vas? Paga esa bebida-
- Aún no me pagan. ¡La casa invita!- saluda a lo lejos casi saliendo del lugar, Kurama negó divertido con la cabeza, al menos no perdió su socarronería.
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Se vistió conforme a lo que le habían pedido. Claro que no era ningún instituto ordinario, puesto que la mayoría de alumnos de éste, son considerados millonarios. Algunos, hijos de empresarios exitosos, otros, propietarios de grandes fortunas, además de niños con padres dedicados a la política o con cargos importantes en el gobierno.
- Oh, bonito uniforme. Quiero carbonizarlo, maldita sea- conducía su auto hacia el instituto- Otra vez la estúpida rutina. ¡Cómo te odio!-
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- ¡Hola, Vally!-
- ¿Vally, cómo estás?-
- Vally ¿qué onda?-
- ¡Vally! ¿Qué tal tu examen de matemática?-
Si, al parecer nadie me llama por mi nombre, Valkyria. No sé cómo ni cuándo fue que me convertí en la chica más popular del instituto. Soy todo un mito aquí. Algunos dicen que mi fama se debe a cada uno de los chicos guapos que intentan ligar conmigo. Otros, hablan sobre mi físico agraciado, mi personalidad extrovertida, agradable, angelical y a veces, la más perra de todas. Los demás, siempre lo mismo, "excelentes calificaciones", "viene de una buena familia", "tiene poderes sobrenaturales o una vagina dentada", bla, bla, bla. Patéticas fabulaciones acerca de mi nivel social.
¿Ven ese chico corpulento en los casilleros? ¡Tonto James! Cada vez que hablamos intenta tener algún tipo de acercamiento más íntimo conmigo. No lo entienden, son todos unos imbéciles. Tus músculos no me llaman la atención, tu bronceado me parece fraudulento y tu obsesión conmigo me resulta fastidiosa. Tus halagos me producen urticaria. Por favor, quítate de mi vista.
- ¡Pero miren a quién tenemos aquí!-
- ¿Cómo has estado, James?-
¿Pensaron que iba a ignorarlo? No, allí está la raíz de la cuestión. No importa cuántas veces desvíe mi mirada hacia cualquier parte, él siempre va a hablarme, así eso signifique una molestia para mí.
- Vally, te he buscado por todas partes-
Ella es Botan, mi mejor y prácticamente mi única amiga verdadera. Si, rescato verdadera. Ella, significa contarle secretos a una tumba, sellada herméticamente por dentro y por fuera con un blindaje nivel leyenda. No consigo sobrevivir en esta etapa de "adoremos a nuestra deidad Valkyria" sin ella. Sé que suena superficial, frívolo, y pensarán que tengo en ego en las nubes, pero ¿a quién no le gustaría sacar su lado más salvaje sólo una vez en la vida? Es decir, el mundo te desea y puedes tener a quien quieras en tus pies sólo ¿por qué? ¿Por llevar un par de senos prominentes, una minifalda tableada y una diminuta tanga de encaje? ¡Vamos!
- Lo siento, estaba buscando unos libros en mi casillero-
A pesar de que sostienen que me como al universo y cualquier bicho volador que pase enfrente de mí, también devoro libros. Tengo magníficas calificaciones, sólo por no decir "las mejores". Si, puede ser que me guste mucho estudiar. No obstante, tengo padres pretenciosos, quieren que tenga el futuro asegurado. Que me involucre en algo relacionado con la contabilidad, la medicina o que me case con algún anciano multimillonario a punto del paro cardíaco. Aún no me decido, pero el vejestorio me excita.
No tengo sueños ni metas, vivo el día a día y eso si tengo suerte. Si, se que están pensando. ¿Clases de ballet, una profesora de francés por las tardes y el té a las cinco con galletas? Dieron en el blanco. Miss perfección.
Caminando hacia el salón, todos me saludan. Creen conocerme. Pequeños ilusos. Me siento junto con mi muchacha de cabello celeste.
- ¡Silencio, clase!-
¡Disculpe señor director! Es el tipo más raro que vi en toda mi vida. Debe lustrarse esa calva cien veces al día. Enamorado por años de la profesora de filosofía, nunca se animó a decirlo. Ambos harían una bonita pareja. Viviendo en la sombra de sus insípidos trabajos, bebiendo sus amargos cafés por las mañanas y usando esas gafas de la Segunda Guerra Mundial, creo que tienen conexión a la red. ¿Un roto para un descocido? Sí, eso mismo.
- Tengo que hacer un comunicado de última hora. Su profesor de matemáticas no podrá venir por un tiempo indefinido. No me ha dicho las razones pero es algo que debemos conversar-
¡Venga! El anciano que nos hace la vida imposible tiene las horas contadas, y yo que no pude despedirme de él diciéndole que sus anticuadas clases son inentendibles. Oh, genial, aún tiene mi último examen y esa nota será definitoria para la aprobación del semestre. ¡Maldito octogenario decrépito! Nos succionaba la juventud con cada ejercicio.
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La jovencita de ojos color chocolate y cabello castaño hasta la cintura, apoya su cabeza, desganada, en el pupitre. Cierra los ojos por unos minutos pensando.
- "Aquí va otro maldito profesor suplente astroso"-
Disgustada por cada reemplazo que le ha tocado ver, comienza a tararear una canción en un momento tan inoportuno, como si fuera una desequilibrada mental. Pero sin importar lo que opinen los demás, rodó sus ojos malhumorada, realmente no estaba escuchando a su director.
- Quiero presentarles al profesor suplente. El señor Hiei Jaganshi-
El sujeto de ojos rubíes asintió, saludando, con la cabeza, con su incomparable sequedad. El uniforme le quedaba a la perfección, es más, el color azul resaltaba sus fornidos y bien trabajados brazos, y esa corbata, meticulosamente bien hecha, era un punto a su favor. Ni qué hablar de ese cabello puntiagudo desafiando la gravedad.
Valkyria al oír el nombre del susodicho, levantó su mirada esperando ver al individuo, que durante los próximos días, iba a ser el mártir de su vida.
- ¡Mierda!- espetó con asombro.
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Canciones:
Fix You- Coldplay
Let Her Go- Passenger
Hey There Delilah- Plain White T´s
Don´t Go Away- Oasis
You Belong To Me- Jason Wade
Over and Out- Foo Fighters
Enter Sandman- Metallica
