Capítulo 18: Ataque al corazón
- Y-yo - Mi acto habìa sido inconsientemente, al fin y al cabo estaba llena de ansias por hacerlo, y allí, me hallé haciéndolo, lo besé. No se si estuve mal o bien haciendo lo que hice, pero si me llegara a arrepentir ya no hay vuelta atrás, claro que no. Fue extraño, me fascino, y quizá me gustaría hacerlo otra vez. Pero en este momento yacía muy nerviosa ante su respuesta, en lo que de su boca llegase a salir.
- Yo nada, me encantaron tus labios de cereza... Me encantas tú... - Sentí un alivio muy grande, grandísimo a decir verdad. Él correspondió a mis sentimientos, y eso era... extraño, digo es extraño estar de esta forma acá con él. Pero igual sigue siendo... no se, ¿placentero?
- Carl tu me gustas - Listo se lo dije. No hay de que arrepentirse. Estaba aguantando el aire, mientras mordía mi labio esperando su respuesta. Tensa, así estaba.
- A mi también.
- Osea ¿Te gustas a ti mismo? - Me reí. Sus manos seguían en mi cintura, y las mías en su cuello. Dije eso tratando de poder calmar mi nerviosismo que claramente estaba a la vista.
- A si también - Sonrió y me besó fugazmente los labios - Pero vos me gustas más - Y me volvió a besar. Creo que me estoy haciendo adicta a sus besos. Fue lento al principio, pero después era más la necesidad que había entre nosotros. Mordió mi labio superior suavemente y soltó mis labios - ¿Me vas a convidar alguno?
- Nop - Apreté mis labios tratando de contener la risa, me solté de su agarre y me fui adentro de la parroquia dejándolo que hable solo.
Caminaba sin rumbo, hasta que me adentre a un cuarto al cual no había visto anteriormente. Se escucharon pequeños sollozos en el lugar. Cerré la puerta con sumo cuidado, para que no me escuchara, pero falle, porque de inmediato se dejo de escuchar. Saqué la pistola de mi pantalón por precaución.
- ¿Maggie? - Ella estaba sentada en el suelo con la piernas flexionada secándose los ojos con rapidez, como para que no me de cuenta que estaba llorando, pero era tarde - Maggie ¿Que pasa? - Me senté junto a ella.
- Nada, nada, de enserio, estoy bien - Levanté una ceja mirando detenidamente sus ojos. Sabía que estaba mintiendo, nadie llora porque si.
- Si es por Beth - Suspiré recordando a la rubia - Ella seguro está bien, es fuerte.
- ¿Y si no es así?, ¿Si ella ya está convertida en caminante o se esta muriendo de frío calor, o siquiera tiene hambre? No me podes asegurar nada, y y-yo tengo mucho miedo. Yo no quiero que a ella le haya pasado nada - La abrasé mientras sollozaba. La entendía muchísimo, porque si algo le llagaba a pasar a Noah, no sabría que haría. También extrañaba mucho a Beth, faltaba su alegría, y la forma que levantaba al grupo. Faltaba su luz.
- Maggie, no pierdas la esperanza, como seguro ella no la perdió. Solo tienes que esperar.
- ¿Y si ella ya murió?
- En ese caso, ella esta en un lugar mejor, y no sufre de las miserias de este mundo
Lloró en mi hombro por unas horas y lentamente se fue quedando dormida. El crujir de la puerta de madera sonó, dándome a saber que alguien entró a la habitación.
- Hey - Gleen se puso de cuclillas a nuestro lado - La andaba buscando por todos lados - Con la mirada triste acarició la cabeza de la mayor de las Greene, su esposa. Era muy tierno, pero me sentía incomoda ahí, como si sobrara, bueno la verdad si sobro - ¿Que le pasa? No ha querido hablar conmigo.
- Beth, la extraña mucho. Todos la extrañamos.
- Si - Susurró
- Te dejo con ella. Te necesita - Maggie estaba profundamente dormida, así que cuando cambiamos, ella no se inmutó. Gleen y Maggie hacían una hermosa pareja, porque a pesar de todas las cosas que pasan estando en un mundo apocalíptico defienden su amor , apoyándose, estando unidos, siendo uno el sostén del otro.
- Emily... gracias - Asentí mirando sus ojos, ya estando parada al lado de la puerta.
