Hola, espero que me recuerden, Se que ha pasado un tiempo desde la última vez que actualice está historia.
El motivo real por el que regresé es que siento que la trama de Fairy Tail se a oscurecido un poco y tenía muchas ganas de leer un fanfic fluff para aminorar mi carga y, para mi sorpresa, no encontré ninguno que realmente cumpliera esta función. Así que me dije a mi misma ¿Por qué no escribir una yo misma? Si no lo puedes encontrar, créalo.
Y aquí estoy, subiendo mi primer Jerza que espero muy humildemente que les guste, y me digan que tal les parece esta pareja. Sin más preámbulos, vamos a comenzar.
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La gran Titania.
Por toda Fiore era conocida la figura de la gran Titania, Erza Scarlet, tenía una reputación de ser… La maga más poderosa. Nada más y nada menos.
Todos temían y respetaban el poder de la gran escarlata de Fairy Tail. Y para todos había sido una sorprendente noticia cuando está había anunciado su embarazo…
El gremio, como era de esperarse, había puesto el grito en el cielo de felicidad al descubrir tan sublime noticia, todo el gremio, el cuál en unos cuántos años se había llenado de bebés, esperaba con ansias a su nuevo integrante y, como era de esperarse, todos lo esperaban como la familia amorosa que eran.
A tan solo cuatro meses de embarazo, la figura de la Scarlet se había… redondeado ligeramente, había cambiado un poco su hábito de usar armaduras, ahora paseaba con ropa más ligera que le dejara espacio para crecer. Ese día, en particular, se encontraba caminando con Lucy hacía la casa que está compartía con su familia. Lucy empujaba la carriola en la que descansaban sus gemelos por la fatiga de estar jugando todo el día. Erza, como ya se había vuelto costumbre, platicaba con Lucy acerca de su embarazo y le pedía consejos que le llegaban muy bien, de hecho.
Pero había algo… Algo que había estado molestando a la rubia desde la mañana cuando se había despedido de Natsu y Happy quienes partían hacía una misión. La de cabellera escarlata se había acercado a ella con un aura digamos… no muy alegre. Y, como tantas veces, le había preguntado si podían charlar un poco.
Eso tenía preocupada a la Dragneel, quién intentaba leer los gestos de su amiga. Una vez llegaron al hogar de los Dragneel, Lucy bajo a los gemelos y los sentó en sus sillas para comer, era hora de la merienda y estos probarían unos deliciosos bocadillos que su tía Erza les había obsequiado.
-Así que… ¿Qué era lo que querías decirme? –Pregunto Lucy mientras sacaba jugo de uva para los pequeños y les servía en los pequeños vasos de colores con la inicial de cada uno.
-Ah, eso… -Mencionó con desgano la pelirroja –No sé cómo decirlo…
-Erza –Murmuro la rubia al notar el tono de su amiga -¿Quieres que hablemos en un lugar más privado?
-No me molestan los gemelos, además, tampoco es que entiendan lo que estoy a punto de decirte –Explico la maga mientras miraba las caritas sucias de merengue de los pequeños Dragneel, quienes contaban con tres años de vida y parecía que aún no sabían comer, pero de hecho el postre estaba demasiado delicioso.
-Entonces, puedes comenzar cuando quieras –Habló con la ternura tan propia que la caracterizaba. Mientras ambas se sentaban en la mesa de la cocina frente a las sillas de los pequeños.
La Scarlet tomo una larga bocanada de aire, como si se anticipara a lo que iba a decir.
-No sé por dónde comenzar… Hice algo muy malo, de lo que ahora me arrepiento –La rubia se sorprendió al escuchar esto, pero la miro consternada esperando a que su amiga continuara –Te eh mentido, Lucy. A ti y a todos los demás…
-¿A qué te refieres? –Cuestionó la Dragneel sin querer sacar conclusiones muy precipitadas.
