Hola, hola! Acá les traigo otro capi hermosho! *o* para todos los Nalu fans. Antes que nada, gracias por sus comentarios. Me hacen el día =)

Okis, para no aburrirlos, aquí el capi:


Natsu es un buen padre.

Otro día había comenzado en la majestuosa ciudad de Magnolia. Entre las colina, una gran casa se levantaba imponente como lo deseaba su constructor, el mismo que habitaba con su familia en ese hogar.

El sol entró por la ventana de la recamara principal en donde la pareja descansaba mientras se abrazaban.

Lucy empezó a abrir los ojos. Un día nuevo. Se levantó como todas las mañanas cautelosamente. Se sentó en la cama y cuando se disponía a ponerse las zapatillas sintió como el Dragneel la abrazaba fuertemente por la espalda.

-Lucy es mala… -Murmuró adormecido el peli rosa con diversión, más de seis años casados y seguían levantándose de la misma manera todas las mañanas.

-Natsu, basta… -Habló Lucy riendo cuando sintió las manos del travieso hombre acariciar su cuerpo. Hasta que se detuvo en el ligeramente abultado vientre de ella.

-¿Cómo esta mi bebé, Lucy? –Y todas las mañanas le hacía la misma pregunta. Ella solo le sonrío. Mientras se ponía de pie y salía de la habitación.

Luego de un rato en el que siguió acostado, Natsu decidió levantarse e ir a la habitación de su primogénito. Se acercó a la cama esquivando los juguetes regados por el piso casi de forma perfecta. Se inclinó sobre la cama-cuna para mirar a su bebé. Era tan lindo y adorable que hasta parecía un crimen despertarlo. Con sus manos rodeó el cuerpo del peque quien yacía boca abajo, y tomándolo por la cintura le dio la vuelta mientras lo alzaba y lo recostaba sobre su pecho.

-Buenos días, bebé –Susurro el peli rosa seguro de que su hijo lo había escuchado. Sintió cuando el niño se removía y balbuceaba cosas inentendibles. Empezó a mecerse para reconfortar más al pequeño rubio. Hasta que este alzó su carita y lo miró, con esos ojitos verdes iguales a los suyos.

-Papi… -Murmuró aún medio adormecido pero mientras sonreía.

En la planta baja. Lucy ya estaba sirviendo el desayuno, con una abundante… Realmente abundante comida, era como los Dragneel comenzaban el día. Escuchó cuando el peli rosa venía bajando las gradas, y lo vio entrar por la puerta que conectaba con el pasillo.

-¡Comida! –Sonrió alegremente el oji verde cuando se sentó y olfateó lo que la rubia acababa de poner sobre la mesa –Huele delicioso.

-¿E Igneel? –Cuestionó la joven madre al ver que no lo había traído consigo. Su esposo le sonrió, y segundos después escucharon un fuerte alarido de parte de Happy. El pequeño Dragneel lo despertaba tirándose a su cama. Irónicamente el Exceed le repetía que no podía entrar a su habitación de improviso y sin ser invitado. Tal como lo hacía él años atrás con la rubia. Desde que Natsu y Lucy se habían casado, este ya no tenía permitido dormir con el peli rosa, ahora tenía una habitación aparte… Llena de cosas de gatos…

Se escuchó como el travieso niño venía corriendo escaleras abajo huyendo del gato azulado. Natsu de improviso se paró y camino para ponerse de pie frente a las escaleras con los brazos extendidos hacia adelante. Como el Dragneel lo había previsto, la carrera de su hijo no acabaría muy bien al este solo tener 4 años, por lo que tropezó cuando bajaba el segundo escalón. Aterrizando en los brazos de su padre quien amortiguo completamente la caída.

-Te eh dicho que no corras en el segundo piso –Le reprochó.

-Lo siento, papi –Dijo el niño haciendo la carita de dulzura más tierna que pudo. Su padre solo sonrió, luego de ponerlo en el piso e invitarlo a desayunar de una vez.

Lucy observó todo desde la puerta de la cocina. Enternecida por el comportamiento de su esposo. Y es que el Dragneel demostraba una madurez increíble para ser un buen padre, tal vez porque él había sido muy travieso de joven. Pero el peli rosa conocía todo sobre el tema. Siempre sabía cuando el pequeño se iba a caer o se iba a cortar con algo. Lo regañaba pero nunca a gritos o de forma pésima, más bien lo educaba con amabilidad.

Recordaba una vez que ella había intentado que empezase a leer. Bueno, nunca se es muy joven. Y su pequeño hijo le había hecho un berrinche terrible porque se negaba a sentarse durante horas a aprenderse las letras y memorizar textos… Pero todo había sido diferente cuando el Dragneel entró a casa, le dijo que se sentara callado. Y el niño como si de una orden de guerra se tratase obedeció de inmediato y no rechistó.

