Capítulo

4

Después de lo ocurrido en aquel bar, John me contó, habían encarcelado a mis cuatro verdugos, y despejado a todo "cliente" de ese antro de perdición. Pero en realidad no me importaba nada de aquello, sino los brazos protectores de John que siempre estuvieron rodeándome hasta cuando me llevaron a un hospital en una ambulancia.

Yo no había dicho una palabra, mi expresión estaba en blanco, pero al parecer tenía mala pinta porque tan pronto llegamos varios médicos me brindaron atención.

Escuché las palabras "Está en shock" y "quemaduras en el torso" y "abuso sexual" mientras estaba tendido en una camilla. Mas mi mente solo se ocupaba de apretar la mano de John. No quería que me dejase nunca más. Él, a un costado de la camilla, me miraba con esos ojos azules en una mescla de preocupación y cansancio.

Acarició mis rizos azabaches, y me sentí reconfortado. Cerré los ojos, deleitándome con la respiración de John y el latido de su corazón resonando en la misma habitación. A pesar de que no era el 221B, me sentía en casa. Él era mi hogar.

-Todo va estar bien, Sherl.- susurró en mi oído, delicadamente, y yo supe que no mentía.

A los pocos minutos ingresó una doctora de cabello rubio platinado, y cruzó un par de palabras inaudibles para mí, con John. Sin darme cuenta yo había estado derramando lágrimas todo ese tiempo y temblando como una hoja. La decisión fue sencilla. Me dieron varios sedantes y en la oscuridad azulada de esa noche lo último que vi fue el rostro de John, sus cabellos dorados, su expresión preocupada y no sé si estaría alucinando pero sentí un suave beso en mis labios.

Después de aquello caí en un sofocante sueño inducido.

A la mañana siguiente, cuando la luz entraba a raudales por la ventana de la habitación, fui recibido por la imagen de Mycroft y John conversando en el marco de la puerta. John tenía una expresión de culpa, miraba sus pies nerviosamente y Mycroft decía:

-Confié en que cuidaría de mi hermano, doctor Watson. No que lo orillaría a su destrucción-.

-¿Puedes…dejar de mortificar a John?- dije con tono estrangulado, las drogas aun embotaban mi cabeza.

John dio un salto, emocionado ante el repentino sonido de mi voz.

-Despertaste- dijo, sus ojos brillando, y por un instante no me molestó que recalcase lo obvio, pues fue corriendo hasta mí y me abrazó tan fuertemente que robó el aire de mis pulmones.

Mycroft nos observó durante un largo momento. Luego inclinó la cabeza en señal de despedida.

-Sherlock, estarás aquí hasta la tarde de mañana, espero que no vuelvas a meterte en líos, hermanito- miró hacia John. –Doctor- se despidió secamente, sin atreverse a confesar que le preocupaba mi estado.

Cuando se marchó, John apartó sus brazos de mí, respirando lentamente. Dirigió una breve mirada a la ventana, después regresando sus ojos a mí.

-Lo siento- se me ocurrió decir. Sabía que estaba molesto; quizá hasta me odiaba por lo ocurrido ayer.

-Bebiste, te drogaste y…- dijo secamente.

-De verdad no lo quería hacer. John, lo lamento. Lamento haber ido hasta allí pero cuando dijiste que no me amabas…- no sabía cómo expresarme- de verdad tenía una esperanza de que me amaras, y dolió el saber que tú eres solo mi amigo. Pero no te culpo. ¿Está bien? Acepto que te haya causado repudio mi actitud, y que ante tal asco hayas decidido olvidar esa noche que bebimos. Solo por favor no me odies. No me odies, John- mis ojos escocían.-Soy un maldito drogadicto pero tú me haces mejor persona. Me mudaré de Baker Street si así lo deseas, solo te pido, te ruego que no me veas como un fenómeno… no tú…-las lágrimas rodaron en mi rostro al mismo tiempo en que las palabras de Caroline, Tom, Sebastian y Víctor resonaban en mi cabeza.

Yo era un fenómeno. Y me odiaban. No quería sumar a John a ese extenso grupo de personas que me veían con repudio.

-Sherlock, cállate- pidió John en un tono bajo que descifré como exasperación.