-Es sobre Jellal… -La pelirroja miro al suelo decepcionada de sí misma -¿recuerdas que te dije que hablaba con él todo el tiempo? Ya te eh dicho que se encuentra en Alvarez en una misión muy larga con su gremio… Y que por eso no ha venido a verme en todo este tiempo… Y que me ha prometido que, en cuanto nazca el bebé por fin nos vamos a casar y viviremos juntos como la familia que se supone que él sabe que somos –A este punto el nudo en la garganta de la maga escarlata era tan notorio que su voz se quebró, se quebró como nunca antes lo había escuchado Lucy. –Es que te eh mentido, Lucy. A ti, y a todo el gremio… A todas las personas que me importan y a todos a los que se preocupan por mí… -Las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas abiertamente, en este punto, eran imposibles de detener.
La Dragneel atinó a mirar con los ojos completamente abiertos a su amiga, ¿Era mentira? Pero, ¿exactamente qué era mentira?
-¿Jellal no está en una misión…? –Se aventuró por fin a preguntar con mucho tacto.
-No, Lucy, no lo entiendes… Todo es mentira. Jellal no está en Alvarez, se encuentra en Fiore. Él no va a venir en ningún futuro cercano, él no me ha prometido que nos casaremos, él ni siquiera… ni siquiera sabe que llevo a este bebé en mi vientre… -Finalizó sin poder mirar a los ojos de su acompañante.
Lucy la miro, si fuese posible, aún más sorprendida. Abrió la boca varias veces en intentos fallidos por decir algo, cualquier cosa. Pero su subconsciente no le permitía aquello, sabías que su amiga la necesitaba y odiaba no saber qué hacer en ese momento.
Alguna vez había escuchado decir a Natsu, que el contacto físico es más reconfortante que mil palabras y, siguiendo el consejo de su esposo, se puso de pie y abrazó a su amiga como nunca lo había hecho, acaricio su cabello y susurro quedamente:
-No has hecho nada malo… Erza. Debes tener tus razones para haber dicho lo que dijiste.
-¿Razones? –Volvió a hablar –La única razón es que soy una cobarde…
-¿Erza? –Cuestionó la chica mirándola a los ojos luego de separarse un poco.
-Así es… Soy una cobarde… Cuatro meses, han pasado cuatro meses desde la última vez que lo vi y no eh sido capaz de decirle… -Confesó con la mirada cristalizada por las lágrimas –Todos lo saben, menos él.
-Pero… ¿Por qué no se lo has dicho? –Se aventuró a preguntar la chica manteniendo sus manos en los hombros de esta.
-No lo sé… O tal vez sí, pero no quiero creerlo –Se arriesgó a mirar los ojos chocolates de Lucy para continuar -¿Sabes? Jellal nunca ha sido muy… familiar. Nunca hemos hablado de formar una familia, ni siquiera de casarnos o comprometernos. Nunca me ha dado una pauta en la que me diga que quiere estar conmigo de esa manera. Entonces, muy en el fondo, me da mucho miedo decirle lo que realmente quiero, que quiero estar con él y que podamos vivir juntos, como Natsu y tú, y los gemelos… Como una familia…
La Dragneel no podía ni imaginar el lío mental por el que su amiga estaba pasando, todo parecía tan complicado y, a la vez, muy riesgoso en muchos sentidos. ¿Y si Erza tenía razón y no era lo que Jellal quería? ¿Y si un hijo era demasiado para él? ¿Además… Qué tal si…?
Sus pensamientos fueron interrumpidos a medias cuando las dos magas escucharon una vocecita empezar a hablar:
-Yo opino, tía Erza, que deberías decirle –Habló, para la sorpresa de todos el pequeño Igneel.
-Yo pienso lo mismo –Empezó a secundar el otro pequeño mientras asentía con su cabecita –Tío Jellal merece saberlo más que nadie.
La cara de ambas era, por decirlo coloquialmente, un irónico poema. Nunca esperaron que los gemelos Dragneel estuvieran escuchando atentamente, mucho menos que se atrevieran a exponer una opinión. Los habían subestimado.