Tampoco es que ella fuera mala madre, pero ya le habían dicho que era muy blanda con el pequeño. Pero es que no podía evitar consentir a su pequeño hasta en los más ridículos detalles, le compraba de todo, hacía todo por él, cantaba si él quería que cantara, lo contemplaba todas las noches hasta que se durmiera, hacía como mil postres al mes. Eso sí, respetando las porciones, tampoco quería un hijo obeso. También había aprendido a tejer solo para arreglar la ropa de su hijo justo como él la quería. Porque claro, nadie vende ropa de bebé con llamas en las piernas o dragones en el pecho… Incluso aún con 4 años ella lo seguía cargando a todas partes. Natsu a veces le pedía que lo dejara en el piso, alegando que el niño podía hacerlo solo. Sentía una extraña necesidad de hacer todo por él.

Pero Natsu no… Bueno, él hacía todo por su pequeño hijo. Pero siempre de forma casi perfecta, Natsu sabía cuando hacer, cuando decir, cuando callar y hasta cuando regañar al rubio. ¿Dónde lo había aprendido? Quien lo sabrá… Eso sí, tenía a un pequeño angelito que no causaba tantos problemas, obviamente de vez en cuando rompía algo o hacía una travesura, sobre todo con Happy… Pero aparte de eso, él era muy tranquilo, tan lindo y dócil. Pero eso sí, tenía una energía inmensa y es que el niño podía correr todo el día y casi podía jurar que ni así se cansaría. Era rápido, muy rápido. A veces ni Natsu lo alcanzaba, cuando jugaban. Pero si Natsu le decía que se detuviera, él se quedaba como estatua.

Empezaron a comer, como siempre a grandes bocanadas por parte de los dos hombres de la casa. Happy comía pescado, la rubia había aprendido mil y un formas de prepararlo, para el agradecimiento del gato.

Lucy tenía la delicadeza de limpiar con regularidad el manchado rostro de su pequeño, y es que este comía como su padre. De tal palo tal astilla.

Luego de desayunar, y que todos estuviesen aseados, decidieron partir rumbo al gremio. En el camino Lucy se cansó de cargar a su hijo, y es que ya empezaba a pesar.

Natsu le dijo que lo bajara, para luego extenderle la mano al oji verde quien de inmediato le dio su manita para emprender camino.

Lucy se seguía sorprendiendo de la actitud del peli rosa. Una vez llegaron al gremio fueron recibidos como de costumbre. El más pequeño de los Dragneel optó por correr a jugar con la pequeña Scarlet, hija de Erza, la niña llevaba su nombre en honor al ex apellido de su madre. Dado justamente por su padre. Y la niña hacía alusión a su nombre por la hermosa cabellera carmesí idéntica a la de su madre. Scarlet era tan solo 7 meses menor que Igneel, así que se llevaban de maravilla.

Natsu y Lucy se acercaron a una mesa donde Mirajane los saludo con una enorme sonrisa. Rápidamente Gray se acercó al peli rosa buscando pleito, la verdad es que estaba aburrido. Y este rápidamente accedió a las provocaciones iniciando una nueva batalla campal.

Pero Lucy se dio cuenta de algo, cada vez que el enorme tumulto de hombres en aquella nube en la que solo se veían piernas y brazos sobresalir se acercaba al "área" denominada donde los niños jugaban, Natsu lanzaba un poderoso ataque lanzando a todos los combatientes hasta el otro lado del gremio. Probando a su vez, que aunque estuviese peleando cuidaba a los suyos.

Lucy, quien estaba sentada en una mesa cercana a donde jugaban los más pequeños del gremio, acarició su vientre mientras imaginaba como sería si el bebé que esperaba fuese niña. ¿Sería Natsu aún más protector?

-¿Cómo te sientes, Lu-chan? –Preguntó una embarazadísima Levy mientras se sentaba con algo de dificultad.

-Bien, Levy-chan. La pregunta aquí es como te sientes tú –Alegó la Dragneel por su amiga quien tenía ya 8 meses y medio de embarazo.

-Nah, sabes que estoy perfectamente bien. Y feliz por mis bebés –Habló sonriente la Redfox.

-¿Y ya se lo dijiste a Gajeel? –Cuestionó la rubia, no por lo del embarazo que obviamente se notaba a leguas. Sino que…

-¿Qué son trillizos? ¡Claro que no! –Contesto alegremente la peli celeste como si de un juego se tratase. –Quiero que sea una sorpresa.

Era un tanto… ¿Incomodo? No sabría decirlo. Y es que los Redfox ya tenían 3 hijos. Todos de edades diferentes. Pero ese parto triple había agarrado de sorpresa hasta a la misma Levy.

Recordaba que una vez Gajeel le había insinuado a Natsu que él le iba "ganando" en el tema de la paternidad. Sin embargo, el peli rosa se había puesto serio y le había dicho que no jugara con eso, que esas no eran tonterías y que tenía que ser responsable cuando se trataba de Levy y sus hijos. Sin embargo el azabache lo había tomado a modo de insulto y habían iniciado una nueva disputa.