-Ellos trataban de hacerme normal, lo entiendo, pero yo no puedo serlo. Trataré por ti, si es que no me hechas de Baker Street, de cambiar. No dejes de ser mi amigo, John. No me dejes- las palabras ya solo salían disparadas de mi boca, al mismo tiempo en que recogí mis piernas contra mi pecho, haciéndome un ovillo sentado en la camilla. –Ellos tenían razón al odiarme tanto. Soy un monstruo…

-¡Sherlock, basta!-gritó John tomándome abruptamente por los hombros. Sus ojos sobre los míos me hicieron cerrar la boca. -¿Sabes siquiera lo que te hicieron?-

Asentí torpemente.

-¿Habrías hecho eso con alguien antes?- inquirió, atisbé dudas en su expresión. Negué rotundamente- ¿Lo habrías hecho por tu voluntad?- negué otra vez.

Los labios de John temblaron así como todo mi cuerpo.

-Pero yo solía humillarlos en la universidad.

-Sherlock, nadie tiene el derecho de hacer con alguien lo que ellos te hicieron- acercó su rostro a mí. –Y tampoco de mentirte- entonces dejé de entender.

Alcé mis ojos hacia John. No podía deducir lo que trataba de decirme.

-Tengo muchas cosas que contarte, y no sé por dónde empezar- musitó respirando agitado.

-¿Te parece si empiezas por el principio?- susurré tratando de no sonar roto. Él rió amargamente, abrazándome. Después volvió a mirarme a los ojos.

-Te mentí.- declaró, -soy gay. Y te amo, Sherlock Holmes-, inclinó sus labios sobre los míos y me besó lentamente. Disfruté del sabor de su boca, y de su lengua acariciando la mía. No respondí, porque no tuve la fuerza para hacerlo, mas lo rodeé con mis brazos, deseando que ese beso nunca terminase.

Cuando se apartó, le hice un espacio en la camilla. John había pasado toda la noche velando mi sueño, así que no dudó en recostarse a mi lado, rodeándome con un brazo por la cintura. Empezó a hablar. Y yo escuché atentamente, sin poder creer que me haya escondido tantas cosas durante tanto tiempo.

Solía deducirlo muy bien. Pero nunca hubiera podido leer en él aquel amor perdido de su juventud, ni la verdadera razón por la cual se unió al ejército. Durante un instante estuve celoso de ese tal Caleb. John besaba mi cuello cada que me sentía tenso, así que pronto olvidé ese detalle.

En algún punto que desconozco John empezó a murmurar por lo bajito cuanto detestaba a Tom, Caroline, Sebastian y Víctor.

-Me lo merecía- dije entre dientes.

-Jamás…-dijo dándome un beso cálido-…vuelvas a…-me besó otra vez-…decir- mordió mis labios-…eso.-

Y aunque sentía mucho dolor en mi cuerpo, especialmente en mi zona baja los besos de John me hicieron olvidar todo lo ocurrido la noche anterior. Desconozco cuando me quedé dormido, pero cuando desperté sobresaltado soñando que aún estaba en esa habitación con mis cuatro verdugos, John me apretó contra su pecho besando mis sienes.

-Estoy aquí, tranquilo. Estoy contigo- susurró, tomando mis manos para mirar las marcas de las cuerdas en mis muñecas. Las besó con devoción, como si yo mereciese tal amor.

A las seis menos cuarto del día siguiente me dieron de alta. Las drogas y el alcohol habían abandonado en su mayoría mi sistema, y las heridas ocasionadas por las cuerdas, y por Tom y Seb dolían menos gracias a analgésicos fuertes.

Me negué a ocupar el auto enviado por Mycroft. John llamó a un taxi; pronto estuvimos en las calles de Londres, camino hacia nuestro hogar.

Estaba atardeciendo frente a nuestros ojos. La tarde anterior había sido horrorosa en comparación a ésta, en la cual durante un arranque de temor me pegué a John, buscando sus brazos. Observé las luces de Londres encenderse tras el cristal empañado del taxi, y el reflejo de John y mío, abrazados en el asiento trasero.

Llegamos al 221B donde John bajó tironeando de mi mano. Al atravesar la puerta hallamos un silencio un poco extraño. John me ordenó sin palabras ir tras él, y subió las escaleras con la valentía del soldado, preparado para cualquier cosa.

Menos para la escena que nos recibió. Fue sobrecogedora, y en la debilidad emocional que estaba experimentando sonreí.

En mi sofá estaba un solemne Mycroft, jugando con su sombrilla sin mirarme. En el centro de la sala había una mesa servida con distintas clases de bocadillos. La señora Hudson estaba sirviendo varias tazas de té con la ayuda de Molly. En el sofá de John se hallaba un nervioso Lestrade intimidado ante la mirada fría de Mycroft.