Quiero hacer algo acá, porque últimamente no hago nada. Le pregunté a Rick si le sería útil para algo, pero me dijo que por ahora teníamos que esperar a que aparecieran Carol y Daryl para ir a Washington en "Búsqueda para la cura".
No voy a ilusionarme con respecto a eso había %50 de que fuera cierto o que fuera a funcionar. Así que para que hacerme falsas esperanza, lo voy a creer cuando todo esto acabe y no tengamos que luchar por nuestra vida sin correr riesgos de nada.
Tomaron mi cintura, y yo pegué un salto. Sentía que me había dado un ataque al corazón. Pero todo cambió rotundamente. Mi corazón latía rápidamente, miré las manos que agarraban mi cintura. Carl. Si mi corazón había latido fuerte, no tenía comparación en estos momentos. Lentamente me fui dando la vuelta.
- Carl ¿Paso algo? ¿Los encontraron? - Dije con algo de nerviosismo por la corta distancia que había entre nosotros.
- No, no paso nada. No los encontraron todavía. Todo está bien - Me sonrió y se acercó a mi para besarme. Cierro los ojos esperando el contacto con mis labios. Pero nunca llega a estos, si no que besa mi mejilla con dulzura - Solo si me das uno - Abrí los ojos y vi que el señalaba la bolsa que había en el bolsillo delantero de mi Jean.
- No - Sonreí, no es que sea mezquina, solo quería hacerlo sufrir aunque sea un poquito.
- No seas mala, solo uno, no es nada - Puso cara de perrito mojado haciendo que mi corazón derritiera. Saqué la bolsa traslucida de mi pantalón, tomé un caramelo de cereza y volví a guardarla.
- Toma para que veas que no soy tan mala - Acerque esté a su palma de la mano y luego lo alejé en forma de amagué. Reí a carcajada ante mi acto y por como su cara se transformó de felicidad a Póker Facer. Coloqué mis manos en sus hombros rodeando su cuello y le di un beso en la frente - Ahora sí - Tuve que soltar una mano y le dí lo que él me había pedido desde este mediodía.
Lo mire al rostro pero había cambiado drásticamente esa esencia juguetona y alegre que había antes entre los dos. Estaba pensativo y triste. Coloqué mi mano lentamente sobre su mejilla. Con el dedo pulgar la acaricié. Estaba preocupada, porque habría él de tener un cambio tan grande. Algo había recordado.
- ¿Sucede algo? - Sus ojos azules se clavaron directamente a los mios, pero de su boca no salió nada - Carl, ¿Que pasa?¿Estás bien?- Frunció el entrecejo, en forma de aclarar sus ideas.
- No, nada - Enseño una mueca parecida a la de una sonrisa, pero no llegaba al serlo del todo. Algo me ocultaba, pero él estaba en todo su derecho de no decírmelo. Colocó el dulce en su boca y lo saboreó - Quiero compartirlo con vos - Sonrió de forma perversa y yo solo solté una risa nerviosa.
Posó sus labios sobre los míos haciendo que mariposas revoloteen en mi estómago. Sus labios eran suaves y acolchonados, y se unían perfectamente a los míos. Me fui destensado y tomando más confianza, logrando abrir nuestras bocas y sentir el sabor de cereza que se mezclaba con el sabor propio de él. Movía mis labios suavemente tratando de disfrutar cada segundo. Su lengua rozó la mía, haciéndome explotar en un millón de sensaciones. Cuando era chica, y en la televisión pasaban escenas en que los actores se tenían que besar... Mmm ¿Como decirlo?... ¿Pasionalmente? Bueno me parecía sumamente asqueroso, por que eran como dos cosa comiéndose. Pero ahora, estando en la piel de ellos, no me da ni un poquito de asco, todo lo contrario, desearía que no se terminara nunca.
Me voy a desmayar si no obtengo un poco de aire en estos momentos. Me separó con las manos que estaban en su pecho, ¿Cómo habían llegado ahí?. Sonreí con los ojos cerrados tratando de recuperar el oxigeno tan necesitado para mis pulmones.
- Me dejaste sin aire -Susurré
- Es que soy irresistible y por eso no me querías dejar de besar - Río burlonamente
- Lo que tu digas Grimes, pero en tu interior sabes que no es cierto - Le saqué la lengua de forma infantil. Levantó una ceja incrédulo.
- En parte, pero sigo siendo irresistible - Iba a besarme de vuelta pero se escuchó un carraspeo.
- ¿Interrumpo?