Pero no lo tomen a mal, si había algo que el Redfox tenía, era que también era un buen padre. Había demostrado amar a todos y cada uno de sus pequeños con todo su corazón. Y es que hasta era capaz de humillarse con tal de hacerlos reír. Pero es que tal vez 4 habrían estado bien… ¡Pero seis! Eso era demasiado. Pero ¿Y qué le iban a hacer? Además a Levy parecía encantarle los niños, era tan alegre como siempre y nadie sabía de dónde sacaba la energía para poder cuidar a tantos. Y menos estando embarazada. Pero ambos sabían llevarlo de una forma sorprendente.

Miro de nuevo a su esposo. Peleando moderadamente para no lastimar a sus compañeros, y es que Natsu nunca iba a mostrar su potencial a costa de lastimar a sus amigos.

Le llegaba a la mente otro recuerdo, de cuando habían pasado esas vacaciones en aquel hotel tan hermoso en las montañas. Por primera vez en la cortísima vida de su primogénito, este se había enfermado. Y no sabían muy bien que hacer… Sobre todo al ser padres primerizos. Le había dado la medicina, luego el pequeño había caído profundamente dormido. Natsu no había llegado a dormir con ella en toda la noche… Se había quedado con su bebé, velando y arrullando su sueño. Toda la noche. Y el Dragneel no había comido ni dormido bien, sino hasta que el niño se recupero. Demostrando que no podía descansar con su hijo en esa condición.

Natsu también había empezado a enseñarle la magia de Dragon Slayer. Pero no porque quisiera, sino porque el niño había mostrado cualidades para eso. Desde una vez que los había tomado completamente por sorpresa cuando el pequeño había estornudado y había escapado tremenda bola de fuego de su pequeña boquita. Vaya sorpresa.

Pero el Dragneel era tremendamente responsable hasta el punto de tomar todas las medidas necesarias para que nadie saliera herido. Otra sorpresa había surgido cuando el niño también había empezado a comer fuego. Ese había sido el momento para llevarlo nuevamente donde su abuelo Igneel, el dragón.

No lo visitaban muy a menudo por que el imponente ser vivía en un volcán. Bonito lugar para el hogar ¿No lo creen? E Igneel, abuelo, había dicho que el pequeño ya había "nacido" como Dragon Slayer. Con los pulmones, dientes, escamas y todo de dragón que poseía su padre…

Luego de eso Igneel, abuelo, comenzó a visitarlos más seguido. Casi cada mes, estaba orgulloso de que la mayoría de su familia fuese Dragon Slayer. Aunque no por eso dejaba a Lucy de lado, es más, la trataba como a una reina. Le llevaba obsequios de todo tipo, sobre todo joyas. Que en el fondo de un volcán eran muy comunes pero en todas las demás partes del mundo casi costaban un ojo de la cara. También vestidos y otras cosas. Igneel, abuelo, la veía como algo parecido a la "procreadora" que se encargaba de agrandar la familia. Aunque parezca broma. El punto es que voltease donde voltease tenía hombres (Y dragones) que no dudarían en dar su vida para protegerla.

Pero volviendo al tema, aún tenía otro más de los tantos recuerdos que Natsu le brindaba. Recordaba cuando hace unos años. Lo habían presentado por primera vez al gremio. Natsu se había mostrado imponente y poderoso, mostrando a su hijo con orgullo y sin humildad. Mostrándolo a todos y cada uno de los miembros del gremio como si él solito lo hubiera hecho todo. Incluso se lo había restregado a Sting y Rogue quienes estaban de visita en aquel entonces en Magnolia.

Un padre de verdad…

Salió de sus pensamientos cuando escuchó las risas de los más pequeños del gremio. Natsu se había tirado al piso simulando ser atacado por ellos mientras estos, a su vez, saltaban sobre el peli rosa quien fingía estarse rindiendo. Luego tomo a la pequeña Scarlet en brazos y empezó a narrar una historia sobre una princesa y de cómo el dragón, ósea Igneel, debía rescatarla del malvado príncipe que la quería encerrar. Una mesa, varias sillas y las colchonetas de protección, simulaban ser el "castillo" donde estaban encerradas las jóvenes princesitas, los niños debían "encargarse" de Natsu y Gajeel, quien se había unido al juego, para rescatarlas.

Ese día todos rieron con las "heroicas" actuaciones del los pequeños. Sobre todo cuando los niños se negaron a darse un beso por el rescate porque les daba "asco". Si supieran. Pero la pequeña Scarlet y el pequeño Igneel tenían algo singular. Y es que este no se negó a recibir un tierno beso en la mejilla por parte de la niña. Y Natsu sonrió. Sonrió como siempre lo había hecho, con eterno orgullo paternal desde que estaba Igneel. Y es que Natsu definitivamente y nadie podía negar, que era absolutamente un buen padre.


Y qué les pareció? Espero que les haya gustado en realidad! xD Pronto subire más, la inspiración parece llegar a mi en época de parciales 0.0! Jajajjaja mi cerebro me trolea. xD Quieren otro Nalu, verdad? Trabajando un Nalu para la mesa con los guapos lectores! ;) Bye~~