-Muchachito- dijo la señora Hudson apenas me vio, abrazándome- ¿dónde te metiste? Estábamos muy preocupados. En especial cuando John salió corriendo ayer- me regañó como una madre.

-¿Y a qué se debe todo esto?- preguntó John refiriéndose a aquella pequeña recepción.

-Tu hermano se encargó de llamarlos a todos- se quejó Lestrade mirando a Mycroft con cara de "no sabía que había otro Holmes" y un gesto de "¡Qué Dios nos ampare!" –Y esa noche estuve en la redada, por si no lo recuerdas.

-Creí que no era su división, Gregory- intervino mi hermano, haciendo que Lestrade se sobresaltara ante sus palabras.

-Ayer no te vi por allí- dije de improviso, un tanto temeroso de que todos allí sintieran asco o ira hacia mí por lo ocurrido en ese bar.

-Sherlock- dijo Molly poniéndose de pie junto a la chimenea, apretando entre sus manos una taza humeante de té- somos tus amigos. Sabemos lo que ocurrió ayer- todos asintieron, y la señora Hudson empezó a llorar. Me tensé, aterrorizado. John me abrazó por la cintura para darme fuerzas.- Y no nos importa, Sherlock. Estamos aquí para que sepas que somos tu familia, una muy extraña familia- sonrió- pero dispuestos a ayudarte si lo necesitas.

-¿No…no creen que soy un fenómeno?- pregunté extrañado.

La señora Hudson lloró aún más alto, abrazándome de lado. Molly sacudió la cabeza rotundamente. Lestrade rió, y Mycroft levantó una ceja.

-Bueno- dijo John hablando por todos-Molly se enamora de psicópatas. La señora Hudson era la esposa de un Cartel del narcotráfico. Lestrade tiene tantas idas y venidas en su matrimonio como ningún otro ser humano. Mycroft, bueno es el Gobierno Británico en persona. Y yo…- apretó mi mano, y armándose de valor al estar en público me regaló un casto beso en los labios-… estoy enamorado de un Sociópata altamente funcional y soy amante del peligro. Todos aquí somos unos fenómenos a nuestra manera, Sherlock-

Y con las palabras de John retumbando en mi cabeza pasé el resto de la noche. No quería reconocer en alta voz que realmente aquella era mi familia. Pero mientras la señora Hudson me obligaba a comer, Mycroft le hablaba a Lestrade sobre asuntos políticos que interesaban de sobremanera al D.I y Molly y John revoloteaban alrededor mío tratándome de hacer sentir mejor; supe por primera vez desde hace mucho tiempo que estaba en casa.

Llegó la noche. Molly se marchó primero cuando un sujeto extrañamente similar a mí, en físico, fue a recogerla. Mycroft se retiró junto con Lestrade, ofreciéndose a llevar al D.I a casa. La señora Hudson permaneció dormida durante unos minutos en el sofá, y al despertar se marchó despidiéndose de John y de mí como si fuésemos unos niños.

John tomó una ducha, mientras yo pasee mis dedos en el violín sin hacer que esas cuerdas emitieran un solo ruido. Luego tomé una ducha, escuchando los pasos de John en el segundo piso. Antes de salir pensé en cómo sería dormir solo, y lo temí. No quería volver a separarme de John.

Mientras me secaba y colocaba una de mis pijamas, pensé en como subir hasta su habitación y decirle en una forma no tan directa que quería dormir a su lado. No hube terminado de colocarme mi bata cuando un golpe quedo en la puerta del baño me arrancó de mis pensamientos.

-Sherlock- era John,-¿Ya terminaste?- preguntó.

-Mmj- respondió acercándome a la puerta y abriéndola. Encontré a John del otro lado, también en pijamas, cruzado de brazos, y mirándome con el ceño fruncido.

Tomó mi mano, en silencio, y tiró de mí colocándose en puntillas. Me robó un beso lento, de esos en que yo tardé en responder. La torpeza de mis labios fue aprendiendo de la delicadeza de los suyos, y sin darme cuenta recorrimos la corta distancia entre el baño y mi habitación.

Nos separamos cuando al sentarnos en un costado de la cama sentí una punzada horrible en mi parte baja y emití un gemid de dolor en medio del beso. John paró al instante, y me miró preocupado. Acarició mi torso sobre la camisa, y apretó sus manos en mi cintura.