-No lo entienden, pequeños… No es tan sencillo –Respondió la pelirroja.
-Sí, lo es –Volvió a expresar el pequeño Igneel, aunque Erza no sabía a ciencia cierta cuál era cuál, Lucy sabía que era Igneel quién hablaba. –Tío Jellal merece saber que tienes a mi primo en tu pancita, él estará muy feliz de saberlo.
-Pero ¿Cómo sabes que no estará molesto por descubrirlo?
-¿Cómo lo sabes tú? –Cuestionó el otro gemelo, Jude, para la sorpresa de la escarlata.
Erza miro impactada a ambos gemelos, alternando su vista de vez en cuando. Pensó por un momento, ¿Y qué si todo su miedo era infundado? ¿Y si en realidad era todo lo contrario a lo que ella había imaginado?
Miro a Lucy con decisión, limpiándose las lágrimas que aún tenía en la comisura de los ojos. Miro decidida y, a la vez, agradecida a los pequeños. Se levanto de su silla y antes de partir declaró:
-Tengo que hablar con Jellal.
~1 semana después~
Nuestra querida pelirroja se encontraba sentada, sola, en una banca de la estación de tren de Magnolia. Estaba esperando, había sido una semana un poco tormentosa, luego de su charla con los tres integrantes de la familia Dragneel, por fin se había armado de valor para decirle a Jellal.
Habían pasado muchas cosas, al principio él no le había entendido, pues luego de cuatro meses en los que ella le cortaba las llamadas a mitad de la charla, él creía que su relación no iba por buen camino. Entonces, cuando por fin se había enterado de lo que realmente quería decirle solo atinó a… Bueno, a sobresaltarse bastante. Pero, luego de que se había calmado, habían charlado con más calma.
Todo había sido muy diferente a lo que Erza había imaginado. Él, para comenzar parecía más asombrado que molesto, como ella en una primera instancia se lo había planteado, luego él le dijo que, al estar muy lejos, se iba a tardar un poco en llegar a donde ella se encontraba, esto la tomo por sorpresa.
Y una semana después, ahí estaba ella, esperando al padre de su hijo en la estación a la hora a la que habían acordado. Pensaba en mil cosas y en ninguna al mismo tiempo, todo se quedaba a medias. Había imaginado como sería pero después de esa semana solo sabía que debía esperar lo inesperado.
Miro hacía el frente, vio al tren detenerse, se había retrasado unos ocho minutos que se le hacían eternos. Vio las puertas abrirse, pero, antes de que nadie bajará, vio a Jellal salir disparado de este sin importarle dejar su equipaje atrás.
Se tensó donde estaba, incapaz de mover un musculo por la rapidez en la que sucedían los hechos. En un minuto estaba sentada mirando al vacío, y al siguiente se encontraba entre los brazos de su amado siendo apretada en un reconfortante abrazo que expresaba demasiadas emociones para ser descritas. Soltó el aire que no sabía que había estado reteniendo. Se aventuro a separarse ligeramente del mago para mirarlo a los ojos, necesitaba ver su expresión.
Y las lágrimas que le dieron la bienvenida no habían sido algo que ella estuviera esperando. La miró sonriendo intentado calmar su respiración mientras tragaba grueso. Él cerró los ojos antes de acercar su rostro hasta el de ella y plantarle un beso que demostraba lo mucho que la había extrañado. Y lo mucho que anhelaba ese reencuentro. Cuando por fin se separaron, él junto su frente a la de ella y susurró entre lágrimas y con una sonrisa mal disimulada:
-Estoy en casa…
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¿Qué tal? ¿Les gustó? Espero que sí. Déjenme en los comentarios si les gusto o si les parece esta pareja. Realmente quiero saber, espero que les guste leer mis historias, tanto como a mi me gusta escribirlas.
Nos vemos en otra ocasión y gracias por leer. Besos!