-Te amo- dijo. –Odio a esos desgraciados- gruñó refiriéndose a quienes me habían tenido de rehén ayer. Levantó su mirada, y con una fogosidad repentina lo besé. Mi cuerpo ardía de deseo hacia él, y me sentía feliz de que ambos estuviésemos en juicio, amándonos sinceramente.

Los besos continuaron. Mis manos acariciaban a John, retirando con devoción su camisa, pantalón. Él me desvistió conteniendo la rabia al encontrar las quemaduras en mi piel, y ciertas marcas amoratadas de dedos tatuados en mis caderas. En lugar de consumirse por la ira, besó esos lugares haciéndome estremecer.

Cuando me dolían sus caricias o entraba en un estado de temor al recordar lo ocurrido con esos cuatro en el antro, John paraba; para besar mis ojos humedecidos.

Nuestros cuerpos revolvieron las sábanas, y nuestras respiraciones agitadas armonizaron la noche.

Rodé en el colchón, abriendo dificultosamente mis piernas para que John estuviese en el medio con sus caderas meciéndose sobre las mías. Estábamos en totalidad desnudos, y vi como John me contemplaba. Jadeé temblorosamente al sentir su dureza contra la mía y apreté mis manos en sus hombros conteniendo un quejido de dolor.

Me besó dulcemente.

-Sherlock- me llamó, caí en la cuenta de que hube cerrado los ojos-Sherlock ¿Estás seguro de que quieres hacer esto?- dijo.

Asentí, nervioso. John se me quedó mirando, no pude siquiera imaginar que le había turbado el tenerme en aquella situación, desnudo frente a él, en medio de las sábanas revueltas bajo la diáfana luz de la calle que ingresaba por la ventana. Creí durante un instante que dudaba en hacerlo conmigo porque jamás sería enteramente suyo, porque habían violentado de una manera repulsiva lo único bueno que quedaba en mí, y me habían convertido en algo vergonzoso.

-No será mi primera vez, pero te prometo que te amo- dije con un deje de culpa bajando la mirada.

-Sherlock, te amo. Y no importa lo que ellos te hayan hecho- respondió, sus labios sobre los míos y su mano viajando hasta mi erección. Subiendo y bajando en un compás que me hizo excitar dolorosamente.

-Te amo, John- declaré al sentir sus dedos en mi entrada, acariciando mi interior con paciencia y dulzura.-¡Ah, John!- gemí arqueando la espalda al sentir su dureza penetrarme los primeros centímetros.-¡John!- contuve el dolor, pero la punzada fue horrible.

Creí que el seguiría. Mi mente confundió a John con Tom, así que comencé a temblar descontroladamente. Para mi sorpresa John se detuvo, a acariciarme, a besar mi cuello, y continuar con los movimientos alrededor de mi erección.

Se movió un poco. Dolió, pero su hombría en mi interior rozó un punto que jamás antes había sentido, y lo rodeé con mis piernas. Gemí, extasiado, y John me sonrió. Continuó con movimientos suaves.

-¡Sherl!- gemía, y yo gemía su nombre marcando el ritmo de las embestidas con mis piernas alrededor de su cintura.

Cuando sentí un calor abrazador reunirse en mi abdomen bajo, y mi miembro vibrar en la mano de John, abrí los ojos desmesuradamente. Besé a John con desesperación, y él aumentó el ritmo de sus embestidas.

Ambos nos corrimos al mismo tiempo. John dejando una marca en mi cuello y yo gimiendo su nombre con deleite. Permanecimos abrazados durante largo tiempo, hasta cuando la erección de John se volvió flácida y abandonó mi interior.

Después nos colocamos uno junto al otro, frente a frente a solo observarnos. John entrelazó sus piernas con las mías, y su mano no dejó de acariciar mi cintura, cadera hasta ascender a mi rostro y mis rizos.

Le sonreí, sintiéndome completo con él a mi lado. Dormimos esa noche en los brazos del otro, aunque me desperté sobresaltado ante varias pesadillas que me acosaron. El cuerpo tibio y desnudo de John, acurrucándome me hizo calmar.

Antes de caer nuevamente rendidos, de pronto John dijo.

-Te prometo que una noche verás las estrellas y no sentirás el llanto atrapado en tu pecho. Te prometo que algún día dormirás sin temores-.

Lo que él no supo es que para mí esas estrellas eran sus ojos azules, y aquellos temores desaparecían cuando él me miraba.

En lugar de confesarle aquel pensamiento, me limité a decir:

-Te amo-.